Colegio el porvenir



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ALCALDÍA MAYOR DE BOGOTÁ D. E.

SECRETARIA DE EDUCACIÓN



COLEGIO EL PORVENIR

Institución Educativa Distrital

NIT 830052690-6 DANE 2111020024

LECTURA D: POLÍTICA Y ECONOMÍA

Explicaciones de la relación entre economía y política

la economía y la política se ocupan de aspectos de la vida privada y de la pública, pues responden a intereses tanto particulares como generales de una sociedad.

Esta posible confusión entre política y economía obedece a una evolución compleja de las sociedades en este siglo. Situación que se dio a partir de la gran importancia que adquirió el Estado después de las dos guerras mundiales, por el surgimiento de políticas de estímulo a la economía sobre la base del manejo y redistribución de los recursos captados en la sociedad por concepto de impuestos o de ganancias por inversión. De tal manera que el orden político no ha estado tan radicalmente separado del orden económico, lo que explica el actual proceso de privatización de la política.


Muchas veces nos resulta difícil distinguir el campo económico del político. En esta escena, ¿qué elementos hay de cada uno?
La diferencia se ha hecho tan sutil, que hoy más que nunca la asociación entre la estabilidad política y la estabilidad económica es directa: por ejemplo, los ecos de campañas presidenciales repercuten de manera alarmante en los costos del dinero en el mundo; la inestabilidad de las bolsas en uno de los "tigres asiáticos", Malasia, genera oleadas de fuertes protestas que se llevan por delante al presidente del país, un dictador que se mantuvo en el poder desde 1989 hasta 1998.

Hasta aquí hemos hablado insistentemente de diversas connotaciones de la política cuando vimos su definición y cuando intentamos explicar el poder y sus diferentes significados. En los esfuerzos explicativos que hemos realizado anteriormente, pueden percibirse tres aspectos en los múltiples elementos que intervienen en su significado: complejidad, contradicción y ambigüedad. ¿Cuál es la fuente de estas contrariedades? ¿Qué hay detrás de los fenómenos políticos que genera tantas oposiciones y sentidos?



La explicación griega

La asociación entre economía y política es, no obstante, más natural de lo que parece. Para comprenderlo recurramos de nuevo a la tradición.

Aristóteles distinguió con suma claridad que el origen de toda comunidad política está en la producción. Aseguró que no es posible la comunidad política sin la familia, la cual es el núcleo dinamizador de toda comunidad, y que en el caso de la antigüedad era el núcleo productivo básico.

Según él, la ciudad está constituida de casas, de lo cual se deduce la importancia de hablar de su administración, donde también se establecen unas relaciones de autoridad. En este sentido, el orden de la administración de la casa (oiko- nomia: —economía —, que deriva de oikos: casa, y nomos, norma o regla) es principalmente un orden político, donde las interacciones son relaciones materiales de producción de la vida.

La economía doméstica, que es la base de la comunidad política, no se entiende la una sin la otra. Pero de la economía también hacen parte los bienes de uso y la propiedad, elementos que llamó Aristóteles la crematística o el arte de cómo conseguir los bienes y la propiedad. Este arte adquisitivo es para la vida y no para la acumulación egoísta y usurera, pues a lo que se le da preferencia en la administración doméstica es a las personas frente a la adquisición de objetos inanimados, a la virtud humana antes que, a la llamada riqueza, al hombre libre antes que al esclavo.

La sociedad que necesita reproducirse materialmente es el tema de la economía, según Aristóteles. La justificación del orden económico es la explicación del orden político. Algo así como que no hay nada que haga parte de la producción material de la vida que no esté en la organización de la sociedad como orden político. Producción y orden, sociedad y política.




Aunque se dice que la familia es la base de la sociedad, lo que esto significa para nosotros, en nuestra sociedad de individuos, no es tan claro como lo era para los antiguos.
Existe tanta correspondencia entre el mundo humano material (el mundo de las necesidades) y el mundo político, que las formas de gobierno deseadas derivan de la composición de una sociedad. En cuanto a la pobreza y la riqueza, por ejemplo, hay oligarquía cuando los dueños de grandes fortunas controlan el régimen político.

La óptica marxista


Carlos Marx 11818-1883) elaboró una teoría de la sociedadque pretendía dar cuenta de la relación entre procesos políticos y económicos, a través de toda la historia de la humanidad.
Autores inscritos en la época histórica moderna han refrendado la validez de estos postulados aristotélicos, aunque desde ópticas críticas distintas. Es el caso de Marx, quien en el siglo XIX sostuvo, en primer lugar, que el secreto de todas las formas políticas lo da la composición de la sociedad donde éstas se inscriben.

Así, por ejemplo, la monarquía feudal era correspondiente, como orden político donde una sociedad se supedita a la voluntad incuestionable del rey, a un orden productivo basado en la explotación de los campesinos siervos per parte de los señores feudales terratenientes, quienes ejercían un poder unilateral de dominación y de explotación del trabajo.

En segundo lugar, Marx sostuvo que siendo el orden productivo un orden de dominación de clases ricas sobre clases pobres, la política es la representación de la hegemonía de esas clases dominantes sobre las clases subordinadas.

Marx hizo una distinción fundamental para comprender la diferencia entre la sociedad feudal y a sociedad burguesa moderna, unos términos de la relación economía-política, al mostrar cómo la esfera económica y política modernas se separaban sólo en apariencia. De allí que los individuos modernos veamos en el Estado una esfera que representa a la sociedad entera bajo preceptos de libertad e igualdad, en apariencia ciertos para todos.

En este mismo sentido, Marx indicó cómo el Estado no es síntesis de las diferencias individuales, sino perpetuación de las diferencias y especialmente del dominio a través de diversos mecanismos ideológicos, institucionales, económicos y jurídicos.

La crítica de Marx era una crítica dirigida a los liberales modernos, quienes sostenían la existencia de dos esferas de la vida humana indudablemente relacionadas, pero independientes: la esfera de la vida privada (el mundo del interés individual, la iniciativa privada y la propiedad), y la esfera de la vida pública (el contrato social que hace posible a convivencia y la garantiza en el derecho).

El siglo XX no se cansó de discutir sobre estos temas, para terminar sus últimas décadas pajo el dominio ideológico y práctico de una concepción como la neoliberal, que ha identificado radicalmente mercado y Estado, convirtiendo a la política misma en mercancía susceptible de ser comprada y vendida en los mercados de servicios. La privatización actual de la política (generada por la llamada globalización, que busca la reducción del tamaño del Estado y la entrega del control de sus empresas) es la demostración histórica de que la política y la economía siempre van de la mano, aunque en muchos periodos de la historia se sostenga lo contrario y se presente a lo político como una esfera que no involucra, o no debe involucrar, la fortuna, el enriquecimiento y la explotación del trabajo.

La experiencia de las décadas ochenta y noventa demuestra cómo profundas transformaciones y reformas en el orden productivo, en cuanto a la regulación del trabajo, el orden administrativo o la organización de la empresa, repercuten hondamente en la esfera política, produciendo cambios correspondientes. Si no fuera así, ¿por qué hoy el lenguaje de la política está plagado de terminología económica: ¿eficiencia, eficacia, productividad, calidad del servicio, planeación, contabilidad de costos, etc.? ¿Por qué se habla de mercado de servicios, de producción y consumo de los mismos, cuando se suponía un deber de lo público, de carácter altruista, prestarlo sin mayor interés económico?

Por supuesto que las coincidencias no son casuales, pues aquí lo que se demuestra es la profunda relación entre orden y producción, entre ciudadanía y trabajo. El mundo neoliberal vigente proclama y estimula la existencia de un ciudadano activo, autónomo y competitivo, cuya actividad sea el centro de los procesos de decisión política.

Este ciudadano es para el neoliberalismo la unidad básica sobre la cual se deben generar los procesos de participación política, pues desde su propio interés personal y no de ninguna otra variable se construye el interés social por la asociación y todos los procesos de concertación de los distintos intereses. A semejanza del mercado, los neoliberales parten de la convicción de que los productores se comportan como entidades diferenciadas, que luchan por posicionar sus intereses particulares en un mundo competitivo y competido; por supuesto que los más capacitados realizan su interés e imponen sus mercancías, pues son más competitivos que los de menor capacidad. Así deben ser los ciudadanos, pero también los funcionarios públicos, cuyo trabajo está sometido al mérito y no a la noción abstracta y moral de que son ciudadanos especiales, cuyo interés es el bien común de toda la sociedad.




Lo política se revela cada vez más como un mercado que "pos¡dona sus productos" mediante gigantescas inversiones en publicidad, asesorías de imagen y sondeos de “consumo" a través de encuestas.
La competencia política es también una competencia mercados. Los partidos producen "mercaderías" —programas políticos— que se publicitan y venden como cualquier otra mercancía. Y los ciudadanos se comportan, en promedio, como votantes, como compradores de esas mercancías, favoreciendo a unos y otros con su voto, forma analógica al dinero en el mercado de la política.

¿Qué es el Estado?

El uso del término "Estado" es hoy familiar para referirnos a aquella institución que cumple la función de ordenar jurídicamente una sociedad y dentro de la cual nos identificamos como miembros, o partes de una nacionalidad dada. Digamos que hoy en día, en las condiciones en las que se encuentra el mundo, no existe individuo alguno que no se sienta o sea considerado parte de un Estado.

El Estado, como el poder, es otro de los conceptos con los que más frecuentemente se identifica la política, sobre todo porque nos da la idea de su localización: de dónde se encuentra, dónde reside, aunque —como vamos a ver— su definición no es siempre tan simple.


En un grupo heterogéneo aparentemente nada nos identifica y nos une, pero en el fondo la identidad con el país surge como instrumento unificador.
La palabra misma —Estado— es un término relativamente nuevo, que se ha ido llenando de contenidos con el paso del tiempo y en el cual actualmente podemos encontrar, por lo menos, dos tipos de definiciones.

Primer enfoque: origen


En este enfoque definiremos Estado como determinación del fuero del poder y de la soberanía política.

Comencemos por la definición etimológica del término y su vínculo con las disputas históricas por el poder. En la Europa cristiana de los siglos XIII al XVI se comenzó a utilizar el término status (stat, State, steat en otras lenguas) para distinguir entre los dominios divinos y terrenos, lo "espiritual" y lo "mundano", lo eterno y lo temporal. El status representaba todo aquello que no estaba referido al fin espiritual del ser humano, es decir, la condición del país en su aspecto social y político, en su constitución material, territorial, organizativa; también se refería a la condición del gobernante (príncipe) y de las personas que lo aconsejaban y ayudaban, y a la definición del orden y de la autoridad de la cual éste derivaba, es decir, el estado de todo lo que se refiere al mundo humano organizado con respecto a los fines de las personas en la tierra y no a los fines espirituales.

Esa distinción entre lo "espiritual" y lo "mundano", hecha por la misma Iglesia en la cabeza de los papas, con el fin de fundar la supremacía de ésta, permitía la separación de política y religión y, a su vez, la consolidación de la política como un campo autónomo que reemplazaba paulatinamente los demás poderes.

Este primer enfoque sobre el Estado nos remite, históricamente, a los orígenes de la problemática donde nace el mismo término stato, pero también, a una concepción que se ha hecho tradicional y que lo define como una unidad entre territorio, población, costumbres específicas y orden político.




Segundo enfoque: surgimiento

El segundo enfoque está relacionado estrictamente con el surgimiento de las teorías políticas modernas a partir del siglo XVII y tiene que ver con lo que algunos pensadores llaman sociedad política, por contraposición a la sociedad civil. Como verás, estas teorías se subdividen a su vez en dos tipos: unas que justifican las relaciones políticas modernas y su ligazón y, otras, que las critican.



Teorías en defensa del Estado

Ya para el siglo XVII el término Estado adquiere un significado específico, al estudiar cuál es el origen de la política en las sociedades europeas. Los filósofos modernos (Hobbes, Locke, Rousseau, Kant) hacen de él una noción conceptualmente comprensible, al sostener que la formación de la sociedad (Estado) es producto de la transformación del ser humano de un estado de naturaleza a un estado de vida civil.

Según estas teorías, el Estado moderno adquiere su forma particular, que lo distingue de otras formas estatales antecesoras, como la que cultivaron los griegos antiguos, convirtiéndose en la única y a la vez unitaria forma de estructuración de la vida en sociedad, en el verdadero y exacto aparato para administrar y manejar el poder político, que opera según procedimientos cada vez más definidos y especializados. Su tarea va en función básicamente de garantizar la paz interna del país, eliminar el conflicto social y permitir la normalización de las relaciones de fuerza existentes como producto de las contradicciones de intereses, ejerciendo el monopolio de la fuerza.

A esto se le ha denominado el Estado como potencia, es decir, una concepción que ve en el Estado la sumatoria de voluntades individuales, más exactamente una racionalidad de vida colectiva creada por un pacto social, a partir de la razón de los individuos, que prefiere la vida en sociedad para superar los obstáculos propios del estado natural.


Teorías críticas del Estado

A esta primera forma de determinar las relaciones políticas bajo el concepto Estado, le sobreviene una concepción crítica que considera al Estado como dictadura, es decir, como imposición de un poder hegemónico de una clase social sobre otras. Marx, que es el pensador que expone esta idea, considera que la realidad política está fundada en relaciones de fuerza en una sociedad dividida en clases: unas poderosas y otras explotadas. En este sentido, el aparato institucional, que llamamos Estado, se refiere a las relaciones sociales de dominación establecidas y a sus necesidades de perpetuación y reproducción en el tiempo.

Según este enfoque, las formas del Estado varían históricamente, conforme a la evolución de las relaciones de fuerza entre clases dominantes y clases subalternas. Tiranías y democracias no escapan a esta lógica. El Estado es entonces, por definición, la dictadura de una clase poderosa sobre otras explotadas, y las llamadas formas de gobierno son adaptaciones históricas de la dominación a los diversos estados de lucha entre estas clases.

En el caso de la tradición liberal podemos hablar de formas absolutas y formas constitucionales de Estado, y en el caso de la tradición marxista de formas puramente coercitivas y formas demoliberales (el Estado gendarme y el Estado demoliberal).



El Estado en el siglo XX

Más allá de los distintos enfoques sobre el Estado, éste ha visto crecer su importancia especialmente en el transcurso del presente siglo, a tal punto que, regularmente, lo identificamos con la política. En este sentido, se puede decir que la historia de los dos últimos siglos se ha constituido en la historia de la estatización de la política. Evidentemente, si sólo ves un caso como el de Colombia, puedes darte cuenta de que una vez lograda la independencia de España, inició un proceso de evolución muy confuso, que fue dando forma lentamente a instituciones, a proyectos nacionales centralizados y al fortalecimiento del Estado como una institución activa, que entró a determinar con mayor fuerza el transcurso de los asuntos sociales.



El Estado intervencionista

Desde la segunda mitad del siglo XIX apareció en Europa i una concepción intervencionista del Estado, que fundaba su proyecto en la necesidad de desarrollar con profundidad la ciudadanía, para garantizar una mayor igualdad entre las personas, lo que aumentó la participación política. Esta visión política correspondía a una circunstancia histórica de miseria generalizada y de crecimiento de la pobreza, producto del desarrollo de la sociedad capitalista.




El fenómeno de la globalización hace pensar la posibilidad de un Estado mundial. Quizá su órgano central sería algo similar a lo que hoy es la ONU.
En 1919, en Alemania, se hizo un primer experimento de desarrollo de un Estado intervencionista fuerte, en la llamada República de Weimar. También en nuestro país se discutía en aquel momento sobre la necesidad de desarrollar un Estado intervencionista que proyectara con mayor fuerza el desarrollo nacional. Rafael Uribe Uribe, por ejemplo, a principios de siglo proponía para Colombia el desarrollo de una fuerte intervención del Estado en la economía, que impulsara definitivamente el progreso y el desarrollo.


Pero el "experimento" que verdaderamente cumplió la misión de estatizar la sociedad fue el llamado "consenso keynesiano", una combinación de una serie de políticas intervencionistas del Estado en la sociedad, que construyó lo que se llamó el Estado de bienestar. Keynes, un prestigioso economista inglés, propuso una serie de políticas económicas que reformaron profundamente la relación entre la política y la economía. Por ejemplo, la regulación estatal de la moneda a través de un banco oficial, el banco emisor. Esto le permitía al Estado, en momentos de necesidades de inversión social, emitir recursos para satisfacerlas. Las políticas de pleno empleo buscaban garantizar una elevación sustancial del nivel de vida de los trabajadores, así como el desarrollo de políticas de salario más acordes con las necesidades de consumo.

El Estado se convertía así en un factor económico central, regulador de la economía y de sus flujos, redistribuidor de los recursos, protector de ramas

enteras de los servicios, cuando no era su dueño. Esto fue denominado Estado de bienestar y, en sus versiones menguadas en el Tercer Mundo, Estado intervencionista.

El Estado intervencionista se desarrolló principalmente después de la Segunda Guerra Mundial y contribuyó a la reconstrucción de los países arrasados por la destrucción bélica. Tuvo su época de oro en la década de los años cincuenta, en los países más avanzados, y entró en una profunda crisis en los años sesenta y setenta, a raíz principalmente de los déficits presupuestales, las necesidades energéticas para mover las grandes industrias, la crisis social por la presencia totalizante del Estado hasta en la vida privada y por la destrucción del entorno como producto del desarrollo impetuoso de la industrialización extensiva, entre otras causas.





Privatización del Estado


Desde los años setenta comenzó un proceso de reforma del Estado intervencionista, cuyo objetivo era reducir su tamaño, convertir la actividad pública en una actividad menos burocrática y dispendiosa, disminuir los déficits presupuestarios, privatizar muchos de los servicios prestados por el Estado, desregular la intervención estatal en la economía, etc. Esta reforma cobró fuerza en los años ochenta con los gobiernos de Reagan y Thatcher en los Estados Unidos e Inglaterra, respectivamente.

Hoy en día se ha generalizado al mundo entero, con los llamados procesos de globalización. En Colombia se hizo efectiva, principalmente, en la reforma constitucional de 1991, pues ésta constitucionalizó principios de desregulación laboral, económica y financiera, dinámicas mercantiles para la prestación de los servicios públicos y procedimientos participativos de organización y gestión que contribuyen al ensanchamiento del consumo de los servicios públicos sobre bases de mercado.

El Estado, hoy, es un Estado cada vez más privatizado, llamado neoliberal, cuyos principios de acción son la eficiencia, la eficacia, la productividad y, en general, la llamada gobernabilidad.

Como Estado nacional, ha perdido el centralismo y la fuerza reguladora que tuvo en otros momentos, convirtiéndose en un organismo administrativo de políticas que actualmente se manejan desde centros mundiales de poder económico, político y financiero, como los organismos mundiales de crédito.

Las relaciones estatales de hoy son difusas y globales. Por eso, algunos políticos y politólogos han comenzado a hablar de Estado mundial, de gobierno mundial y de instituciones políticas globales. Esta tendencia a la mundialización la representa con mucha claridad la conformación de bloques políticos regionales de mucho peso, como la Unión Europea o el Tratado de Libre Comercio en América.


EL ESTADO COLOMBIANO



Capitolio Nacional, sede del Congreso. Al hablar del Estado es innegable la referencia que debe hacerse a sus instituciones. ¿Cuáles son las principales instituciones del Estado colombiano?

Formación del estado colombiano


Las instituciones políticas en el territorio de la actual Colombia fueron formándose lentamente, como instituciones derivadas de las españolas. Esta derivación, sin embargo, no significa que no se hayan adaptado instituciones políticas, que como en el caso del derecho indiano, intentaron acoplarse a nuevas realidades socioculturales, económicas y políticas.

Aunque el Estado no son solamente las llamadas instituciones políticas, la evolución de estas últimas sí muestra con claridad el sentido de unas relaciones sociales de poder y de dominación, las transformaciones en el orden de las clases sociales y la composición social del poder político.

El Estado colonial generó nuevas realidades sociales en América en función, de las necesidades de España. Estas nuevas realidades convirtieron a las colonias americanas en enclaves económicos, que tomaron cuerpo propio y posteriormente, desarrollaron un sentido de la independencia. Las revoluciones de independencia americanas no constituyeron una ruptura radical con estas realidades socioeconómicas, más que en su dependencia con la metrópoli, de tal manera que las instituciones políticas de la época de la Colonia incidieron fuertemente en los procesos posteriores de formación de los estados americanos.

Tres grandes coyunturas histórico-sociales han contribuido al surgimiento de formas típicas de Estado en Colombia.




El estado hacendista

Este periodo, que va aproximadamente desde la guerra de Independencia hasta la primera década del siglo XX, hizo posible la consolidación de un Estado territorial y nacional en Colombia. Se caracterizó por una lucha territorial y política muy fuerte, que produjo numerosas guerras civiles y una lucha ideológica enconada por el predominio de intereses de viejos y nuevos estamentos sociales, como también entre la tradición y la innovación.

Se buscaba una identidad propia en lo territorial, lo institucional y lo estatal en una región donde se entrecruzaban tradiciones económicas, institucionales y religiosas de mucho arraigo, de tal manera que los deseos de liberalización, fortalecidos por la Independencia, en sus aspectos de continuidad y de ruptura, encontraban innumerables obstáculos.

La evolución del Estado colombiano ha estado muy unida a las formas productivas dominantes en el transcurso de su historia y a las características difíciles de su conformación territorial, geográfica y regional.

Durante la primera etapa del surgimiento del Estado en Colombia, el predominio de la hacienda en el siglo XIX, de economía agrícola y de plantaciones, impuso formas estatales fragmentadas e inestables, que se batieron en frecuentes guerras internas. La estabilidad posterior, que supuso la Constitución de 1 886, intentó consolidar un régimen político ligado a la tierra y al comercio mundial.

La forma dominante del Estado concebida desde esta Constitución fue el centralismo político, cuya representación más elocuente es el amplio predominio del poder presidencial sobre el resto de poderes.



El estado agroindustrial

La posterior consolidación de una economía cafetera, unida a los desarrollos de la industrialización en Colombia, en las primeras décadas del siglo XX, van a influir fuertemente en los cambios políticos e institucionales que suponen un proceso de modernización del Estado. Este proceso corresponde al desarrollo de un intervencionismo estatal en la economía, el cual se dirigió a la consolidación de una industria propia y de un mercado interno, características de una economía capitalista nacional. Esta fue la segunda coyuntura histórico-social que propició una forma estatal típica en Colombia.




El proceso de Consolidación del Estado Colombiano, tiene en su primera etapa, una fuerte influencia en la ecomonia basada en la hacienda.
El llamado pacto industriales-cafeteros fue la forma económica que inspiró reformas constitucionales como la de 1936, especialmente en el plano de las relaciones productivas y laborales modernas, constituyendo con el tiempo un régimen político de alternación bipartidista. Régimen que tomó forma lentamente en la disputa política que condujo a la violencia de los años cuarenta y cincuenta, a la junta militar y a la dictadura de Rojas, y que finalmente se materializó en el pacto bipartidista de Sitges. Este periodo, conocido como el Frente Nacional (1957-1974), fue el momento de consolidación y a la vez de crisis de esta forma estatal, donde novedosas fuerzas económicas se consolidaron en el poder político del Estado.

El Frente Nacional, al fortalecer un sistema de democracia restringida a los dos grandes partidos tradicionales, se constituyó en un proceso de homogenización política, que terminó borrando las diferencias doctrinarias y políticas entre los mismos. La crisis de esta forma estatal sobrevino con el surgimiento de nuevas fuerzas sociales, que se fueron conformando con el desarrollo industrial y urbano del país, las cuales no encontraron en el sistema político vigente una posibilidad de satisfacción de sus crecientes expectativas.

En los años setenta se hizo más palpable la inconformidad con este estado político. Emergieron los grandes temas del desarrollo político posterior en Colombia: la paz, la reforma del Estado, la ampliación de la democracia, la participación política, la reforma urbana y la reforma agraria. Fue una década de fuerte efervescencia social, como lo demostró el paro cívico de 1977, que sacudió las estructuras sociopolíticas del país.

El Estado agroindustrial, conformado en este periodo, desarrolló políticas basadas económicamente en la llamada sustitución de importaciones, proceso a través del cual dio impulso y protección al desarrollo de ramas propias de la industria, constituyó las bases de una política de seguridad social y, en general, desarrolló políticas de intervención estatal en la economía para asegurar la consolidación de un mercado interno. Todo esto combinado con un régimen político bipartidista.



El estado neoliberal

Los procesos de concentración de la riqueza, en los países latinoamericanos, se hicieron cada vez más fuertes desde los años setenta, dando lugar a una transformación acelerada del mundo productivo. Esta situación, acompañada del surgimiento y florecimiento de nuevos "negocios", como el narcotráfico, privilegió el desarrollo financiero a expensas del desarrollo productivo e industrial.




El 14 de septiembre de 1977 el país se estremeció con la más grande manifestación de descontento que se haya dado en mucho tiempo: un paro cívico que en algunos lugares se prolongó por más de un día.
La crisis social y política de la década de los ochenta y los noventa se levantó sobre estas transformaciones, dando lugar a nuevas exigencias institucionales y al surgimiento de formas no sujetas a la obstrucción de reglas proteccionistas y controladoras por parte del Estado, llamadas desreguladas y difusas, es decir a nuevas formas de actividad productiva y política que no se acogen a los beneficios de la protección y del intervencionismo del Estado, que hoy han sido denominadas democracia participativa. Esta es la coyuntura histórica que permite la tercera forma del Estado colombiano.

La reforma constitucional de 1991 da cuenta de estos procesos, constitucionalizando una concepción de la política descentralizada y más cercana a las dinámicas comunitarias. Es decir, una concepción donde el papel de las burocracias estatales tradicionales se ha visto limitado por reglas de eficiencia y productividad, y se ha encontrado acompañado por una concepción de la gestión social donde la sociedad asume formas de regulación autónoma.



La privatización de la política, es decir, el proceso por el cual no sólo se reduce el tamaño del Estado, de su intervencionismo y de su burocracia, sino también se saca la política de los centros institucionales tradicionales oficiales y se lleva al mundo privado de las relaciones entre individuos, es la forma contemporánea del Estado colombiano, acorde con los procesos de globalización de la economía y de desarrollo del mercado mundial capitalista.

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