Cuentos populares de chinchilla



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La princesa que nunca se reía (ATU 853)

Esto era en un reino, un rey tenía una hija muy guapa, pero nunca se reía, siempre estaba triste, triste y nunca se reía. Y cuando se hizo mayor, pues su padre llamó a todos los sabios del reino y dijeron a ver qué solución le daban. Y entonces nadie daba… nadie daba solución para que la princesa se riera. Y entonces dijeron:

-Bueno, pues a ver si alguien sabe algo, hacer algo, para que la princesa se ría.

Y entonces mandó a todos los pregoneros del reino que dieran la noticia por todo el reino de que aquel que le hiciese reírse a la princesa se casaría con ella. Entonces, todos los días la princesa se salía al balcón y la gente por debajo iba pasando, los hombres, y le iban diciendo cosas y el que… aquel que le hiciera reíse, pues se casaría con ella.

Y en un pueblo vivían dos hermanos, uno listo y otro tonto. Y el listo le dijo a su madre, dice:

-Madre, mañana me voy a ir a… a decirle a la princesa un chiste que se va a reír un montón y me voy a casar con ella.

Dice su madre:

-¡Ay!, pos nada, hijo mío, tú con lo listo que eres seguro que le haces reírse a la princesa y te casas con ella.

La madre estaba tan contenta. Y él, pos estaba ensayando el chiste, ensayando todo el día el chiste. Y cuando se iba al día siguiente, sale su hermano tonto, sale detrás de él. Y le dice:

-Pero ¿tú dónde vas? Yo me voy contigo.

Dice:


-Calla, tonto, tú quédate aquí en la casa que…

-No, no, no. Yo me voy contigo a ver la princesa, que yo no la conozco. Yo la quiero ver.

Dice… Y dice su madre:

-¡Ah! Pues déjalo, hijo mío, pos que se vaya contigo. ¿Qué más te da?

Y nada, y se va. Dice:

-Bueno, tú vente conmigo, ¡hala!

No estaba muy conforme, pero al final se va. Y cuando iba por el camino se encuentra un huevo el tonto.

-¡Mira, hermano, que me he encontrao un huevo!

Dice:

-¡Calla, tonto! –dice-, ¿dónde vas…? ¡Tíralo, tíralo!



Ice:

-Yo no lo tiro.

Se lo echa al bolsillo. Dice:

-Pa algo servirá.

Y van un poco más adelante y se encuentra una sartén, dice:

-¡Mira, hermanico, que me he encontrao una sartén!

-¡Calla, tonto, tira esa sartén! ¡Tira eso! ¡Eso está roto!

Dice:


-Es igual. Pa algo servirá.

Y se echa la sartén al hombro. Van un poco más adelante y dice:

-¡Mira, hermanico, que me he encontrao un clavo!

-¡Calla, tonto! ¡Tira ese clavo! ¡Tira que eso está enrobinao, que eso no vale!

-Es igual, -dice-, pa algo servirá.

Y se echa el clavo al bolsillo. Y ya que están llegando a la puerta del castillo, dice:

-¡Hermanico, que me cago!

Dice:


-¡Ay, el tonto este, que me lleva sofocao to el camino! ¡Ay, el tonto este! ¡Esto, esto es una vergüenza el tonto este!

Dice:


-¿A ver… A ver qué hago? ¿A ver qué hago? –dice-, pos mira, aunque sea en la gorra, aunque sea en la gorra. Aquí en la gorra lo hago.

Y se la pone debajo del brazo. Y ya, había una fila y se meten… se van metiendo en la fila. Y le toca al hermano listo. Y le dice un chiste a la princesa y la princesa, pos nada, ni caso, seria. Y ya pasa y llega el tonto. Y dice, dice:

-Princesa, -dice-, ¡qué mala cara que tiene usté, -dice-, qué desmejorada que está!

Dice la princesa:

-Es que no he almorzao.

Dice:


-Pos mire usté, aquí llevo yo un huevo. ¿Quiere usté que se lo fría?

Dice:


-Sí, no sé dónde.

Dice:


-Aquí llevo una sartén.

Dice:


-Pero, si está rota.

Dice:


-Pero llevo un clavo pa arreglarla.

Dice:


-¡Veste a la mierda!

Dice:


-Aquí llevo una gorra llena.

Se echó a reír la princesa y se casó con el tonto.

María Gómez Davia (Pétrola)


  1. Dos reales de ¡ay! (ATU 860)

Apuestan ella y el rey. Dice que el más listo era un estudiante y la reina otra cosa. Y el rey dice:

-Lo más listo que hay es un soldao.

-¡Vamos, calla!

Vamos y llaman a un estudiante, al otro y al soldao.

-Tome usté, una peseta. Me compra usté dos reales d’esto, -tres cosas le dijo-, y otra de “no hay” y de ¡Ay! Y el ¡ay! es lo que era el pecao.

Pos llegan, le dan al estudiante. Asoma, le compra las dos cosas pero la otra na. Va el otro, pero va el soldao. El soldao fue más pillo, claro. Y de ¡ay! no encontraban na. Y viene, ¡hala!, dice:

-¿Trae usté las tres cosas?

Dice:


-Las tres.

Dos reales de alcagüetes o… en un bolsillo, otro de otra cosa. Y dice:

-¿Y eso de ¡ay!?

Dice:


-En este bolsillo lo tengo también.

Mia tú el soldao, ¡menudo granuja! Llevaba el bolsillo de los pantalones sin forro, mete la mano y mete y lo agarra. Dice la reina:

-¡Ay!

Dice:


-¡Los otros dos reales!

¡Hala! y le ganó, claro. Ese fue el más pillo.

Asensio Escribano Ródenas (Pétrola)


  1. La mata de albahaca (ATU 879)

Unas damas y to los días salían a regar la alhábega, que le decían albahaca. Y pasaba el hijo del rey y decía:

-Señorita que riega la albahaca, ¿cuántas hojitas tiene la mata?

Y se volvía. No le contestaba. Otro día salía la otra. Pasaba:

-Señorita que riega la albahaca, ¿cuántas hojitas tiene la mata?

Y no sabía contestarle. Dice la pequeña:

-Mañana via a ir yo. Y va y dice:

-Señorita que riega la albahaca, ¿cuántas hojitas tiene la mata?

Dice:


-Hijo del rey pinturero, ¿cuántas estrellitas tiene el cielo?

Y se tuvo que callar.

Paula Riscos Córcoles (Pozuelo)


  1. La muchacha de la albahaca (ATU 879)

Un señor que iba vendiendo por las calles y fue a una casa y, claro, llegó allí casa de… a aquella casa y dice que le compraran y la muchacha dijo que no podía comprar, que ella que no. Pero él, como los hombres son tan pillos, pues cogió y la convenció y llevaba un pañuelo muy hermoso. Dice:

-¡Oy, qué pañuelo!

Dice:

-¡Quédese con él!



Dice:

-Yo no puedo quedarme con él.

Dice:

-Nada –dice- si esto entre nosotros dos. Yo, me das un beso por el pañuelo y… y me marcho y aquí nadie sabe nada.



Pos ya la convenció a la chica, claro, pos se lo dio y se quedó con el pañuelo, confiá con que no se iba a saber nada. Pero ya llegaba otra mañana y era este señor que pasaba por allí debajo de su balcón. Y la chica tenía unas macetas allí y se ponía a regarlas. Y pasaba, decía:

-Dama que riega la albarda, ¿cuántas hojitas tiene la mata?

La chica, pos se callaba. Llegaba a otro día, igual. Y ya se lo cogió:

-Dama que riega la albahaca, ¿cuántas hojitas tiene la mata?

Bueno, pues ya estuvo… pues ya ese chico cayó enfermo. Entonces ella pensó de hacerse como si hubiera sido un médico. Y se fue. Y…

-¡Oy! Pues ha venido un médico muy bueno aquí, al pueblo. Vamos a llamarlo a este señor que…, claro, tanto tienes tanto vales.

Pues lo llamaron y dice:

-Pues nada, se retiren de aquí, de la par de mí, que le haga el medicamento, le dé el medicamento.

Pues se retiraron y cogió y le puso un rábano por el ano. Y él, que daba unos quejíos que aquello pa qué y...

-Bueno, pues no sufra que esto se va a apañar de momento.

Pos ella cogió, se fue a su casa y siguió. Y él, pues tuvieron que ir y, claro, quitarle aquello porque si no, no se había arreglao. Y, así que estaba apañao, pues pasó otra vez:

-Dama que riega la albahaca, ¿cuántas hojitas tiene la mata?

Dice:

-Caballero aventurero, ¿cuántas estrellitas tiene el cielo?



Dice:

-Y el beso que te di por el pañuelo, ¿te estuvo bueno?

Dice:

-Y el rábano que te metí por el culo, ¿te estuvo agudo?



Rosario Hernández (Pozuelo)

  1. La viña que se volvió “era” (ATU 910E)

Esto era un hombre que tenía dos hijos. El hombre era mu trabajador, pero los hijos le salieron vagos. Vivían de la viña. Tenían unas viñas mu grandes. Y les decía:

-Hijos míos, que esta viña tan hermosa que tenemos no se vea en "era".

Y decían:

-Pero ¡qué cosas tiene, padre! ¿Usted cree que vamos a hacer una era en la viña?

-Acordaos de estas palabras. Trabajar, trabajar, y...

Y ya se pone mu malo el padre y se muere. Y se quedaron perdíos, -como no trabajaban, se quedaron perdíos. Perdieron las viñas, las vendieron. Iban muertecicos de hambre... Y ya dice un día:

-Tenemos que ir... No tenemos lumbre.

Y fueron a por dos gavillas de leña y cuando pasaban por la viña de su padre descansaron cada uno con su gavilla. Y dijo:

-¿Te acuerdas de lo que nos dijo padre?

Dice:


-¿Qué nos dijo?

-Nos dijo que la viña no se volviera en "era". Y ahora decimos, hemos dicho: "Esta viña era de padre..." Y se volvió en "era".

Juan José Atiénzar Alcántara (Chinchilla)


  1. El Hambre y el hombre trabajador (No encontrado en ATU) 103

Esto era, en una casa de campo, un hombre mu trabajador. Era pobre. Pero, a las cuatro de la mañana ya estaba calzándose las albarcas para coger y irse a labrar al campo. Y la mujer, por otro lao, preparándole el almuerzo, la merienda, -lo que pasa.

Pos, una noche sintieron ruido. Y dijo:

-¿Qué se siente?

Y se había metío el Hambre detrás de una puerta. Y dice la mujer:

-Tenemos el Hambre en la casa.

(Porque fueron años que no eran buenos). Dice:

-Mujer, trabajando y con honradez, el hambre se irá sola.

Pos así pasó. Tiempo y tiempo, y aquel labrador cada día iba mejor, ganaba más... Y ya se va el Hambre de su casa y se mete en una casa de unos ricos, labradores, que malgastaban y no tenían cuidao con na; na más que aquello era un esfarajuste tremendo.

Y el Hambre se metió allí. Y ya llega un día que dicen los hijos:

-¿Quién ha traído el Hambre? No tenemos pa comer, ¿quién ha traído el Hambre?

Y decía el Hambre:

-¡Vosotros!

-¡Nosotros no! ¿Pa qué te has metío aquí?

-Si hubiérais sío trabajadores y honraos... He estao casa el otro vecino y trabajando, tan pobres como son, y no he podío con ellos. Y, sin embargo vosotros, siendo tan ricos, me he hecho con vosotros.

Y se ha terminao.

Juan José Atiénzar Alcántara (Chinchilla)



  1. El cura y las patatas (cf. ATU 926C)

Bueno, esto es la historia de un cura y un huerto que tenía patatas. Y se las quitaron. Y no sabía, no supo quién fue. Entonces, él acordó de llevarse una patata a misa, y en el sermón, pues decirlo.

Entonces cuando, cuando estaba diciendo misa, dijo en el sermón que le habían quitao las patatas y que no sabía quién era. Pero, que el que le había quitao las patatas, que estaba en la iglesia. Y entonces, con la patata que tenía, dijo:

-El que me ha quitao las patatas está aquí... ¡Y le voy a pegar un patatazo!

Y uno se agachó. Y dijo:

-¡Tú has sío!

Florentino Tárraga López (Chinchilla)



  1. El cura y las patatas (cf. 926C)

[Era] un cura que tenía un huertecillo y le estaban quitando las patatas. Le estaban quitando las patatas… y el cura dice, el cura pensando:

-¡Me cagüen la mar! Yo tengo que sacar quién me ha quitao las patatas.

Pos na, un día en misa se llevó una patata. Un patata… y en el… en el… en el sermón, la esconde así debajo. Y… y empieza la misa… Tal y cual, tal y cual… dice:

-Y, aparte d’esto, -dice-, les quiero decir, que tengo un huerto en tal sitio como ustedes saben, -dice-, y hay uno que me está quitando las patatas. Y sé quién es y está aquí. Y sé quién es y lo estoy viendo y está aquí…

Y se acacha, así coge la patata, dice:

-¡Ahora que le voy a pegar un patatazo!

Y hay uno que se acachó y dice:

-¡Tú has sío!

Florentino Tárraga López (Chinchilla)



  1. CUENTOS DEL OGRO ESTÚPIDO (Tipos 1000-1199)

  1. ¡En la posá te espero! (ATU 1142)

Iba una vez un arriero en el burro. Y el burro era muy haragán; no le podía hacer andar. Y llevaba cornetas, y le metió una en el culo. Y el burro se le disparó, y se dio cuenta... Y, de las que iba perdiendo el burro por el camino, se metió él otra en el culo. Y pasó, lo adelantó, y le dijo:

-¡En la posá te espero!

Antonio Gómez (Chinchilla)


  1. CHANZAS Y ANÉCDOTAS (Tipos 1200-1999)



  • Cuentos de tontos (Tipos 1200-1349)

  1. El pleito al sol González Sanz [1205]

Esto era un petrolino, que iba a Albacete y resulta que… que le daba el sol de culo. Iba y le daba el sol de culo y decía que eso… bien. Y venía la tarde y el sol le daba de culo también. Y él no estaba conforme. Y fue al ayuntamiento y nada… le puso… dijo que ponía una denuncia que eso no podía ser, que tenía que darle alguna vez el sol de cara. Y ya está.

Una narradora de unos 60 años (Pétrola)



  1. La malva y el burro (ATU 1210)

[Dicen] que en el… en el campanario de la torre se criaba una… una malva. Y entonces los del pueblo dice, decían:

-¡Ay, madre mía, qué hierba más hermosa! Pos si… bien se la podía comer el burro. Bien se la podía comer.

Y ¿qué pensaron?, en ver de ir, subir ellos por la malva, pos le echaron al burro la cuerda, dicen:

-Pos vamos a subir el burro y ya verás cómo se la come.

Y, claro, le echaron la soga al cuello y el burro, conforme lo subían, el burro sacaba la lengua. Y dice uno, dice:

-Fíjate si le estará buena que ya se está relamiendo.

Antonia Martínez García (Chinchilla)


  1. Por el decir de la gente (ATU 1215)

Un padre y un hijo, que tenían un burro y se tenían que trasladar desde una aldea a otra. Y el chiquillo, pues claro, como era más pequeño, pues le dice el padre:

-¡Hala!, sube tú, y yo iré andando detrás.

-Claro, papa. Bien, de acuerdo.

Conque pasan por una aldea y había allí unos tomando el sol. Y dicen:

-¿Qué te páece? ¡Qué conciencia de criatura! Mira, el chiquillo, que es joven, subío en el burro y el padre, andando.

(Y lo siente el padre, y el chiquillo tamién).

Bueno, pues, ya luego a luego pasan por otra aldea. Y dice:

-Hijo mío, bájate; que me voy a subir yo y descansas tú.

(El padre lo había oído lo que habían dicho los otros vecinos y el chiquillo tamién, pero ninguno de los dos quería decir na).

Conque na, se baja..., y se sube el padre. Y cuando pasan por allí, dicen:

-¡Ja, ja, ja! Mira, ¿qué te páece? ¡Qué conciencia de padre! Mira, el padre subío en el burro y el hijo andando.

-¿Y cómo hacemos esto?

Pos na, al próximo pueblo, pillan y echan al burro andando delante, y los dos andando detrás del burro. Y la misma, allí había otros tomando el sol. Dicen:

-¡Ahi va! ¡Mira, fíjate, qué par de tontos!, -dice-, el burro solo y ellos andando detrás; pero..., ¡serán tontos! Por lo menos subiros...

Y ya al otro, al otro pueblo, al otro pueblo más vecino que ya llegaban, entonces, le dice el padre al hijo:

-Yo me subo, y tú detrás.

Dice:

-¡Pero, papa!



Dice:

-Sí, sí.


Y cuando pasan por en medio el pueblo, dicen:

-¡Mira, oye qué tío! ¡Con qué poca conciencia!

Y dice el padre al hijo, dice:

-Tú no...

Y dicen:

-Los dos subíos en el burro, ¡pobre animal!

Dice:

-Tú no hagas caso. Sigue, sigue.



Francisco Atiénzar Alcántara (Chinchilla)

  1. Los que querían entrar el sol a espuertas (ATU 1245)

En un pueblo hicieron la iglesia a la ombría y entonces el sol no entraba nunca. Tuvieron una reunión en el pueblo y acordaron cómo hacer que el sol entrara dentro. Y uno de los mozos, se le ocurrió que lo podrían entrar a espuertas. Y toa la gente en la puerta con espuertas preparaos para meter el sol dentro.

Pedro Gómez (Hoya Gonzalo)



  1. El santo de chocolate (cf. ATU 1270)

En un pueblo pequeño había un… un cura, claro, y un sacristán. Había una iglesia pequeña y no decían nunca misa ¿sabes?, porque había allí siete u ocho y no iban ¿sabes? [risas] a misa. Y ya dice el sacristán:

-Pos, ¿pa qué queremos el santo este?

Pilló el sacristán y lo vendió, ¿sabes? [risas] Lo vendió y luego… y resulta que a la semana siguiente dice el cura:

-Oye, que tenemos que decir misa.

Dice el sacristán:

-¡Adiós! Pos si he vendío el santo.

Y entonces, ¿qué hizo el sacristán?, era en el verano y compró un santo de chocolate. [Risas] Y ¿qué hizo?, lo tapó con una manta. Y llega el domingo a decir la misa y entonces… destapa el… el sacristán al… Dice el cura:

-¡Venga, destapa –o sea- el santo, que vamos a decir misa!

Y va el… el cura, destapa, le quita la manta, dice:

-¡Adiós, en el hijo puta este, si se ha cagao y se ha ido!

Pascual Carcelén Delicado (Chinchilla)


  1. ¡Este no le dio! (ATU 1309)

Esto era un leñador que tenía un hijo. Y pensaron de irse por leña y no tenía su mujer nada que echarles de, de almuerzo. Y tenían unos pocos higos secos y se les echó en una bolsa.

Se van... Y llevaba el chiquillo la bolsa de los higos en la mano. Y, de vez en cuando, metía la mano en la bolsa, y le tiraba un higo al culo del burro. Al ratico, otro. Y así, hasta que le quedaron higos.

Llegaron al tajo, cargaron la leña y se volvieron. Pero, entonces no tenían na que comer y... ¡traían un hambre! ¡Madre mía, qué hambre traían!

Entonces, como volvieron por el mismo camino, de vez en cuando se iban encontrando un higo. Y decía:

-Hijo mío, mira donde hay un higo.

Dice:


-Pero, papa, si se los he ido tirando al culo del burro.

Dice:


-Pero, si ese no le dio.

Llegaba... Cogía otro.

-Papa, este tampoco le dio.

Y, total, que cuando llegaron a su casa se habían comío los higos, y ninguno le había dao.

Feliciana García Tomás (Chinchilla)


  1. El tonto que se creyó muerto (ATU 1313A)

Esto era un podaor. Y estaba podando un árbol, y llega un hombre y le dice, -estaba subío arriba, sentao-; y llega un hombre, le dice:

-Oye, te vas a caer del árbol.

Dice:

-Pos, ¿cómo sabe usté que yo me voy a caer? -Dice-, pos, ¿es qu'es usté Dios al caso?



Dice:

-Sí, yo soy Dios. -Dice-, pos si sigues así te vas a caer.

Conque na, sigue el tío serrando, ¡páum!, y se cae abajo. Ice:

-¡Me cago en la leche! Pos si este, este es Dios. Sabía que me iba a caer.

Pos, nada. Dice:

-Pero, no estoy yo tranquilo. Pa saber... usté me tiene que decir de verdá que es usté Dios.

Dice:

-Pero, ¿no le digo yo a usté que soy Dios?



Dice:

-Bueno, para demostrarte que soy Dios, mira, se va a pegar el burro tres pedos, y al pegarse tres pedos el burro, te quedas muerto.

Conque na, el tío llega:

-¡Vaya, vaya, qué tío más tonto! Pero, ¿cómo me voy a morir yo, ni na, ni...? ¡Que no, hombre, que no!

Pos lo carga con to la leña aquella que se había caido, carga el burro, cargao de leña, y sube. Y subiendo por una cuesta, luego a luego el burro ya no podía con la carga... ¡plas!, uno. Y luego a luego iba ya aún el burro no podía, iba el pobre animalico... ¡pám!, otro.

-¡Me cago en la leche, que es verdá que me voy a morir!

Total que ya, cuando ya había coronao, el burro a descansar... ¡proom!, dice:

-¡Ay, Dios mío!

Se cayó de espaldas, y claro el burro siguió y él allí se quedó acostao.

-¡Na, me he muerto!

Y llega el burro allí, a la puerta de su casa. El burro empieza a macear.

-Pos, hombre, pero, que no viene; que ha venío el burro cargao de leña y que no viene. Pos, ¿qué le habrá pasao?

Vuelven buscando, y se lo encuentran allí, panzarriba.

-Pos, ¿qué haces aquí?

-Na, pos que me he muerto. Me he encontrao con un hombre, que, que yo me creía que era un hombre, pero era Dios... Y nada, y aquí me he quedao muerto. Y aquí estoy muerto.

Francisco Atiénzar Alcántara (Chinchilla)



  1. Peonás de villa (ATU 1326 + 1210))

En el pueblo de Hoya Gonzalo contaban que los mozos de Pétrola estaban echando peonás de villa. Y hacía muchísimo sol y tenían… se habían quitado las chaquetas y las habían dejao a la orilla de la iglesia.

Resulta que un mozo se fue a quitar el sudor de la frente y miró para el cielo y vio cómo las nubes se movían y creía que se movía el campanario. Pasó un gitano por allí y se llevó la chaqueta de uno. Y entonces, cuando fueron a almorzar, vieron que la chaqueta no estaba allí. El que se había quitao el sudor dijo:

-¡La iglesia se ha movío!

Y entonces tos pensaron que se había quedao la iglesia debajo. Y ya. Y entonces todos se pusieron a empujar. Y los de Hoya Gonzalo se reían y decían:

-En el campanario de Pétrola, ha nacío una zanahoria y los mozos de Pétrola, en ver de bajar la zanahoria del campanario, han subío un burro a coscoletas.

Pedro Gómez (Hoya Gonzalo)



  1. El tonto y la mujer del médico (ATU 1332*)

Un padre y un hijo bastante mayor. Y estaba… pues así en un campo. Y el hijo ya era mozo… y tanto… veintitantos años. Él no había ido ni había estao con una mujer… ¡pos qué…! Y… y el padre dice:

-Vas a ir, hijo mío, al pueblo a ver si… te gobiernas una mujer, que estamos aquí los dos solos. Con una mujer… -Dice- vas a ir al médico… que te reconozca a ver… si tú puedes tener mujer.

Y va… ¡ea! Pos el pobrecillo ignorantón… le preguntaba el médico sacando burla de él. Y dice:

-Tú… ¿te gustan las mujeres?

Dice:

-Yo no sé lo que es eso.



Dice:

-Pero ¿tú estás bien de…?

Dice:

-Sí.


Y la médica, la mujer, oyéndolo. ¡Ea! Pos se va.

-Vuelva usté pasó mañana.

Viene… y no estaba el médico. Estaba la médica sola.

-¿Está su marido?

Dice:

-No, pero estoy yo. Yo lo curo.



Lo cura. Le hace… como un borrucho. Y ¡hala! se va. Y se tropieza con el médico que estaba hablando con unos señores allí amigos. Dice:

-Verás, nos vamos a reír del tontaco este.

-Qué, ahora vamos p’allá que lo cure.

Dice:


-No, me ha curao su mujer… que cura mucho más que usté y mejor.

¡Madre mía! Allí lo declaró del to. Dice:

-¡Mira el tontaco!

Luego el dijusto con la señora. ¡Cagüendiez! ¡Ea!

Alberto (Peñas de San Pedro)


  1. Perico, el pastor (ATU 1333)

Esto era un pastor que se llamaba Perico. Y era muy embustero y no hacía más que engañar a los compañeros, diciendo, gritando:

-¡Que viene el lobo! ¡Que viene el lobo!

Y tos los vecinos de la aldea, o sea, tos los vecinos que había trabajando, acudían a ayudarle.

Y así lo hizo varias veces, repetidas veces. Y se reía. Y el tío se burlaba d'ellos, de sus compañeros.

Pero, ya una vez empezó a gritar:

-¡Que viene el lobo! ¡Que viene el lobo!

Y claro, no... Vino el lobo y se lo comió. Y se acabó.

Francisco Atiénzar Alcántara (Chinchilla)




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