Coliseo o anfiteatro Flavio



Descargar 12.73 Kb.
Fecha de conversión06.03.2018
Tamaño12.73 Kb.

Enrique Valdearcos Guerrero Historia del Arte


Madonna del duque de Urbino
Piero della Francesca 1474, óleo sobre tabla, 248 x 150 cm
Pinacoteca de Brera en Milán.

ANÁLISIS

Es una Sacra Conversación y hace referencia al hecho de que varios personajes sacros conversan con el comitente.

El género es una virgen con donante, tema ya habitual en los finales del gótico, en el que el donante que es el que paga la obra, aparece representado con el mismo tamaño o canon que los santos, circunstancia que nos indica la dignidad y valoración del hombre, rasgo del humanismo, aunque para respetar la jerarquía el duque se encuentra en el exterior ocupando el centro la Virgen

En la escena aparece en el centro sedente la Virgen, como trono de tradición bizantina (el rostro se inspira en su esposa Bárbara Sforza, fallecida al dar a luz en 1472) orante y con el niño sobre sus rodillas en extraña posición inestable que rompe la verticalidad de la obra. Encima de su cabeza pende un cascarón de huevo de avestruz símbolo oriental de la creación renacentista, de espacio cerrado y perfecto.

Formando un semicírculo a cada lado tres santos a nuestra izquierda: San Juan Bautista, San Bernardino, San Jerónimo (protector de los humanistas) y a nuestra derecha San Francisco que muestra sus estigmas, San Pedro Mártir con la herida que le causó la muerte y San Juan Evangelista con el libro de su evangelio. También a ambos lados de la virgen dos ángeles que en la frente portan piedras preciosas.

En primer plano el donante, el duque de Urbino, con armadura brillante y espada en actitud orante. Aparece de perfil pues en un encuentro bélico o torneo perdió el ojo derecho y parte de la nariz, por eso siempre oculta su perfil derecho.

Se sitúa la escena en un espacio arquitectónico renacentista y clásico, con un ábside formado por paneles de pórfido de colores, pilastras de orden corintio, entablamento y la bóveda de cañón con casetones. El fondo la bóveda de cuarto de esfera o bóveda de horno se cubre con una concha de vieira, símbolo del bautismo, de ella cuelga de una cadena de oro un cascarón de huevo de avestruz antes citado.

Análisis formal: La composición es cerrada (la cierran los santos) y simétrica: las manos, la cabeza de la Virgen se continúan en ese eje por la cadena de oro. La línea tiene gran importancia delimitando claramente las figuras, así como pilastras, entablamento, casetones, líneas de la venera.

Equilibrio de verticales, horizontales y circulares Las líneas verticales dominantes de los personajes, pilastras, cadena que sostiene el huevo, se atenúan con la horizontalidad del niño y el entablamento, las diagonales de la espada del duque y la vara de San Juan, se equilibra con el círculo de la bóveda de medio cañón cuyo centro es el cascarón de huevo de avestruz y cuyo círculo también pasa por la cabeza de la Virgen. Es una composición compleja.

La mayoría de las figuras son corpulentas, rotundas, monumentales, de gran volumen, y con una tendencia a la geometrización, como se observa en las cabezas cercanas a la esfera y los torsos cercanos al cilindro. En resumen, son figuras casi escultóricas y también algo estáticas. En el caso de los ángeles parecen idealizados como si estuvieran fuera del espacio y tiempo, sin ninguna sombra, procedentes de la eternidad.

El efecto luz: la luz parece proceder de la izquierda, es intensa, clara y diáfana, que envuelve a las figuras y que contribuye al volumen, a resaltar el color, a producir escasas sombras, aunque estas no faltan en los pliegues de San Juan Bautista, en el manto de la Virgen y sobre todo en el ábside (bóveda de cañón y la venera.). Este contraste entre luz y sombra en el ábside crea también profundidad.

Los colores son vivos y brillantes. En el centro vemos el azul intenso del manto de María y en los laterales un color frío el azul de Juan Evangelista y en el lado contrario el cálido rosáceo de Juan el Evangelista, color que también se observa en la empuñadura de la espada, el trono de la Virgen, y las vestiduras de uno de los ángeles. Delante de éste el duque de Urbino lleva una armadura plateada en la que la luz ha creado reflejos.

Las obras de Piero della Francesca son, tal vez, el mejor ejemplo de la preocupación de los primeros maestros del Renacimiento por la construcción de un espacio con meticulosos estudios. Para ello recurrió a estudios matemáticos y geométricos cuyos fundamentos se encuentran en Euclides. El punto de fuga principal de la perspectiva es la cabeza de la Virgen, que también es el centro de un gran espacio circular, como también lo es el cascarón de avestruz. Las paredes se estrechan y la bóveda baja de altura. Ese efecto de profundidad se logra también mediante los efectos de luz y sombra del ábside.

Se aprecia un interés por los detalles como en la pintura flamenca, como en la armadura del duque, en las piedras preciosas de los ángeles y en las vestiduras bordadas de los amplios y voluminosos ropajes y en el collar rojo que lleva el niño dormido, en la propia bóveda.

En cuanto al ritmo o al movimiento, la escena parece como congelada y estática y algo fría. En este sentido es un cuadro de una cuidadosa y simétrica composición pero quizá algo hierático



COMENTARIO

En origen fue una tabla de altar realizada para la iglesia franciscana de San Donato degli Osservanti, donde en un primer momento estuvo la sepultura de Federico de Montefeltro, duque de Urbino. Llegó a Milán por las incautaciones realizadas por Napoleón. Fue realizada por Piero della Francesca en su última etapa poco antes de quedarse ciego y quizás el español Pedro Berruguete intervino pintando las manos del duque. Su función era religiosa, una tabla votiva para la sepultura del duque de Urbino.

En cuanto a los significados existen varias interpretaciones:


  • En primer lugar el hecho de que el cuadro se ubique en una arquitectura religiosa puede indicar su simbolismo con la alusión a Iglesia como comunidad de creyentes.

  • La concha de vieira haría alusión bien al bautismo como inicio en el camino de la fe.

  • El huevo de avestruz se ha indicado ya que podría hacer referencia a la creación, al nacimiento y también a la forma geométrica cerrada. También hay que tener en cuenta que el avestruz era el símbolo de la familia Montefeltro y que había tenido a su hijo Guidobaldo dos años antes.

  • El collar rojo que el niño porta en la mano simbolizaría la pasión y muerte de Jesús, gracias a su sacrificio y posterior resurrección el hombre es redimido.

El autor Piero della Francesca nació en la región de la Toscana, formándose en Florencia y Siena y entrando pronto en la corte de Urbino. Piero della Francesca representa dentro del Quattrocento una vía de experimentación basada en sus estudios de matemática, geometría y perspectiva, que le llevaron a escribir varios tratados como “De prospectiva pignendi” sobre la perspectiva.

Otros pintores del Quattrocento son Masaccio, Fra Angélico, Paolo Ucello, Filippo Lipi, Mantegna y Botticeli.



Si Florencia fue un gran centro del humanismo y artístico, también lo fue Urbino. Esta pequeña ciudad situada en el centro de Italia alcanzó fama y esplendor gracias a un personaje que unía los rasgos de militar o caballero, sus peleas y combates fueron el origen del dinero y no como en Florencia la actividad comercial. Pero a sus dotes como militar y caballero unió su espíritu humanista que le llevó a rodearse de artistas como Rafael, que nació en Urbino, Pedro de Berruguete, etc.

Fuente

Volver al temario Volver a la presentación

Compartir con tus amigos:


La base de datos está protegida por derechos de autor ©composi.info 2017
enviar mensaje

    Página principal