Colegio Provincial “Dr. Ernesto Guevara” 2º año Polimodal Literatura hispanoamericana



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Colegio Provincial “Dr. Ernesto Guevara”
año Polimodal
Literatura hispanoamericana





2012
Colegio Provincial Ernesto Guevara

Programa 2º año polimodal.

CICLO: 2012

EJE 1:

Géneros discursivos. Géneros literarios. Polifonía. Intertextualidad.

La literatura: concepto. Características. Ficcionalidad. Canon literario.

Literatura precolombina: contexto histórico, social y cultural. Características.

Literatura de la conquista. Los cronistas. Características.
EJE 2:

El Barroco: Contexto histórico social y cultural. Características literarias. La lírica. Estrofas de versos iguales y desiguales. Figuras literarias. Análisis literario de poemas de Sor Juana Inés de la Cruz.

Neoclasicismo: características literarias. Contexto histórico social y cultural. “El himno nacional”
EJE 3:

Siglo XIX: el Romanticismo: contexto histórico social y cultural. Características literarias. Lectura y análisis de “María” de Jorge Isaac (Adaptación)
EJE 4:

La literatura del realismo: Realismo y naturalismo. Características. Lectura y análisis de cuentos de Horacio Quiroga.
EJE 5:

El modernismo: Características. Etapas. Generaciones. Los símbolos modernistas. Análisis e interpretación de poesías de José Martí, y Rubén Darío.
EJE 6:

La literatura del siglo XX: Narrativa: Boom de las letras. Realismo mágico. El neobarroco. Lo real maravilloso. “La increíble y triste historia de la Cándida Eréndira y su abuela desalmada” “100 años de soledad” Gabriel García Márquez.
Bibliografía propuesta:

          • Cuadernillo proporcionado por la docente

          • ANÓNIMO. “Himno de Manco Capac”.

          • ANÓNIMO. “Y todo esto pasó con nosotros”.

          • CORTÁZAR, Julio. “La noche boca arriba”.

          • SCHMIDL, Ulrico. “Viaje al Río de la Plata”.

          • LÁINEZ, M. M. “El hambre”,

          • Diario de Colón”.

          • SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ. “Redondillas”.

          • STORNI, Alfonsina. “Tú me quieres blanca”.

          • ISAAC, Jorge. “María”, (Fragmento)

          • DARÍO, Rubén. “Sinfonía en gris mayor”. “A Roosevelt”.

          • ARJONA, Ricardo: “Si el norte fuera el sur”.

          • MARTÍ, José

          • ROMULO GALLEGOS. “Doña Bárbara”

          • GARCÍA MÁRQUEZ, Gabriel. “El amor en los tiempos del cólera” ; “Crónica de una muerte anunciada” y “La increíble y triste historia de la Cándida Eréndira y su abuela desalmada”

Unidad 1.
Literatura: definición.

La definición de literatura se construye con el aporte de distintas perspectivas teóricas.

En una primera aproximación, puede considerarse, como señala el escritor mejicano, Juan Rulfo, que la creación lite­raria es invención. Efectivamente, aquello que en principio permite diferenciar la literatura de otros textos es la ficción. Desde este punto de vista, la literatura se compone de un conjunto de textos ficticios o imaginarios que se contraponen con aquellos que no inventan sino que intentan registrar sucesos reales, por ejemplo, los textos de historia. Así fue en los orígenes para los antiguos griegos. La palabra poesía -que para ellos señalaba a la literatu­ra en general- significaba "producción", "creación", es decir, denominaba un objeto artifi­cial o artístico, inventado con palabras para imitar o representar las cosas tal como podrían suceder en la vida, y para producir en el receptor un goce estético que lo emocionara de un modo particular y produjera un aprendizaje.

El texto literario, como objeto artístico, se diferencia de otros textos por una manera particular de decir, un modo de trabajar con el lenguaje distinto del que usamos en la vida cotidiana. No sólo importa lo que se dice sino cómo se lo dice: el empleo del lenguaje atrae la atención sobre sí mismo. No se trata de un uso espontáneo sino de un trabajo consciente con las palabras que pretende generar un efecto estético.

Resumiendo, la literatura presenta dos rasgos fundamentales: la ficción y un uso particular del lenguaje que crea un objeto especial, es decir su carácter ficcional y su función estética. Sin embargo, no todo lo que es producto de la imaginación y está hecho con palabras es literatura. Superman no lo es y el texto de una propaganda gráfica, tampoco. Para definir literatura, entonces, hay que sumar otros criterios.

La obra literaria es también un objeto estético. Presenta ciertas características que la diferencian claramente de otros discursos (periodísticos, científicos, etc.) estos tienen un referente real, mientras que el discurso literario crea su propio referente. El lenguaje literario es el protagonista y si bien aparecen todas las funciones del lenguaje, lo que caracteriza a este tipo de discurso es la función poética a través de la cual el autor se preocupa por la forma del mensaje. El artista selecciona las palabras y la combina de un modo único y personal aprovechando los aspectos fónicos, morfológicos, sintácticos y semánticos que le ofrece la lengua. Es decir, trabaja con la plurisignificatividad, polisemia y ambigüedad del signo lingüístico utilizando las posibilidades connotativas del lenguaje que le permiten sugerir otros significados y no uno solo como el en lenguaje denotativo


FICCIÓN Y REALIDAD

El término ficción (que proviene de “fingir”) significa “mentir” y “representar”. Se caracterizan como ficciones todos aquellos discursos en los que se simulan acciones o acontecimientos imaginarios, que son producto de la invención o recreación de un autor. Con el nombre de no ficción, en cambio, se designa al discurso que presenta situaciones reales, efectivamente ocurridas. La ficción y la no ficción se aproximan o se confunden.

Algunos textos presentan límites borrosos entre realidad y ficción; sin embargo, cuando se trata de literatura, la ficción siempre interviene. Aunque parta de hechos rea­les, el escritor imagina, supone, omite algunas cosas y privilegia otras, esto es, inventa. Pero no lo hace para negar el mundo o la historia: la ficción tiene estrechas relaciones con la realidad. El escritor valora los hechos que narra, incluye sus ideas y dialoga en su texto con otros discursos sociales, con otras voces y puntos de vista, como las ideas políticas, cultu­rales, éticas y artísticas de su época, porque la literatura es también ideología, es decir, un conjunto jerarquizado de ideas que permiten ver el mundo, analizarlo e interpretarlo.


FUNCIÓN ESTÉTICA

Todas las obras que se consideran literarias producen una suerte de placer vinculado con lo bello. El que lee una novela o un poema encuentra un goce particular, diferente de otras formas del deleite. Ese goce que la literatura, como las obras artísticas en general, es capaz de generar, se denomina “placer estético”. Esa es, precisamente, la característica que define y diferencia la literatura de otros productos hechos con palabras.

La función estética se manifiesta en el modo en que se aprovechan todas las posibilidades de la lengua: sonoras, sintácticas, semánticas, gráficas, morfológicas.

La finalidad estética propia de las obras literarias se vale especialmente de la función estético-poética. Esta función se caracteriza por interesarse en el mensaje mismo, no sólo por lo que se dice sino por cómo se lo dice; esto significa que el lenguaje pasa a ser el protagonista del texto a través de una cuidada selección y combinación de las palabras. En el lenguaje literario todas las palabras obedecen a sentidos precisos: entre varias opciones se elige una palabra y no otra, porque la seleccionada es la que mejor transmite la idea, es la expresión exacta que el autor quiere lograr.

Entonces, el lenguaje literario posee los siguientes rasgos que lo caracterizan:


  • Es plurisignificativo dado que tiene la capacidad de sugerir tantos significados como, en principio, acercamientos puedan hacerse al texto;

  • Tiene la capacidad de crear su propia realidad, su propio universo de ficción diferente de aquel en que están inmersos tanto el autor como el lector;

  • Posee una entidad lingüística propia, dado que las relaciones entre los significados y los significantes son distintas de las que las palabras tienen en el uso cotidiano. Por ejemplo, cualquier verso de un poema transmite más información que una simple secuencia de palabras;

  • Es connotativo, porque las palabras presentan valores semánticos (significados) peculiares y de su combinación puede surgir una nueva visión de la realidad, un nuevo concepto.

Connotación.
El lenguaje poético posee la capacidad de sumar a las palabras otros matices de significación y comunicar indirectamente otras informaciones, además de de los significados básicos de una palabra determinada. A este modo de significación se lo denomina connotación. La connotación se logra utilizando recursos literarios:
Canon.

La palabra canon significa “lista o catálogo”. En relación con el arte, se aplica al conjunto de obras consideradas como artísticas en un periodo determinado. Entre ellas, se incluyen no sólo las obras realizadas por autores contemporáneos sino también las de otras épocas, y que forman parte de la tradición literaria. Las obras que no son incluidas dentro del canon literario (o que, en muchos casos, son deliberadamente excluidas) pasan a formar parte de lo que se denomina “literatura marginal”, por estar precisamente al margen o fuera de las pautas aceptadas. Por eso, muchas veces textos que conforman literatura marginal en una época, forman parte del canon literario de otra.

La característica más importante del canon es su relativa inestabilidad, dado que el concepto de lo que es literatura resulta variable. Su variación está determinada por cuestiones referidas, entre otras, al gusto y la moda. Por ello, la valoración de una obra depende de los criterios (sociales y culturales) y las ideas con que esa obra es analizada.

El canon se constituye a partir de instituciones como las escuelas y universidades, los críticos literarios y las editoriales que determinan qué textos deben ser leídos como literatura y cuáles no.


Algunos especialistas consideran que literatura es todo lo que en una época determina­da es leído como literatura.

Habitualmente, la escuela o las instituciones académicas, por ejemplo, la universi­dad, son las que definen lo que se lee como literatura. También las revistas especializadas y los suplementos culturales. Así, los textos señalados como prestigiosos por esas institu­ciones forman lo que se denomina el canon Literario, esto es, el conjunto de textos que se consideran literarios.

Pero el canon no es fijo ni eterno: depende del gusto estético y de las ideas que se tengan en determinado momento sobre la literatura. Y esto cambia con el tiempo. Por ejem­plo, Roberto Arlt, un escritor de Buenos Aires que comenzó a escribir hacia 1924 y miró la ciudad y sus personajes de un modo nuevo, hoy es leído como un escritor valioso, pero en su momento era considerado un mal escritor porque hacía un uso agramatical del lenguaje y sus textos no tenían el estilo que se esperaba de una obra literaria
LOS GÉNEROS LITERARIOS

El concepto de género literario implica una forma de clasificar los textos en distintos grupos, cada uno de los cuales se diferencia por características propias. Entre la variedad de textos que existen, los géneros permiten que el lector reconozca algunos como poesías, por ejemplo, y los distinga de otros que serian novelas o cuentos.

El origen de los géneros se remonta a la Antigüedad clásica. Ya han visto que, para los griegos, poesía señalaba toda producción o creación literaria. En esa época, la litera­tura se escribía en versos, con una estructura rítmica y una métrica regular. Aristóteles, un filósofo del siglo IV a.c. y el primero en escribir un estudio sobre la literatura -la Poéti­ca- explica que el origen de este arte obedece a dos causas: por un lado, el acto de imitar, que es propio de los hombres desde la infancia; por el otro, el placer o goce que produce esa imitación en las personas.

Clasificación inicial

Si bien todas las obras literarias coinciden en la imitación y en el ritmo, Aristóteles señala que se diferencian entre sí por el tema que tratan. También, por el modo de imitar del poeta, "pues se puede imitar a los mismos objetos... o bien narrándolos o bien haciendo obrar y actuar a todos los imitados". Por último, advierte que los instrumentos o medios con los que se imita producen diferencias.

Así, según esos criterios, esto es, teniendo en cuenta el tema, el modo y los medios de imitar, la poesía se dividió en tres grandes géneros.

La poesía épica narraba extensas historias cuyos protagonistas eran héroes que rea­lizaban hazañas y en las que se mezclaba lo real y lo ficticio. Esos relatos estaban com­puestos en verso, se transmitían oralmente y contaban historias relacionadas con el origen y el destino del pueblo al que representaban. Son relatos épicos la Ilíada y la Odisea, atribui­dos al poeta griego Homero, del siglo VIII A. C.

La poesía dramática, que también se escribía en verso, desarrollaba el diálogo y la actuación como medios para imitar o representar historias en escena. Según el con­tenido o temática de la historia, el teatro clásico distinguió la tragedia (de asunto serio y desenlace funesto) de la comedia (de tema gracioso y desenlace feliz), ambas represen­tadas por las dos máscaras del teatro.

La poesía lírica agrupaba las piezas breves que se acompañaban con algún instrumento musical y estaban destinadas, en un principio, a ser cantadas. Solían transmitir emociones o sentimientos personales y estaban compuestas por un modo particular de combinar las palabras, una técnica que destacaba el poder sugestivo y evocador del lenguaje.



Los géneros a través del tiempo

Con el correr del tiempo, los textos narrativas y los teatrales fueron privilegiando las acciones de sus historias y las conductas de los personajes antes que la expresión de los sentimientos. Los escritores prefirieron, entonces, la prosa al verso, porque un lenguaje menos ornamentado y con una menor cantidad de imágenes favorecía el pro­greso de la narración. Así, el verso se fue identificando únicamente con la poesía.

A partir de entonces, se establecieron los tres géneros literarios fundamentales:


  • el género narrativo, cuyas formas más comunes son el cuento y la novela;

  • el género dramático o teatro, que comprende los textos escritos para ser repre­sentados;

  • el género Lírico o poético, cuyos rasgos distintivos son el ritmo y la sonoridad, y que se caracteriza por hacer un uso figurativo del lenguaje.

Otros géneros y subgéneros

Sin embargo, esta división no es tan rígida. Muchas veces los límites se borran, las fronteras se desdibujan y en un mismo texto se cruzan dos o más géneros literarios.

Por otra parte, nuevos géneros y subgéneros han ido surgiendo a partir de ciertos cambios en las necesidades sociales y comunicativas. El ensayo, por ejemplo, un texto por lo general breve que intenta persuadir al lector y capturar su atención con recur­sos propios del lenguaje literario, debe su desarrollo y difusión a la importancia que adquirieron los periódicos: muchos autores escribieron ensayos para revistas y diarios de su tiempo.

A su vez, dentro de cada género, es posible reconocer subgéneros.

- Dentro del género narrativo se distinguen: el mito, la leyenda, la crónica, el cuento, la novela. A su vez, dentro del cuento y la novela, pueden reconocerse otros subgéneros: el realista, el fantástico, el maravilloso, el policial, el de ciencia ficción, etcétera.

- El género dramático comprende, entre otros, la tragedia, la comedia, la farsa, el sainete, el entremés.

- y dentro del género Lírico se pueden reconocer, por ejemplo, las diferencias entre un soneto, una elegía, un romance, un poema de versos libres.



  1. Para integrar la unidad confecciona un mapa o red conceptual con los conceptos sobresalientes de la misma.



LITERATURA PRECOLOMBINA: CONTEXTO HISTÓRICO, SOCIAL Y CULTURAL. CARACTERÍSTICAS.
En América hispánica conviven dos vertientes, la indígena y la europea, como ejemplo de un sincretismo logrado a lo largo de los siglos.

Las investigaciones realizadas hasta el presente coinciden en sostener que ha partir del 10.000 a. C. diferentes oleadas de pobladores ocuparon el continente americano. Las primeras provenían de Asia, penetraron por el Estrecho de Bering y se desplazaron por el litoral del Océano Pacífico hasta el extremo sur. Eran nómades, cazadores y recolectores y poseían rasgos típicos de la cultura del Paleolítico.

Alrededor del 3.000 a. C. estos primeros pobladores recibieron el impacto de nuevas oleadas provenientes de la Polinesia, que se desplazaron por el litoral del Océano Pacífico es probable también la hipótesis de la existencia de grupos oriundos de Indochina, Indonesia y Melanesia. Ciertos rasgos orientales son frecuentes en las figuras representadas de vasijas elaboradas por los indígenas americanos. Los integrantes de esta segunda oleada poseían elementos de la cultura neolítica; eran agricultores sedentarios, construyeron ciudades y poseían un acompleja organización sociopolítica.
América precolombina: un mosaico cultural. Los españoles que arribaron a América a partir del viaje colombino se encontraron con un territorio poblado por grupos de diversa trama cultural.

En la región antillana, los taínos y los caribes vivían en pleno Paleolítico, dedicados a la pesca, la caza y la recolección, y organizados en forma tribal.

En Mesoamérica y la región andina de América del Sur se desarrollaron las “grandes culturas” – inca, azteca y maya -, que recogieron la tradición cultural de los pueblos más antiguos.

En el extremo sur, agricultores sedentarios y cazadores nómades se dividieron el espacio.



La reacción ante la conquista española fue diferente en unos y en otros. Las “grandes culturas” sucumbieron más rápidamente. Minaron su resistencia las profundas rivalidades internas, las alianzas parciales con el invasor, la dependencia de su jefe y la vital vinculación con los valles que habitaban. Las culturas del sur resistieron largamente. Su nomadismo les facilitó la huida, el contraataque y el aprendizaje de las técnicas del enemigo. Los araucanos se “españolizaron” en la guerra.
Las grandes culturas: rasgos comunes. Las culturas americanas poseían algunos rasgos comunes:

  • La economía se centraba en la agricultura. Los incas, principales exponentes de esta actividad, construyeron, en sus valles, andenes de cultivo, terrazas y canales de riego artificial. La tierra era propiedad del estado y se explotaba comunalmente.

  • El núcleo básico de la sociedad estaba conformado por unidades territoriales y parentales. Los aztecas lo llamaban capullo y los incas ayllu.

  • La pirámide social era rígida y jerarquizada. Nobles, sacerdotes, guerreros, funcionarios, artesanos, comerciantes, campesinos y esclavos se dividían tareas y privilegios.

  • La organización del estado adoptó la forma de Confederación o Imperio. Los aztecas organizaron una confederación de ciudades gobernada por un emperador de carácter electivo y vitalicio. Los incas estructuraron un imperio, unido bajo el poder absoluto del Inca (heredero del Sol).

  • Practicaban el politeísmo. Adoraban dioses antropozoomorfos, de la naturaleza y espirituales. Los aztecas poseían un complicado ritual que incluía sacrificios humanos.

  • Construyeron grandes ciudades. Los mayas, eximios arquitectos, levantaron allí pirámides escalonadas, templos y altares en piedra.

  • Trazaron rutas y caminos. El Imperio Inca estaba atravesado por dos caminos de norte a sur, que partían desde Perú hasta Chile y la Argentina.

  • Medían el tiempo y registraban sucesos. Los aztecas poseían un calendario que dividía el año solar en 18 meses de 20 días cada uno. Los incas tenían un sistema de registro muy desarrollado – el quipu-, donde constaban estadísticas de población, de producción y también hechos trascendentes (guerras, fechas de religiosas, etc.)

  • La conquista española interrumpió el proceso de la escritura. Muchos códices fueron destruidos.




Las culturas del sur: una posible caracterización. Según su actividad económica, los pobladores pueden clasificarse en pueblos de economía parasitaria – cazadores, recolectores, pescadores- y pueblos de economía simbiótica –agricultores inferiores y superiores-. Entre los primeros se encuentran los pescadores y recolectores de Tierra del Fuego, los cazadores de guanacos de la Patagonia y los cazadores-recolectores del Chaco. Entre los segundos, los agricultores más primarios del Chaco y de la Mesopotamia y los que utilizaban andenes de cultivo y canales de riego en la región Noroeste. Estos últimos desarrollaron la cerámica, la metalurgia, y construyeron pueblos fortificados llamados pucarás




Los primeros libros. En la actualidad se cuestiona el concepto de “literatura”, en relación con los pueblos indígenas americanos. La literatura cumplió dentro de estas sociedades funciones religiosas, históricas, organizativas, proféticas y ceremoniales, que se entremezclaron y predominaron sobre las finalidades puramente estéticas. Solamente el pueblo maya poseyó una escritura jeroglífica, de carácter ideográfico, que hasta la fecha no ha podido ser descifrada en su totalidad. Los únicos que podían escribir, leer e interpretar eran los integrantes de la clase sacerdotal y algunos representantes de la nobleza. Los textos que compusieron fueron esculpidos en piedra, moldeados en estucos o pintados en murales, cerámicas o “libros” (formados por tiras plegadas de papel hecho a partir de la corteza interior de un árbol). Muchos de estos valiosos códices se perdieron al ser destruidos o quemados, en el siglo XVI. Los pocos que llegaron al siglo XX han pasado por el tamiz de la cultura europea.
La transmisión de los textos. El nombre de los autores de los primeros textos se ha perdido con una sola excepción: el príncipe-poeta de los aztecas, Nezahualcóyotl.

Más difundida que la transmisión escrita fue la transmisión oral. El anciano sacerdote que poseía la sabiduría de la tribu transmitía a su pueblo relatos que fueron memorizados y repetidos con pocos cambios hasta nuestros días. Entre los aztecas, la memorización y la repetición fue facilitada por papeles pintados que representaban las escenas fundamentales de lo que se quería contar. En un primer momento de la conquista se destruyeron estos documentos o se prohibieron las repeticiones orales. A fin de conservarlos, los indígenas enterraron códices y dibujos y se preocuparon por la memorización.

Luego, a partir de la segunda mitad del siglo XVI, los misioneros comprendieron la importancia de conocer los mitos que debía enfrentar la fe cristiana. Entonces se escribieron los textos indígenas en la lengua original pero con caracteres latinos. Más tarde, se los tradujo al castellano.

El caudal literario no llegó hasta nosotros por varias razones: los diferentes pueblos indígenas carecían de una única lengua por medio de la cual pudiesen transmitirse los textos; la divulgación oral de la literatura también colaboró en la pérdida de los mismos; y, por último, la destrucción de los códices en la época de la conquista. El conquistador se adueñaba de ellos por curiosidad, y cuando ya no sentía interés, los destruía. Los indios trataron de reescribirlos pero ya no fueron iguales porque, sin darse cuenta, ellos también habían sido transformados por la conquista.

Sólo se conservan veintidós códices –tres de la cultura maya y los otros de diferentes culturas- que, en la actualidad, se encuentran en Europa con excepción de cuatro que se hallan en México.



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