Cuentos populares de chinchilla



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La zorra y el cuervo (ATU 60 + 225)

Esto era un cuervo y una zorra que se encontraron en el bosque. Y habían estao unos pastores, y se dejaron unos pocos ingredientes de hacer gachas. Y dice:

-Oye, ¿por qué no hacemos gachas y comemos?

Pero, la zorra era tan astuta que cogió, hizo las gachas, las puso en una piedra lisa, y ella a lengüetazos se comió las gachas, y el cuervo, como picaba, no podía enganchar una.

Bueno, pues luego llega el cuervo, y le dice:

-Me ha estao bueno... Me ha estao bueno, ¿eh?

Pero el cuervo se vio engañao, y entonces tomó tanto disgusto. Y dijo:

-Esta l'engaño yo también.

Le dijo:


-Oye, te invito a una boda al cielo, ¿te vienes?

Y, como la zorra era tan avariciosa, pues dijo:

-Sí, acepto.

¡Hale! Y se fueron a la boda al cielo.

-Y, ¿cómo lo vamos a hacer?

Dice:


-Pues, tú te subes encima de mis alas, y yo te llevo.

Entonces se subió encima de sus alas, y venga a volar, y venga a volar, y venga a volar. Y le decía:

-Zorra, ¿ves tierra?

-Sííí...


-Bueno... Pues, aún nos falta un ratico.

Venga a subir, venga a subir..., y venga a subir.

-Zorra, ¿ves tierra?

-Sí.


-Bueno.

Venga a subir, venga a subir... Ya le pregunta otra vez:

-Zorra, ¿ves tierra?

-No.


Dice:

-Pues ya vamos llegando, ¡agárrate!

Y entonces, el cuervo se dio media vuelta, la zorra s'escurrió y par'abajo. (Ya ves qué velocidad llevaría). Y bajaba la pobre diciendo:

-¡Pastores, poned mantas y colchones, que baja la Virgen de los Dolores!

Y cuando ya..., le faltaba poco para llegar al suelo, dice:

Si d'esta salgo y no muero, -porque ella se vio muy mal-, si d'esta salgo y no muero, no quiero más bodas al cielo.

Feliciana García Tomás (Chinchilla)


  1. La zorra y el pájaro (ATU 60 + 225)

Mi abuelo contaba que eran amigos una zorra y un pájaro. Y que… y que la zorra le dijo al pájaro:

-Te voy a invitar porque voy a ir a una boda y quiero que vengas conmigo de amigo y tal… y vamos a comer.

Entonces fueron a la boda y, claro, todo lo que había allí eran zorros y zorras y el pájaro era el único que había de su especie. Y entonces empezaron allí a sacar comida, carne y tal. Y claro, la zorra lo devoraba porque tenían la boca grande y todo eso. Y enseguida terminaban con todos los platos. Y el pájaro, el pobre, como solo tenía el pico, pues picaba lo que le daba tiempo pero, vamos, no le… no le daba tiempo a na.

Y terminó la boda: la zorra se lo pasó en grande, comió y bebió y, sin embargo, el pájaro se fue a su casa casi sin comer, triste y enfadao por el día que había pasao. Entonces pensó en vengarse de… de la zorra. Pero la verdad es que fue un poco cruel, porque le dijo:

-Eh, me han invitao ahora precisamente a una boda en el cielo y quiero que vengas conmigo de acompañante.

Y la zorra le decía:

-Pero, claro, ¿y cómo voy a subir yo hasta allá arriba?

Dice:


-No te preocupes, que yo me pongo unas correas, te ato conmigo, te subo volando y tú vas enganchá ahí, y subimos arriba sin ningún problema; que vamos a quedar en El Losar –El Losar es un sitio, una casa que hay, de campo allí, cerca de mi pueblo- y subimos los dos.

Na, llega ese día por la mañana, se van los dos, dice:

-Mira, yo me pongo las correas aquí.

Ató a la zorra con ellas, tal…

-¿Estás bien, tal?

-Sí, ¡venga!, vamos p’arriba.

Empezó el pájaro a volar p’arriba, p’arriba, p’arriba… Y cuando ya iban a una cierta altura, le preguntaba el pájaro:

-Zorra, ¿se ve… se ve el suelo?

Dice:

-Sí, sí, todavía se ve.



Dice:

-Bueno, entonces todavía nos queda.

Y siguió subiendo, subiendo, subiendo… Al rato:

-¿Se ve?


Dice:

-Ya se ve poco, pero todavía se ve algo.

-Vámonos, que entonces aún nos queda.

Siguió subiendo, subiendo, subiendo y ya cuando iban a mucha altura, entonces:

-¿Se ve el suelo?

-No, ya no se ve. No se ve suelo ninguno.

Entonces, dice:

-Pos, entérate, que ahora por… por… por no dejarme comer en la boda…

Y se soltó la correa y tiró a la zorra para abajo. Y… ese es el fin de la historia.

Miguel Peña Alcantud (Corral Rubio)



  1. El arriero y el cuervo (ATU 75*)94

Aquello era uno que iba montao en un burro. Hacía un día de sol… Y el burro pos… andaba poco. Y iba el tío diciendo:

-En llegando a aquel alto, ¡te mato!

Y iba un cuervo por arriba:

-¡De boca! ¡De boca!

Antonio Gómez Ortiz (Chinchilla)


  1. Mal día para el lobo (ATU 122A + 47B)

Una vez había un lobo cano, cano, que se llamaba Gil, y se devantó una mañana temprano, y dice:

-¡Auuuu! ¡Mal día hoy, que me ha crujío el rabo!

Y echa a andar, a andar, y s'encuentra una sarrieta de morcillas. Y las güele, y dice:

-No las quiero, que tienen cebolla.

Y se va andando, andando, y s'encuentra una sarrieta de salchichas. Y dice:

-No las quiero, que tienen pimienta.

Y se va andando, andando... Y s'encuentra a una gorrina que estaba criando a sus siete gorrinicos. Y les dice:

-¡Auuuu! ¡Ahora mismo me como a tus hijicos, que traigo muncha hambre!

Y dice:

-No te los comas, que están sin bautizar, que los vamos a bautizar.



Y dice:

-¡Hala!, pos sí, vamos a bautizarlos aquí, en la orilla del río.

Y empiezan a bautizarlos y, ya que le quedaba uno na más, dice la gorrina:

-Ya que te queda este na más; ya te los vas a poder comer.

Dice:

-Sí, ¡venga!, que ya tengo mucha hambre.



Y le da una trompá la gorrina y lo echa al río al lobo. Y se va río abajo, diciendo:

-¡Auuuu! ¡Auuuu!

Y llega donde había una yegua con una yegüeceta pequeñica. Dice:

-¡Ahora mismo me como a tu yegua, que traigo mucha hambre!

Ice:

-No te la comas, que antes de comértela me tienes que sacar una pincha que tengo en este talón.



Y el lobo, pos, por comerse la yegua, va a sacarle la pincha con los dientes. Y va la yegua, le da una patá, ¡pum!, y le saltó tos los dientes al lobo... Y se va corriendo.

-¡Auuuu! ¡Qué desgraciao soy! ¡Ay, que soy un desgraciao!

Y, ¿dónde va a sentarse?, debajo de un árbol. Y dice:

-¡Ay, qué desgraciao soy! ¡Si me cayera un rayo, que mira qué desgraciao soy!

Y había un leñador arriba, cortando leña. Y dejó caer el hacha y le dio en toa la cabeza y lo mató. Y dice:

-Pos... ¡ahora sí que me ha caído el rayo!

Ángela Bernabé (Peñas de San Pedro)


  1. Buen día para el lobo (ATU 122A + 47B + 30)

Había una vez una zorra y se levantó temprano. Y cerca había también un lobo. Y cada uno cogió con su camino distinto. Y el lobo, que estaba aquel día así un poco caprichoso, dice:

-Hoy abarrunto algo bueno –dice- quiero almorzar algo bueno.

Y se encontró a una gallina clueca con doce pollicos ya grandecicos, dice:

-Eso está bueno, pero abarrunto yo cosa mejor.

Y no se los quiso comer. Y siguió andando, andando y se encontró a un corderito que se había quedao allí en el campo, pues de esos que cuando paren las ovejas, a lo mejor nace uno un poco flojo –que yo lo vi en Pétrola casualmente, a un cordero solo y, como el pastor lleva tanto ganao, si ese cordero no está fuerte, si no lo tiene así, tomadico, se le queda- y lo vio el lobo, dice:

-¡Un cordero!, -dice-, abarrunto mejor yo. Tampoco quiero comerme este cordero.

Luego siguió andando y ya, por fin, encuentra a una yegua con un potro, un potranco, pequeñín, dice:

-¡Hombre, esto –dice- esto, esto es lo que abarrunto yo! Comerme el potranco ese.

Y se llega allí a la yegua, dice:

-¡Buenos días!

-¡Buenos días!

Entonces encuentra al potranco aquel y dice:

-¡Qué bueno que me va a estar!

Y llega allí a su madre, dice:

-Buenos días, yegua, vengo para decirte que me voy a comer a tu potranco.

Y dice ella:

-Bueno, nada, nada. ¿Qué voy a hacer? Con eso me das un disgusto grande pero, como tú puedes más que yo, ¿qué voy a hacer? Pues nada, cómetelo. Si es eso lo que tú quieres, porque sé que, si tú quieres, puedes matarme a mí y después te lo comes, así que yo…, mira, te lo doy, -dice-, pero solamente te voy a pedir un favor.

Dice:


-Dímelo –dice el lobo.

Dice:


-Mira, -dice-, tengo una puncha clavá aquí en la pata de atrás y, claro, yo no puedo quitármela. Ya que te vas a comer a mi potranco, a mi hijo, si tú por lo menos quisieras con tus uñicas y tus dientecicos quitármela. Fíjate qué poco pido.

Dice el lobo:

-¡Eso está hecho!

Y levanta así la pata y, cuando estaba con los dientes ahí, le pegó una patá en to los morros, ¿sabes?, y lo dejó allí medio moribundo. Y ella arrancó a correr con su potranca para la aldea que estaba cerca y ya se libró. Y el lobo se quedó allí, dice:

-¡Oy, qué tonto he sío! ¡Oy!

Y ya ve allí otra vez a su amiga zorra y dice:

-¿Qué? ¿Qué te ha pasao?

Dice:


-Pues mira, me ha pasao esto.

Se lo cuenta. Dice:

-Y tú, ¿qué has almorzao?

Dice:


-Yo me he comío una gallina con sus polluelos y estoy contentísima.

Dice:


-Pues yo continuaré… -Dice- tendrá que ser algo blandico, porque estoy con to los dientes rotos.

Dice la zorra:

-¿Sabes lo que pasa? Que yo tengo mucha sed.

Y había como una charca honda. Dice:

-Me tienes que sujetar tú, para que beba agua.

Y dice el lobo:

-Pues, ¡buena idea! Yo te sujeto por el rabo y tú después a mí, para que me lave toda esta sangre que llevo.

Dice la zorra:

-Vale.

Y llegan allí y coge el lobo el rabo de la zorra. La zorra baja hasta el pozo, que era un pozo un poco hondo, un charco… Y bebe allí agua bien, bien. Y ya dice:



-¡Alza!

Y la saca. Y ya dice:

-Tenme a mí ahora.

Y la zorra –que las zorras son malas, malísimas- dice: “¡Ya verás a este!”.

Y ya cogió… Y lo cogió por el rabo y lo tiene allí y ya dice:

-¡Alza!


Dice:

-¡Ay, Mateo, el rabo se me escapa!

Y allí murió ahogao en la charca aquella el lobo, que esperaba aquel día, un día bueno.

María Núñez (Pétrola)



  1. El ratón borracho (ATU 122H + 111A*)

Esto había un ratón y un gato. Y estaba el ratón allí metío en una tinaja de vino porque, como cuando se hace el vino se le echa la brisa encima, estaba el ratón por allí sarabujeando encima la brisa y el gato se estaba asomando. Y decía… claro, se atiraba para comérselo y decía:

-No me comas, que si no me comes, me pones –y estaba el agujero a la par de la tinaja, dice- me pones ahí a secar y, cuando esté seco, entonces jugamos.

Bueno, pos llegó que, claro, el gato sacó al ratón, lo puso allí, se secó y estaba al lao dela cabullera y, así que… cogió y se metió en la cabullera. Dice:

-Oye, ¿no me has dicho que así que te secaras te iba a comer?

Dice:

-¿Es que haces tú caso de un borracho?



María (Pozuelo)

  1. El gato y el ratón (ATU 122H + 111A*)

Era un ratón que iba... lo iba persiguiendo un gato que se lo quería comer, claro, y entonces el ratón corriendo, corriendo, cayó en una tinaja de vino. Y… claro, se estaba ahogando el pobrecillo, y el gato asomao al… a la tinaja, y dice:

-Oye, gato, -dice-, si me sacas, en cuanto me seque, me comes.

Nada, el gato mete la mano, lo saca y lo pone al sol. Y cuando, claro, cuando ya el ratón se ha secao del to, sale corriendo. Y dice el gato:

-Oye, ratón, ¿no decías que cuando te secaras, te comía?

Dice:

-¡Sí, fíate tú de un borracho!



Antonia Martínez García (Chinchilla)

  1. La cabra y los siete cabritillos (ATU 123)

Había una cabra con sus siete cabritillos, y se fue al monte y los dejó encerraicos.

-No abráis la puerta, hijos míos, -dice-, que va a venir el lobo, -dice-, y os va a comer.

Y el lobo la estaba acechando. Y, de seguida, viene el lobo llamando a la puerta. Dicen los cabritillos:

-¿Quién?


-Abrid, que soy vuestra madre.

Dice:


-No, que tiene la voz muy bronca. No te abrimos.

Dice:


-Os pesará; os comeré.

Y se va, y le dice a un mesonero:

-Mesonero, dame una docena de huevos.

Dice:


-¿Para qué los quieres?

Dice:


-Que voy a hacer un pastel.

Y le da los huevos y se los come. Y va... Y tenía la voz ya más fina. Y llega:

-Abrirme, hijos míos, que soy vuestra madre.

Dice:


-No, qu'eres el lobo. Enséñame la patica por debajo de la puerta.

(Que la cabra tenía una pata blanca). Claro, como no la tenía blanca... Dice:

-No, que mi madre tenía una pata blanca.

Y se va con mucha furia el lobo otra vez. Llega, y le dice al molinero:

-Molinero, dame harina.

Dice:


-¿Qué vas a hacer?

Dice:


-Un pastel.

Y coge la harina y se la echa en la pata. Y va allí, a los cabritillos, otra vez llamando:

-Abrirme, hijos míos, -dice-, que soy vuestra madre.

Dice:


-No; enséñanos la pata por debajo la puerta.

Y les enseña la pata y entonces, como llevaba la patica blanca, abrió la puerta y cogió... Y le abrió, y se los fue comiendo. Y entonces, el tío cogió y se acostó. Y le dio mucho sueño, inflaico allí de los cabritillos. Y viene la cabra, y ve la puerta abierta, y lo ve allí y, claro, se había comío a sus hijos. Entonces, sale la cabra pidiendo auxilio. Vienen, le abren la barriga al lobo, le sacan los cabritillos... Cogen, lo llenan de piedras, lo cosen al lobo, y sale la cabra con sus cabritillos cantando.

Y el lobo, le dio mucha sed y, al darle mucha sed, se fue al río a beber agua. Y, como le pesaban tanto las piedras, se cayó de cabeza y se ahogó.

Y entonces, la cabra y sus cabritillos salieron:

-Al lobo no tememos, trá-la-rá-la-rá.

Y ya está.

Manuela González Martínez (Chinchilla)


  1. La cabra y los siete cabritillos (ATU 123)

Era una cabrica que tenía siete cabriticos. Y se iba todos los días a buscar la comida pa sus hijicos. Y ya fue el lobo y, como él tenía falta de comer, pues cogió y la siguió y dice:

-Sí, pos ahora voy a hacer yo de las mías.

Y iba… Y llamó allí a la puerta de… a la puerta que tenían, la mazmorra que tenían. Y se asomó un cabritico de ellos, dice:

-No, no, no te abro, no, porque mi madre tiene las patas blancas y tú las tienes negras.

Y entonces cogió el lobo y fue casa de un molinero y le dijo que le diera una poca de harina para ponerse las patas blancas. Y le dio la harina y, claro, pues fue otra vez el lobo y llamó allí. Dice:

-Abridme, que soy vuestra mamaíta.

Y cogió y los otros se escondieron. Pero el más pequeño se asomó y vio que este llevaba las patas blancas… No, y fue también que le dieran güevo pa que se aclarara la voz, al molinero. (No, si yo me se va). Así es que… Y le dieron güevo y le pusieron la… se puso las patas blancas. Fue y llamó y, claro, les abrió y se comió a los cabriticos y uno se metió en la caja del reloj. Y aquel se salvó. Y cuando vino la madre, pos claro, se lo contó. Dice:

-Ha venío un lobo y se ha comío a mis hermanitos y yo me he metido en la caja del reloj.

Dice:

-¿Sí? –dice- pos vamos ahora mismo a ver ánde está.



Y se fue al río y, como estaba bebiendo agua, que estaba sediento porque había comío tanto, entonces cogió y le abrieron la panza y se la llenaron…, estaba bebiendo agua y durmiendo, le abrieron la panza, le sacaron sus cabrititos, los seis, y el chiquitín y cogieron y se la llenaron de piedras la panza. Y el lobo ya se quedó allí y ellos se fueron tan felices. Y ellos tan contentos y yo aquí me vine y ellos se comieron las perdices.

Rosario Hernández (Pozuelo)



  1. La cabra y los siete cabriticos (ATU 123)

Era una cabra y tenía siete cabriticos. Y le dice la madre:

-Hijos míos, hijitos míos, no los vayáis. No abráis la puerta, que viene el lobo y los come a los…

Dice:

-No, mamaíta, no, no. Vete tranquila, nusotros no… no le vamos a abrir al lobo.



Y llega el lobo:

-¡Abrirme, abrirme! Soy vuestra madrecita.

Dice:

-No, que eres el lobo mentiroso, que mi madre tiene la voz más fina y tú la tienes de lobo. No, no te vamos a abrir la puerta.



-¡Está bien!

Ah, y va a una granja y dice:

-Granjero, dame todos los güevos que haiga puesto tus gallinas.

Dice:


-¿Es que vais a hacer un pastel?

Dice:


-No, solo voy a comerme a los siete chivitos.

Y dice… -y ya llega a la puerta:

-¡Abrirme, abrirme, que soy vuestra madrecita!

Dice:


-No, no, que mi madre tiene… mi madre tiene la voz más fina y tú eres el lobo mentiroso.

Dice:


-No.

Dice:


-Mi madre tiene las patitas blancas y tú las tienes negras.

Dice:


-¡Está bien!

Va al molino.

-Molinero, dame un poco de tu harina.

Dice:


-¿Es que vais a hacer un pastel?

Dice:


-No. Solo es pa blanquearme las patas que me voy a comer a los siete chivitos.

Y llega allí y dice:

-¡Abrirme, abrirme, que soy vuestra madrecita!

Dice:


-No, no eres nuestra madrecita, que mi madre tiene las patitas blancas y tú las tienes negras, -dice-, enséñanos una patita por debajo de la puerta.

Le enseña la pata y se había echao harina y la tenía blanca.

-¡Ay, sí, sí, es nuestra madre! ¡Es nuestra madre!

Abren la puerta y se comió a seis y uno se escondió en la caja del reló. Y ya viene la madre:

-Hijitos míos, hijitos, ¿ánde están?

Dice:


-¡Ay, mamaíta, ha pasao algo horrible! Se ha comío los lobos a los siete hermanitos, a los seis hermanos y yo me he escondío aquí detrás del reló.

-¡Hala, corre, corre, que vamos ande está el lobo!

Llegan ande está el lobo y estaba el lobo allí en la puerta de la cueva inflao. Y, ¿qué hizo la madre?, con las tijeras le rajó la barriga y salieron los cabriticos y le echó piedras en la barriga. Y, así que le echó las piedras, pos fue a beber agua:

-¡Qué sa… qué ser tengo, qué sa… qué sarro me han dao los chivitos! Voy a beberme el agua.

Y, al inclinar a beber el agua, se cayó al pozo y entonces ellos salieron:

-¡Al lobo no tememos! ¡Al lobo no tememos! [cantando]

Y ya se fueron con su madre y el lobo cayó al pozo.

Paula Riscos Córcoles (Pozuelo)



  1. Los tres cabriticos (ATU 123)

Una cabrica que vivía en el campo. Había una casota, casota allí vieja, allí se albergaba y tenía tres cabriticos. Y ella se iba a buscarse la vida por allí pa hacer leche pa darle a los pequeños. Pero el lobo la acechaba y un día va –y la madre los tenía advertíos que aunque llamaran, no abriera que… que podía ser el lobo y… venía- y ya viene el lobo un día:

-¡Abrirme, hijos míos, que os tra… –lo que les decía la madre- os traigo teta, mameta y un hacecico de leña a cuestas! Vosotros si acaso mirar por la rendija de la puerta.

Y dicen:

-¡No, que eres el lobo! Que mi mama tiene los pies blancos y tú los tiés negros.

Va el lobo y se pinta los pies, se los enjalbiega de blanco y viene, con la misma rutina. Y ya le abren. Y el pequeñete, había allí un tonel de vino de esos que no, tenía un bujero por un lao, va y se esconde y se mete allí. Pero el lobo los otros dos se los llevó y se los jaló. ¡Madre mía! Y viene la pobre cabrica y se encuentra el pequeño solo:

-Ha venío el lobo y se los ha comido y....

¡Ea! Y dice la cabrica –claro, por fin es cuento- “Voy a convidarlo a comer un día aquí”. Y tenía un pozo dentro la casa. Va y pone así una… una estera de esparto, tapando el pozo. Y el lobo le acepta a la invitación. Y le decían al lobo Manolo, dice:

-¡Hale, Manolo, tú siéntate ahí!

Y llega, se sienta, ¡paun!, abajo. Y cae el lobo al pozo. Y dice la cabrica, le decía:

-¡Sácame! [con voz lastimera]

Dice:

-Si me devuelves mis dos cabriticos, sí que te saco.



Dice:

-Sí que te los devuelvo, -¡ea!, pos por fin es cuento-, pero te los tengo que sacar yo.

Dice:

-Sí.


¡Hala! Los saca. Coge, raja al lobo y le saca los cabriticos, (claro, fíjate, ¿cómo pué ser eso?, sacarlos vivos), ¡ea! y los saca y ya el lobo la cabra lo perdonó y el lobo se marchó y los cabriticos vivieron felices allí con su madre. Y así pasaron la vida.

Asensio Escribano Ródenas (Pétrola)



  1. El lobo y el pastor Perico (ATU 123B)

Resulta que este Perico tenía un ganao. Y el hombre, pos todos los días al mediodía en la primavera, pos, dejaba su ganao allí, a la sombrica de un árbol, y se echaba la siesta.

Y había un lobo por allá, por encima de aquellos cerros, y tos los días bajaba, ¡paun!, y le quitaba una oveja y se la comía. Y así, así... Y, claro, se despertaba Perico:

-Pos, ¡me han quitao una oveja! ¡Que me falta la oveja esta! Pos, ¡me falta la oveja la otra!

Y ya pos, nada. Pues, viene..., y el pastor tenía un perro, y dormían los dos juntos, el perro y el... Bueno, pero llega un día el lobo y pensaba esto así, encima el cerro:

-Esto es arriesgarse uno mucho. To los días venir y llevarme una oveja; -dice-, esto no es marcha. Yo tengo que tratar de llevármelo to el rebaño. Y ¿cómo tengo yo que hacer esto?

Y ya pensando, dice:

-¡Aaamigo! ¡Ya!, -dice-, voy a ver si una vez de las que vaya que está durmiendo, Perico se ha quitao la blusa y le, le puedo quitar la blusa y ponérmela yo, y el gorro.

Y nada, efectivamente. Ya baja aquel día, y se encuentra la blusa un poco retirá y el gorro un poco retirao, y el garrote tamién. Claro, y ya se pone la blusa, se pone el sombrero. Y, claro, empieza a hacerles así... [Imita al pastor llamando las ovejas].

Pero, ya una oveja se le descarría, y ya se ve obligao a, a vocear. Y, al sentir las ovejas las voces del lobo, empiezan a balar, y entonces se despierta el perro y se agarra a ladrar. Y entonces, se despierta el pastor, y ve que se llevaban el ganao. Y ya, se da cuenta qu'era el lobo. Como pudo, se le avalanza al lobo, le quita la garrota, se agarra a palos, y le pega un tundón al lobo.

Y ya, [el lobo] se pudo deshacer de la blusa, porque no podía correr; como iba enredao, no podía correr. Y ya, se quita la blusa y se agarra, y sale corriendo. Y ya cuando llega ande él pensaba, dice:

-Si es que el lobo no puede ser más que lobo. Se puede comer una oveja, pero intentar comérselas toas...

Lo que pasó.

Francisco Atiénzar Alcántara (Chinchilla)


  1. Los animales inútiles (ATU 130)

Esto era un burro que se hizo ya muy viejo, y ya s'iba de su casa porque s'enteró que lo iban a matar, -que no aprovechaba. Pos ya, se va a un camino alante pa que no supieran de él. Pos ya, s'encuentra un perro. Y dice:

-Pos, ¿qué haces aquí?

Dice:

-Pos que me van a matar, que soy ya mu viejo y ya no aprovecho pa las portás95, y me van a matar.



Pos nada, dice:

-¿Te vienes conmigo y ya vamos dos?

Dice:

-Pos sí.


¡Hala!, se van. Y van más alante, y s'encuentran un gato tamién, qu'estaba subío en un pino. Y dice:

-Pos, ¿qué haces aquí?

Dice:

-Pos que me van a matar; que ya no cazo y me van a matar.



Dice:

-Pos, vente con nosotros, y ya vamos tres.

¡Ea!, pos ya, iban subíos en el burro tos... Y ya van más p'alante, a un caserío, y ven, claro, un gallo. Y dice:

-Pos, ¿qué haces aquí?

Dice:

-Pos que m'he venío huyendo, -dice-, qu'es el cumpleaños de mi amo, -dice-, y me van a matar.



Dice:

-Pos vente con nosotros, y ya vamos cuatro.

Conque ya se van los cuatro su camino alante, y ya llegan a otras casas. Y llegaron de noche. Y ya se asoman así, por el ojo de la llave, tos y a ver lo que había allí. Y vieron que estaban allí unos ladrones. Pues ya se ponen tos a..., el burro a rebuznar, el perro a ladrar, el gato a maullar y er gallo tamién a cantar. Y claro, se asustaron y se fueron corriendo. Y ellos ya se colocaron en la casa. Y ya, al rato vuerven los ladrones otra ves. Dice:

-Vamos a ver qué, qué se ve allí, -dos ladrones más aterminaos.

Pos ya, el burro se puso en la cuadra, el perro detrás de la puerta y el gato se puso en la lumbre, -así enfrente y, claro, como le relucían los ojos paecían dos ascuas-, y el gallo, en la ventana.

Conque ya pasan, dice:

-Pos aquí vamos a, vamos a encender.

Vieron las ascuas y van a encender la lumbre, a soplarle pa encender, y se le atiró el gato a la cara. Y entonces, se salió corriendo to lo que podía. Y ya llegó a..., pasó por la, claro, por la cuadra, y el burro le sortó dos patás a la vez, y el perro se l'enganchó en la pierna.

Dice:

-¡Madre mía!, -dice-, allí están las cosas malas, -dice-, he ido a soplar a la lumbre -dice- y me se han atirao las brujas a la cara; -dice-, pero, que cuando salía corriendo -dice-me han sortao dos palos -dice- y dos puñalás que me han sortao a la vez en la pierna. -Dice-, pero, ¡anda! qu'el jues estaba en la ventana, diciendo "¡Traérmelo aquí! ¡Traérmelo aquí!"



Y es qu'estaba diciendo "¡Quiquiriquí!"

Y cuentecico colorao, ya se ha terminao.

Matilde (Peñas de San Pedro)



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