Comentario de texto: El Cantar de Mío Cid (texto 1)



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Comentario de texto: El Cantar de Mío Cid (texto 1)

La salida del Cid de Vivar forzada por el rey pese al rechazo general de sus súbditos, que admiran las virtudes del caballero, constituye el tema principal de este fragmento perteneciente al “Cantar del destierro”, el primero de los tres identificados en el Cantar de Mío Cid. Dicha obra, cuyo manuscrito conservado prácticamente en su totalidad data de 1207 y no se puede atribuir con certeza a un autor determinado, se sitúa en la cumbre de la épica medieval castellana. En efecto, las hazañas del Cid relatadas de forma pormenorizada en este cantar de gesta constituirán una fuente histórica y literaria en nuestra cultura, pues serán tomadas como referente en obras coetáneas –como Las mocedades del Cid- y posteriores –Cordeluna-, aunque con menor impacto que la obra que nos ocupa, cumbre del mester de juglaría.

El prolongado período medieval (s. V- XV) marcado por una sociedad de carácter feudal y estamental, una fuerte presencia de la religiosidad y la magia----------------------- origina una serie de circunstancias considerables en el origen de la obra literaria. Por un lado, el Camino de Santiago favoreció la llegada los cantares de gesta… anonimia, fecha, creación… mester de juglaría cancioneros, conservación

Localizada la obra en el contexto social y cultural en el que se origina, conviene iniciar el análisis del fragmento presentado. Así pues, en lo que se refiere a su estructura externa y teniendo presentes los rasgos identitarios del mester de juglaría, cabe mencionar que este extracto se compone de un total de 54 versos, organizados en cuatro tiradas de desigual extensión (la primera vss. 1 al 9 en a/o; la segunda vss. 10 al 14 en e/a; la tercera vss. 15 al 21 en o y la última desde el verso 22 al 54 en a/a), cuyos versos oscilan entre las 16 y las 20 sílabas, organizados en dos hemistiquios separados por una pausa o cesura destinada a que el juglar que la recitaba tomase aire. En relación con la estructura interna y considerando el carácter narrativo de la épica, se identifican varios momentos de diferente intensidad dramática. Mientras que en una primera parte (vss. 1 al 14) el foco narrativo se centra en el Cid y el rechazo que encuentra en el pueblo de Vivar, el cual motiva su arenga a las tropas para abandonarlo; en un segundo momento (vss. 15 al 40) predomina la visión de los burgaleses, que son obligados a cerrar sus casas al caballero ante la amenaza real. Por último, entre los versos 41 y 54 se produce la unión entre ambos mundos, nobleza y pueblo llano, por medio de una niña que, en un dramático momento marcado por la ternura y la inocencia, informa al Cid –en estilo directo- de la actuación del rey Alfonso, un hecho que desencadena en él un dolor que le hace abandonar su tierra y encomendarse a la Virgen.

Sin embargo, el carácter oral que caracteriza la transmisión de esta composición implica una serie de rasgos lingüísticos que conviene analizar con detenimiento y comprobar en qué medida contribuyen al desarrollo de la historia y, más concretamente a su expresión, enfatizando determinados pasajes. En primer lugar, dado el carácter narrativo de la épica, se deben señalar las diferentes perspectivas predominantes en este fragmento pues, a pesar de que domina la objetividad (“Mío Cid Ruy Díaz por Burgos entraba/ en su compañía sesenta pendones” vss. 15-16), también son habituales las intervenciones del juglar para dirigir la narración (“fabló Mío Cid bien e tan mesurado” vs. 7) o para hacer participar a los oyentes en los sucesos relatados. Del mismo modo, se lleva a cabo la alternancia entre los estilos directo e indirecto (“de las sus bocas todos dicían una razón: <>” vss. 20-21), se varían los tiempos verbales (“tornaba la cabeça” vs. 2; “piensan de aguijar” vs. 10; “meçió Mío Cid” vs. 13; “que perderié los haberes” vs. 28; “non vos osariemos” vs. 45) y se acelera o retarda la acción buscando enfatizar un determinado pasaje o, por ejemplo, para recrearse en las virtudes del héroe y exaltar así el dramatismo de sus palabras: “sospiró Mío Cid, ca mucho habié grandes cuidados; fabló Mío Cid bien e tan mesurado” (vss. 6 y 7). Además, se aprecian en este fragmento la concisión y la sobriedad que caracterizan las descripciones de lugares y personajes, limitados en numerosas ocasiones a simples marcos de acción o centrando su visión en aquellos detalles que se deben potenciar, como puede ser el caso, para evocar la soledad del héroe impulsada por la obligación real: “vio puertas abiertas e uços sin cañados,/ alcándaras vacías sin pieles y sin mantos/ e sin falcones e sin adtores mudados” (vss. 3 al 5).

Identificados los rasgos propios del arte narrativo, cabe detenerse en aquellos que imprimen estilo. En esta línea se sitúa la actitud arcaizante en el uso de la lengua, de tal manera que se tiende a mantener la ya perdida –e paragógica para darle un aire antiguo al relato (“grande duelo habíen” vs. 30). Resulta también plenamente distintivo el uso de epítetos épicos, en especial dirigidos a la figura del Cid (“Ya Campeador” vs. 42) y encaminados a destacar sus virtudes guerreras; así como el predominio de oraciones yuxtapuestas y coordinadas que otorgan velocidad al relato en determinados momentos (“tornaba la cabeza e estabalos catando”, vs. 2; “llegó a Sancta María, luego descabalgaba,/ fincó los hinojos, de coraçón rogaba” vss. 53-54). Asimismo, la precisión y plasticidad del relato se concretan mediante el uso de un léxico rico estructurado en torno a reiterados ejes semánticos, como pueden ser en este fragmento el bélico (“aguijar”, “riendas·, “corneja”, “pendones”, “espada”), el referido a las riquezas (“habere”, “casas”, “vertudes sanctas”), a las costumbres (“puertas abiertas”, “uços”, “alcándaras”, “pieles”, “mantos”, “falcones”, “adtores”, “burgueses”, “finiestras”, “vasallo”, “señor”) y a los sentimientos (“llorando”, “sospiró”, “mesurado”, “grado”, “malos”, “plorando”, “ojos”, “dolor”, “saña” ). A la luz del inventario léxico empleado, se puede deducir su vínculo con los principales ejes temáticos en que se estructura la obra, de tal manera que las costumbres de la sociedad medieval y, concretamente el funcionamiento de las relaciones feudales entre señor y vasallo, se encarnan a través del Cid, desterrado, por voluntad de su señor, el Rey. En dicha sociedad, las riquezas funcionaban como un elemento distintivo capaz de adscribir a una persona a un determinado grupo, de ahí que las amenazas reales vayan orientadas a retirarles sus bienes; pero las riquezas también se entregaban en señal de vasallaje, motivo por el cual el Cid realizará varias ofrendas hasta alcanzar el perdón real. Los tributos realizados procederán de las ganancias obtenidas en enfrentamientos bélicos, pues el valor y el servicio a la corona y al reino solo se demuestran en los campos de batalla, lugares en que se produce un amplio contraste y diversidad de sentimientos, del mismo modo que sucede a lo largo del Cantar de Mío Cid.

Sin embargo, la riqueza estilística de esta obra no se debe limitar a los rasgos prototípicos ya señalados, sino que cada pasaje exige un análisis específico que propicie su comprensión y valoración íntegra. Por consiguiente, desde un punto de vista fónico, cabe mencionar la presencia de encabalgamientos con los que se resalta el movimiento de la acción en un momento determinado (“a la exida de Vivar hobieron la corneja diestra/ e entrando a Burgos hobiéronla siniestra” vss. 11-12 o “anoch de él entró su carta/ con gran recabdo” vss. 43-44). Por otro lado, al dramatismo de la escena contribuyen las exclamaciones retóricas ligadas al dolor del Cid (“¡Grado a ti Señor, padre que estás en lo alto” vs. 8) o bien a la alabanza de sus virtudes que el pueblo le dirige (“¡Ya Campeador, en buen hora cinxiestes espada!” vss.42).

En lo que respecta al nivel morfosintáctico, las estructuras paralelísticas son abundantes porque, además de otorgar ritmo a la composición, propiciarían su memorización por parte del juglar. Estos paralelismos pueden afectar a un solo verso (“allí piensan de aguijar, allí sueltan las riendas” vs. 10), o a varios (“los de Mío Cid a altas voces llaman,/ los de dentro no les queríen tornar palabra” vss. 36-37; “sospiró Mío Cid” y “fabló Mío Cid” vss. 6 y 7) e, incluso a un único hemistiquio (“sin pieles e sin mantos” vs. 4), de tal manera que se logra un efecto tan sutil como al recurrir a las construcciones bimembres (“puertas abiertas e uços sin cañados” vs. 3; “mujieres e varones” vs. 17; “los cuerpos e las almas” vs.19; “los haberes e las casas” vs. 46; “abrir nin coger” vs. 45; ). En este nivel también se engloban los pleonasmos, otro de los recursos mediante los que se intensifica el dramatismo de la escena (“de los sos ojos tan fuertemientre llorando” vs.1; “plorando de los ojos” vs. 19; “de las sus bocas todos dicían” vs. 20; “los ojos de las caras” vs. 47). Con la misma finalidad, aparecen marcados hipérbatos que focalizan la atención en un determinado elemento de la narración como en “grande duelo habién” (vs. 30), donde el dolor está presente desde el mismo inicio del pasaje; o en “antes de la noche en Burgos de él entró su carta” (vs. 24), con el cual no solo se introduce la noción temporal propia de la narración, sino que también se da buena cuenta de la prisa que se había tomado el monarca por prevenir a sus súbditos antes de que estos se dejasen asombrar por las virtudes del caballero. Por último, los asíndetos se emplean como recursos propios del relato carente de episodios dramáticos en los que merezca la pena detenerse, tal y como se aprecia especialmente al final de este fragmento: “llegó a Sancta María, luego descabalgaba,/ fincó los hinojos, de coraçón rogaba” vss. 53-54). En situación opuesta, aparece algún polisíndeton con el efecto contrario de retrasar la narración o recrearse en la descripción en busca del realismo de la escena: “sin pieles e sin mantos,/ e sin falcones e sin adtores mudados” (vss. 4 y 5).



En último término, a nivel léxico-semántico conviene mencionar la presencia de antónimos mediante los que se realza el contraste entre los dos mundos enfrentados en este fragmento: por un lado el Cid y sus hombres, acusados de haber sido desleales a la corona y por ello desterrados (“a la exida de Vivar” y “e entrando a Burgos”, vss. 11 y 12;”vasallo” y “señor” vs. 21; y, por otro lado, el rey y el pueblo, que se somete a la voluntad incuestionable de su señor, (“cuerpos e almas” vs. 29; “puertas abiertas” y “fallola bien cerrada” vss. 3 y 33; “hobieron la corneja diestra” y “hobiéronla siniestra” (vss. 10 y 11); “los de Mío Cid” y “los de dentro” vss. 36 y 37). Dicho contraste entre ambos mundos se potencia también mediante hipérboles con las que se evoca la magnitud de la amenaza del monarca: “que perderié los haberes e más los ojos de la cara/ e aún demás los cuerpos e las almas” (vss. 28 y 29), unos versos que se repiten un poco más adelante en estilo directo y puestos en boca de la niña, cuya inocencia le permite dar explicaciones al Cid (vss. 45 al 47). En el ámbito léxico-semántico, también se deben mencionar las metonimias como “sueltan las riendas” (vs. 10) o “los de Mío Cid” (vs. 36), con las que se proporciona calidad estilística al texto, al mismo tiempo que se favorece su memorización, se propicia un ritmo determinado y se evocan atributos de los personajes.

En conclusión, el fragmento analizado constituye una clara muestra del género épico medieval castellano; concretamente, este cantar de gesta ejemplifica la relevancia y calidad de un género literario orientado a la exaltación de las hazañas y virtudes de un héroe nacional como el Cid. El carácter oral que marca la transmisión de las composiciones encuadradas en el mester de clerecía se realza por medio de una serie de fórmulas que favorecen la memorización y el ritmo, pero que también promueven la atención y admiración de un público ávido de conocimientos históricos y de momentos lúdicos consagrados al placer de la escucha. Del mismo modo, este fragmento es un testimonio de la organización social de la época y de las costumbres de los ciudadanos, de los principios políticos vigentes y del funcionamiento de la vida en general. En definitiva, el Cantar de Mío Cid, no solo en 1207 se constituye como el máximo representante de la épica medieval después de haber tomado como referencia los grandes poemas épicos franceses, sino que también sienta las bases de esta tradición de la que participan obras posteriores como el Poema de Fernán González, al mismo tiempo que impulsa en desarrollo de las novelas de caballerías, cuya decrepitud no será finalmente consolidada hasta que Cervantes así lo exponga entre el ingenio y la ironía de El Quijote, cuatro siglos más tarde.

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