Canción de otoño en primavera



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Rubén Darío: Canción de otoño en primavera




El principal tema del poema es el sentimiento de nostalgia de la juventud y el lamento por el pasado. Aunque también podríamos decir que como tema hay la búsqueda del amor ideal.

Podemos decir que este poema está dividido en dos partes las cuales podrían ser las descripciones de las mujeres y la reflexión y conclusión del poema. Pero a su vez podemos dividir la primera parte en tres subpartes. Esta última división es clara, como he dicho antes,  gracias al estribillo el cual nos marca las divisiones.

Primera Parte

1º Mujer


El poeta hace una introducción en la cual da a entender que durante su vida ha estado con diferentes mujeres. Explica la experiencia con su primera amada. Él era inocente y tímido, al contrario de ella que ya sabía de amor y lo “corrompió”.

2º Mujer


Habla de su segunda amada la cual era más sensitiva, más sensual y apasionada. A pesar de su ternura en el fondo era más ‘violenta’.

3º Mujer

Describe a la tercera amante, es obsesiva y tiene un gran instinto sexual. Al principio él se siente en la gloria con ella,  pero acaba por darse cuenta de que todo eso es una felicidad pasajera que no es realmente lo que quiere.

Segunda Parte

En esta parte ya no se habla de las amantes del poeta, sino que hace una pequeña reflexión sobre su vida amorosa y del tiempo.  Durante su vida ha tenido varios amores los cuales ahora solo son recuerdos. Ha buscado el amor ideal pero no lo ha encontrado, aunque continuará buscando a pesar de su vejez y del poco tiempo que le queda. El poeta ha llegado a la vejez (el otoño). En la primera estrofa: ha habido muchos otros amores en su vida. Ahora solo son recuerdos; en la segunda: ha buscado a la amada ideal pero no la ha encontrado; en la tercera: : continuará buscando a la amada ideal a pesar de su vejez y de que queda poco para la muerte. En el estribillo se muestra el cruce de la juventud y la madurez.


Juventud, divino tesoro,

¡ya te vas para no volver!

Cuando quiero llorar, no lloro...

y a veces lloro sin querer...


Plural ha sido la celeste

historia de mi corazón.

Era una dulce niña, en este

mundo de duelo y de aflicción.

[...]

Mas a pesar del tiempo terco,



mi sed de amor no tiene fin;

con el cabello gris, me acerco

a los rosales del jardín...
Juventud, divino tesoro,

¡ya te vas para no volver!

Cuando quiero llorar, no lloro...

y a veces lloro sin querer...

¡Mas es mía el Alba de oro!




El texto es una descripción de las tierras de la provincia de Soria. En las cinco primeras estrofas, se describe el paisaje en las diferentes estaciones del año que se suceden (invierno-primavera-verano-otoño-invierno), en la sexta, la séptima y la octava se hace una descripción más sentimental de esa tierra y, finalmente, en la última estrofa, se despide de ella.

Este texto es fácilmente enmarcable en la segunda etapa de la obra de Machado, en la escribe textos más descriptivos, siguiendo la tendencia de la Generación del 98.

Se puede apreciar una identificación del paisaje con el alma del poeta, muy común en Machado en esta época.
Campos de Soria

Es la tierra de Soria árida y fría.

Por las colinas y las sierras calvas,

verdes pradillos, cerros cenicientos,

la primavera pasa

dejando entre las hierbas olorosas

sus diminutas margaritas blancas.
La tierra no revive, el campo sueña.

Al empezar abril está nevada

la espalda del Moncayo;

el caminante lleva en su bufanda [...]

envueltos cuello y boca, y los pastores

pasan cubiertos con sus luengas capas.




En estos poemas podemos observar como continuamente se hace alusión a un camino. La palabra camino tiene una gran importancia para Machado y para este tiene principalmente 2 significados. Uno de ellos es el camino literalmente entendido, ya que cabe recordar los grandes viajes que hizo, desde sus viajes a Paris hasta su exilio de nuevo a Francia. Pero además camino significa para Machado la vida, ya que para él la vida es como un largo viaje que nunca sabes que te depara. Por lo tanto en los célebres versos de Machado de “Caminante no hay camino, se hace camino al andar” el poeta dice que la vida no está determinada, que no estamos predestinados sino que el destino se escribe mientras vas viviendo. En otras palabras, el destino se supone que es que tu vida está de algún modo escrita en alguna parte, pues Machado niega esto y afirma que esa “escritura” se la escribes tú conforme vas viviendo, dando a entender que el ser humano es libre.

En los versos “... y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar.” Machado expresa su advertencia de “no cometas los errores del pasado” como dando a entender que no se debe olvidar el pasado pero tampoco se ha de repetir, que de algún modo se ha de aprender de la experiencia de la vida. Las estelas en la mar podrían entenderse como los restos de la vida, ya que hace referencia a las estelas que dejan los barcos cuando pasan por el mar, pero estas estelas rápidamente se desvanecen. Por lo tanto nos dice que no hay camino, no hay destino, pero si esta la estela de la vida de los demás, y que de esa forma, podemos vivir guiándonos por el legado de las personas que nos importan.


En el poema XLIV Machado vuelve a hacer referencia a los caminos y a la mar. Esta relación entre los caminos y la mar significa que la mar es la muerte si como camino se entienden los ríos.

En el verso “Todo pasa y todo queda” Machado hace referencia a que tal y como el rio siempre está allí pero el agua nunca es la misma, está fluyendo, nosotros estamos presentes en cuerpo pero no somos los mismos, vamos cambiando. Además hace hincapié en el no mirar nunca el pasado y seguir adelante. En el siguiente verso dice “pero lo nuestro es pasar “, aquí el poeta quiere dar a entender que nosotros no vivimos eternamente, que llega un momento en el cual la vida se acaba. Finalmente el poema reza “pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar”, aquí el poeta afirma que la mar es el final de la vida, la muerte.


En estos poemas el principal tema es el del tiempo y el del sentido de la vida. Nos habla de cómo la vida es fugaz y que el tiempo pasa deprisa e inexorable.

Proverbios y cantares
XXIX

Caminante, son tus huellas 


el camino, y nada más; 
caminante, no hay camino, 
se hace camino al andar. 
Al andar se hace camino, 
y al volver la vista atrás 
se ve la senda que nunca 
se ha de volver a pisar. 
Caminante, no hay camino, 
sino estelas en la mar. 
XLIV

Todo pasa y todo queda; 


pero lo nuestro es pasar, 
pasar haciendo caminos, 
caminos sobre la mar. 


Álamo Blanco


Por lo que se refiere al tema del poema, el autor pretende hacer un elogio a la naturaleza idealizada. Mediante la descripción del árbol (álamo blanco) y de otros elementos de la naturaleza crea un poema emotivo en el que quiere que quede reflejado todo lo que siente por su amada.

Por lo que se refiere a la estructura interna partiendo del contenido, cabe señalar una estructura unánime pues todo el poema es una pequeña descripción en la que mezcla la naturaleza y el amor hacia una mujer.

El autor divide el árbol en tres partes muy importantes y las enlaza con la figura idealizada de una mujer: arriba (personificación de la inteligencia y la razón del pensamiento); abajo (personificación de su corazón y de sus sentimentos); y la columna de plata (personificación de su silueta).

Así pues, podemos constatar dos interpretaciones distintas: por una parte el amor que siente hacia un mujer, la qual es descrita a través de la naturaleza; y por otra parte, el placer de estar en un entorno natural tan bello produce al autor ese sentimiento de plenitud.


Arriba canta el pájaro
y abajo canta el agua.
(Arriba y abajo,
se me abre el alma).

¡Entre dos melodías,


la columna de plata!
Hoja, pájaro, estrella;
baja flor, raíz, agua.
¡Entre dos conmociones,
la columna de plata!
(¡Y tú, tronco ideal,
entre mi alma y mi alma!)

Mece a la estrella el trino,


la onda a la flor baja.
(Abajo y arriba,
me tiembla el alma).
Si yo, por ti he creado un mundo para ti


El tema de este poema es un tópico de Juan Ramón Jiménez: la búsqueda de la perfección poética. En el poema, Juan Ramón Jiménez afirma haber encontrado esa perfección, a la que él llama Dios. En las dos primeras estrofas, habla de todo lo que se ha esforzado el autor para conseguir hacer la poesía perfecta. En la tercera estrofa, dice que ya ha llegado a esa perfección, y que ya ha cumplido el objetivo de su vida, así que ya puede morir en paz. En la cuarta y la quinta estrofa, habla otra vez de ese Dios de la poesía, afirmando que él lo ha creado y que, gracias a ello, su poesía es perfecta.
Si yo, por ti, he creado un mundo para ti,
dios, tú tenías seguro que venir a él,
y tú has venido a él, a mí seguro,
porque mi mundo todo era mi esperanza.

Yo he acumulado mi esperanza


en lengua, en nombre hablado, en nombre escrito;
a todo yo le había puesto nombre
y tú has tomado el puesto
de toda esta nombradía.


Ahora puedo yo detener ya mi movimiento,
como la llama se detiene en ascua roja
con resplandor de aire inflamado azul,
en el ascua de mi perpetuo estar y ser;
ahora yo soy ya mi mar paralizado,
el mar que yo decía, mas no duro,
paralizado en olas de conciencia en luz
y vivas hacia arriba todas, hacia arriba.

Todos los nombres que yo puse


al universo que por ti me recreaba yo,
se me están convirtiendo en uno y en un
dios.

El dios que es siempre al fin,


el dios creado y recreado y recreado
por gracia y sin esfuerzo.
El Dios. El nombre conseguido de los nombres.



Trata de El amor que une a dos amantes en lo que tienen de únicos, auténticos y especiales, por debajo de lo superficial e innecesario.

El poeta propone a la amada, y se propone a sí mismo, un renunciar a lo que se ha sido, un despojarse de 1o accesorio o lo convencional, un liberarse de ataduras o raíces, como condición necesaria para una libre y plena entrega mutua.

Como se ve, es algo que podría expresarse -y se ha expresado- de formas mucho más vanales; pero Salinas le da una nueva formulación, una renovada hondura gracias a su característica sutileza

Y cuando me preguntes

quién es el que te llama,

el que te quiere suya,

enterraré los nombres,

los rótulos, la historia.

Iré rompiendo todo

lo que encima me echaron

desde antes de nacer.

Y vuelto ya al anónimo

eterno del desnudo,

de la piedra, del mundo,

te diré:

«Yo te quiero, soy yo».
Pedro Salinas: Para vivir no quiero

Para vivir no quiero

islas, palacios, torres.

¡Qué alegría más alta:

vivir en los pronombres!
Quítate ya los trajes,

las señas, los retratos;

yo no te quiero así,

disfrazada de otra,

hija siempre de algo.

Te quiero pura, libre,

irreductible: tú.

Sé que cuando te llame

entre todas las gentes

del mundo,

sólo tú serás tú.



El tema del poema es la búsqueda del amor, las ganas de encontrarlo a pesar de las dificultades del camino. Aborda este concepto como búsqueda, como ansia de lo otro a pesar de que no acabe obteniéndolo

El autor lo desarrolla en tres apartados: en el primero (4 primeros versos) presenta el tema, la dificultad del amor; en el segundo (18 siguientes versos) se desarrolla éste mismo tema en dos secuencias: la primera (versos 5-15) describe el camino que le lleva hasta la amada y la segunda (versos 16-23), el intento de acceder a su alma. Ya en el último apartado (versos 23-25), se recupera la idea del principio, la gran dificultad de enamorarse plenamente.



Te busqué la puerta

estrecha del alma,

pero no tenía,

de franca que era,

entradas tu alma.

¿En dónde empezaba?

¿Acababa, en dónde?

Me quedé por siempre

sentado en las vagas

lindes de tu alma.


El alma tenías

El alma tenías

tan clara y abierta,

que yo nunca pude

entrarme en tu alma.

Busqué los atajos

angostos, los pasos

altos y difíciles...

A tu alma se iba

por caminos anchos.

Preparé alta escala

—soñaba altos muros

guardándote el alma—

pero el alma tuya

estaba sin guarda

de tapial ni cerca.


Jorge Guillén: Más allá


El tema del poema, es la perfección de la vida desde el punto de vista del autor, Jorge Guillén, admirando por las cosas creadas por el ser humano. El autor nos exalta la realidad diaria de las cosas, nos manifiesta la plenitud del universo y la perfección de la vida.

El autor exalta en sus versos la humilde realidad diaria, por muy simple que parezca, que es la que los humanos hemos creado: una mesa, una ventana, unos libros... Con la admiración que siente por la vida apreciamos que el poema pertenece claramente a Cántico pues el autor está encantado con lo que le toca vivir.


(El alma vuelve al cuerpo, 
Se dirige a los ojos
Y choca.) —¡Luz! Me invade 
Todo mi ser. ¡Asombro!

Intacto aún, enorme, 


Rodea el tiempo. Ruidos 
Irrumpen. ¡Cómo saltan 
Sobre los amarillos

Todavía no agudos 


De un sol hecho ternura  [...]
De rayo alboreado 
Para estancia difusa,

Podríamos considerar este poema como una bonita oda al río Duero, río que atraviesa la Provincia de Castilla y León, que acompañó a Gerardo Diego cuando trabajó en el Instituto de Soria. Quizás con este poema nos quiera expresar su fuerte sentimiento hacia el río, al cual trata con cierta elevación.

En este poema Gerardo Diego nos destaca desde el principio el triste olvido por parte de la gente de la zona de un río tan significativo para él. Incluso nos describe su belleza para justificar la pena que da que sus gentes no le presten atención y para finalizar nos resalta la existencia de aquellos pocos que aún le hacen caso y lo recuerdan: “Los enamorados”.



Quién pudiera como tú,

a la vez quieto y en marcha,

cantar siempre el mismo verso

pero con distinta agua.


Río Duero, río Duero,

nadie a estar contigo baja,

ya nadie quiere atender

tu eterna estrofa olvidada,


sino los enamorados

que preguntan por sus almas

y siembran en tus espumas

palabras de amor, palabras.


Gerardo Diego: Romance del Duero

Río Duero, río Duero,

nadie a acompañarte baja,

nadie se detiene a oír

tu eterna estrofa de agua.
Indiferente o cobarde

la ciudad vuelve la espalda.

No quiere ver en tu espejo

su muralla desdentada.


Tú, viejo Duero, sonríes

entre tus barbas de plata,

moliendo con tus romances

las cosechas mal logradas.


Y entre los santos de piedra

y los álamos de magia

pasas llevando en tus ondas

palabras de amor, palabras.




El poema es reflejo de una realidad muy distinta de la que se ve con los ojos. Esta realidad profunda, no sometida a las convenciones sociales, se materializa a través del lenguaje, imágenes y asociaciones metafóricas insólitas: las iguanas muerden los corazones de las personas, los cocodrilos acechan tras las esquinas; otras se relacionan con la muerte como el azul o la luna ( criaturas de la luna), así las criaturas del poema están destinadas a morir.

El lenguaje supone la liberación de la expresión lógica. Se producen asociaciones libres e inesperadas de palabras que pretenden suscitar en el lector emociones. Las imágenes son oníricas y delirantes, como procedentes de una pesadilla.

Se trata de un poema de protesta social: la deshumanización de la gran ciudad.

Las ideas que se muestran en el mismo son:

-la indiferencia de la sociedad ante los marginados.

-la ciudad es un monstruo que devora al ser humano, le roba los sueños, le conduce al aislamiento.

-visión dolida del ser humano ( marginados) y crítica a la insolidaridad social.

-deshumanización: las personas son criaturas de pesadillas, autómatas sin corazón.

-sentimiento de dolor, soledad, incomunicación, frustración, angustia, que son del poeta pero también la de muchos corazones que sufren ( los más débiles: niños, perseguidos, los habitantes de las ciudades deshumanizadas) con los que Lorca se identifica y por los que lanza un grito de dolor y protesta.


Federico García Lorca: Ciudad sin sueño

No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.

No duerme nadie.

Las criaturas de la luna huelen y rondan sus cabañas.

Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan

y el que huye con el corazón roto encontrará por las esquinas

al increíble cocodrilo quieto bajo la tierna protesta de los astros.

No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.

No duerme nadie.

[...]


Huye luna, luna, luna,

que ya siento sus caballos.

Niño déjame, no pises,

mi blancor almidonado.


El jinete se acercaba

tocando el tambor del llano.

Dentro de la fragua el niño,

tiene los ojos cerrados.


Por el olivar venían,

bronce y sueño, los gitanos.

Las cabezas levantadas

y los ojos entornados.


¡Cómo canta la zumaya,

ay como canta en el árbol!

Por el cielo va la luna

con el niño de la mano.



La luna vino a la fragua

La luna vino a la fragua

con su polisón de nardos.

El niño la mira mira.

El niño la está mirando.
En el aire conmovido

mueve la luna sus brazos

y enseña, lúbrica y pura,

sus senos de duro estaño.


Huye luna, luna, luna.

Si vinieran los gitanos,

harían con tu corazón

collares y anillos blancos.




Dentro de la fragua lloran,

dando gritos, los gitanos.

El aire la vela, vela.

el aire la está velando.


Niño déjame que baile.

Cuando vengan los gitanos,

te encontrarán sobre el yunque

con los ojillos cerrados.


Este poema, del cual es autor Federico García Lorca, está incluido en la obra el Romancero gitano, un conjunto de romances lírico-narrativos plenos de símbolos. En ellos aparece una Andalucía estilizada, que es el espacio de la pena, el amor y la naturaleza. Los personajes principales son los gitanos, acosados por la guardia civil, que representa la persecución, el poder y la destrucción. La violencia y la muerte, sangrienta o simbólica, prevalecen en la obra.

El tema principal del Romance a la luna, luna es la muerte, un tema comúnmente empleado por Lorca, que en este poema se refiere a la muerte de un niño gitano.

El primer recurso expresivo que podemos encontrar en la obra es la prosopopeya que se produce en el verso 1. Se le dota a la luna la capacidad de poder ir a la fragua, como si fuese una mujer y no un ser inerte. En los versos 11,12, 15 y 16 se produce la alusión de la muerte, la cual no se nombra directamente pero se refiere a ella en los siguientes versos (“harían con tu corazón / collares y anillos blancos” y “te encontrarán sobre el yunque / con los ojillos cerrados”).

Finalmente, en el verso 30 puede apreciarse claramente una exclamación, referida al canto de la zumaya (“¡ay, cómo canta en el árbol!”).


En este poema Lorca emplea su común símbolo poético de la luna, que representa la muerte. Esta finalmente se llevará al niño mientras su familia le llora. Es un poema en el que se expresa el dolor por la pérdida y es rico en símbolos y recursos expresivos. Sin duda, se trata de una composición muy emotiva y cargada de sentimiento.




Dámaso Alonso: Insomnio

Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas).
A veces en la noche yo me revuelvo y me incorporo en este nicho en el que hace 45 años que me pudro,
y paso largas horas oyendo gemir al huracán, o ladrar los perros, o fluir blandamente la luz de la luna.
Y paso largas horas gimiendo como el huracán, ladrando como un perro enfurecido, fluyendo como la leche de la ubre caliente de una gran vaca amarilla.
Y paso largas horas preguntándole a Dios, preguntándole por qué se pudre lentamente mi alma,
por qué se pudren más de un millón de cadáveres en esta ciudad de Madrid,
por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente en el mundo.
Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?
¿Temes que se te sequen los grandes rosales del día, las tristes azucenas letales de tus noches?

La primera parte que ocupa los primeros versos expone la desolación de vivir pudriéndose en el nicho de Madrid o el mundo junto a millones de cadáveres, gimiendo y preguntándole a Dios el por qué. La segunda parte que ocupa los tres últimos versos es una interrogación sobre el sentido de su sufrimiento y la razón que le induce a mantenerlo El poema Insomnio se puede dividir en dos partes diferentes.

5. El poema fue escrito en torno a 1940, en los momentos más duros de la postguerra española. • Superviviente en Madrid, Dámaso Alonso, católico creyente, pregunta a su Dios por el sentido de tanta destrucción y aparece la necesidad de respuesta. • Habla de temas como la muerte, la soledad o la decadencia durante la postguerra. Todo el poema se centra en la noche, como tiempo de la reflexión personal y del sufrimiento.




Vicente Aleixandre: Se querían


El poema podemos dividirlo en tres partes:

- Primera parte (1-9). Los amantes se amaban a pesar de todos los obstáculos.


- Segunda parte (10-29. Los amantes se querían en todo momento: madrugada, mediodía y noche.


- Tercera parte  o conclusión (30-34). Se querían de todas las formas posibles y en todo lugar, convirtiéndose en el mundo entero, haciéndose lo único importante. Aquí el autor termina el poema diciendo "Sabedlo" para dejar claro a los lectores que la historia de los amantes era única y los convertía en protagonistas absolutos de la vida, sin que nada más tuviera sentido.


Se querían.

Sufrían por la luz, labios azules en la madrugada,

labios saliendo de la noche dura,

labios partidos, sangre, ¿sangre dónde?

Se querían en un lecho navío, mitad noche, mitad luz.
Se querían como las flores a las espinas hondas,

a esa amorosa gema del amarillo nuevo,

cuando los rostros giran melancólicamente,

giralunas que brillan recibiendo aquel beso.

[...]

Este poema nos ofrece una manifestación del tema central de todo el libro: su nostalgia del mar se manifiesta aquí en un deseo de no morir lejos de él. Rasgo destacable es que el poeta se reduzca a su voz e imagine que su voz (que es también su palabra poética) seguirá viviendo en el mar. En ese salto a lo imposible, por encima de la lógica, está el encanto y la fuerza del poema. Cabría añadir que estos versos entroncan, así, con cierto "irracionalismo poético", muy del gusto de la época; pero, a la vez, nos recuerdan un irracionalismo que ya aparecía en ciertas cancioncillas tradicionales.
Rafael Alberti: Si mi voz muriera en tierra

Si mi voz muriera en tierra

llevadla al nivel del mar

y dejadla en la ribera.


Llevadla al nivel del mar

y nombardla capitana

de un blanco bajel de guerra.
¡Oh mi voz condecorada

con la insignia marinera:

sobre el corazón un ancla

y sobre el ancla una estrella

y sobre la estrella el viento

y sobre el viento la vela!


Luis Cernuda: Donde habite el olvido


Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,

Sometiendo a otra vida su vida,

Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.
Donde penas y dichas no sean más que nombres,

Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;

Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,

Disuelto en niebla, ausencia,

Ausencia leve como carne de niño.
Allá, allá lejos;

Donde habite el olvido.


Donde habite el olvido,

En los vastos jardines sin aurora;

Donde yo sólo sea

Memoria de una piedra sepultada entre ortigas

Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.


Donde mi nombre deje

Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,

Donde el deseo no exista.
En esa gran región donde el amor, ángel terrible,

No esconda como acero

En mi pecho su ala,

Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.



El resultado de todo esto es un poema triste y desgarrado donde prevalece la desesperación por lo que un día sucedió y por el deseo de poder olvidar, el vacío absoluto en que el dolor ya no existe. Este olvido solo se puede encontrar en la muerte.
Podemos comparar esto con el poema de Bécquer donde también se establece un paralelismo ente el olvido y la muerte.
De todo esto que acabamos de decir podemos extraer el tema del poema, que sería el dolor causado por el desamor en el alama del poeta y su deseo por morir.
El protagonista del poema desea desvanecerse y poder escapar de la esclavitud del deseo, escapando a un lugar donde el amor no pueda herirle y donde la obsesión amorosa no pueda alcanzarle, donde quizás sea posible alcanzar la inocencia perdida y solo haya ausencia y olvido. Todos sus sentimientos son tan sumamente intensos, que incuso de nombran por encima de la muerte, es decir, que la muerte no basta para mitigarlos, y por eso es necesario buscarlos más allá lo que nos vendría diciendo la última frase del poema.



Miguel Hernández: Elegía a Ramón Sijé


El tema es el intenso dolor que siente el poeta por la muerte de su amigo, Ramón Sijé.
El desarrollo del tema se podría dividir en tres partes:
-De la estrofa 1-5: El autor expresa la aceptación de la muerte de Ramón Sijé y la angustia por su ausencia.
-Del 6-9: El poeta se rebela ante la muerte repentina de su amigo, siente rabia y rechazo.
-Del 10-14: En esta última parte del poema expresa la esperanza de que su amigo siga viviendo en su recuerdo y en el paisaje que compartieron.

Yo quiero ser llorando el hortelano 
de la tierra que ocupas y estercolas, 
compañero del alma, tan temprano. 

Alimentando lluvias, caracoles 
Y órganos mi dolor sin instrumento, 
a las desalentadas amapolas 
Daré tu corazón por alimento. 
Tanto dolor se agrupa en mi costado, 
que por doler me duele hasta el aliento. 

Un manotazo duro, un golpe helado, 
un hachazo invisible y homicida, 
un empujón brutal te ha derribado

[...]
Gabriel Celaya: La poesía es un arma cargada de futuro

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,

mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,




El tema de esta poesía podría ser la poesía concebida como herramienta de transformación política y social.

En el poema se diferencian tres partes en cuanto a contenido:

La primera, formada por las dos primeras estrofas y la sexta en las que Celaya describe la realidad de la Guerra Civil, con alusiones a la muerte, a la desesperanza, a las crueldades que allí se cometieron y con un reclamo a una ley que les proteja de la injusticia, donde expone que como sociedad están tocando fondo.

La segunda, formada por las estrofas tercera, cuarta y quinta, donde nos explica por qué es necesaria la poesía y para quién.

Por último, la tercera parte, formada por las seis estrofas restantes, es mucho más subjetiva (desde el yo) en la que expresa sus sentimientos e ideas sobre lo que debería ser la poesía y para qué debería servir. 
En esta tercera parte se diferencian varias subpartes (o subtemas). 
En la séptima estrofa y en la décimo primera, se refiere a la poesía como algo que no sirva para embellecer algo vacío de contenido sino que mucho más desnuda de florituras sea una forma de protesta social, una herramienta para formar y transformar, con la que identificarse y “mancharse” ideológicamente.
En las estrofas octava, novena y décima, teje la poesía con su biografía, y nos habla de sus posibilidades como ingeniero del verso (conjugando su carrera universitaria con su dedicación profesional tras abandonar la ingeniería) y nos expone también su concepción de la poesía como arma cargada de futuro para la transformación social pues la guerra, para él, ha demostrado no tener futuro.
Para concluir, la última estrofa nos brinda algunos fines de esta poesía social como una forma de evasión mental (en el cielo son gritos) y de militancia política (en la tierra son actos).

fieramente existiendo, ciegamente afirmado,

como un pulso que golpea las tinieblas,


cuando se miran de frente

los vertiginosos ojos claros de la muerte,

se dicen las verdades:

las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

[...

]
Blas de Otero: En el principio

Si he perdido la vida, el tiempo, todo


lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo


lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro


puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.



 el poeta expresa que puede perderlo todo, pero que nunca le quitaran la palabra.

Podemos dividir el poema en tres partes, siguiendo la misma estructura en la que está formado el poema. Así:

En la primera parte (versos 1-4) el autor nos introduce a lo que será el resto del poema y nos dice que después de haber perdido toda la vida, lo único que le queda es la palabra.

En la segunda parte (versos 5-8) el poeta transmite sus sufrimientos y decepciones como el hambre y la sed, y el haberse dado cuenta de que todo cuanto tenia no le ha servido de nada. Al final del cuarteto vuelve a repetir que lo único que le queda es la palabra.

En la tercera parte (versos 9-12) el poeta consigue ver, con mucho sufrimiento, el verdadero rostro de su patria nos informa que ya no es como era, tal y como él la conocía, sino que es una vision desoladora y por eso querría quitarse los ojos, para no volver a verla más así. Pero después de todo, sigue teniendo la palabra. El poema está formado por tres estrofas de cuatro versos cada una. Cada estrofa consta de tres versos iniciales endecasílabos (11 sílabas) y uno final de 7 sílabas que se repite como estribillo y da título al texto. No obstante, hay una irregularidad en este esquema, ya que la última estrofa incluye un verso de 9 sílabas en segundo lugar. Por lo que se refiere a la rima, cabe decir que tiene una rima libre en los dos versos centrales de cada estrofa, y sólo riman el primer y el último verso de cada estrofa respectivamente.



En particular, este poema pertenece a la primera etapa del autor, donde expresa su decepción y sus dudas existenciales a la vez que hace una terrible crítica del mundo circundante.

El tema del poema podríamos decir que es la descripción de todos los hechos que han tenido que suceder para que el yo poético, identificado con el autor, llegue a existir y a llamarse Ángel González.

En el texto, el poeta reflexiona acerca de todas las personas que han tenido que existir, y morir, antes de que él pudiera nacer, y enumera todo lo que ha tenido que suceder previamente. Por tanto, este texto no sólo pretende expresar una serie de emociones sino que pretende hacernos pensar sobre el sentido de nuestra propia existencia.

En primer lugar, el autor describe desde un punto de vista aparentemente objetivo, el transcurso de acontecimientos que generan la vida human y dice que él es simplemente un producto de la biología, el resultado de una serie de circunstancias casuales que se han dado a lo largo de un tiempo. Este modo de ver la vida sigue estando presente en algunas sociedades que defienden que no somos más que el fruto de una serie de generaciones biológicas y actos animales.

A continuación, el autor explica cómo ha llegado a este mundo sin ninguna motivación y como, a pesar de ello, sobrevive al paso del tiempo y tiene conciencia de existir, aunque sea literarlmente "un fracaso".

Esto puede entenderse hoy en día como: ¿hasta dónde podemos llegar? ¿Somos puros nombres o son nuestros actos los que nos definen?

Y en este sentido, Ángel González defiende que lo que le ha hecho formarse como persona es, precisamente, eso: todos los éxitos y fracasos vividos a lo largo de su vida. Por eso es, dice, “el éxito de todos los fracasos”.
Ángel González: Para que yo me llame Ángel Gonzalez
Para que yo me llame Ángel González,

para que mi ser pese sobre el suelo,

fue necesario un ancho espacio

y un largo tiempo:

hombres de todo el mar y toda tierra,

fértiles vientres de mujer, y cuerpos

y más cuerpos, fundiéndose incesantes

en otro cuerpo nuevo.

Solsticios y equinoccios alumbraron

con su cambiante luz, su vario cielo,

el viaje milenario de mi carne

trepando por los siglos y los huesos.

De su pasaje lento y doloroso

de su huida hasta el fin, sobreviviendo

naufragios, aferrándose

al último suspiro de los muertos,

yo no soy más que el resultado, el fruto,

lo que queda, podrido, entre los restos;

esto que veis aquí,

tan sólo esto:

un escombro tenaz, que se resiste

a su ruina, que lucha contra el viento,

que avanza por caminos que no llevan

a ningún sitio. El éxito

de todos los fracasos. La enloquecida

fuerza del desaliento...



El tema del poema es la importancia del lenguaje, de la palabra. el lenguaje considerado como una cualidad inherente de la naturaleza del hombre y que, por tanto, es imprescindible para las personas.

La primera parte va del verso 1 al 12. En ella el poeta recuerda que cuando era niño se veía en el espejo de un armario y decidió que aquello lo había de recordar. La segunda parte va des del verso 13 al 28 y en ella el autor explica que los años pasaron, él ya er aun joven y que cuando miraba atrás rememoraba esa escena en el espejo de cuando era niño y eso le marcó porque veía en el espejo como su ser le devolvía la palabra, es decir, la conciencia de uno mismo a partir del lenguaje según él.
José María Valverde: En el principio

De pronto arranca la memoria,

sin fondos de origen perdido;

muy niño viéndome una tarde

en el espejo de un armario

con doble luz enajenada

por el iris de sus biseles,

decidí que aquello lo había

de recordar, y lo aferré,

y desde ahí empieza mi mundo,

con un piso destartalado,

las vagas personas mayores

y los miedos en el pasillo.

[...]



capaz de percutir en la noche terrible

como un pecho sin término,

si en el centro no está invulnerable el odio,

tentacular, enorme, no visible,

cuándo podremos poseer la tierra.

[...]
José Ángel Valente: Si no creamos un objeto metálico

Si no creamos un objeto metálico

de dura luz,

de púas aceradas,

de crueles aristas,

donde el que va a vendernos, a entregarnos, de pronto

reconozca o presencie metódica su muerte,

cuándo podremos poseer la tierra.

Si no depositamos a mitad del vacío

un objeto incruento


Más que un poema que haga alusión a la guerra o la posguerra, tenemos que interpretarlo a la luz del título como un texto que nos habla del hecho de escribir poesía. La violencia de las imágenes (objetos cortantes y afilados, metálicos, que se clavan en los que los reciben) remite a la posibilidad de que la escritura despierte conciencias. Sin duda, el sentido es difícil de desentrañar por la ambivalencia de los términos utilizados, pero del texto se desprende con claridad un mensaje: hemos de crear ese objeto para defendernos y poder así "poseer la tierra", es decir, ocupar nuestro lugar en un mundo, ser quienes debemos y podemos, en libertad y con conciencia.



En este poema se hace un relato sentimental de los recuerdos infantiles del autor a propósito de la Guerra Civil Española. Lejos de Barcelona, Jaime Gil de Biedma pasó los años de la guerra con parte de su familia en un pueblo de Segovia, donde tenían su casa solariega.

Allí, a salvo de batallas y penurias, la guerra constituyó para él un motivo para jugar, para no ir a la escuela, para tener días y más días de libertad. Lejos de los bombardeos y las muertes, del hambre y la represión política, lejos de la lucha fratricida y terrible, la guerra fue para él, extrañamente, un periodo feliz y despreocupado, en el que apenas había algún pequeño sobresalto como el del río, del que salieron cadáveres de fusilados cuando llegó la primavera...

En este texto se nos muestra la infancia como un período feliz e inconsciente, en clara contradicción con la edad adulta, en la que el poeta será plenamente consciente de lo que ocurrió y rechazará firmemente tanto las muertes provocadas sin sentido como la ideología triunfante en la postguerra: las canciones del franquismo, la sumisión al poder militar, la represión política, la historia falseada por los vencedores -de ahí la idealización del Imperio Español
Jaime Gil de Biedma: Intento formular mi experiencia de la guerra

Fueron, posiblemente,

los años más felices de mi vida,

y no es extraño, puesto que a fin de cuentas

no tenía los diez años.
Las víctimas más tristes de la guerra

los niños son, se dice.

Pero también es cierto que es una bestia el niño:

si le perdona la brutalidad

de los mayores, él sabe aprovecharla,

y vive más que nadie

en ese mundo demasiado simple,

tan parecido al suyo.

[...]


María Victoria Atencia: Placeta de San Marcos

Amárrate. alma mía; sujétate a este mármol,

Sebastián de su trono, con cuantas cintas pueda

ofrecerte en Venecia la lluvia que te empapa.


Amárrate a este palo, alma Ulises, y escucha

-desde donde la plaza proclama su equilibrio-



el rugido de bronce que la piedra sostiene.


El poema es expresión de los deseos de la autora en relación con un lugar de Venecia, la plaza de San Marcos, en la que hay una serie de figuras artísticas. Es un poema de lenguaje culto, con numerosas referencias a la mitología griega, como el caso de Ulises atándose a la columna. También menciona a San Sebastián y su martirio, y utiliza al león, símbolo de San Marcos, patrono de la ciudad.


El poema está compuesto de dos tercetos con rima libre. Todo él es una optación (expresa deseos).
Poema considerado culto, breve y con muchas referencias a la historia del lugar, la placeta de San Marcos.


En la primera estrofa la autora teme quedar hechizada por la belleza del lugar como muchos otros antes, es por eso que pide a su alma que se ate a una columna de mármol, con "cuantas cintas puede ofrecerle Venecia". aquí quiere decir que no son pocas las cosas de Venecia que nos pueden gustar y obligarnos a quedarnos.

En la segunda y última estrofa nombra a Ulises ya que es la primera comparación que ha utilizado, cuando decía a su alma que se atara a una columna de mármol, lo comparaba con Ulises, que se ató a un palo para no responder a la llamada de las sirenas. Para terminar dice, el rugido de bronce que la piedra sostiene, que con este rugido se refiere a una estatua de un león de bronce que hay en esta plaza, el león es el símbolo de la ciudad.





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