Composición en blanco y negro. Bosquejo V ivan Llop visto por Jesús Martínez Jodidos



Descargar 7.28 Kb.
Fecha de conversión06.03.2018
Tamaño7.28 Kb.

Composición en blanco y negro. Bosquejo V

Ivan Llop visto por Jesús Martínez
Jodidos

Las noches se diluyen en los potes de conserva. A veces, alguien remueve la noche con su cucharilla invisible, y esa noche agitada sabe a miel y a enredadera. De patillas largas y estrechas, el cetro en la mirada y una gatuna agilidad para saltar verjas, el fotoperiodista freelance Ivan Llop (Lleida, 1979) no cree en Dios; sí cree en la Creación. O sea, cree en el Dios que creó y que se echó a un lado para evitar que le llamaran de todos los platós de televisión (Sálvame).



De noche y de día. Ivan Llop trabaja de noche y de día, y combina sus múltiples chapuzas manchado de kétchup (camarero aquí, paleta allá, conductor acullá…) para juntar algo de dinero (cuatro perras) y ser rápido huyendo, porque solo se puede huir de donde se está enjaulado. Y tomar fotos, y volar sobre la oca del Airbus, como Nils Holgersson haciendo trompos encima de una oca puestísima de ron.
¿Por qué Ivan Llop se va al campo de concentración (“centro de internamiento de extranjeros”) de la isla de Malta si tiene inmigrantes en situación precaria a cuatro metros de su casa?


  1. Porque le gusta viajar: “Sí, me encanta coger un avión y perderme por el mundo. Quizá solo trabaje para juntar 90 euros y comprar un billete, y cuando vuelvo sin un duro, vuelvo a echarle horas para reunir algo de pasta y pirarme”.

  2. Porque la víctima siempre tiene razón. El cliente del buen fotógrafo, que se diferencia del buen samaritano en que no carga kalasnikov al hombro (“Boom, boom, boom, boom, boom”, de Goran Bregović), ha de ser siempre la víctima de cualquier conflicto armado o de baja intensidad, que es lo mismo que decir de una guerra abierta guardada en la trastienda de los grandes almacenes. Y la víctima, que es tanto del bando rojo como del bando azul, no mantiene con el fotógrafo (“mi cámara es mi escudo”) una relación visceral o capitalista, algo así como la oferta y la demanda de las emociones a flor de piel (discurso-Nobel-Dylan), lo cual roza o raya o acaba en sentimentalismo, la puerta de atrás del sensacionalismo (“no quiero ser sensacionalista”). La relación que establece el fotógrafo espartano embrazado a su cámara (Canon) es una relación sincera, cordial, de pareja que no quiere pasar la noche juntos y que, por eso mismo, se cuenta las confidencias sabiendo que cada uno va a ir luego por su lado, y que cada pozo de angustia de uno se trasvasa a la olla contraria, algo parecido a una transfusión de mierdas (vibraciones negativas en lección de logoterapia), una transubstanciación de teleles, porque la guerra, desde que Alejandro Magno se liara la manta a la cabeza para bañarse en el Ganges, es un mal negocio: “La guerra es jodida”. RAE: “malson. Destrozar, arruinar o echar a perder algo”. (Malson: malsonante.) Gentilicio de la guerra: jodido.

  3. Porque en los lugares a los que va Ivan Llop no hay nadie, ni la sombra de nadie, ni nadie que le pueda decir a alguien que alguien ha estado allí. Nada ni nadie. Solo está él y la jodida víctima. “En Lampedusa ya hay periodistas; en Calais ya hay periodistas; en Ceuta ya hay periodistas. Pero en el campo de refugiados de Kofinou, en Chipre, no hay absolutamente nadie.” Los olvidados, los parias, los internacionales que le dan verdadero sentido a la letra del género humano, los desperdicios de la inflación, los que se han dejado convencer por la dialéctica de que Micky Mouse habita en cada calle de Europa y conduce un Lancia Voyager y se baña en el oro que le robó al moro; y los que se han convencido porque de donde vienen es mejor no volver, como es el caso de Siria, desangrado país zombi de cascos blancos al que ya hemos abandonado como a un chucho en verano.

Por todo ello, el fotorreportero Ivan Llop tarda solo veinte minutos en hacerse la maleta (mochila), en la que no falta un adaptador de corriente (y un ladrón), un juego de llaves Allen (T-10) y el pasaporte (no caducado).

De día y de noche. Entonces Ivan se va a la otra punta del puto mundo a darles voz a quienes les han jodido la vida los que no paran de joder. Y flipa mandarinas.

De día y de noche.


Jesús Martínez

Compartir con tus amigos:


La base de datos está protegida por derechos de autor ©composi.info 2017
enviar mensaje

    Página principal