Categorizar



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Categorizar

Alicia Romero, Marcelo Giménez

(sel., trad., notas)


La expresión categorización del mundo fue introducida por Émile Benveniste para designar la aplicación de una lengua natural al mundo tal como lo perciben nuestros sentidos. En efecto, la parte de las lenguas naturales -y, probablemente, del conjunto de las semióticas- que intervienen en la construcción del mundo del sentido común, hecha por el niño, es sin duda considerable, aún cuando no pueda determinarse con precisión. A este rol "informador" del mundo, asumido por las lenguas naturales, se hace referencia cuando se dice, por ejemplo, que la concepción del mundo está determinada por un contexto cultural dado. Claude Lévi-Strauss emplea, en el mismo sentido, la expresión fragmentación conceptual del mundo. Para Jaques Fontanille, el mundo del sentido común informado semióticamente corresponde a la semiótica natural.

En otro campo diferente, el término categorización es empleado para designar la proyección sobre el cuadrado semiótico de una magnitud determinada, considerada como eje semántico: esta proyección, al articular la magnitud, constituye una categoría.


La magnitud

Se designa con el término de magnitud ese "hay" cuya existencia semiótica se presupone, anteriormente al análisis que reconocerá en él una unidad discreta, y del que sólo se postula la comparabilidad con otras magnitudes del mismo orden.

La categoría semántica


Debido a que toda semiótica es una red relacional, las estructuras elementales que organizan tales relaciones pueden ser consideradas como categorías semánticas.

Según sea el plano del lenguaje al que ellas ayuden a constituir, se determinarán



  • categorías sémicas

  • categorías fémicas

Tanto unas como otras pueden ser utilizadas como categorías gramaticales (la entonación o el orden de las palabras, por ejemplo, son categorías fémicas o funciones gramaticales).

La aplicación rigurosa de la actitud estructural heredada de Ferdinand de Saussure, según la cual, por oposición al atomismo, toda lengua es de naturaleza relacional y no sustancial, obliga a utilizar el término categoría sólo para designar las relaciones -es decir, los ejes semánticos- y no los elementos finales de esas relaciones. Desde ese momento, es posible hablar, por ejemplo, de la categoría del género como articulada en masculino/femenino, pero no de la categoría del femenino.


ESTRUCTURA

Es conveniente precisar los elementos constitutivos de la definición del concepto de estructura en el àmbito de la lingüìstica estructural, disciplina que ha logrado darle un carácter operatorio.

Retomando en sus grandes líneas la formulación que de ella ha dado Louis Hjelmslev, la estructura sería una entidad autónoma de relaciones internas, constituidas en jerarquías.


  • Esta concepción implica la prioridad otorgada a las relaciones en detrimento de los elementos: una estructura es, en principio, una red relacional cuyas intersecciones constituyen los términos.

  • La red relacional, que define la estructura, es una jerarquía, es decir, una magnitud descomponible en partes que, al estar relacionadas entre sí, mantienen relaciones con el todo que ellas constituyen.

  • La estructura es una entidad autónoma o, lo que es igual, mantiene relaciones de dependencia y, al mismo tiempo, de interdependencia con el conjunto más vasto del que forma parte; está dotada de una organización interna que le es propia.

  • la estructura es una entidad, esto es, una magnitud cuyo estatuto ontológico se resiste al análisis, pero ha de ponerse entre paréntesis, con el fin de hacer operatorio dicho concepto1.

Una concepción tal de la estructura constituye un trasfondo de la teoría semiótica, una "actitud científica" desde la que se diseñan los trámites del investigador. En sí considerada, la estructura no es la propiedad específica de la semiótica, ni siquiera de las ciencias humanas tomadas en su conjunto; con algunos pocos reajustes,, podría decirse que se halla implicada en todo proyecto o empresa con objetivos científicos. Es, sobre todo, la dificultad que experimentan las ciencias del hombre al pasar del estadio de "opiniones" al de las "disciplinas" lo que ha conducido a la lingûìstica -en un momento crítico de su evolución- a explicitar los principios sobre los que se basa su propio hacer.

Una definición tal de estructura no es directamente operatoria: de tipo muy general, se aplica a todo conjunto que se supone organizado o que se tiene la intención de organizar.

Definida como red relacional, la estructura alude al concepto de relación y presupone, para ser reficaz en semiótica, una tipología de las relaciones.

Considerada como red, no nos informa ni sobre su amplitud ni sobre su complejidad: el problema de las organizaciones estructurales mínimas, de las estructuras elementales, se plantea naturalmente, pues sólo ellas pueden permitir comprender los modos de existencia y de funcionamiento de los conjuntos más complejos.


Relaciones

Puede concebirse la relación como



  • una actividad cognoscitiva que establece, de manera concomitante, la identidad y la alteridad de dos o más magnitudes (u objetos del saber)

  • el resultado de este acto

Esta definición no es sino una interdefinición que articula los universales semióticos entre sí, pues los términos de identidad y alteridad reclaman, por su propia definición, la presencia del concepto -no definible- de relación. Este último no es menos fundamental para la teoría semiótica: el establecimiento (esto es, producción y/o reconocimiento) de las relaciones y de las redes relacionales es el que funda los objetos y los universos semióticos. La organización y la construcción de tales objetos o de tales universos dependerá, entonces, de la tipología de las relaciones, que la teoría semiótica elegirá y planteará como previa a la práctica.

Así, los dos ejes fundamentales del lenguaje -el eje paradigmático y el eje sintagmático- son definidos por el tipo de relaciòn que los caracteriza:



  • la relación "o… o" (llamada oposición o correlación por Hjelmslev, selección por Jakobson) para lo paradigmático

  • la relación "y… y" (llamada combinación o relación en sentido estricto por Hjelmslev, contraste por Martinet) para lo sintagmático

La oposición es, en un sentido muy general, un concepto operatorio que designa la existencia de algún tipo de relación entre dos magnitudes, suficiente como para permitirles su acercamiento, sin que se pueda, no obstante, en este estadio, decir algo sobre su naturaleza. El símbolo vs. (abreviación del latín versus) o la barra oblicua (/) representan por lo general tal relación.

En un sentido más preciso, el término oposición se aplica, como acabamos de señalar, a la relación del tipo "o… o" que se establece en el eje paradicmático entre unidades del mismo rango y entre sí compatibles. El eje paradigmático se denomina entonces eje de las oposiciones, diverso del eje de los contrastes o eje de las combinaciones.

Otra tipología de las relaciones constitutivas de la categoría semántica -considerada como unidad semiótica mínima- se presupone a la mencionada más arriba. Está constituída por tres tipos de relaciones:


  • contrariedad

  • contradicción

  • complementariedad

Estas relaciones permiten fundar una sintaxis fundamental y una semántica fundamental.
Términos

Si se considera que toda semiótica no es sino una red de relaciones (o que una lengua natural, por ejemplo, sólo está hecha de diferencias), los términos únicamente pueden ser definidos como puntos de intersección de diferentes relaciones. Así, el examen de la estructura elemental de la significación muestra perfectamente que todo término del cuadrado semiótico es un punto de intersección de las relaciones de contrariedad, contradicción y complementariedad.

Los términos pueden o no ser lexicalizados, es decir, dotados de etiquetas que los denominen. Una lengua natural, en tanto que semiótica, por el hecho de ser una combinatoria, ofrece inmensas posibilidades de lexicalizaciòn, mientras que una semiótica particular sólo aprovecha un pequeño número. Así pues, una segunda definición es posible: el término es la denominación (la etiqueta) de un punto de intersección de relaciones (o de un cruce en una red relacional), denominación efectuada mediante el proceso de lexicalización.
La estructura elemental de la significación

Si se acepta la definición de la estructura como una red relacional, la reflexión sobre la estructura elemental debe comprender, ante todo, una sola relación considerada como meramente simple.

Al plantear, en el mismo marco definicional, que los "objetos del mundo" no son cognoscibles en sí mismos, sino, únicamente, por sus determinaciones (o sus propiedades) y que, por otra parte, éstas no pueden ser reconocidas sino como valores (es decir, relativamente, esto es, unas con respecto a otras), nos vemos obligados a posturlar que solamente la relación instituye las propiedades. Las propiedades, a su vez, sirven de determinaciones para los objetos y los hacen cognoscibles.

Esta relación, llamada elemental, se presenta, no obstante, bajo un doble aspecto:



  • establece la "diferencia" entre los valores

  • pero la diferencia, para tener sentido, no puede sino descansar sobre la "semejanza" que sitúa los valores en relación mutua.

Así interpretada, la relación -que cimenta la estructura elemental- incluye las dos definiciones del eje sintagmático (relación "y… y") y del eje paradigmático (relación "o… o") del lenguaje.

La estructura elemental, definida como la relación que establece, al menos, dos términos-valores, debe ser considerada



  • como un concepto que reúne las condiciones mínimas de la aprehensión y/o la producción de la significación.

  • como un modelo que continen la definición mínima de todo lenguaje -o, más generalmente, de toda semiótica- y de toda unidad semiótica.

La estructura elemental se presenta, así, como un lugar de convergencia de la reflexión gnosoelógica y de la postulación epistemológica de una axiomática ulterior.

El concepto de estructura elemental no puede volverse operatorio mientras no se someta a ésta a una interpretación y a una formulación lógicas. La que abre la vía a nuevas generaciones de términos interdefinidos y permite dar una representación de la estructura elemental en forma de cuadro semiótico es la tipología de las relaciones elementales -siendo éstas la contrariedad, la contradicción, y la complementariedad).

Formulada de esta manera, la estructura elemental puede ser considerada a doble título, como un modelo constitucional:


  • como modelo de organización de la significación (tal es su aspecto morfológico o taxonómico)

  • como modelo de la producción (su aspecto sintáctico). En su calidad de estructura profunda, la estructura elemental establece el nivel de la sintaxis fundamental.

La estructura elemental debe ser considerada, además, como un lugar de vertimiento y de in-formación de los contenidos: los contenidos sintácticos o semánticos stricto sensu, proyectados en el cuadro, son susceptibles de articularse en posiciones previsibles y de constituírse en categorías semánticas. Así, por ejemplo, cualquier actante puede "estallar" y dar lugar a una categoría actancial compuesta por un actante, un antiactante, un negactante y un negantiactante.

Una categoría semántica, obtenida así, podrá servir de base a un conjunto de subarticulaciones hipotácticas cada vez más finas y recubrir, por este hecho, un microuniverso semántico, generador del discurso. Ciertas categorías -abstractas y muy generales- pueden considerarse, a título de hipótesis, como universales semánticos, es decir, como estructuras axiológicas elementales, se dirá entonces que



  • la categoría vida/muerte articula los universos individuales

  • la categoría naturaleza/cultura los universos colectivos

A estas dos estructuras elementales se añadirá, por su gran generalidad, la estrucutra axiológica figurativa que articula, en forma de cuadro, los cuatro "elementos de la naturaleza" (fuego, agua, aire, tierra).

En cuanto modelo de articulación, la estructura elemental encuentra su principal empleo en el nivel de las estructuras profundas y abstractas, donde desempeña el rol de procedimiento de descripción (y, eventualmente, de descubrimiento), permitiendo representar los hechos semióticos antes de su manifestación (y, en las lenguas naturales, antes de su lexicalización). De este modo, la aplicación casi mecánica de tal modelo a los fenómenos de superficie no constituye, a menudo, otra cosa que una caricatura de los procedimiento semióticos. Esto no quiere decir que las articulaciones elementales no aparezcan en la superficie (por ejemplo, a nivel de las signos-morfemas); pero las categorías muy raramente lexicalizan allí el conjunto de sus términos posibles: ellas representan en la manifestación formas variadas que podrán ser aprehendidas como articulaciones binarias (v.g., masculino/femenino), ternarias (v.g., amor/odio/indiferencia) etc.


Las estructuras binarias

Para Jacques Fontanille, el análisis de las diferencias mínimas conduce a descubrir oposiciones binarias. La categoría es entonces definida por

  • su eje (el rasgo común)

  • sus dos rasgos pertinentes (los términos de la oposición)


La oposición privativa

La primera diferencia es producida por la presencia y la ausencia de un rasgo. Por ejemplo, cuando advertimos que las consonantes pueden ser sonoras o no sonoras, estamos conformando la categoría de la sonoridad sobre la presencia o la ausencia de un rasgo (sonoro) en los miembros que la componen.

Aparece un primer problema: no está claro cómo un término que no presenta el rasgo definitorio de la categoría (el rasgo sonoro) podría pertenecer a la misma categoría.

En la década de 1960, la noción de oposición privativa dio lugar a la de marca: entre los dos términos de una oposición privativa, la presencia del rasgo marca un término, mientra que el otro término, el que no posee el rasgo, es considerado como no marcado. La privación o la ausencia de marca esconde una propiedad esencial de ese término: su valor genérico.

Las nociones de oposición privativa o de marca pueden ser conservadas cunado una categoría está limitada a sólo dos términos.

Hjelmslev ha propuesto considerar que toda categoría equivale a un dominio en el espacio abstracto de los recortes culturales y que ese domino puede ser ocupado de dos maneras diferentes:



  • difusa y vaga (A) A




  • concentrada y precisa (a) a





En lugar de la presencia o la ausencia del rasgo, se trata ahora de la intensidad perceptiva de una parte de la categoría: el término difuso y vago sirve de fondo sobre el cual destaca una figura: el término preciso y concentrado.

La oposición privativa es redefinida como una oposición que depende del lugar y de la intensidad de los términos, con lo que el término vago o difuso no es impreciso: tiene valor genérico. La negación que lo hace aparecer en el discurso da libre curso a todos los términos posibles de la categoría.
La oposición entre contrarios

Otra oposición posible es la que pone en presencia, sobre el fondo de un mismo eje, dos términos igualmente plenos, es decir, definidos cada uno por un rasgo. Por ejemplo, sobre el fondo de la categoría de la sexualidad, masculino y femenino responden al principio de contrariedad: se oponen gracias a la presencia de dos rasgos igualmente presentes, cada uno contrario al otro.





A

sexualidad

A1 A2

masculino femenino






EL CUADRADO SEMIÓTICO

El cuadrado o cuadro semiótico es la representación visual de la articulación lógica de una categoría semántica cualquiera.

La estructura elemental de la significación, definida en primera opción como una relación entre al menos dos términos, sólo descansa en una relación de oposición que caracteriza al eje paradigmático del lenguaje: en consecuencia, es suficiente para constituir un paradigma de n términos. Sin embargo, no permite distinguir dentro de ese paradigma las categorías semánticas fundadas sobre la isotopía (el "parentesco") de los rasgos distintivos que pueden ser reconocidos en él. Es necesaria una tipología de las relaciones, gracias a la cual se pueden distinguir los rasgos intrínsecos (constitutivos de la categoría) de aquellos que le son ajenos.

La tradición lingüística de entreguerras ha impuesto la concepción binaria de la categoría. Roman Jakobson, defensor del binarismo, ha llegado a reconocer dos tipos de relaciones binarias:



  • A / -A: caracterizada por la oposición resultante de la presencia y de la ausencia de un rasgo definido.

  • A / no A: caracterizada por manifestar, de alguna manera, el mismo rasgo, dos veces presente bajo formas diferentes.

A partir de estas adquisiciones, resultado del hacer lingüístico, se ha podido establecer una tipología de las relaciones intercategoriales.
La primera generación de los términos categoriales

Basta partir de la oposición A / no A (teniendo en cuenta que la naturaleza lógica de esta relación permanece indeterminada) y denominarla eje semántico, para darse cuenta de que cada uno de los dos términos de este eje puede, a su vez, contraer separadamente una nueva relación del tipo A / -A. La representación de este conjunto de relaciones tomará, entonces, la forma de cuadro:


A no A (los dos términos del eje semántico)

- no A -A (los dos términos de la nueva relación que contrae

cada uno de los términos del eje semántico)




  • La relación A / -A se denomina contradicción, y está definida, de manera estática, por la imposibilidad que tienen dos términos para estar presentes a la vez. Desde el punto de vista dinámico, esta primera operación, denominada negación, es aplicada a los términos A y no A, lo que genera su contradictorios, -A y -no A. Así, partiendo del par de términos primitivos que componían el eje semántico, es posible engendrar dos nuevos términos, cada uno de ellos contradictorio a uno de los términos del par primitivo. Estos términos contradictorios se denominan términos de primera generación.




  • La segunda operación es la de aserción, esta vez aplicada a los términos contradictorios -A y -no A. Ella puede presentarse como una implicación, haciendo aparecer los dos términos primitivos como presupuestos de los términos asertados: - no A implica a A y -A implica a no A. Esta relación de implicación es una relación de complementariedad.



A no A


- no A -A
Si y sólo si esta doble a aserción tiene como efecto producir estas dos implicaciones paralelas, se puede decir que los términos presupuestos son los términos de una única categoría y que el eje semántico elegido es constitutivo de una categoría semántica. De lo contrario, los términos primitivos y sus contradictorios dependen de dos categorías semánticas diferentes.


  • Los dos términos primitivos son términos presupuestos. Se caracterizan por poder estar presentes de manera concomitante (en términos lógicos, de ser verdaderos o falsos juntos, criterio difícil de aplicar en semiótica), y están llamados a contraer una relación de presuposición recíproca o, lo que viene a ser lo mismo, de contrariedad.

Ahora es posible dar una representación definitiva del cuadrado semiótico2:


contrariedad

(eje de los contrarios)

A no A




Complementariedad contradicciones complementariedad

(deixis positiva) (esquemas) (deixis negativa)



- no A -A

contrariedad

(eje de los subcontrarios)


La segunda generación de los términos categoriales

Resumiendo, se ha visto cómo:



  • dos operaciones de paralelas de negación, efectuadas sobre los términos primitivos, han permitido generar dos términos contradictorios.

  • a continuación, dos operaciones paralelas, esto es dos implicaciones, han establecido dos relaciones de complementariedad

  • determinando a la vez la relación de contrariedad que ahora puede ser reconocida entre los dos términos primitivos.

Entonces:



  • La contrariedad es la relación de presuposición recíproca que existe entre los términos de un eje semántico, cuando la presencia de uno de ellos presupone la del otro, e inversamente, cuando la ausencia de uno presupone la ausencia del otro.

  • La contrariedad es la relación constitutiva de la categoría semántica: los dos términos de un eje semántico sólo pueden ser llamados contrarios si y sólo si el término contradictorio de cada uno de ellos implica el término contrario del otro. El eje semántico es entonces denominado eje de los contrarios.

  • El término eje designa una de las dimensiones del cuadro semiótico, que comprende dos ejes fundamentales: el eje primario -donde se inscriben los contrarios- y el eje secundario -perteneciente a los subcontrarios. Por eje semántico se entiende una relación entre dos términos cuya naturaleza lógica es indeterminada. Se trata de un concepto preoperatorio que podría sustituirse, al progresar en el análisis, por el de categoría sémica articulada de modo lógico (de acuerdo con la estructura elemental de la significación).




  • La relación de contradicción es la relación que existe entre los dos términos de la categoría binaria aserción/negación. Dado que las denominaciones "relaciones", "término", "aserción" y "negación" remiten a conceptos no definidos ni definibles, la definición propuesta se encuentra situada en el nivel más profundo y abstracto de la articulación semiótica.

  • La contradicción es la relación establecida (tras el acto congnoscitivo de la negación) entre dos términos, de los que el primero, planteado previamente, deviene ausente mediante esta operación, mientras que el segundo deviene presente. Se trata entonces, a nivel de los contenidos planteados, de una relación de presuposición donde la presencia de un término presupone la ausencia del otro y viceversa.

  • En tanto constituye una de las relaciones constitutivas de la categoría semántica, la contradicción define los dos esquemas del cuadro semiótico. Los términos de cada esquema son entre sí contradictorios.

  • El término esquema se utiliza para designar la representación de un objeto semiótico reducido a sus propiedades esenciales. Así, Hjelmslev denominó esquema lingüístico a la lenguasaussuriana -como el habla en uso lingüìstico-.Esta dicotomía puede ampliarse a las otras semióticas, con lo que el esquema (o la forma saussuriana) se opone a la sustancia; de esta dicotomía esquema/uso, en semántica general, un esquema será la combinatoria sémica abierta de la que dispone una cultura como conjunto de virtualidades, mientras uso será la combinatoria semémica restringida y cerrada tal y como efectivamente se produce. En sentido estricto, se denomina esquemas a las dimensiones del cuadrardo semiótico que reúnen dos términos contradictorios, habiendo un esquema positivo y otro negativo, denominación semimotivada que alude a la concepción de la forma semiótica como hecha de exclusiones, de presencias y de ausencias.




  • La complementariedad es la relación que contraen el subcontrario y el contrario pertenecientes a la misma deixis positiva o negativa en el cuadro semiótico. La complementariedad se presenta como un caso particular de la relación orientada que va del término presuponiente al término presupuesto. Para ser complementaria, tal relación debe ser isótopa a la categorìa de la que forma parte: dicho de otro modo, la implicación, al afirmar el subcontrario ha de encontrar el contrario como término presupuesto de la misma categoría. En tal caso, diremos que la relaciòn de complementariedad integra dos términos complementarios.

  • La deixis es una de las dimensiones fundamentales del cuadro semiótico. Reúne, por la relación de implicación, uno de los términos del eje de los contrarios con el contradictorio del otro término contrario. De ahí que se reconcozcan dos deixis, una positiva y otra negativa, sin que estos calificativos conlleven un vertimiento axiológico: éste sólo aparece, tras la proyección, en el cuadrado semiótico, de la categoría tímica euforia/disforia.




  • La presuposición, entonces, designa el acto de presuponer cierto tipo de relación entre los términos, aquella que contrae el término presuponiente con el término presupuesto. Por término presupuesto se entenderá aquel cuya presencia es la condición necesaria para la presencia del término presuponiente, mientras que la presencia del término presuponiente no es condición necesaria para la del término presupuesto. En este caso, se trata de un presuposición simple. Pero también podemos reconocer una doble presuposición o presuposición recíproca: aquella en que los dos términos son a la vez presuponientes y presupuestos. La ausencia de presuposición entre dos términos les devuelve su autonomía, por lo que la relación que contraerán entre ellos será o de combinación -en el eje sintagmático- o de oposición -en el eje paradigmático.

  • Considerada como acto, la implicación consiste en la conminación asertiva del término presuponiente que tiene por efecto hacer aparecer el término presupuesto. La relación presuposicional es así visto como lógicamente anterior a la implicación.


Consecuencias de la construcción de este modelo relacional

  • Los cuatro términos de la categoría no se hallan definidos de manera sustancial, sino únicamente como puntos de intersección, como extremos de relaciones. Esto responde al principio estructural enunciado por Ferdinand de Saussure según el cual "en la lengua, sólo hay diferencias".

  • Partiendo de la proyección de los contradictorios, cuatro nuevas relaciones han sido reconocidas en el cuadro: dos de complementariedad (la deixis positiva y la deixis negativa, por la operación de implicación), y dos de contrariedad (el eje de los contrarios y el eje de los subcontrarios).-

  • Dado que todo sistema semiótico es una jerarquía, resulta probado que las relaciones contraídas entre términos pueden servir, a su vez, de términos que establecen entre sí relaciones jerárquicamente superiores (las funciones que desempeñan el rol de funtivos, segue la terminología de Hjemslev). Así, dos relaciones de contrariedad contraen entre sí una relación de contradicción, mientras dos relaciones de complementariedad establecen entre sí una relación de contrariedad. Como puede verse en el siguiente ejemplo:



contrariedad

VERDAD metatérmino contradictorio
ser parecer




SECRETO MENTIRA

metatérmino contrario metatérmino contrario

no parecer no ser
FALSEDAD metatérmino contradictorio

contrariedad



  • la contrariedad ser/parecer (verdad) es contradictoria respecto de la contrariedad no parecer/no ser (falsedad). Así, verdad y falsedad son metatérminos contradictorios.




  • la complementariedad no parecer/ser (secreto) es contraria respecto de la complementariedad no ser/parecer (mentira). Así, secreto y mentira son metatérminos contrarios.

Los metatérminos y las categorías que ellos constituyen serán considerados términos y categorías de segunda generación.


La tercera generación de los términos categoriales

Las investigaciones comparativas de V. Brøndal han hecho aparecer -en la red que articula las categorías gramaticales- la existencia de términos complejos y neutros que resultan de l establecimiento de la relación "y… y" entre contrarios. El término complejo sería la reunión de los términos del eje de los contrarios A/no A, mientras que el término neutro resultaría de la combinación de los términos del eje de los subcontrarios -A/- no A. Ciertas lenguas naturales estarían, incluso, en capacidad de producir términos complejos positivos o términos complejos negativos segue domine uno u otro de los dos términos que entran en la composición.

Esto es importante desde el momento en que se sabe que los discursos sacros, míticos, poéticos, etc. ponen de manifiesto una predilección particular por emplear términos categoriales complejos. Explicar la formación de dichos términos se ha hecho difícil, pues ello implica reconocer recorridos sintácticos muy complejos -y probablemente contradictorios- que culminan en ese género de formaciones.

El cuadrado semiótico puede ser útilmente comparado con el hexàgono de R. Blanché y los grupos de Klein y de Piaget. No obstante, el cuadrado semiótico depende de la problemática epistemològica sustentada en las condiciones de existencia y de producción de la significación y, a la vez, del hacer metodológico aplicado a los objetos lingüísticos concretos; se ditingue, por ese hecho, de las construcciones lógicas y matemáticas, independientes -en cuanto formulaciones de "sintaxis pura"- del comportameinto semántico. Toda identificación apresurada de los modelos semióticos y lógicomatemáticos no puede, en estas condsiciones, dejar de ser bastante peligrosa.


Problemas del cuadro semiótico

Para Fontanille, el cuadrado semiótico -desde hace mucho tiempo, emblema de la semiótica greimasiana- es un modelo que en su uso ha presentado siempre las dos mismas dificultades:

  • una de carácter técnico, que es el hecho de que la relación más difícil de establecer y justificar es la complementariedad

  • otra de carácter metodológico: la definición del cuadrado no comporta ninguna indicación sobre la manera en que los datos textuales deben ser levantados y tratados para entrar en el estilo de categorización que es inducido por el cuadrado semiótico. Frecuentemente, el cuadrado aparece como una proyección que presiona a los elementos del corpus a adoptar la forma que impone. En ambos casos, la dificultad reside siempre en la relación problemática entre el modelo constitucional y la forma de los datos textuales extraidos de un corpus concreto.


LOS ESTILOS DE CATEGORIZACIÓN

Una de las capacidades fundadoras de la actividad de lenguaje es la capacidad de "categorizar" el mundo, de clasificar sus elementos. No se puede, en efecto, concebir un lenguaje que sea incapaz de producir tipos, ya que sería necesaria una expresión para cada ocurrencia; lo que manipulan los lenguajes, incluidos los lenguajes no verbales, son tipos de objetos (por ejemplo, una mesa de oficina en general) y no ocurrencias (por ejemplo, la mesa particular que se encuentra en mi oficina). Sólo el discurso podrá, sucesiva o paralelamente, gracias al acto de referencia, evocar tal o cual ocurrencia del tipo para ponerla en escena.

En el ámbito de la imagen, por ejemplo, la necesidad de hacer referencia a tipos visuales ha sido largo tiempo confundida con la necesidad de denominar los objetos representados. La imagen de un árbol no es la imagen de un árbol porque yo puedo llamarla ‘árbol’. Asimismo, si yo reconozco una forma redondeada elíptica, no es porque yo puedo llamarla ‘elipse’ sino porque allí he reconocido el tipo visual de la elipse. En caso de no conocer el nombre de algo y de que estuviese por ejemplo obligado a utilizar una perífrasis (‘redondo aplanado’), no tendría por qué no reconocer el tipo visual.

La formación de tipos es, en cierta forma, otro nombre de la categorización; consiste en la formación de las clases, de las categorías que un lenguaje manipula. Interesa a todos los órdenes del lenguaje: la percepción, el código y su sistema. Pero la categorización es puesta en marcha particularmente en el discurso, en especial porque ella preside la instalación de ‘sistemas de valores’. En ese sentido, la formación de tipos y la categorización nos interesan directamente en la medida en que constituyen estrategias en el interior de la actividad de discurso. Ahora bien, la semántica del prototipo nos enseña que no hay una sola manera de formar categorías del lenguaje.

Intuitivamente, y porque el abordaje estructural forma hoy parte de manera implícita de nuestros hábitos de pensamiento, se podría pensar que sólo la investigación de las propiedades o de los rasgos comunes, llamados "rasgos pertinentes", es posible: como lo testimonia, el célebre para sentarse (con respaldo, con tres o cuatro patas, con apoyabrazos, etc.) de B. Pottier, modelo de todos los análisis sémicos y que designa el rasgo común de la categoría de los asientos. La formación de la categoría reposa, entonces, sobre la identificación de esos rasgos comunes, sobre su número y sobre su distribución entre los miembros de la categoría.

Una versión más vaga de este abordaje es posible. Imaginemos un conjunto de parientes: las semejanzas que permiten reconocerlos están desigualmente distribuidas, el hijo se parece al padre, que se parece a la tía, que se parece a la madre, que se parece a los hijos, etc.; cada parecido difiere del siguiente, no hay nada de común entre el primero y el último elemento de la cadena; y, sin embargo, la pertenencia de cada individuo al conjunto apenas puede ponerse en duda. Esta red de rasgos desigualmente distribuidos, sin que ninguno pueda prevalecer para definir globalmente el tipo familiar, reposa sobre lo que se acuerda en llamar un aire (una semejanza) de familia (Wittgenstein).

Pero se puede también organizar una categoría en torno a una ocurrencia particularmente representativa, a un ejemplar más visible o más fácilmente localizable que los otros, y que posee él solo todas las propiedades que sólo están parcialmente representadas en cada uno de los otros miembros de la categoría. Como prueba, por ejemplo, el uso frecuente que hacemos de la antonomasia: este es un Maquiavelo. La formación de la categoría reposa entonces sobre la elección del mejor ejemplar posible.

En el mismo sentido, la ocurrencia elegida para caracterizar el tipo puede también ser la más neutra, la que no posee más que algunas de las propiedades comunes a las otras. Se observa esta tendencia en la denominación de los instrumentos de cocina: para designar los recipientes reservados a la cocción, para unos es la cacerola la que se impone, para otros la marmita; y los utensilios de cocina a motor son todos robots. La formación del tipo reposa, en ese caso, en la elección de un término de base.

No existe una substancia que se preste por naturaleza a tal o cual categorización; es el acto de categorización la "estrategia" que la anima, la que determinará la forma de la categoría, sus límites, su organización interna y sus relaciones con las categorías vecinas. Esta cuestión interesa, pues, directamente para estudiar la manera en que las culturas "recortan" y organizan sus objetos para hacer de ellos objetos de lenguaje; pero interesa también para estudiar el discurso en acto, en la medida en que ellos también se recortan y categorizan universos figurativos para definir sistemas de valores. Por eso podemos hablar de estilos de categorización.

Estos cuatro grandes ‘estilos’ reposan ante todo sobre elecciones perceptivas, y más precisamente sobre la manera en la que es percibida y establecida la relación entre el tipo y sus ocurrencias: o bien la categoría es percibida como una extensión, una distribución de rasgos, una serie (reunida por uno o varios rasgos comunes) o una familia (reunida por un "aire de familia"), o bien es percibida como la reunión de sus miembros en torno a uno solo de entre ellos (o en torno a una de sus especies), con el cual forma un agregado (reunido en torno de un término de base) o una fila (como se dice alineados detrás de un jefe de fila, el mejor ejemplar). Para cada una de estas elecciones, la categoría puede procurarnos, en razón de su propia morfología, un sentimiento de unidad fuerte o débil: en el caso de una fila (paragón) y de la serie, el sentimiento de unidad es fuerte; en el caso del agregado (conglomerado) y de la familia, es más débil.

En suma, los "estilos de categorización" se relacionan con las dos grandes dimensiones de la ‘presencia’, pero se trata ahora del modo de presencia del tipo en la categoría: él puede presentar una extensión ampliada o concentrada, y una intensidad sensible fuerte o débil. El siguiente cuadro resume este último punto.






INTENSIDAD

de la orientación
(Sentimiento de unidad)

Fuerte

estilo de categorización

FILA
La categoría se forma en torno a la elección como tipo de una ocurrencia particularmente representativa:
el parangón o mejor ejemplar,

que reúne él solo todas las propiedades parcialmente representadas en cada uno de los otros miembros de la categoría



estilo de categorización

SERIE
La categoría se forma por la

identificación de los rasgos pertinentes, su número y su distribución entre los miembros de la categoría
Red de propiedades o rasgos comunes (rasgos pertinentes) igualmente distribuidos, que definen el tipo


Débil

estilo de categorización

CONGLOMERADO
La categoría se forma en torno a la elección como tipo de una ocurrencia neutra que reúne sólo algunas de las propiedades comunes a las otras ocurrencias que conforman la categoría:
el agregado o término de base neutro.

estilo de categorización

FAMILIA
La categoría se forma por (la identificación) del aire o semejanza de familia:
Red de rasgos comunes desigualmente distribuidos, sin que ninguno prevalezca para definir el tipo familiar






EXTENSIÓN

de la captación

Concentrada

Ampliada

En la medida en que el discurso en acto hace referencia también a ocurrencias más que a tipos constituidos y nos conduce sin cesar de los unos a las otras, en la medida en que predica y/o aserta sin cesar nuevas categorías y nuevos sistemas de valores, el conocimiento de estos "estilos" de categorización se hace necesario para elaborar una semiótica del discurso. Pero los estilos de categorización sólo pueden ser establecidos si se coloca la formación de sistemas de valor bajo el control de las modulaciones de la presencia perceptiva y sensible; es decir, si se toma en cuenta, de manera explícita, el control que ejerce la percepción sobre la significación.



Bibliografía


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www.de artesypasiones.com.ar ©DNDA Exp. N° 340514

ROMERO, Alicia, GIMÉNEZ, Marcelo (sel., trad., notas) [2003]. “Categorizar”, en ROMERO, Alicia (dir.). De Artes y Pasiones. Buenos Aires: 2005. www.deartesypasiones.com.ar.


1 Así pues, la cuestión de saber si las estructuras son inmanentes al objeto examinado o si son construcciones resultantes de la actividad cognoscitiva del sujeto cognoscente, debe ser excluida de las preocupaciones propiamente semióticas, por más fundamental que sea desde el punto de vista filosófico. De la misma manera, los presupuestos filosóficos que subtienden la concepción de la estructura -y que se manifiestan, sobre todo, en la manera de enfocar las relaciones entre estructura y función y de definir esta última-, dándole algunas veces una coloración ligeramente mecanicista (Bloomfield) fenomenológica (Hjelmslev) u organicista (Benveniste), más bien enriquecen los instrumentos epistemo-metodológicos sin perjudicar su carácter operatorio.

2 No nos detendremos en rehacer, partiendo de la red así constituida, las mismas operaciones que, por la negación de los subcontrarios establece entre ellos una presuposición recíproca.


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