Cámara de Diputados de la Provincia de Santa Fe



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Institución de los premios “Ariel Ramírez” y “Don Segundo Sombra

(Proyecto de ley – Aprobado)


SR. PRESIDENTE (Barrera).– Por Secretaría se dará lectura al asunto Nº 3.

Se lee:

Señores diputados:

Vuestra Comisión de Cultura y Medios de Comunicación Social, ha considerado el proyecto de ley (Expte. Nº 19.174 – PJ), presentado por el señor diputado Kilibarda, por el cual se instituyen en la órbita de la Secretaría de Cultura de la Provincia, los premios “Ariel Ramírez” y “Don Segundo Sombra”, los que serán destinados a promover la música, poesía y narrativa que exprese la vida, goces y dolores del hombre de campo de nuestro litoral, y, por las razones invocadas y las que dará el señor miembro informante, os aconseja le prestéis aprobación.



LA LEGISLATURA DE LA PROVINCIA SANCIONA CON FUERZA DE

LEY:

Artículo 1º.- Institúyense en la órbita de la Secretaría de Cultura de la Provincia, los premios Ariel Ramírez y Don Segundo Sombra, los que serán destinados a promover la música, poesía y narrativa que exprese la vida, goces y dolores del hombre de campo de nuestro litoral.

Artículo 2º.- El premio Ariel Ramírez se otorgará a la obra elegida, entre las composiciones cuya música y letra desentrañen la vida del hombre de campo y su relación con el medio rural donde habita. El premio Don Segundo Sombra, se otorgará a la obra literaria elegida, poema o narrativa que expresen iguales circunstancias.

Artículo 3º.- Los premios referidos en los artículos precedentes, serán otorgados por la Secretaría de Cultura de la Provincia, en los plazos y modos que determine la reglamentación respectiva. En todos los casos se ordenará la edición de la obra premiada.

Artículo 4º.- El Poder Ejecutivo reglamentará la presente ley, dentro de los noventa días de su publicación.

Artículo 5º.- Comuníquese al Poder Ejecutivo.
Sala de Comisión, 15 de agosto de 2007.

Costa – Stanoevich – Kilibarda – Cavuto

Señores diputados:

Vuestra Comisión de Presupuesto y Hacienda ha considerado el proyecto de ley (Expte. Nº 19.174 – PJ), autoría del diputado Kilibarda; por el cual se instituyen en la órbita de la Secretaría de Cultura de la Provincia, los premios “Ariel Ramírez” y “Don Segundo Sombra”, los que serán destinados a promover la música, poesía y narrativa que exprese la vida, goces y dolores del hombre de campo de nuestro litoral; y, luego de los estudios realizados, y atento a que el Proyecto cuenta con dictamen precedente de la Comisión de Cultura y Medios de Comunicación Social, esta comisión ha resuelto adherir al mismo.

Sala de Comisión, 20 de setiembre de 2007.

Peirone – Riestra – Venesia – Lagna – Cecchi – Qüesta

Señores diputados:

Vuestra Comisión de Asuntos Constitucionales y Legislación General, ha considerado el proyecto de ley (Expte. Nº 19.174 – PJ), autoría del diputado Kilibarda, por el cual se instituye en la órbita de la Secretaría de Cultura de la Provincia, los premios Ariel Ramírez y Don Segundo Sombra, los que serán destinados a promover la música, poesía y narrativa, que exprese la vida, goces y dolores del hombre de campo de nuestro litoral. Y atento a los estudios realizados, las razones que dará su miembro informante y a que el proyecto cuenta con dictamen precedente de las comisiones de Cultura y Medios de Comunicación Social y de Presupuesto y Hacienda, ésta ha resuelto adherir a ellos, aconsejando su aprobación.

Sala de Comisión, 26 de setiembre de 2007.

Esquivel – Meotto – Kilibarda – Reutemann – Lamberto – Lacava – Dehesa



fundamentos del autor del proyecto

Señor Presidente:

Traigo a vuestra consideración este proyecto de ley, que tiende a promover aspectos de la cultura, que según Hegel, en su concepto más general, es la forma que encierra cuanto existe.

El proyecto se explica por sí mismo y los premios se encolumnan bajo los nombres de dos ilustres santafesinos: Ariel Ramírez y don Segundo Sombra.

El primero representa la expresión musical del hombre del interior; el segundo es el hombre mismo, el habitante antiguo, un tipo de criollo de las zonas rurales.

Ariel Ramírez, conocido mundialmente, nació en Santa Fe, a principios de la década del ’20 del siglo pasado, durante el primer gobierno de Yrigoyen. Su padre, corondino, Zenón Ramírez, fue escritor y Regente de la Escuela Normal de Maestros Rurales de Coronda en tiempos del centenario de la Revolución de Mayo. Allí, lejos del mar, Alfonsina Storni estudiaba para maestra, teniéndolo a él como profesor.

Ariel Ramírez estudia para maestro y descubre en la música el lenguaje del sentimiento y de las pasiones, así como su padre escritor encuentra en las palabras el lenguaje de la razón. Comprende que ese lenguaje es universal e intuye que la generalidad del concepto lo lleva a las cosas singulares, a la tierra y al canto; a la Nación y a su pueblo.

En el momento propicio, el maestro y músico parte de Santa Fe muy joven todavía y transita caminos imprescindibles. Primero por la docta Córdoba, donde se radica; luego en Mendoza. Y en el intermedio, resultan fuente de su inspiración Tucumán, Salta y Jujuy. Así como Arturo Schianca influyó en su opción por la música, en las épocas de su escuela normal. En Humahuaca el músico nacional Justiniano Torres Aparicio, gravitó en su cultura. En 1946, Ariel Ramírez graba su primer disco, un bailecito y una zamba, “Purmamarca” y “La Tristecita”, expresiones musicales del folklore del Noroeste.

No habiendo cumplido treinta años, siendo muy joven, Europa lo recibe, lo goza y lo instruye. Es presentado como intérprete de la música argentina y sudamericana; una suerte de embajador de la cultura.

Con la experiencia y la fuerza que siempre imprime la milenaria Europa, vuelve a América; primero a Perú y luego regresa a su patria, donde crea su propia Compañía Folklórica, para captar el sentir de los pueblos del interior. Pone la danza en escena, nos hace ver las formas rurales y el atuendo particular de las regiones, para lo cual nos presta su mirada; su modo de ver nuestras cosas.

Ariel Ramírez, sigue componiendo y viajando, pero este hombre superior no olvida a su ciudad natal, ni su cultura, ni a su escuela normal, ni a sus amigos. Sabe del flagelo de las crecientes; su padre seguramente le contó la de 1905; pero por propia experiencia también conoce las que vivió aquí, personalmente, por lo que conociendo el medio no tuvo dificultad en poner la música a “Los Inundados”, la película de Fernando Birri.

Durante el gobierno de don Carlos Sylvestre Begnis se creó por el Decreto Nº 4426/61, el “Conjunto Provincial de Folklore”, para promover el conocimiento, mediante la difusión intensiva de todas las manifestaciones folklóricas argentinas, con especialidad en música y en danzas. Y Ariel Ramírez fue su primer Director General. Director Provincial de Cultura era, por aquel entonces, el Profesor Tomás Amadeo Vasconi, otro distinguido exponente de la cultura local. Este conjunto folklórico fue el primero en el país. Ariel Ramírez estuvo a su frente hasta la finalización del gobierno de Sylvestre Begnis. El gobierno de facto posterior terminó con este magnífico proyecto cultural.

Es bueno recordar que el autor y compositor que hoy homenajeamos le dedicó a aquel gobernador la obra “Santafesino de veras” de su repertorio musical, con letra de su amigo Miguel Brascó. Y el otro amigo, entrañable y compañero de infancia suyo, el Padre Catena, quien colaboró en su obra cumbre “Misa Criolla”, dándole sus fundamentos teológicos.

Pero así como nunca olvidó a Santa Fe, menos aún olvidó a su Patria. Su cultura nacional lo hizo compartir con Felix Luna muchas obras, entre otras “La Peregrinación”, “Los Reyes Magos”, “La Anunciación”, “Juana Azurduy”, “Navidad en verano”, “Alfonsina y el Mar”. Y con Atahualpa Yupanqui compuso “La hermanita perdida”, que cantamos todos como una suerte de himno de esperanza que aún palpita, recordando al más argentino de todos nuestros territorios.

Sus viajes a Brasil, Ecuador, Colombia, Venezuela, México, Uruguay, la América hispana toda, resultaron templos adecuados para su “Misa Criolla”. ¡Cuánta sabiduría, regiones y épocas se confunden en esa música! ¡Cuánta elocuencia que se expresa en pensamientos eternos, en lenguaje divino, lo que la dinámica de la historia todavía no nos concede! Pueblos y patrias, que esperan hacer de nuestra América meridional un solo pueblo y una sola patria.

Sus obras son traducidas al Inglés, italiano, francés, hebreo y árabe. Y en el cercano oriente, Israel, y en el lejano oriente, Japón, quienes lo escuchan quedan conmovidos.

El Papa Pablo VI, aquel que había comprendido la situación de los pueblos del orbe cuando expresó que: “El desarrollo es el nuevo nombre de la paz”, lo recibe y lo bendice, como antes lo había hecho Pío XII, en la década del ‘50. El Vaticano disfruta de la “Misa Criolla” y un síntoma evidente de que esta música regional, se universaliza, es que José Carreras, uno de los más importantes tenores del mundo, la interpreta.

Que este premio se designe con el nombre de Ariel Ramírez, es un homenaje en vida, a quien ha hecho tanto por la cultura nacional, como autor, compositor y aún como representante de los autores y compositores en su paso por Sadaic. Bien vale este homenaje.

Nos toca ahora referirnos a don Segundo Sombra, el hombre concreto, la intuición de Güiraldes.

Don Segundo Ramírez Sombra, era comprovinciano. Él mismo lo reconoce, cuando al contraer matrimonio por segunda vez, en mayo de 1934, en San Antonio de Areco, declara haber nacido en Coronda, tener 81 años de edad y ser hijo de Manuel Ramírez Sombra y de Carmen Rodríguez.

El apellido Ramírez, de su padre, que habría sido esclavo liberto, no sería más que el apellido adoptado de su amo, don Santiago Ramírez, y el segundo apellido –el “Sombra”– encerraría tal vez una referencia a su piel morena. Pero todo ello, no nos consta.

La escritora corondina Alcira Marioni Berra nos dice que habría nacido en 1853, según se deduce del certificado de matrimonio que obra al “Folio 51 y bajo el Nº 47 de los libros de matrimonio de la Oficina del Registro Civil de San Antonio de Areco – Sección Primera–“. La misma autora dice que la colonización agrícola fue cambiando el panorama local y que “los dorados trigales y los linos en flor reemplazaron la agreste hierba en la que pastaba el ganado...”. Esto hizo que algunos pobladores se sintieran extraños en su propia tierra y habría sido lo que motivó a don Segundo Sombra a “marcharse siguiendo el rumbo de la Cruz del Sur hasta afincarse por años en San Pedro, luego, por raro destino, se aquerenció definitivamente en los pagos de San Antonio de Areco”.

Coinciden estos hechos con los cambios que registran las crónicas de la época, ya que para el 12 de abril de 1878, “levaron anclas en el puerto de Rosario seis veleros de ultramar conduciendo cuatro mil quinientas toneladas de trigo procedentes de la Colonia ‘La Candelaria’...”. Fue esta la primera exportación de cereales de la República Argentina.

Para aquella época Segundo Sombra tendría alrededor de 25 años y si es cierto que era jinete y resero en la Estancia de los Nuñez, tenía que acomodarse e irse a otros horizontes, ya que el fraccionamiento de las tierras, habían terminado con las grandes extensiones.

Después de muchos años el personaje ya maduro, aparece en los pagos de Güiraldes. Este convive con él, capta su imagen, elabora el concepto y lo expresa en palabras. Don Segundo Sombra se inmortalizó gracias a Ricardo Güiraldes, pero este también se inmortalizó gracias a Don Segundo Sombra, por cuanto esta fue su principal obra. Resulta curioso relatar una anécdota del propio Güiraldes, quien encontrándose con el que luego sería su personaje, en una pulpería situada cerca de San Antonio de Zárate, cuando le preguntó por qué se había ido de la estancia sin cobrar su dinero por una doma de potros, Segundo Sombra le contestó: “Prefiero que el patrón me deba, y no deberle yo a él” (Diario “Crítica”, del 17 de agosto de 1926).

Quizás el personaje de la novela no haya sido exactamente el hombre real, pero la maestría de Güiraldes consistió en describir la conducta humana con todas sus formas y matices, para lo cual encontró el modelo, sin buscarlo, en don Segundo Ramírez Sombra, cuya sabiduría y virtudes había intuido.

Sin embargo los críticos no perdonaron a Güiraldes que cambiara la imagen que la gente culta tenía del peón de campo, del gaucho, como un ser bruto y ordinario. Por eso le llovieron las críticas despiadadas a su libro. Para Marechal, los detractores de la obra hicieron un “ejercicio ilegal de la crítica” y declaró “al Señor Y” reo de ese ejercicio ilegal. Dijo entonces: “La obra de arte sólo admite una crítica valedera; ya el asentimiento, ya la reprobación de los hombres capaces de juzgarla, no de cualquier modo, sino en su carácter específico, vale decir que en la razón suficiente que le da la vida y condiciona su realidad: en su belleza” (Marechal, Leopoldo, El teatro y los ensayos, Ed. Fundación L. Marechal).

Hoy, después de ocho décadas de la aparición del libro, estas críticas siguen subsistiendo, aunque de otra forma. En el sitio de internet periodismo.com, se instituye desde 1997 el Premio Segundo Sombra, en contraposición del Premio Martín Fierro, a lo peor de la televisión argentina: peor actor, peor actriz, peor conductor, peor programa, etc. Ello ofende a la memoria de don Segundo Sombra y ofende también a la memoria de Hernández, ya que uno de los más grandes exponentes de la literatura “culta” argentina, Leopoldo Lugones, había dicho que la novela pertenece a la familia de Martín Fierro y Facundo.

Quizás los autores del despectivo trato no han sabido que don Segundo Ramírez Sombra existió, y que no fue una ficción. Que nació mucho antes que Güiraldes y murió varios años después. Que ese moreno, muy religioso, alto, de notable fortaleza física, levantó con sus brazos, el féretro que guardaba los restos de Ricardo Güiraldes, “tal como si quisiera darle el último apretón de amigo fiel...” y en presencia del Presidente Alvear.

Son interesantes las anécdotas que cuenta Alcira Marioni Berra, en el opúsculo citado, sobre el personaje real. Cuando llegó el conde Zeppelín, de visita a la estancia, se vistió con las mejores pilchas y luego de ser presentado y de entrar en confianza le dice: “¡Qué linda barba tenés, gringo!”. El mismo Zeppelín, en el “Plus Ultra”, hizo una nota destacando la agudeza del paisano. O cuando, como recuerda Gasparini, que en la vida real sería el Fabio de la novela, en una conversación con el Obispo de San Nicolás, éste dirigiéndose a él le dice: “Que calor, ¿no, Don Segundo?”. La respuesta fue: “Si mi Santidad, siempre ha hecho en este tiempo”. Y al preguntarle cuando llovería, recibe como respuesta: “Si no lo sabe usted, que está más cerca de Dios”. A una referencia del Obispo sobre los insectos perjudiciales, el paisano responde: “Nosotros también hacemos daño, y tenemos que vivir”.

Don Segundo Ramírez Sombra, murió en agosto de 1936, cuando contaba alrededor de 83 años de edad y fue sepultado en el mismo cementerio donde está la tumba de Güiraldes. Su larga vida, y su fortaleza, demuestran que además de haber nacido con buenos genes, también tuvo sabiduría para vivir y mucha fe, en épocas que la tuberculosis, la difteria, y otras pestes cobraban las vidas de familias enteras. Había nacido en Coronda, que pese a su poca población, dio hombres gravitantes en el orden nacional, como el Coronel José Rodríguez, el constituyente Manuel Leiva, el Gobernador Nicasio Oroño y quién fuera primado de la Argentina el Cardenal Antonio Caggiano. Todos nacidos, como Segundo Sombra, en el siglo XIX.

Dice D H. Lawrance, “Diferentes lugares en la tierra tienen diferentes vibraciones, diferentes emanaciones químicas, diferentes polaridades con estrellas diferentes. Llama a esto como quieras pero el espíritu de los lugares es una gran realidad”. Quizás esto ha ocurrido, con don Segundo Ramírez Sombra, nacido en Coronda y por lo tanto hijo del mismo espíritu.

Con el nombre de Santi Spíritu fue fundada por Gaboto, en lo que hoy es el pueblo homónimo, al sur de la que fue la Parroquia de Coronda, el 6 de junio de 1527, día de Pascua, la que fue la primera población española en nuestro país. Los españoles “no se cansaban de alabar aquella región por la fertilidad de sus tierras y su enorme belleza, que era la tierra más sana y feliz del mundo, que los indios vivían mucho tiempo y los que llegaron enfermos se sanaron. Sembraron trigo y tuvieron abundantes cosechas”.

Porque somos hijos agradecidos de la tierra que nos vio nacer queremos desagraviar a antepasados nuestros, como don Segundo Sombra. Los provincianos estamos acostumbrados a mirar hacia adentro de nuestras propias fronteras, donde nuestras mujeres y nuestros hombres contribuyen diariamente a la construcción nacional.

Por eso nos agravian quienes desde la soberbia del puerto, con la mirada puesta al exterior, olvidan nuestras tradiciones y menosprecian a los forjadores de nuestro destino. Don Segundo Sombra tiene un monumento que lo recuerda en su pueblo. Ninguno de estos tilingos de la extranjería dejará recuerdo en las generaciones venideras.

Sirva la institución de este premio como homenaje a Don Segundo Ramírez Sombra, y como desagravio a su memoria.

Danilo Kilibarda



SR. PRESIDENTE (Barrera).– En consideración.

Si no se hace uso de la palabra, se va a votar el proyecto de ley en general.

Resulta aprobado.

En particular, se aprueban los artículos 1º al 4º; artículo 5º, de forma.



SR. PRESIDENTE (Barrera).– En consecuencia, recibe media sanción y se comunica al Senado.


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