Capítulo I: origen y naturaleza de los evangelios sinópticos introduccióN



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Esta objeción afecta también el intento emprendido por E. Schweizer para descubrir una fuente especial hebraizante. Los hebraísmos se derivan extensamente del estilo bíblico de nuestro evangelista, que ha aprendido su lenguaje de la traducción griega del Antiguo Testamento. Pero esos hebraísmos no pueden valorarse como indicio para llevar a cabo la separación entre fuentes.
El hecho de que Lc, efectivamente, toma como punto de partida el modelo Mc – y no un proto-Lucas reconstruido hipotéticamente- se demuestra entre otras cosas, porque las tres manifestaciones de Jesús sobre la pasión, que en Mc se suceden poco más o menos a la misma distancia, vemos que en Lc han quedado muy distanciadas entre si por haber sido incorporados extensos fragmentos de Q y del material especial: Lc 9,22.43ss-18,31ss. Lucas, al recoger muchas tradiciones de Q i del material especial, modificó considerablemente el modelo Mc y amplió especialmente la división bipartita Galilea- Jerusalén hasta convertirla en la división tripartita de su obra: Galilea-el viaje-Jerusalén. Lc aprovechó cuidadosamente sus fuentes, pero las acopló muy bien en una obra en la que imprimió el sello de su teología.
Por eso, a la pregunta de las fuentes de Lc hay que responder con la teoría de las dos fuentes, haciendo ver que únicamente Mc y Q pueden considerarse con seguridad con los modelos escritos utilizados por el evangelista. El extenso material especial debió de llegarle por medio de tradición oral. Sin embargo, algunos exegetas opinan que para la historia de la pasión dispuso Lc además de una fuente propia (Schürmann, Rehkopf), ya que, por ejemplo, en el relato de la institución de la cena hay, en parte, divergencias considerables con respeto a Mc. Cabe que esta hipótesis este en lo cierto, pero no se nos impone de manera convincente, ya que las divergencias con respecto Mc podrían derivarse también del evangelista, que habría intervenido en sus modelos con labro de redacción a fin de realzar el mensaje que él quiere dirigir con su obra.
El mensaje del Evangelio de Lucas se compendia escuetamente (Klein, Lohse), como un programa, en el proemio que Lc hizo preceder a su obra (1,1-4). Cuando el evangelista, a modo de introducción, da cuenta de las fuentes, el método para la utilización de las mismas y la finalidad que se propone su obra sigue una costumbre usual entre los escritos helenísticos. En primer lugar se menciona a los predecesores que han escrito ya un relato acerca de los acontecimientos transmitido por los testigos oculares y los servidores de la palabra. El hecho de que se diga que tales escritores fueron “muchos” responde ala manera de expresarse de tales proemios, sin que nos permita sacar ninguna conclusión retrospectiva sobre el número de fuentes utilizadas por Lc.
En cuanto a su obra, hace resaltar luego Lc dos principios metódicos: 1) El ha investigado con exactitud todos esos sucesos desde su origen (anothen) (v.3). Cuando se mencionan en primer lugar los que desde el principio fueron testigos oculares (v.2), creemos que lo de arche se refiere evidentemente, conforme ala tradición, al principio de la actividad de Jesús (Mc 1,1; cf. P.125). Con lo de anothen se señala probablemente que Lc quiere, por su parte, remontar mas todavía a los orígenes, y por eso ofrece la historia de la infancia (1-2).2) El se determino a escribirlos todos exactamente por su orden (kathexes) (v. 3) Lc no trabajo como un historiador moderno que quisiera determinar el transcurso que de hecho tuvieron los acontecimientos, sino que trató de restablecer un comprensible orden de sucesión de los fragmentos ofrecidos por la tradición, puliendo las transiciones entre las distintas pericopas y llamando la atención sobre el gran contexto de la historia dirigida por Dios, ese contexto que, a través del pueblo de Israel y por medio de la actividad de Jesús, llega hasta el presente de la iglesia.
Al comenzar el evangelio de Lucas con una escena en el templo de Jerusalén y terminar con otro en le mismo lugar esta realzando el progreso ininterrumpido de la historia de la salvación.
En 1,1 nos ofrece Lc el tema de su exposición, que consiste en informar “de los hechos que se han verificado entre nosotros”.
Esto significa que se va hablar de acontecimientos que han sido cumplimientos en la historia de la salvación: no sólo en la historia de Jesús, sino también “entre nosotros”, es decir, en la iglesia. Esta determinación del tema se repite luego de diversas maneras durante el curso de la exposición. Así, por ejemplo, la llamada gran inserción comienza con la siguientes palabras: “Cuando iba llegando el tiempo de su elevación” (9,51). Con la “elevación” se entiende, al mismo tiempo, su camino hacia Jerusalén y la exaltación en la ascensión a los cielos. Así, pues, todo el relato de este viaje se halla bajo el epígrafe de que se realiza el cumplimiento de la historia de la salvación. El hecho de que esta historia de la salvación continua en la iglesia queda acentuado especialmente en Hch 2,1:”al llegar el día de Pentecostés”, es decir, “cuando alboreo el día de Pentecostés, que había sido fijado en la historia de la salvación”. Por consiguiente, en el prologo del evangelio de Lucas se alude ya a Hch, ya que los hechos constituyen juntamente con el evangelio una única obra en dos volúmenes. La historia de Jesús es “el centro del tiempo” (Conzelmann), un centro hacia el que afluía el tiempo de la promesa y del que precede el tiempo de la iglesia.
El nombre del autor no se menciona en ningún lugar de la doble obra lucana. No se ha conservado testimonio alguna de Papias, a diferencia de lo que ocurre con Mc y Mt. La tradición eclesiástica antigua no comienza sino con la indicación hecha por Ireneo de que Lucas compañero de pablo, puso por escrito el libro del Evangelio por este (Adv.haer. III, 1,1). Es probable que esta tradición que pone en conexión a Lc con pablo y que, por tanto, hace que el tercer evangelio se derive –al menos indirectamente- de un Apóstol sea una tradición que tenga origen mas antiguo. Porque cuando Marción incluye en su canon (cf.p. 24), además de diez cartas paulinas, el solo evangelio de Lucas, sospechamos que Marción ya conocía esta tradición de que Lc, compañero de viaje de Pablo, fuera el autor de este Evangelio. El llamado “prologo antimarcionita se expresa mas detalladamente diciendo: “Lucas es sirio, oriundo de Antioquia, medico de profesión discípulos de Apóstoles; más adelante acompañó a Pablo hasta que este fue martirizado. Después de haber servido al Señor en una vida en la que no tuvo extravíos, no contrajo matrimonio y no tuvo hijos, durmió a los ochenta y cuatro años de edad, en Beocia, lleno del Espíritu Santo. Puesto que ya había Evangelios –el de Mt en Judea y el de Mc en Italia-, él, impulsado por el Espíritu Santo, escribió todo este Evangelio en los alrededores de Acaya, manifestando el prologo del mismo que antes de su Evangelio se habían escrito ya otros (Evangelios) y que hacia falta exponer a los fieles procedentes de la gentilidad un relato fiel de cómo se llevo a cabo la salvación, a fin de que ellos no viera arrastrados de un lado para otro por mitologías judías ni fueran engañados por fantasías heréticas y hueras y para que así no llegaran a errar en cuanto la verdad”. Para la apreciación critica de estos datos de la tradición eclesiástica antigua habrá que examinar si en la doble obra lucana hay puntos de apoyo para concluir que Lucas, que fue medico y durante algún tiempo colaborador de Pablo (Flm 24; Col 4,14; 2Tim 4,11), fue el autor de este evangelio. En relación con todo esto debemos hacernos dos preguntas de especial significado:
¿Habría indicios de que el autor del evangelio y de los hecho fue medico? Algunas veces se nos dan con mayor exactitud los datos de algunas enfermedades. Se nos dice, por ejemplo en Lc 4,38 que la suegra de Pedro había caído enferma con mucha fiebre, o en Lc 5,12 que un hombre cubierto de lepra se encontró con Jesús. Véase, además, Lc 8,44; 13,11; Hch 28,9s. Mientras que en Mc 5,26 se dice, apropósito de la mujer que padecía flujo de sangre y que había gastado todo su dinero en médicos, que a pesar de todo le iba cada vez peor, vemos que en Lc 8,43 falta esta observación. El autor de Lc ¿seria realmente medico o no querría hablar contra los de sus profesión? Ahora bien, de hecho, las descripciones de enfermedades no sobrepasan nunca la medida de las descripciones que hallamos en la literatura helenística de la época. Además, en el mundo antiguo no existía aun un lenguaje especializado de la medicina. Por consiguiente, no se puede demostrar que el autor de la doble obra lucana fuera medico.
Mas importante es la pregunta de las relaciones de Lc con la teología paulina. Habrá que dilucir mas adelante el problema de si en los Hch se encuentran influencias de la teología del Apostal (cf. p.170). pero por lo que respecta a Lc no hay nada que delate indicios de ideas paulinas. Ni la parábola del hijo prodigo (15,11-32) ni la del fariseo y el publicano (18,9-14) nos dan a conocer una conexión directa con la doctrina de Pablo acerca de la justificación.
El dato de la tradición eclesiástica antigua de que el autor Lc era oriundo de Antioquia difícilmente representara una tradición independiente (como piensa Strobel), si no que podría haberse originado mas adelanta, deduciendo Hch 11, 28 D y del relato en primera persona del plural que el autor de la doble obra fuera antioqueno. Por eso los datos de la tradición eclesiástica antigua no pueden confirmarse por medio de un examen crítico a fondo del Evangelio de Lucas y de los Hch. La obra lucana, considerada en si misma, no nos permite reconocer sino que su autor era un paganocristiano de formación helenística, quien por medio de su exposición de la historia de Jesús y de los comienzos de la iglesia quería llevar hasta el mundo helenísticos el mensaje cristiano.
Por lo que se refiere al lugar y tiempo de la composición, el evangelios de Lucas se redacto con seguridad después del evangelio de Marcos; el logion apocalíptico de Mc 13,14 se reproduce en Lc 21,20 con clara alusión a la destrucción de Jerusalén, acaecida ya: “cuando veáis a Jerusalén sitiada por ejércitos, sabed que está cerca su devastación”. Y unos versículos más adelante se dice: “y Jerusalén será pisoteada por los paganos, hasta que la época de laos paganos llegue a su término” (v.24). también en 19,43s se alude inequivocadamente a la destrucción de la ciudad: “ porque va a llegar un día en que tus enemigos te rodeen de trincheras, te sitien, aprieten el cerco, te arrasen con tus hijos dentro y no dejen piedra sobre piedra, porque no reconociste la oportunidad que Dios te daba”. Por consiguiente, el Evangelio de Lucas tuvo que componerse después del año 70. Puesto que el evangelista escribe quizá al mismo tiempo que Mt – aunque con independencia de él-, habrá que señalar los alrededores del año 90 d.C. como fecha de su composición.
No podemos averiguar cuál fue el lugar en que esto ocurrió.
El llamado prologo antimarcionita hace mención de Acaya, pero de la lectura misma del Evangelio no podemos colegir si no que su composición se realizó en alguna parte dentro del ambiente del cristianismo helenístico.

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