Componente de Vulnerabilidad y Amenazas Elaborado por



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Por actividad productiva, infraestructura y servicios ecosistémicos



De acuerdo a los resultados generales, la agricultura es la actividad productiva más vulnerable en el estado, seguida por: forestería, protección civil, ganadería, comercio, sanidad, construcción, turismo, comunicaciones, industria, transporte, energía y educación. En tanto que la infraestructura rural es más vulnerable que la urbana. En cuanto a servicios ecosistémicos se refiere, el suelo es el más vulnerable, seguido por agua y biodiversidad.
En el Anexo 15, se plasma el inventario tabular de las amenazas por actividades productivas, infraestructura y servicios ecosistémicos. A continuación se presenta la información de cada una de estas unidades de exposición.


    1. Por Actividad Productiva




      1. Agricultura

Para el año 2010, la agricultura es vulnerable a diez amenazas de origen natural y a 18 de origen antropogénico que generalmente causarían daños de bajo impacto a la agricultura de temporal. Dichas amenazas son:


Amenazas de origen natural: cambios del patrón normal de precipitación, olas de calor y sequías, tornados, nevadas, heladas, lluvias torrenciales e inundaciones, ciclones tropicales, granizadas y vientos fuertes.
Amenazas de origen antropogénico: menor cantidad y calidad de agua, modificación de los causes hidrológicos, baja y mala producción agropecuaria, aumento de plagas y enfermedades, cambio del uso de suelo, deterioro del suelo, pérdida de hábitats naturales (única amenaza que podría causar beneficios momentáneos a la agricultura), invasión por especies exóticas, migración demográfica, cambios ecosistémicos, marginación, incrementos en los costos de producción, incremento en el índice de pobreza, ausentismo laboral y escolar, mayor consumo de energéticos sobre carga de ecosistemas regionales, afecciones a las vías de comunicación y daños a la infraestructura.
Para el año 2020, a las amenazas de origen natural que vulnerabilizan a la agricultura se suma el incremento anual medio de la temperatura, que también causaría daños negativos, pero de bajo impacto. Sin embargo, los ciclones tropicales generarían algunos beneficios.
Así mismo, se suman dos amenazas de origen antropogénico: la demanda de tecnologías más eficientes y la afección al ciclo de vida de los productos; en este caso, ambas también generaría daños de bajo impacto al igual que otras cinco amenazas: cambio del uso de suelo, migración demográfica, marginación, ausentismo laboral y mayor consumo de energéticos. Sin embargo, otras nueve, causarían muchos daños; en tanto que la pérdida de hábitats naturales seguiría causando algunos beneficios.
Aunque el número de amenazas de origen natural no aumenta para el año 2050, el impacto que causan sí, pues se prevé que siete de estas generarán daños de mayor consideración: incremento anual medio de la temperatura, cambio del patrón normal de precipitación, heladas, lluvias torrenciales e inundaciones, olas de calor, granizadas y sequías. Sin embargo, los ciclones tropicales, seguirían causando algunos beneficios.
Además, se suman otras cuatro amenazas de origen antropogénico que también causarán daños perceptibles: pérdida y/o extinción de especies, menor acceso a la educación, incremento en las afecciones a la salud humana y mayor demanda del servicio sanitario; 15 de ellas pueden generar daños similares a los previstos para el año 2020.
Sin embargo, la migración demográfica, la marginación, la afección al ciclo de vida de los productos y la sobre recarga de ecosistemas naturales, podrán causar daños de mayor magnitud; en tanto que la pérdida de hábitats naturales dejará de causar ciertos beneficios y comenzará a causar daños perceptibles.
En el año 2080, esta actividad productiva sería igual de vulnerable a las amenazas de origen natural mencionadas para el 2020, pero también lo sería a los incendios forestales; mientras que los ciclones tropicales dejarían de causar efectos positivos o serían imperceptibles. Así mismo, sería vulnerable a las mismas amenazas de origen antropogénico mencionadas para el año 2020, pero para aquel entonces, todos los daños serían catastróficos.
En general, sólo la pérdida de hábitats naturales y los ciclones tropicales, en ciertos momentos dados, pueden generar algunos beneficios a la agricultura; pues esto significaría mayor disponibilidad de espacio arable y disponibilidad de agua en épocas de sequía.
En contraparte, las otras amenazas de origen natural pueden provocar pérdidas en la producción; pues generan falta de disponibilidad de agua para la germinación de los cultivos y estrés hídrico, es decir, la falta de agua puede interrumpir los procesos fisiológicos normales de las plantas causando desde bajo porte y menor rendimiento, hasta marchitez permanente; así como daños físicos de diversas magnitudes, tales como el acamado, pudrición por anegación, daños a la floración y fructificación, hasta remoción total de las plantas.
Además, las otras de origen antropogénico pueden provocar pérdidas en la producción, pues también generan falta de disponibilidad de agua y daños físicos a las plantas; así como malas condiciones físico-químicas para los cultivos y abandono, pérdida y reducción de zonas agrícolas.

      1. Forestería



En el año 2010, esta actividad puede ser vulnerable a dos amenazas de origen natural, las sequías y los incendios forestales; así como a 17 de origen antropogénico: menor cantidad y calidad de agua, modificación de los causes hidrológicos, aumento de plagas y enfermedades silvoagropecuarias, pérdidas y/o extinción de especies, cambio de uso de suelo, deterioro del suelo, pérdida de hábitats naturales, invasión por especies exóticas, migración demográfica, cambios ecosistémicos, marginación, incremento en los costos de producción, incremento en el índice de pobreza, ausentismo laboral y escolar, sobrecarga de ecosistemas regionales, afecciones a las vías de comunicación y daños a la infraestructura.
Para el año 2020, la forestería será vulnerable a sufrir impactos negativos por seis amenazas más de origen natural y a dos más de origen antropogénico; aunque es posible que se vea beneficiada por los ciclones tropicales. Además, cuatro de las amenazas de origen antropogénico que se pudieran presentar desde el año 2010, ahora causarían daños severos; estas son: aumento de plagas y enfermedades silvoagropecuarias, pérdida de hábitats naturales, marginación e incremento en el índice de pobreza.
En el año 2050, se sumarán otras dos amenazas de origen natural: olas de calor y granizadas; y cuatro de origen antropogénico: baja y mala producción agropecuaria, menor acceso a la educación, incremento en las afecciones a la salud humana y mayor demanda del servicio sanitario.
La forestería podrá gozar beneficios por una sola amenaza, los ciclones tropicales, pero será vulnerable a sufrir daños catastróficos por 14 amenazas diferentes, las cuales son:

Amenazas de origen natural: incremento anual medio de la temperatura, cambio del patrón normal de la precipitación, lluvias torrenciales e inundaciones, sequías e incendios forestales.


Amenazas de origen antropogénico: menor cantidad y calidad de agua, modificación de los causes hidrológicos, cambio del uso de suelo, deterioro del suelo, invasión por especies exóticas, migración demográfica, cambios ecosistémicos, incremento en los costos de producción y sobrecarga de ecosistemas regionales.
Para el año 2080, las amenazas de origen natural serán las mismas que para el año 2050; sin embargo, la forestería dejará de ser favorecida por los ciclones tropicales. Al listado de amenazas de origen antropogénico que pueden afectar a esta actividad, se sumará una más, el mayor consumo de energéticos; además, cuatro de las amenazas listadas dejarán de causar daños leves para causar daños severos, las cuales son: pérdida y/o extinción de especies, menor acceso a la educación, demanda de tecnologías eficientes, incremento en las afecciones a la salud humana y mayor demanda del servicio sanitario. En total, 24 amenazas podrán causar daños catastróficos en este año.
En general, los ecosistemas boscosos son los más vulnerables al cambio climático debido al bajo ritmo de adaptación que tienen, por lo que se prevé que todas las masas boscosas serán vulnerables a desplazarse, a reducir su área o a desaparecer.
El manejo y aprovechamiento de los recursos generados en los bosques, será vulnerable al cambio de paradigmas sociales sobre el uso de los mismo; pues si bien, las materias primas para construcción y alimentación que se generar en estos ecosistemas son indispensables para el desarrollo humano; los servicios ambientales que se generan en ellos, como la captura de carbono, el agua, el suelo y la biodiversidad, son absolutamente necesarios para la permanencia de la vida humana. Por ende, la forestería tendría que adaptarse a las nuevas condiciones que se generaran.



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