Capítulo 4: El Sexenio democrático (1868 – 1874) ¿Democrático o Revolucionario?



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Capítulo 4: El Sexenio democrático (1868 – 1874)
¿Democrático o Revolucionario?
El período de seis años que se abre en España tras la caída de Isabel II, es descrito en ocasiones como el Sexenio democrático y en otras como el Sexenio revolucionario.
1- Esquema: Etapas del Sexenio Democrático (1868 – 1874)

Pese a la escasa duración de este período de la historia de España, es significativo que en solo seis años puedan distinguirse seis etapas distintas y se formaran nada menos que veintiún gobiernos. Esto da una idea de lo agitado y convulso de la época.



  • Gobierno provisional (septiembre 1868 –febrero 1869)

  • Cortes Constituyentes (febrero 1869 – junio 1869)

  • Regencia de Serrano (junio 1869 – enero 1871)

  • Reinado de Amadeo I (enero de 1871 – febrero 1873)

  • I República (febrero 1873 – enero 1874)

  • República autoritaria (enero 1874 – septiembre 1874)

Democrático por que en éste período se consigue por primera vez en España un régimen realmente democrático, con la aplicación del sufragio universal (sólo masculino de momento), el pleno reconocimiento de las libertades individuales e incluso algunas colectivas como el derecho de reunión y asociación y los derechos de los distintos territorios de España a alcanzar un cierto grado de autogobierno. También se declaró abolida la esclavitud (parcialmente) y la pena de muerte. Se estableció la separación Iglesia – Estado, la libertad de cultos y la educación laica y gratuita, e incluso otros avances sociales como la abolición del trabajo infantil y la intervención del estado en las relaciones laborales, marcando límites máximos a la jornada de trabajo. En esta etapa se producirá por primera y única vez en el siglo XIX, un cambio de régimen (la proclamación de la I República), que no estuvo precedido de un golpe militar o un pronunciamiento. Realmente va a ser en estos años cuando se consigan los objetivos de la Revolución de 1854 que dio paso al Bienio Progresista, heredera a su vez de la oleada revolucionaria de 1848. Éstos objetivos eran el establecimiento de una democracia plena y que no quedaran fuera del juego político las clases medias, alejadas de él por el limitadísimo régimen liberal doctrinario del período isabelino. Muchos de estos avances no llegaron siquiera a hacerse realidad por lo convulso de la época y el trepidante cambio de sistemas políticos que se da en ella. La restauración significará un retroceso importante ya que eliminó muchas de estas medidas, pero las conquistas de este período se convirtieron en una referencia para el futuro y aun hoy en día siguen siéndolo.


1- Referencia: 50-11367

Corrida de la Revolución”. La supresión de la censura de prensa que se produjo en muchos momentos del sexenio, provocó una explosión en la prensa libre en general y de las revistas satíricas en particular. Entre ellas destaca “La Flaca”, publicación a la que corresponde esta ilustración y que destacó por la calidad e ingenio de sus caricaturas. En ésta se ironiza sobre los problemas de los políticos tradicionales para “torear” el morlaco de la revolución de 1868. El toro sale vivo finalmente, pero muy castigado


El adjetivo de revolucionario, está justificado por varios motivos. En primer lugar por la continua agitación política de este período, empezando por su propio origen. Lo que en principio debía ser un pronunciamiento dirigido y gestionado por los militares que lo protagonizaron, fue desbordado por un vasto movimiento popular que superó por la izquierda los objetivos de los alzados. Los distintos regimenes resultantes de la revolución de 1868, tuvieron que hacer frente a nuevos levantamientos e intentos revolucionarios de distinta inspiración: independentista (Cuba), carlista, republicana, cantonalista, anarquista y finalmente monárquico, lo que da a este período una profunda inestabilidad y complejidad política. Será la última de las “revoluciones burguesas” en España. A partir del fin del sexenio en 1874, la burguesía abandonará la revolución como método de cambio, por el temor ver sus objetivos sobrepasados en el transcurso de un proceso revolucionario, por las aspiraciones de las nuevas fuerzas emergentes de la sociedad española, fundamentalmente el proletariado y las organizaciones obreras que nacen en esta etapa. Esta nueva actitud más conservadora de la burguesía se trasladará al ejército, que se convertirá en un mecanismo de control político y de garantía del orden, o en un instrumento de la reacción cuando los cambios políticos resulten excesivos para los sectores conservadores de la sociedad. La revolución de 1868 será el último pronunciamiento militar de carácter liberal.
Los protagonistas de “La Gloriosa”
Las causas que provocaron la revolución de 1868 fueron varias y de distinta naturaleza.
Económicas, por la profunda crisis industrial, financiera y agraria que arranca de 1866 y que acaba con la relativa bonanza económica de los años finales del reinado de Isabel II. Causas morales, por el desprestigio personal y político de la reina como gobernante. La corrupción, el favoritismo y la caprichosa arbitrariedad de la monarca, la fueron dejando sin apoyos políticos, salvo el de los moderados que prácticamente desaparecerán en el sexenio. Y finalmente causas políticas: la deriva totalitaria de los moderados de González Bravo, la muerte de los últimos valedores de la reina, O´Donnell y Narváez y el deseo cada vez más extendido de establecer un sistema auténticamente democrático, lograron el consenso de fuerzas políticas distintas con un objetivo común; el derrocamiento de Isabel II.
2- Referencia: 50-11365

Salida de España de Isabel II” ilustración de la revista satírica “La Flaca”. Uno de los pocos objetivos comunes de los participantes en “La Gloriosa”, fue destronar a Isabel II. En la ilustración la vemos saliendo de España por los Pirineos, rodeada de una corte de aduladores, corruptos, carlistas y religiosos.


2- Esquema: Las fuerzas políticas del sexenio democrático

Cuando se inicia este período las fuerzas presentes en la escena política española, son las mismas del período anterior, es decir, de derecha a izquierda: carlistas, moderados, unionistas, progresistas y demócratas, de los que se desgajan en el mismo 68 los republicanos. Pero a lo largo del sexenio, estos grupos van a ir evolucionando, apareciendo en ellos facciones que en unos casos dieron lugar a nuevos partidos y en otros (como ocurrió con los “demócratas”), provocaron su desaparición. Además a estas fuerzas políticas se añadirán las organizaciones obreras internacionalistas de signo anarquista o marxista. Éste complejo arco político, se complica aun más por el hecho de que en muchos momentos resultaba más fácil para el “ala derecha” de un partido llegar a acuerdos con el “ala izquierda” del partido vecino, que con sus propios correligionarios. En otros casos, el salto era aun mayor y la alianza “ignoraba” al grupo teóricamente intermedio.




Fuerzas políticas

Facciones

Personali - dades

Partidos que originan

A) Carlistas

a) Tradicionalistas



Nocenal

Asociación Católica - Monárquica




b)”Posibilistas”

Cabrera




B) Moderados

a) Alfonsinos

Cánovas

Partido Conservador

C) Unionistas

a) “Puros”













Serrano, Topete







b)“Fronterizos”







D) Progresistas

a)“Calamares”

Sagasta

Partido Constitucionalista

Partido Liberal









Prim







b) Radicales

Ruiz Zorrilla

Partido Radical

E) Demócratas

a) “Riveristas”

Nicolás Rivero

Desaparecen




b) Cimbrios

Cristino Marcos

Desaparecen

F) Republicanos

a) Unitarios

Castelar, Salmerón

Varios partidos




b) Federalistas

Pi Margall

Varios partidos




c) “Intransigentes”




Varios partidos

G) Internacionalistas

a) Anarquistas

Anselmo Lorenzo

FRE. CNT (1910)




b) Marxistas

Pablo Iglesias

NFM. PSOE (1879)

Este acuerdo arranca del Pacto de Ostende alcanzado en 1866, entre los progresistas del general Prim y los demócratas dirigidos en ese momento por Nicolás María Rivero. Los unionistas se mantuvieron fuera del acuerdo, mientras O´Donnell antepuso su lealtad personal hacia la monarquía, al rechazo de su política. Pero tras su muerte en 1867, su heredero el general Serrano, se adhirió a la conspiración.


Progresistas y unionistas emplearon el método habitual del pronunciamiento militar, iniciado por Prim y Topete en Cádiz y al frente del cual se puso Serrano. Los objetivos de los alzados, expresados en su proclama “España con honra” eran bastante limitados. Sustitución de Isabel II y formación de un gobierno provisional. Ambos pretendían mantener una monarquía parlamentaria sin Isabel, pero sin concretar el régimen. Para Serrano sería suficiente volver a la Constitución de 1845 y para Prim con garantizar unas mínimas libertades personales.
Pero paralelamente, los demócratas organizaron una insurrección popular organizada en Juntas revolucionarias en distintas ciudades españolas. Desde ellas se exigió el sufragio universal masculino para los mayores de veinte años, la libertad de imprenta, de culto, de asociación y de reunión; el fin de los “consumos” y otros impuestos indirectos; la supresión de las “quintas”; garantías legales sobre el domicilio y la correspondencia y otras peticiones de carácter social y laboral. El levantamiento fue acompañado de la creación de milicias armadas, la ocupación de tierras y la destrucción de conventos y otras acciones anticlericales. Estas propuestas y medidas calaron hondo entre amplios sectores de la población urbana y campesina, que darán su apoyo a los demócratas y más tarde a su escisión por la izquierda, los republicanos.
El gobierno provisional
Tras la batalla del Puente de Alcolea (Sevilla) en septiembre de 1868, se formó un gobierno provisional presidido por Serrano e integrado por progresistas (Prim, Sagasta, Figuerola, Ruiz Zorrilla) y unionistas (Topete), que contaba con el apoyo del ejército. Pero existía un conflicto de dualidad de poder, ya que las Juntas revolucionarias se proclamaron depositarias de la soberanía nacional y contaban con milicias armadas y gran respaldo popular.
Por otro lado el gobierno debía hacer frente a un nuevo problema; la insurrección independentista que estalla en la parte oriental de Cuba, a la que se conoce como el “Grito de Yara” y que dará lugar a una dura guerra colonial de diez años de duración.
3- Cuadro anecdótico: “La Guerra de los Diez Años”

Cuba era la colonia más importante que le quedaba a España, era la mayor productora mundial de azúcar y a ella se desviaban muchos de los capitales que no se invertían en la industria local, para levantar ingenios azucareros y otras infraestructuras. Es significativo que antes del tendido de la línea férrea Barcelona – Mataró, ya circularan trenes por Cuba. La mayor parte de la población era una mezcla de blancos pobres, mulatos y negros (casi la mitad esclavos), que trabajaban en las plantaciones de ricos hacendados criollos. Estos poseían inmensas fortunas pero carecían de influencia política, ya que la administración de la isla quedaba en manos de un Capitán General español con poderes casi absolutos. Esta oligarquía azucarera no apoyó los movimientos de emancipación del resto de las colonias españolas, por miedo a un despertar simultáneo del pueblo cubano y aceptaba el dominio español como mal menor.


Pero en la parte oriental de la isla existía un sector de pequeños y medianos propietarios descontentos con la situación que iniciaron la revuelta dirigidos por Carlos Manuel Céspedes. La guerra, fundamentalmente de guerrillas, se prolongará diez años y costará a España más de 130.000 vidas segadas fundamentalmente por las enfermedades tropicales, provocadas por las condiciones en las que las tropas tenían que combatir. Finalizó con la Paz de El Zanjón en 1878.
La respuesta del ejecutivo será aceptar por un lado algunas de las propuestas de las juntas como el establecimiento del sufragio universal (aunque solo para los varones mayores de veinticinco años); descentralización de los ayuntamientos; el fin de los “consumos”; el reconocimiento de ciertas libertades, como la de asociación, cosa que permitió que la AIT (Asociación Internacional de Trabajadores) y sus secciones españolas fueran legalizadas. También se tomaron medidas como la disolución de la Compañía de Jesús y el establecimiento de la libertad de culto. Pero por otro lado, se enfrentó a los demócratas disolviendo las Juntas y las milicias, manteniendo las “quintas”, necesarias para abordar el problema cubano, manteniendo la esclavitud para contentar a la oligarquía criolla y sustituyendo los “consumos” por otros impuestos indirectos equivalentes. Tampoco se atendieron las peticiones de tipo social de algunas juntas por lo que el descontento entre las clases populares se mantuvo y dará pie a nuevas sublevaciones. La frustración de los demócratas provoco su división entre un sector liderado por Nicolás Rivero, monárquico y partidario de colaborar con el nuevo gobierno y otro que dará lugar al Partido Republicano como principal oposición política, y en el que no tardarán en aparecer desavenencias internas.
3- Referencia: 50-9230

Incendio del ingenio de Don Ramón Fernández por los insurrectos” Grabado coloreado de “La Ilustración Española y Americana”, 1870. La “Guerra de los diez años”, fue uno de los problemas más graves a los que tuvieron que enfrentarse los distintos gobiernos del sexenio. A los daños materiales que produjo (como el que muestra la imagen), se unió el coste económico y humano de la guerra colonial, que obligó a utilizar el impopular sistema de “quintas” o movilización obligatoria, redimible mediante el pago de una cantidad de dinero.


Las elecciones a Cortes Constituyentes, que se celebrarán en enero de 1869 fueron las primeras celebradas en España por sufragio universal directo. El establecimiento del derecho al voto a partir de los 25 años perjudicó sobre todo a los republicanos que organizaron sublevaciones en distintas ciudades españolas en diciembre de 1868. La campaña electoral para las constituyentes se desarrolló en un inusitado clima de libertad de expresión que permitió a las distintas opciones políticas la difusión de sus programas.
Las Cortes Constituyentes y la regencia de Serrano
4- Referencia: 50-3900

Suspensión de las garantías constitucionales” Ésta caricatura de “La Flaca”, nos muestra a las fuerzas de la derecha encabezadas por Cánovas, intentando cerrar la losa de las garantías constitucionales, para evitar el paso del federalismo y otras tendencias políticas. A la izquierda aparece Prim, ayudándolas a salir a la luz. Esta revista mantuvo una orientación política de izquierdas oscilando entre el progresismo y posturas republicanas.


Una vez celebradas las elecciones, se reunieron en febrero de 1869, unas nuevas Cortes cuya misión era la de redactar una nueva constitución. La composición política de éstas era la siguiente: en la extrema derecha los carlistas (20 diputados) y los moderados (más tarde alfonsinos) de Cánovas, la mayoría gubernamental progresista (156 diputados) dirigidos por Prim, Sagasta, Olózaga y Ruiz Zorrilla, demócratas (20 diputados) y los republicanos de Castelar y Pi Margal (70 diputados).
Realizaron su trabajo con diligencia ya que la Constitución fue aprobada en junio por una amplia mayoría, aunque con la oposición frontal de los carlistas por un lado, al reconocer ésta la libertad de culto y de los republicanos por otro ya que rechazaban, lógicamente, la monarquía parlamentaria que se establecía como régimen.
4- Cuadro Anecdótico: La Constitución de 1869

La Constitución de 1869 es la primera realmente democrática que ha tenido España, ya que fue elaborada y aprobada por unas Cortes elegidas por sufragio universal. Las otras dos que reunirán estas condiciones son la de la II República de 1931 y la actual de 1978.


En ella se consagraba la monarquía como forma de Estado, pero sometida a la soberanía nacional que se establecía como principio básico. Las prerrogativas de la corona quedaban muy recortadas con respecto a constituciones anteriores. Puede decirse que el rey ejercía la jefatura del Estado, pero no gobernaba ni podía designar gobiernos sin contar con el apoyo de las Cortes.
Se establecía de forma clara la separación de poderes. El legislativo residía en las Cortes bicamerales (Congreso y Senado); el ejecutivo lo ostentaba el monarca, aunque delegando en el Gobierno; y el judicial en los tribunales a los que se incorpora la figura del jurado popular en un intento de democratizar la administración de justicia.
Se establecía un sistema parlamentario por el que el gobierno debía ver aprobadas sus propuestas en la Cortes para llevarlas a cabo. El sistema electoral para la elección de los diputados al Congreso era el sufragio universal masculino y directo, mientras que para el Senado se estableció el sufragio universal indirecto a través de la elección de compromisarios. Además para ser senador había que cumplir una serie de requisitos como ser mayor de cuarenta años, poseer título universitario y haber desempeñado cargos públicos. De esta manera se intentaba reservar esta cámara para las élites tradicionales de la sociedad.
La Constitución reconocía y garantizaba una serie de derechos individuales y colectivos no recogidos o detallados suficientemente en las anteriores constituciones como son la libertad de expresión, la de imprenta, la de reunión y asociación. También se establecen garantías judiciales para los detenidos (habeas corpus), la inviolabilidad de la correspondencia y del domicilio. Se establecía la libertad de culto, pero las arcas públicas seguirán manteniendo a la Iglesia mediante la “dotación de culto y clero”, lo que disgustó a los partidarios de una separación total Iglesia - Estado
España volvía a constituirse como monarquía, pero una monarquía sin rey, por lo que se estableció de forma provisional una regencia ejercida por Serrano (jefe del Estado hasta que se encontrara un monarca) y un gobierno presidido por Prim, a quien se encomendó la misión de buscar un candidato idóneo para el trono vacante.
5- Referencia: 50-11364

En esta ilustración de “La Flaca”, se ironiza sobre las dificultades que encontró el gobierno tras la revolución del 68, en su búsqueda de un rey para el trono de España.


Pero el problema de encontrar un rey era solo uno de los que tenía que afrontar el nuevo gobierno y tal vez no el más grave. La situación económica era gravísima por los efectos de la crisis que se arrastraba desde 1866 y por el endeudamiento del Estado. La guerra que se desarrollaba en Cuba constituía un serio problema en si misma y contribuía a agravar el primero.
5- Cuadro Anecdótico: El Déficit del Estado

La política económica de esta primera fase del sexenio estuvo en manos de Laureano Figuerola, ministro de Hacienda en varios gabinetes. La eliminación de los consumos y de algunos monopolios estatales, concesión hecha para apaciguar a las Juntas revolucionarias de 1868, desequilibraron aun más las ya maltrechas cuentas del Estado, sin que se lograra compensar esta reducción recaudatoria con una reforma fiscal en profundidad, error en el que continuarán todos los gobiernos del sexenio. Por lo tanto el déficit se intentó combatir de tres maneras: restaurando estos impuestos indirectos, lo que hizo aumentar el descontento social; pidiendo nuevos créditos a la banca internacional, lo que incrementó el endeudamiento; o emitiendo deuda pública, cada vez más devaluada por la falta de solidez financiera del Estado. El resultado fue que el pago de los intereses generados por la deuda estatal llego a significar entre el 60 y el 95% de los ingresos ordinarios de la Hacienda.


Laureano Figuerola profundizó en la transformación de la economía española según el modelo capitalista liberal. Estableció la peseta como única moneda nacional, medida indispensable para crear un mercado interior unificado; aplicó los principios del libre cambio al comercio exterior mediante el “Arancel Figuerola” que liberalizaba los intercambios comerciales y despertó las iras de los partidarios del proteccionismo; intentó atraer capital extranjero mediante la Ley de Minas de 1868, que permitía a empresas extranjeras, conseguir concesiones para la explotación del subsuelo en inmejorables condiciones. Esta medida aumentó los ingresos del Estado, atrajo capitales y permitió un cierto auge de la minería española, pero hipotecando sus posibilidades de desarrollo autónomo en el futuro. En otro orden de cosas en los últimos días de la I República, se creó el Banco de España como entidad nacional y monopolio sobre la emisión de moneda. Casi lo más grave en cuanto a política económica durante el conjunto del sexenio democrático, fue lo que no se hizo. No se abordó el tema de la desamortización y las secuelas que había dejado en el campo español, por lo que no se producirá el necesario despegue de la agricultura española y las zonas latifundistas con mayoría de jornaleros sin tierra se convertirán en un polvorín político y social.
6- Cuadro Anecdótico: La Internacional

La implantación del capitalismo en los países desarrollados de Europa, fue la causa de que durante el siglo XIX, surgieran una serie de nuevas ideas sociales e ideologías muy críticas con éste sistema económico. Rechazaban especialmente las diferencias de riqueza que genera y tomaron partido, por la nueva clase social que surge como consecuencia del desarrollo del capitalismo: la clase obrera o proletariado.


Frente al nacionalismo, ideología dominante durante el siglo XIX, se levantará la bandera del internacionalismo de clase: el proletariado era uno solo y su lucha tendría que coordinarse por encima de las fronteras para acabar con el sistema capitalista en todo el mundo. En 1864, los representantes de distintas organizaciones obreras y opuestas al nuevo sistema, fundarán en Londres la AIT (Asociación Internacional de Trabajadores) más tarde conocida como I Internacional.
En ella convivían organizaciones de ideología anarquista, marxista y seguidores del llamado “socialismo utópico”. Todos coincidían en tres ideas básicas: rechazo al capitalismo, internacionalismo proletario y necesidad de una revolución para acabar con un sistema económico que no creían justo. Pero pronto surgirán diferencias entre los anarquista cuya cabeza visible era el ruso Mijail Bakunin y los marxistas, representados por el propio Karl Marx y que terminarán por absorber a los “socialistas utópicos”:
Mientras Bakunin afirmaba que el objetivo de la revolución, era la destrucción del Estado, para luego construir una sociedad organizada desde abajo en comunas libres y autogestionarias, Marx pensaba que el proletariado debía hacerse con el poder del Estado y desde él, transformar la sociedad. Bakunin, nacido en la atrasada sociedad rusa, pensaba el campesinado tendría que ser el protagonista de esa revolución, mientras Marx que había vivido en Alemania y Gran Bretaña más avanzadas social y económicamente, daba ese papel al proletariado industrial. Este enfrentamiento ideológico, estratégico y personal, se mantuvo hasta 1871, cuando el fracaso de la Comuna de París, precipitó la ruptura de la I Internacional que se, dividió en 1872 disolviéndose finalmente en 1876.

El problema de Cuba llevaba camino de enquistarse. La revolución de Carlos Manuel de Céspedes, se produjo de forma simultánea a “La Gloriosa” y con objetivos similares. Prim y Serrano eran partidarios de buscar acuerdos con los insurrectos y llegar a una conciliación. Pero la actitud represiva de Lersundi, Capitán General de la isla y la iniciativa de los magnates del azúcar de armar milicias privadas para acabar con los rebeldes, crearon una situación de hecho, que enconó el conflicto e imposibilitó un posible acuerdo con los alzados. Prim se vio forzado a enviar a la isla tropas para sofocar la rebelión, ya que las fuerzas presentes en ellas se vieron incapaces de terminar con una guerrilla que actuaba en terreno abrupto y conocido. La convocatoria de una nueva quinta de 25.000 soldados era probablemente la más impopular de las medidas que podían tomarse en ese momento y el descontento creado alimentó las rebeliones de 1869.


Como consecuencia de estas medidas, el gobierno tendrá que hacer frente a un amplio, heterogéneo y prolongado levantamiento popular durante los años 1869 y 1870. En este levantamiento, se mezclaba la actividad de los llamados “intransigentes” del Partido Republicano Federal, contrarios a cualquier colaboración con el gobierno y con gran implantación en Cataluña, Levante y Andalucía. A las rebeliones federalistas se unieron protestas en las ciudades por las “quintas”; ocupaciones de tierras en Andalucía por la falta de cambios en la estructura agraria; manifestaciones contra la liberalización del comercio, huelgas obreras impulsadas por las organizaciones internacionalistas, motines de hambre, intentonas carlistas e incluso levantamientos impulsados por políticos de la coalición gubernamental, que no se sentían debidamente recompensados por el nuevo poder.
El gobierno trató estas rebeliones como un mero problema de orden público, sin atender a ninguna de las peticiones expresadas en ellas, por lo que aunque fueron finalmente reprimidas, los problemas que las provocaron volverán a aflorar.
7- Cuadro Anecdótico: En busca de un rey

Salvo el Partido Republicano Federal y las organizaciones internacionalistas, que rechazaban de plano la idea, el resto de las fuerzas políticas del sexenio coincidían en la necesidad de la monarquía como forma de Estado. El problema era qué tipo de monarquía y con quién en el trono.


Los carlistas seguían con su pleito dinástico y reclamaban la legitimidad de la rama Borbón de Carlos María Isidro, encarnada en este momento por el sobrino del Conde de Montemolín, al que proclamaron como Carlos VII. Éste intentó atraerse apoyos isabelinos, rebajando algo el discurso tradicionalista e intentando a través de la prensa de la época, dar una imagen más moderna y menos montaraz que la de sus predecesores. Tras la restauración de 1874 se abrirá un cisma dentro del carlismo, cuando figuras tan emblemáticas como Ramón Cabrera reconozcan a Alfonso XII como rey, lo que obligará a Carlos VII a renunciar finalmente a sus supuestos derechos sobre la corona.
Los moderados se quedaron solos en su apoyo a Isabel II. Pero cuando ésta abdicó en 1870 a favor de su hijo Alfonso, Cánovas del Castillo impulsó la creación de un sector alfonsino que se aglutinará en torno a su Partido Conservador y que irá sumando apoyos entre la nobleza, el ejército y liberales unionistas y progresistas.
Los unionistas tenían claro que Isabel II no podía seguir siendo reina, pero se inclinaban por alguien de su familia. Un posible candidato era el Duque de Motpensier, hijo de Luis Felipe de Orleans y cuñado de Isabel II tras su matrimonio con María Luisa Fernanda. Otro posible candidato era Enrique de Borbón, Duque de Sevilla y hermano de Francisco de Asís. El duelo que se libró entre ambos en 1870, les dejó sin candidatos ya que éste último resultó muerto y el primero tuvo que abandonar el país para huir de la justicia. Esto llevó a los unionistas a adherirse finalmente a la causa alfonsina, tras aceptar a regañadientes a Amadeo.
Los progresistas por su parte deseaban un cambio dinástico que desterrara para siempre a los Borbones de España. Ofrecieron la corona a Espartero, cosa que él rechazó. Otros candidatos fueron Fernando de Portugal o el candidato propuesto por Bismarck, el noble alemán Leopoldo Hohenzoller Sigmaringen. Éste último tenía pocas posibilidades de resultar elegido y su candidatura resultó ser solo una artimaña de “Canciller de Hierro” para provocar la Guerra Franco Prusiana. Las dificultades que el español medio encontraba para siquiera pronunciar su nombre, llevaron a la prensa satírica de la época a rebautizarlo como el príncipe “ole, ole si me eligen”.
La elección encargada a Prim, recayó finalmente en Amadeo de Saboya, Duque de Aosta e hijo de Víctor Manuel I de Italia, lo que avalaba su “pedigrí” como rey constitucionalista. Tras la renuncia de Amadeo, el sector progresista de Sagasta organizado en el Partido Constitucionalista, acabará por abrazar también la causa del futuro Alfonso XII.

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