Cuentos populares de chinchilla



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Caperucita (ATU 333)

Era Caperucita y dice su mamá:

-¡Hala!, ves y llévale a la abuelita tortas y esta leche pa que desayune. Pero no te vayas por… -dice- da la vuelta –dice- que el lobo te puede enganchar.

Dice:

-No, no, mamaíta, yo me voy por aquí.



Y ya cuando iba por el bosque, salió el lobo y dice:

-¿Adónde vas, Caperucita?

Dice:

-Ah, voy casa de mi abuelita, ¿sabes?, -dice- voy casa de mi abuelita a llevarle leche.



Dice:

-Sí, Caperucita, échate por aquí, por el atajo y llévale unas florecicas a tu agüela.

Y, ¿qué hizo el lobo?, irse y se metió en la cama de la agüela y se puso el gorro y el camisón de dormir. Y ya va Caperucita:

-¡Abre, abre, abuelita, ábreme!

Dice:

-Abre tú, que está abierta.



Y ya entra y la ve allí con el gorro hilaete.

-¡Ay, abuelita, qué ojos más grandes tienes!

Dice:

-Son para verte mejor.



-¡Ay, abuelita, qué manos más grandes tienes!

Dice:


-Son para acariciarte mejor.

Dice:


-¡Ay, abuelita, qué dientes más grandes tienes!

Dice:


-¡Son para comerte mejor!

Y el lobo se comió a Caperucita. Y pasa por allí un cazador. Y dice:

-¡Ay! ¿Qué habrá hecho el lobo que mia que roncos trae? –dice- ¡Ay, malvado! ¿A quién has devorado?

Y, ¿qué hizo?, sacar… matar al lobo… el cazaor, lo mató y entonces salió Caperucita y decía:

-¡Al lobo no tememos! ¡Al lobo no tememos!

Y ya salió Caperucita cantando y la abuela.

Paula Riscos Córcoles (Pozuelo)


  1. Joaquinito y Rosita (ATU 450)

Había una vez un muchachico y una muchachica que su padre estaba viudo y se casó de segundas. Y resulta que… que no le daba de comer ni le daba de na. Y el chiquillo, que era mayorcico, dice:

-Rosita, ¿quieres que nos vayamos de casa los dos? –dice- porque aquí, sabes, ni te dan de comer y te dan mal trato.

Y eran pequeñicos los dos. Dice:

-No, no, que somos mu achicaos, ¿dónde vamos nosotros?

Dice:

-Donde sea menos aquí.



Pero, se lo dijo tres o cuatro veces y Rosita no hacía caso de eso. Pero ya un día que la madre los…, la madrastra los maltrató, pos salieron tirando los dos. Y venga a andar, y venga a andar, y venga a andar los dos, se metieron en el bosque, se les hizo de noche y cada uno se subió a un árbol. Y resulta que las fieras que pasaban por allí…, ellos estaban los dos amedrentaicos allí de tanta fiera y tantas cosas, que allí estuvieron toa la noche en el árbol y ya, cuando se hizo de día, que ya las fieras no estaban por allí, se bajaron y empezaron a andar, a andar y ya vieron una casita encima de una montaña. Y… y venga andar, y dice Joaquinito:

-Rosita, tengo mucha sed.

Pero la madrastra había encantao todas las aguas.

Se arrodilló y Rosita entendía a la madrastra, todas las cosas, que era una bruja. Y dice…, al arrodillarse Joaquinito a beber agua decía el manantial:

-Er que de mis ninfas aguas beba, pantera se vuerva.

¡Ea! Y Rosita:

-No bebas, Joaquinito, que me vas a…, que te vas a volver una pantera y me vas a devorar. No bebas, Joaquinito.

Y tanto lloraba, que lo dejó. Pero ya se encontraron otro manantial. Como llevaba tanta sed, dice, se arrodilló otra vez Joaquinito a beber agua, dice:

-El que de mis ninfas aguas beba, ciervo se vuelva.

Pero ya no lo podía remediar. Y empezó a beber agua. Y, conforme iba bebiendo agua, se iba volviendo un ciervo. Y dice:

-Rosita, no te abandonaré nunca, no tengas miedo.

Y se fueron a la casita que vieron encima de la montaña. Dice:

-Mira, tú aquí estás –dice- y yo sargo –dice- y te traigo la comida aquí pa que comamos los dos.

Y claro, pos se salió al monte a ver lo que le traía, si cogía algún ave o alguna cosa. Y resulta que por allí estaba cazando el hijo del rey. Y… y dice:

-Tú ya sabes la contraseña. Cuando yo llame a la puerta te digo “Hermanita mía, déjame entrar” y tú entonces me abres. No le abras mientras a nadie.

Pero el hijo del rey dijo:

-¡Madre mía! ¡Qué ciervo tan hermoso!

Y fue detrás del ciervo, pero se metió antes er ciervo y, cuando llegó a la puerta, oyó, y estaba cerca, que le dijo “Hermanita mía, déjame entrar”. Y entró. Y ya dice:

-Pos, ¿esto qué es? Le ha dicho “Hermanita mía”. ¿Pos es que tendrá ahí una cierva o algo?

Pero, otro día salió y dice:

-¡Ay! Algo te va a pasar.

Y dice:


-Tú no te preocupes por mí, que yo voy a traer algo para comer.

Y en vez de… el hijo del rey, en vez de perseguir el ciervo, fue a la puerta y dijo:

-Hermanita mía, déjame entrar.

Y entonces le abrió la puerta la muchacha, Rosita, y la vio tan guapa que se enamoró de ella. Y le dijo que se quería casar con ella. Y entonces ella le dijo que tenía un hermano que era ciervo. (Pero me he dejao argo). Que tenía un hermano que lo había encantao su madrastra. (Y me he dejao…, no sé qué me he dejao). Y… y se lo contó a Joaquinito cuando vino. En vez de tirarle… o sea le tiró… primero le tiró un tiro al ciervo y le dio en una patica y se la estuvo curando la muchacha muchos días allí. Y eso que te he contao antes y lo curaba y ya no salía el ciervo. Pero, como el hijo del rey oyó que le dijo “Hermanita mía, déjame entrar”, pos cuando ya llevaba unos días que no salía a por nada de comer, dice:

-Déjame, Rosita, que yo voy a traerme eso.

Y, en vez de perseguir a… –que es cuando se enamoró de ella-, en vez de perseguir al ciervo, pos se fue a la casa y le dijo “Hermanita mía, déjame entrar”. Y le abrió y le dijo que tenía un ciervo encantao, que lo había encantao su hermano, que era un hermano suyo, su madrastra. Y entonces, cuando vino er ciervo le dijo:

-Te casas conmigo, nos llevamos el ciervo. Allí hay un jardín muy hermoso en palacio.

En fin, que Joaquinito accedió a casarse con Rosita. Se casaron y tuvieron un niño. El ciervo jugaba por el palacio en los jardines, pero ya la madrastra que se enteró, tenía una hija tuerta. Y ellas se plantaron las dos en el palacio. Y, como Rosita había dao a luz un niño, pos resulta que la madrastra le dijo que si querían a una señora para cuidar a la reina y el rey le dijo que sí. Y metió… A la Rosita la encantó en una paloma, al niño lo encantó y lo puso a dormir en un canasto a la orilla del río (que no lo digo bien). Y al ciervo, pos encantao que estaba.

Y, cuando estaban comiendo las criadas, se presentaba la paloma. Y decía:

-¿Dónde está mi niño? ¿Dónde está mi ciervo? Volveré dos veces y no volveré la cabeza.

Las criadas le dijeron al rey que entraba una paloma to los días ande estaban comiendo y que decía eso. Conque entonces el rey dijo que… que se iba a quedar él. Pero, dice:

-Primero voy a ver a mi hijo y a mi mujer.

Y la madrastra no le dejaba. Decía que no, que no estaba para ver a nadie.

Dice:


-Voy a ver a mi niño y a mi… y a mi mujer.

Y entonces se presentó allí y vio a una tuerta que estaba metía en la cama y… y la estaba cuidando bien la madrastra qu’era... Entonces le dijo…, o sea, que cuando estaban comiendo va y se lo dice. (¡Ay!, que me voy, que no tengo memoria ya). Entonces las muchachas, las criadas de palacio le dijeron al rey que todos los días iba una paloma y que había dicho que iría otras dos veces, pero que no volvería más a verlos. Lo que decía. Y entonces la llamó, vio a la tuerta, la echó fuera y le dijo que le desencantara ahora mismo a su mujer y a su hijo. Se los desencantó y entonces hizo que desencantara también al ciervo. Y entonces hizo una hoguera y allí quemó a la hija y a la madre. Y cuentecico colorao…

Llanos Gómez Lorente (Chinchilla)


  1. La cueva de los gatos (ATU 480)

Esto era dos hermanos. Y uno era… uno era mu pobrecico, mu pobrecico y el otro mu rico, mu rico. Y el pobrecico era zapatero. Y estaba desesperao y… y… y llevaba él un l’ovillo de esos de los zapatos de coser llevaba en el bolsillo. Y ya se asomó a un pozo y se le… se le cayó el ovillico ese. Y dice:

-¡Ay, madre mía! Pos ¿cómo…? ¡Ea! Pos tengo que bajar al pozo.

Conque ya baja al pozo y ve una puerta. Y llama y sale… y sale un gato. Y sale un gato y dice:

-¡Uuuuh, qué gato más hermoso!

Dice:

-Pase usté pa dentro.



Es que estaban allí los reyes y los gatos eran los… los criados. Pues ya pasa y eso. Y sale uno y dice:

-¡Oh, qué gato más hermoso!

-Pase usté pa dentro.

Pasa pa dentro y llama a otra puerta y sale otro gato.

-¡Madre mía, en mi vida he visto unos gatos tan hermosos como estos!

-Pase usté más pa dentro.

Pasa y salen tres gatos.

-¡Uuuuuh, madre mía, madre mía, qué tres gatos más hermosos!

Bueno, ya viene el rey y le dice:

-Llenarle a este… sacar el burro y llenarle al hombre este, a este que ha venío aquí, llenarle dos corbos de oro.

Bueno, pues ya se va… -monedas de esas de oro-, ya se va a su casa. Sus hijos y su mujer del zapatero, ¡ay!, como estaba desesperao que no tenía pa comer el pobrecico:

-¿Y ánde estará padre? ¿Ánde estará padre?

¡Madre mía, ya que lo ve uno, un hijo!

-¡Ay, madre, mié usté a mi padre con un burro, con un burro viene!

Bueno, pues ya viene, descarga el burro y, como el otro era rico, tenía media fanega de esas.

-Ves y dile al tío que si te quiere dejar la media fanega.

-¡Uh! ¿Pa qué querrá la media fanega? ¿Pa medir piojos? ¿Pa qué querrá la media fanega?

Bueno, total, se la da. Se la da y le dieron la media en los cuartos y luego se la llevaron. Y vaya y tuviera algo la media fanega, le dan en el suelo y cae una monedica de esas. Y ya va, va el hermanico ca el otro hermanico.

-Hermanico, pos ¿ánde has estao?, que mira que…

Dice:


-Yo, ¿que ánde he estao? ¡Odo!, pos que me he ido por ahí, he ido y he visto un pozo y me he asomao. –Y se lo dijo, dice- me se cayó –dice- el ovillico –dice- y pasé.

-Oye, pos dímelo a mí tamién.

Dice:

-Muchismos cuartos que me dieron.



Dice:

-Pos dímelo a mí y voy yo tamién.

Va él y se asoma al pozo y se ve que se metió. Y ya va al pozo y llama a la puerta y sale… sale un gato –igual que el otro.

-¡Uh! ¡Vaya un gato feo! –dice- ¡Madre mía, qué gato más feo!

-¡Pase usté pa dentro! -Se lo dijo al revés, como le tenía envidia y…- Pase usté más pa dentro.

Y pasa y sale otro gato.

-¡María Santisma, qué gatos más feos que hay en esta casa!

Bueno…


-Pase usté pa dentro.

Ya va pa dentro y sale otro, no, los tres. Salen tres y…

-¡Uuuh, María Santisma de mi vida! Pos sí que hay en esta casa gatos feos. ¡Qué feísmos! Yo no he visto en mi vida unos gatos tan feos como estos.

Ya toca al timbre y acuden allí –se ve que así que les dijo eso se fueron, los gatos, les dijon feos- y entonces toca al timbre y acuden los tres corriendo. ¡Le pegaron una paliza! ¡María Santisma, qué paliza le pegaron! Una paliza grandisma. Y ya… ya, así que le dieron la paliza, pillaron y lo echaron a fuera y fue… en na que puede ir a su casa, y dice, y ya va y dice:

-Dile al hermano que venga, a mi hermanico. ¿Pos cómo me lo has dicho esto?

-¡Ea! Pos como es. Pos ¿qué te ha pasao?

-¡Ea!

-¿Qué les has dicho? ¿Que eran los gatos feos? Pos yo, como dije que eran los gatos guapos, hermosos, pos mira cómo me dieron muchismo, muchismos cuartos y tú por decirles feos te chupas el pijo. Te pegaron la paliza a ti con motivo.



Avelina (Pozuelo)

  1. Estrellita de Oro (ATU 480 + 510A)

Esto era una vecina y un vecino. Y la vecina estaba viuda y el vecino tamién y cada uno tenía una hija, el vecino una hija y la vecina otra. Bueno, pues ya va la hija y le dice al padre:

-Padre, case usté con la vecindica que me da cucharicas de miel.

-Hija mía, alguna vez te la dará de hiel.

-Padre, case usté con la vecindica que me da cucharicas de miel.

-Hija mía, alguna vez te la dará de hiel.

Bueno, ya va y dice:

-Bueno, sí. Te voy a hacer unos zapatos de hierro y, así que los rompas, me caso con ella.

Pos le hace unos zapatos de hierro su padre. Y ella venga to los días dale, dale, dale, con un guijarro y to para romperlos. Bueno, pos ya llega que los rompe y se casa el padre con la… con la vecindica, con la vecina.

Y compra la vecina, su madrastra, compra un menudo y le dice:

-Ves, ves y lávalo al río. Y, como te se caiga una miaja tripa, ¡te mato!

Bueno, ya se va, se arrodilla a lavarlo y se le escapa una miaja tripa. Y venga a llorar, y venga a llorar. Y… y se le presenta la Virgen:

-¿Por qué llora usté?

-Mire usté, porque tengo mi madre señora y me ha mandao a lavar este menudo y, si me se cae una miaja tripa, me mata.

-Varica la virtú, con la gracia que tú tienes y la que Dios te va a dar, que te salga la tripa.

Y le salió la tripa. Y le dice:

-Cuando rebuzne el burro, metes la cabeza y cuando cante el gallo la sacas.

¡Y sacó una estrella de oro en toa la frente ella! Pues ya se va allí y la otra, la…, la hija –esa era la hija del vecino- y la hija suya verdá:

-¡Ay, madre, qué estrellica de oro! ¡Ay, madre! –Dice-, cómpreme usté tamién otro menudo a mí, que vaya yo tamién. ¡Oh, qué estrellica de oro! ¡Ay!

Bueno, pos ya le compró la madre otro menudo a ella y va:

-Tú, ves al río, como te se caiga una miajica tripa, ¡te mato!

Bueno, pues ya se va. -En ver de… era lo que le decía la madre-. ¡Ay!, venga a llorar, venga a llorar. Se presenta otra vez… Se presenta otra vez la Virgen:

-¿Qué te pasa?

-Mire usté, que me ha mandao mi madre a que lave este menudo y, si me se cae una miaja tripa, ¡me mata!

-Varica la virtud, con la gracia que tú tienes y con la que Dios te va a dar, que te salga la tripa.

Bueno, pues le sale la tripa. Y dice:

-Cuando cante el gallo, metes la cabeza y, cuando rebuzne el burro, la sacas.

¡Y sacó un rabo e burro en to la frente, grandismo!

Pos ya, la pobrecica, no le querían dar de comer ni na, siempre la tenían debajo la artesa, allí. Y ellas… Oye… Y decía la hija:

-¡Ay, Estrellita de Oro! Mira, ha venido el hijo del príncipe a invitarnos a un baile.

-¡Ay, madre mía!

-¡Tú! ¿Ánde vas a ir tú? ¡Debajo la artesa! ¡Ay! ¿Ánde vas a ir tú, gorrinón, que no tienes na que ponerte ni na?

Bueno, pues ya se van la madre y la hija al baile. Y ya… sale la Estrellica de oro:

-Varica la virtú, con la gracia que yo tengo y con la que Dios me va a dar, que me ponga la Virgen la más guapa que haya en el baile.

Bueno, pues ya baja la Virgen. Le pone pulseras, collares, vestidos, zapatos, bueno de to. Bueno, pues ya va, se va al baile. Y le dijo la Virgen “A tal hora, ven”.

Ya se va. Pos, ¡madre mía!, el hijo del rey en cuanto la vio. Pos, venga, venga, venga a bailar, venga a bailar. Pos ya dice:

-Pues esta noche no me se va a escapar. Y puso pez y se le pegó el zapato, pero ella se fue a aquella hora.

Bueno, pues ya llegan que se van. Y después llegan la madre y la hija:

-¡Ay, Estrellica de Oro, si hubieras visto! ¡Madre mía y qué muchacha más guapa! ¡Guapisma, guapisma!

-Que si sí, que si no, que si sería yo.

-Tú, gorrinón, ¿ánde vas a ir?, debajo la artesa, ahi debajo la artesa.

-Que si sí, que si no, que si era yo.

-¿Qué dice, madre? ¿Qué dice? Que si sí, que si no, que si sería ella.

-Tú, ¿ánde vas a ir, gorrinón? No tiés qué vestirte ni na, no tiés qué ponerte.

Pues, ya va otra vez, y ya va otra vez el príncipe y las convida otra vez. Y se van otra vez la madre y la hija. Y la pobre Estrellita de Oro, debajo la artesa.

Bueno, ya se va y dice:

-Varica de la virtú, con la gracia que yo tengo y la que Dios me va a dar, si anoche me pusistes guapa, esta noche ponme más.

Bueno, baja y ya la Virgen la pone guapisma, guapisma. Y ya se va otra vez al baile. Y el hijo del rey, pos bailando, bailando, pero se llevó otro zapato y el hijo del rey, ¿qué hizo?, guardarlo el otro. Pues ya se va, venga a bailar, venga a bailar, venga a bailar, ya y a la hora que le dijo la Virgen, pues se fue.

Bueno, pues ¡hala!, se acaba el baile, se van. Y a otro día va el hijo del rey con el zapato:

-Que la que le venga este zapato me caso con ella.

Unas se cortaron un piazo pie, otras se cortaron un dedo pa que le viniera el zapato. Y le vino a venir al Rabo de Burro ¡hombre! Le viene al Rabo de Burro y llevaba el hijo del príncipe un… un coche con una perrica muchismo bonica. Y ya dice:

-Bueno, pero así que lleguemos al palacio te tienes que quitar eso, el pañuelo arrodeao.

Y sube en el coche y va la perra detrás:

-¡Gua gua gua! La Estrellica de Oro debajo la artesa está y el Rabo de Burro en el coche va.

-¿Pos qué dice?

-Pos na, pos que es tonta la perra.

-¡Gua gua gua! La Estrellica de Oro debajo la artesa está y el Rabo de Burro en el coche va.

Dice:

-No, pero así que vayas al palacio te quitas el pañuelo y eso, el pañuelo pa que te presente a mis padres.



Bueno, pues ya llegan al palacio y se quita el pañuelo y tenía el rabo de burro ese allí en toa la frente. Pos claro, vino y se la… se la trae y se fue a su casa. Y entonces, se casó con la Estrellica de Oro.

Avelina (Pozuelo)



  1. El enano Saltarín (ATU 500)

Una vez había un molinero y tenía una hija. Y tanto quería el padre a la hija que se dejó decir que su hija era capaz de hilar la paja en oro.

Resulta que había un rey muy ambicioso y se enteró de eso. Y entonces fue el molinero. Dice:

-Molinero, -dice-, me han dicho que tienes una hija que es capaz de hilar la paja en oro.

Dice:


-Sí, señor, así es.

Dice:


-Pos si es así, me casaré con ella. Y si no es así, mandaré que os ahorquen a los dos.

Pos la hija lloraba, lloraba, que por qué le había dicho eso el rey. Pero ya no tenía remedio. Entonces el rey se la llevó a su casa y una habitación muy grande la llenó de paja. Y allí le puso una silla y al llegar allí la molinerita pos lloraba y lloraba y lloraba…

-¿Por qué habrá dicho mi padre esto si yo no soy capaz de hacer esas cosas, madre mía? ¿Por qué lo habrá dicho mi padre?

Pero, al verla llorar tanto, un enanito por una ventana que había, con una ráfaga de humo se le colocó allí y dice:

-¿Por qué lloras, molinerita?

Dice:


-Porque mi padre ha dicho que… que soy capaz de hilar la paja en oro y yo eso no lo sé. Ni lo he dicho.

Dice:


-Pos nada, ¿qué me lo das si te hilo yo toda esta paja en oro?

Dice:


-No tengo nada que darte.

-Pos algo tendrás.

-No tengo nada que darte. Nada.

Dice:


-Prométeme algo.

Dice:


-No tengo nada que prometerte. ¿Qué te voy a prometer si no tengo nada?

-Prométeme a tu primer hijo.

Dice:

-Sí, pero luego no te llames a engaño. Que yo no soy capaz de hacer eso.



Y… y ya, pos claro, le hiló toa la paja en oro. Dice:

-Bueno, tú…

-Yo no me voy a casar.

Le llenó la… o sea, el enanito aquel le llenó… todo lo volvió oro, toa la paja. Y cuando llegó el rey, ya no lo pensó, se casó con ella. Y al año o por ahí tuvo un niño. Y claro, y ella ya no se acordaba de aquel romance. Y… un niño muy hermoso, y estaba muy contenta y el rey también, ya no se acordaba de la avaricia que tenía de antes. –Dice- Bueno, de momento se presenta el enanito en… O sea, que primero en la montaña cantaba el enanito:

-Mañana tendré yo un rey, no, mañana tendré yo un príncipe, (yo no sé, ya me se ha escapao), un príncipe que me sirva, porque del norte al confín nadie sabrá que me llaman el enano Saltarín.

Bueno, pos se puso… entró por una ventana del palacio y se presentó delante de la muchacha. Dice:

-Oye, vengo a que me cumplas la promesa que me hicistes.

Dice:


-¡Ay! –dice- yo, pídeme lo que quieras de palacio, pero yo mi hijico no te lo voy a dar.

-¡Hombre, tú me lo ofrecistes!

Dice:

-Porque no pensaba casarme.



-Bueno, pos ya te has casao, dame el hijo.

Y ya viendo… tan apurá la muchacha le dijo:

-Mira, si aciertas el nombre que tengo, no te lo quito, pero si no, me lo llevo.

Bueno, pos la muchacha empezó a recitar to los nombres que sabía:

-¿Acaso te llamas Pedro? ¿Acaso te llamas Juan? ¿Acaso te llamas José?

Pos todos los nombres se los recitó de carrerilla. Y él, el enanito, daba un salto, un saltito. Cada vez que decía un nombre, decía:

-¡No, no, no es ese mi nombre!

Pues ya la muchacha cansá:

-Pues ya no sé más nombres.

Entonces, dice:

-Estudiátelos, porque mañana voy a volver otra vez.

Conque entonces ella mandó a un empleao del palacio y le dijo que fuera a ver dónde estaba el enanito y si lo podía saber su nombre.

Y el enanito estaba encima de una montaña. Y allá que va el empleao de palacio. Y estaba el enanito cantando:

-Mañana tendré yo al fin un príncipe que me sirva, que del norte hasta el confín nadie sabrá que me llaman el enano Saltarín.

Pos el empleao de palacio fue corriendo y se lo dijo a la… a la reina. Y ya se presenta el día que él le dijo y dice:

-Su Majestad la reina ya… ¿sabe usté ya mi nombre?

Y ella entonces le recitó to los nombres menos el que sabía. El último se lo dejó. Y… y ya le… estaba allí diciéndole to los nombres que se acordaba y sabía. Y el enanito daba un saltito y decía:

-¡No, no, no es ese mi nombre!

Y a lo último ya, cuando ya le dijo todos, dice:

-¿Acaso se llama usté el enano Saltarín?

Dice:

-¡Ohhh!¡Por fuerza se lo tiene que haber dicho alguien!



Y se… Y se marchó de allí. Y la reina se quedó con su hijo y el enano Saltarín sin nada. Cuentecico colorao… y se ha acabao.

Llanos Gómez Lorente (Chinchilla)



  1. La Cenicienta (ATU 510A)

Había una vez una maestra de escuela que tenía dos hijas y la Cenicienta no tenía madre, no tenía más que a su padre. Y su padre la mandaba a la escuela que tenía a su madre allí, porque era maestra. Y decía la maestra:

-Dile a tu padre que se case conmigo, que te via dar cucharadicas de miel.

Y va la Cenicienta:

-Padre, dice la maestra que te cases con ella, que me va a dar cucharadicas de miel.

Decía el padre:

-Alguna vez te daría hiel, hija mía.

A otro día:

-¿Le has dicho eso a tu padre?

Dice:

-Sí.


Dice:

-Pos díselo otra vez.

Y va otra vez:

-Ha dicho la maestra que te cases con ella, que lo va a hacer muy bien conmigo y me va a dar cucharadicas de miel. Me va a hacer mucho bien.

Su padre dice:

-Alguna vez te daría hiel, hija mía.

Pero ya cuando tenía al padre tan mareao, le dijo:

-Mira, te voy a hacer unos zapatos de hierro, cuando los rompas, me casaré con la maestra.

Pos le hizo el padre unos zapatos de hierro y resulta que to los días la Cenicienta, cuando iba a la escuela, se sentaba en una acera y con una piedra les daba pa romperlos. Pero ya… cuando ya vio el padre lo imposible, dice:

-Pos me via casar con ella, pero luego no te lamentes, ¿eh? No quiero saber nada. Si tú dices que te va a dar tan bien de comer y tú…

Y entonces resulta que el padre ya aburrío de que la… de que la hija le dijera tanto pos dijo:

-Me casaré con ella.

Y a lo primero, pos tenía dos hijas, pero a sus hijas les daba bien de comer y todo eso, pero entonces empezó por darles peor a sus hijas y darle mejor a ella. Pero ya, de que pasó un poco tiempo, pos ya se volvieron las tornas. Entonces cogió y si le daba un huevo cuando desayunaba, pues luego ya cuando se cansó le haría medio y a sus hijas uno. Pero no se podía lamentar a su padre.

Bueno, pues ya se hizo mayor y ya la metieron en la cocina y ella cocinaba y ella lo hacía todo, fregaba y toas las cosas. Le pusieron la Cenicienta. Y las dos hijas, pos las llevaba tan arreglás y s’iban de paseo y to esas cosas. Pero, por qué no, echa un pregón el rey, el hijo del rey, diciendo que en el beile quería elegir esposa. Pos claro, las dos hijas y la madre se arreglaron muy bien, muy majas y todo eso. Y a ella la dejaron por entre la ceniza. Pero ella iba tos los días a la tumba de su madre, tos los días a rezar. Y había un pajarito en un árbol. Y… y claro, resulta que se fueron las tres arreglás, muy majas del todo y ella se fue a la tumba de su madre y le dijo al pajarito:

-Pajarito querido, préstame un traje que sea de oro, plata, seda y encaje.

Y el pajarito le puso allí una carroza preciosa, un vestido bordao en oro y… y encajes y con toas las cosas.

-Oye, pero que sepas –le dijo el pajarito-, que sepas que antes de dar las doce, la primera campaná de las doce tienes que estar aquí, si no te quedas desnuda.

Pos nada, unos zapatos de oro, un traje precioso, nada, y se fue al baile. Y estaban allí las hermanastras y la madrastra, pero no la conocieron.

-¡Madre mía! ¿De dónde será? ¿De dónde será esta muchacha? ¡Madre mía, qué guapa! ¡Esto es una princesa!

Y él entonces, el hijo del rey bailó solo con ella, to el baile, pero cuando iban a dar las doce, pos ella se desunía de él y echaba a correr a las escaleras. Pero, a los tres días de pasar eso, cada día un traje más hermoso, otra clase de traje, otra clase de zapatos, total que iba a la tumba de su madre:

-Pajarito querido, préstame un traje que sea de oro, plata, seda y encaje.

Allí le ponían una carroza, con unos vestidos, que no había otros. Pos, al mismo llegar al beile, ya el hijo del rey se ponía a bailar con ella, y a las otras no les hacía caso. Pero, por qué no, el último día, como no la dejaba, la tenía agarrá que no la dejaba, pos claro, dio una campaná de las doce y ella efarró a la escalera abajo y se le quedó un zapato pegao.

Entonces, en la última noche, y dio tres beiles, pos se le quedó un zapato pegao en la escalera. Y ella se iba corriendo, se desnudaba y su madrastra no sabía nada. Pero dice que iba a echar un pregón para encontrar el zapato de quien fuera. Pero claro, allí no acudía nadie. Y ya tomó la decisión d’ir de casa en casa de las que habían estao en el baile. Pos cogió y fue a la casa de la Cenicienta, claro, y salieron sus dos hermanastras. Y se pone la mayor, se prueba el zapato, dice:

-Madre –dice- me sobra un trozo de talón.

Dice:

-Córtatelo, que como vas a ser reina no te va a hacer falta.



Se corta el trozo de talón, la monta en el caballo, y al pasar –tenían que pasar todos por la tumba de la madre de la Cenicienta-, decía el pajarito:

-No sigas, príncipe amante, y repara un instante, que el zapato que esa tiene para su pie no conviene. Y tu novia verdadera está en su casa y te espera.

Pos mira p’atrás y ve el caballo que iba chorreando de sangre. La degüelve y dice que no, que esa no es su novia.

Bueno, pues entonces dice la madre a la otra:

-Péinate y arréglate, que te lo pruebes tú.

Y sale la otra, se prueba el zapato y dice:

-Madre, me sobra un trozo de dedo.

Dice:


-Córtatelo, supuesto vas a ser reina no te va a hacer falta.

Pos nada, se corta el dedo, pasa otra vez el caballo y el príncipe por la tumba de la madre de la Cenicienta y entonces el pajarito dice:

-No sigas, príncipe amante, mira y repara un instante, que el zapato que esa tiene para su pie no conviene, y tu novia verdadera está en su casa y te espera.

Pues vuelve otra vez y dice:

-Que no es… no es ella.

Y dice:


-Pero, ¿tiene usté más hijas?

Dice:


-No.

En esto, que iba a colocar la Cenicienta lo de… lo que había fregao y la vio pasar. Dice:

-Allí tié usté otra.

Dice:


-Pero qué… esta ni a beiles ni a ningún sitio. Pos si es una Cenicienta.

Dice:


-Pos mire usté, ya que está la muchacha, pruébaselo / que se lo pruebe.

Conque la peinan. Y entonces, dice que la sacara, dice ella que no, que no, que era una Cenicienta, que no… Dice:

-Sáquela usté que yo quiero probarle el zapato.

Conque la peina, se lava y todo eso y sale. Y, al ponerle el zapato el príncipe, se quedó vestía como estaba. Y entonces la montó en su caballo. Cuando pasó por el árbol, el pajarito le dijo:

-Sigue, sigue, príncipe, adelante, sin parar ni un solo instante, ya encontraste el piecito al que viene el zapatito.

Llanos Gómez Lorente (Chinchilla)




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