C apítulo 5 – La autorevelación de Dios al hombre



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C apítulo 5 – La autorevelación de Dios al hombre


Doctrina de

Revelación – Inspiración

Introducción
Nuestro objetivo del módulo
Analizar el proceso de revelación e inspiración mediante los cuales tienen su origen las Escrituras así como observar su fuente de autoridad, su propósito y el fin último que éstas tienen para los seres humanos.

7
Nuestra creencia


Las Sagradas Escrituras, que abarcan el Antiguo y Nuevo Testamento, constituyen la Palabra de Dios escrita, transmitida por inspiración divina mediante santos hombres de Dios que hablaron y escribieron siendo impulsados por el Espíritu Santo. Por medio de ésta Palabra, Dios ha comunicado a los seres humanos el conocimiento necesario para alcanzar la salvación. Las Sagradas Escrituras son la infalible revelación de la voluntad divina. Son la norma del carácter, el criterio para evaluar la experiencia, la revelación autorizada de las doctrinas, y un registro fidedigno de los actos de Dios en el curso de la historia.

Breve bosquejo del Módulo
Dividiremos nuestro estudio acerca de la Revelación - Inspiración en los siguientes tópicos:


  • Debate contemporáneo a la Biblia

  • La Biblia como revelación personal

  • Dios en busca del hombre

  • Lo divino velado en lo humano

  • El hombre en confinamiento




  • La verdad como encuentro

  • Propósito de la Palabra

  • La clave de la hermenéutica bíblica

  • La plena suficiencia de las Escrituras

CAPÍTULO 5




La autorevelación de Dios al hombre



E

n su condición perdida el hombre es incapaz de alcanzar un conocimiento personal de Dios partiendo de la revelación general en la naturaleza, la historia y su propia conciencia. Dios toma la iniciativa en la búsqueda del perdido y se da a conocer a sí mismo personal y proposicionalmente. Él ha dejado por escrito sus pensamientos divinos en lenguaje humano de una manera paralela en que lo divino y humano se hicieron presente en Cristo Jesús. Así, la Palabra Escrita, al igual que la Palabra Viviente, es la autorevelación divina e infalible de Dios expresada en forma humana. La Palabra Escrita testifica de Cristo y conduce a la salvación, inspirando e informando y, como tal, encuentra al perdido.
Creencia Fundamental Nº 1

El hombre necesita traspasar los límites de su visión corta del mundo, para ver el contexto cósmico las obras de Dios en el tiempo y en el espacio--para ver lo que él realmente es y comprender lo que él ha hecho, está haciendo y hará. Pero ¿en dónde encontrará el hombre esta visión amplia? ¿La encontrará en la revelación general--en el estudio de la naturaleza, historia y en su propia conciencia?


“Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos” (Sal. 19:1). “Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidos por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusas” (Rom. 1:20). Aún la naturaleza proporciona señales mezcladas--los leones devoran a los venados tan ciertamente como los perros dan su vida por los humanos. Existe la supervivencia del más fuerte como también la protección del débil; los depredadores al igual que los domesticados. Así que, hay tanta evidencia del mal en la naturaleza como la hay acerca del amor de Dios. Aunque va más allá del propósito de este capítulo, podemos al menos decir que la naturaleza, así como la historia y la conciencia humana, proporciona evidencias tanto de la controversia cósmica como del amor de Dios. Las tres áreas de la revelación general, además de indicar lo que está correcto, revelan que algo está mal en el universo. Este hecho necesita ser añadido a la comprensión del conflicto cósmico que se obtuvo en el capítulo uno.

En breve, la revelación general, en el mejor de los casos, sólo revela lo bueno y lo malo, y en el peor de los casos, no se la puede interpretar. Una mirada a la naturaleza, la historia y conciencia humana no explican por qué existe tanto el bien como el mal. La revelación general no es verbal, es muda. La revelación especial, o las Escrituras, muestran a la luz el misterio de por qué ambos existen. Dios y Satanás--un Creador amoroso y su rebelde enemigo son revelados como el origen de lo bueno y lo malo respectivamente.






Sin la Biblia el hombre no comprendería por qué hay tanto dolor en un universo tan hermoso. Dios ha tomado la iniciativa de descubrir el misterio en las Escrituras, de revelarse a sí mismo y de revelar el drama cósmico.


En este capítulo trataremos (1) la función y suficiencia de las Escrituras al revelar a Dios, (2) la hermenéutica para interpretar correctamente lo que leemos, y (3) que presuposiciones deberían ser puestas a un lado en nuestra búsqueda para llegar a la verdad acerca de Dios. Nuestro estudio se enfoca en la Biblia, la autorevelación especial de Dios al hombre en forma impresa.




DEBATE CONTEMPORÁNEO

“El asunto de la revelación es el mismo centro del debate teológico moderno.”1 De hecho, “el problema de la revelación continúa siendo el tema central en el escenario teológico moderno. Y promete permanecer así por mucho tiempo.”2 Un grupo de teólogos protestante se reunió para discutir la teología protestante contemporánea en la década de los cincuenta. Carl F. H. Henry sintetizó el consenso alcanzado así: “Evaluando el destino del cristianismo en nuestro siglo, todos estamos de acuerdo que la autoridad, particularmente la autoridad de las Escrituras, es el punto crítico de la convicción teológica.”3

La obra de Karl Barth, Church Dogmatics (13 volúmenes), gira alrededor de una palabra: revelación. Barth por poco cambia el nombre de su cuarto volumen, en lugar de reconciliación quiso llamarlo “revelación”. Su obra maestra completa tiene que ver con la autorevelación de Dios. Su sistema tiene un enfoque objetivo. Por contraste, el Concilio Vaticano II (1963-65), continuó con la doble fuente romana de revelación, dando igual posición a la tradición humana.4 El catolicismo cree que existe “una conexión y comunicación cercana entre la sagrada tradición y las Sagradas Escrituras. Porque surgiendo ambas de la misma fuente, se unen en cierto modo y tienden a un mismo fin.”5 Ésto tiene un enfoque objetivo-subjetivo. La “verdad como encuentro” de Emil el Brunner y el “I-Thou” (Yo-Tu) de Martín Buber mantienen más bien un enfoque subjetivo o existencial.

En el presente siglo continua el debate centrado en la revelación ¿Se encuentra la revelación fuera de la Biblia, siendo las Escrituras sólo una respuesta humana a esa revelación; o se la encuentra dentro de la Biblia como su misma esencia, lo que la hace diferente a todos los demás libros? Si la revelación es identificada con la Biblia, entonces, ¿son infalibles las Escrituras? ¿La cualidad de infabilidad está en sus mensajes o en sus palabras? ¿Comunica la inspiración los pensamiento o las palabras, o ambos? ¿Es auténtica y se interpreta a

sí misma?
El debate contemporáneo incluye el lugar, si existe alguno, que tiene la revelación general. E. Brunner argumenta en favor del papel de la naturaleza en la autorevelación de Dios (e.g. The Mediator).6 La firme negación de Barth se comprende cuando se consideran los enfoques humanistas que muestran al hombre y a la naturaleza contribuyendo en la revelación de Dios como si lo hicieran a través de algún don innato. Esto pone en tela de juicio la necesidad de una autorevelación de Dios. Brunner creía que la cruz revela la diferencia concluyente entre la verdadera revelación y la revelación general. “No fue sólo en los días de los reformadores cuando se consideró de vital importancia el comprender correctamente la cruz, el acto divino de reconciliación. Aún ahora esta cuestión tiene un significado supremo. Sólo cuando una teología es puesta a prueba mediante este criterio nos podemos dar cuenta si es cristiana o no. . . . Es sólo en la cruz donde podemos ver claramente tanto la ‘ofensa’ como la ‘imprudencia’ de la revelación cristiana. Sólo aquí, al menos, el motivo de orgullo intelectual y moral se hacen finalmente pedazos. Por esta razón, desde tiempo inmemorial, los idealistas especulativos han abrigado una antipatía especial y hasta odian al Apóstol Pablo; es por esto que la teología liberal, tanto del tipo antiguo como el nuevo, han intentado trazar una línea de separación entre la doctrina paulina de la expiación y el cristianismo primitivo. Nuestra actitud hacia la cruz y la expiación revelan con claridad si creemos en una revelación ‘general’ o en una ‘especial’. El mensaje del Mediador de la expiación hace que el hombre que primeramente estaba confiado en sí mismo, ahora esté consciente del elemento humilde en el pensamiento del Mediador, y en consecuencia de la idea de la revelación en un sentido cristiano. Es la cruz, más que cualquier otra cosa, lo que hace una diferencia entre la revelación Escritural y la revelación de todas las otras formas de religión, y del idealismo de cualquier clase.” (The Mediator, 437).
Nuestra tesis, en este libro, sugiere que cada doctrina necesita ser comprendida a la luz de Jesucristo. La verdad tal como es en Jesús significa que la realidad en Jesús--como divino y humano--arroja luz sobre la naturaleza de su Palabra. Nosotros proponemos que tanto la Palabra viviente (Cristo Jesús) como su palabra escrita (Las Escrituras) son una unión de lo divino y lo humano. Específicamente los problemas de la revelación se centran en el error de tratar de dar el mismo lugar a esta realidad divino-humana. Un énfasis excesivo en lo divino nos conducirá a una Biblia verbalmente sin error. Un énfasis excesivo en lo humano nos

conducirá a considerar a la Biblia como una simple respuesta humana a la revelación inerrante de Dios. Sin embargo, la Biblia es una combinación de lo divino con lo humano, donde la libertad soberana de Dios recibe un reconocimiento adecuado, y donde se incluye también la posibilidad de errar del hombre.


Con referencia a este último aspecto, G. W. Bromiley señaló: “Así como el verbo se hizo carne, y fue tanto hombre como Dios, así la Palabra Escrita no es menos palabra humana que divina. Permitir que la palabra humana sea empequeñecida o aún absorbida en lo divino no es honrar verdaderamente a la Biblia, sino perder de vista su verdadero milagro y su mensaje.”7 Vaticano II lo expresó en esta forma: “Porque las palabras de Dios, expresadas con lenguas humanas, se han hecho semejantes al habla humana, como en otro tiempo el Verbo del Padre Eterno, tomando la carne de la debilidad humana, se hizo semejante a los hombres.”8
La Cristología de Nicea (325) y Calcedonia (451) concluyó que Jesucristo era tanto divino como humano, siendo sus dos naturalezas inconfundibles, inmutables, indivisibles e inseparables. Se les ha dado un lugar adecuado a ambas naturalezas sin que la calidad o singularidad de una se pierda en la otra. Él era divino (contenido) dentro de lo humano (forma), (véase el capítulo 6). Lo mismo sucede con la palabra escrita--aunque los pensamientos divinos son comunicados por medio de expresiones humanas, existe una distinción vital en esta unidad, aunque con frecuencia no se distingue. Tal como T. F. Torrance lo expresó: “La forma divina y la forma humana de revelación no debe confundirse ni separarse.”9
Sin embargo, las palabras de las Escrituras son más que humanas. Tal como Alan M. Stibbs afirma: “Parece estar en armonía con la verdad revelada de Dios sugerir que prevalece una similaridad en principio entre la forma del nacimiento de la Palabra encarnada de Dios y el método de la composición de la palabra escrita de Dios. Las Escrituras fueron, por así decirlo, ‘concebidas o inspiradas por el Espíritu Santo, y pensadas y expresadas por profetas humanos.’ Las Escrituras son obviamente el trabajo de escritores humanos; y aún es el producto y el resultado de una actividad especial y sobrenatural del Espíritu.”10


Los Adventistas del Séptimo día creen en la doble naturaleza divino-humana de la revelación. Por ejemplo, Elena de White lo plantea así: “Pero la Biblia, con sus verdades de origen divino expresadas en el idioma de los hombres, es una unión de lo divino y lo humano. Esta unión existía en la naturaleza de Cristo, quien era Hijo de Dios e Hijo del

hombre. Se puede decir de la Biblia, lo que fue dicho de Cristo: “Aquel verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros” (Jn. 1:14)”.11


REVELACIÓN PERSONAL
Veamos a aquellos infelices seres humanos decir: “échenlo fuera,” “denle su merecido.” Pareciera ser que querían despedazarlo. Lo azotaron en sus espalda desnuda. Las puntas de metal se hundieron en su delicada carne. Su espalda sangrante se estremeció profundamente con el aborrecimiento que sólo un conflicto cósmico podía desencadenar, que sólo una maldad extrema podía infringir. Lo arrastraron al palacio de Pilato donde más tarde lo golpearon con otros 39 azotes (cf. Mt. 26:67; Jn. 19:1). No es de extrañar que más tarde, él cayese debajo de la cruz.
Contemplemos la escena: una multitud reunida en las sombras, madres aglomeradas, el temor cautivó muchos corazones al preguntarse por qué este hombre--el mismo que había bendecido a sus hijos--cuelga ahora en la cruz como un criminal en la peor de las muertes. Mirémosle esforzándose por respirar, convulsionando. Los clavos traspasaron sus muñecas y tobillos. La carne se rasga con el peso de su propio cuerpo y su pecho se expande y contrae en un esfuerzo desesperado por introducir aire a sus pulmones colapsados. Cada inhalación para obtener aire empuja su espalda adolorida y sangrante contra la cruz, causándole terrible dolor.
Una agonía se apodera de él, produciéndole un dolor aún más intenso que los azotes en su espalda o los clavos que traspasaron su delicada carne. Murió con el corazón destrozado, sufriendo al ver el rechazo de aquellos a quienes vino a salvar. Vino como su Dios, pero sólo fue visto por ellos como un hombre. No entendemos el misterio de la encarnación. ¿Cómo puede Dios ser también un hombre?
Jesús colgaba en la cruz, irreconocible por la multitud ruidosa, pero no sería por mucho tiempo. Pronto los hombres descubrirían quien murió allí. Ellos exclamarían, “No había alguien lo suficientemente bueno para pagar el precio del pecado. Solo él podía abrir la puerta del cielo y permitirnos entrar.” Porque el Calvario es la misma puerta del cielo. La puerta a la vida eterna se abre a través de la cruz. Es precisamente la cruz la que expone al hombre tal como es. Como el que dio muerte a Dios. ¿Podría existir una visión más profunda de la falibilidad humana? Sin embargo, el Calvario es también la puerta al cielo para darnos una vislumbre de Dios. Aquí vemos cómo es Dios. Él condescendió con el hombre para resolver la situación difícil en que se encontraba. Él llegó a ser uno de

nosotros, y murió por nosotros. No es posible una condescendencia mayor que ésta. De esta manera, la cruz encamina al hombre hacia Dios en términos de redención, porque conduce a Dios hacia el hombre en términos de revelación. En otras palabras, la cruz abarca la doble naturaleza de la Palabra de Dios. Es tanto falible (el hombre Jesús murió) como infalible (él ganó la batalla contra Satanás y redimió a la raza humana perdida). Para que la cruz existiera, tenía que haber un hombre que muriera, porque Dios no puede morir; más aún tenía que haber un Dios que sufriera allí para ganar la victoria cósmica y concluir la misión salvífica.


Esto es de vital importancia a la luz de los puntos de vista contemporáneos sobre la revelación. La Sociedad Teológica Evangélica requiere que sus miembros firmen una declaración, cada año, aceptando que los escritores bíblicos fueron inerrantes. Ellos aparentemente no se dan cuenta que las Escrituras, para ser las Escrituras, aún con los autógrafos originales, debe ser el pensamiento de Dios llegando a nosotros revestido del lenguaje humano así como Cristo vino como Dios en forma humana.
Por el contrario, como miembro de la Sociedad de Literatura Bíblica, encontré que muchos de sus miembros consideran a las Escrituras como simplemente escritos humanos--como cualquier otra obra literaria y, por lo tanto, como sujeta a la crítica literaria. Ellos aparentemente no se dan cuenta de la existencia de un elemento divino en las Escrituras que trasciende el análisis empírico, así como Jesús fue más que humano. Así pues tenemos dos sociedades teológicas importantes; la primera enfocándose en los autógrafos bíblicos como demasiado divinos y la segunda enfatizando que son un producto altamente humano. Ambas necesitan ser corregidas mediante la verdad tal como es en Jesús, la Palabra divino-humana de Dios, quien hizo su máxima revelación de Dios en el Calvario como el único ser divino infalible en una falible forma humana.

DIOS EN BUSCA DEL HOMBRE


Dios tomó la iniciativa de venir en busca del hombre. Inmediatamente después de que el hombre pecó, él vino a buscar a Adán y Eva, quienes se escondieron ante su presencia (Gén. 3:8, 9).

El hombre, quien desde entonces huye, lo acepte o no, necesita saber que Dios lo busca y anhela darse a conocer así mismo. Esta autorevelación de Dios es vista, en la Biblia, como una revelación progresiva de Dios al hombre. Ésta tiene que ver con su persona tanto como con su verdad. De esta manera, su voz, las visiones y sueños del Antiguo Testamento llegaron a ser visibles en Cristo Jesús. “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo” (Heb. 1:1f). Jesús también reveló un significado más profundo de la verdad como nunca antes al mencionar el papel de los pensamientos en la obediencia de los mandamientos (Mt. 5). Él pudo decir, “oísteis que fue dicho... pero yo os digo...” (Mt. 5:21-48), y continuó dando nuevas perspectivas en el Sermón del Monte.


Dentro de este contexto bíblico observemos las palabras hebreas y griegas empleadas para describir la autorevelación de Dios. Galah (hebreo) y apokalupto (griego) significa quitar el velo a lo que estaba oculto y faneroo (griego) significa manifestar. Dios actúa para dar a conocer la verdad y para darse a conocer a sí mismo. Ambas cosas van juntas. La revelación es personal y proposicional. Es la revelación DE Dios mismo y ACERCA de Dios. Ambas son necesarias para la salvación. El hombre necesita conocer a Dios (griego, GINOSKO, conocer por experiencia--en contraste con OIDEO, conocer acerca de algo, Jn. 17:3) y conocer “la verdad que está en Jesús” (Ef. 4:21). Porque, como Erickson señala, el hombre tiene una limitación natural (es un ser finito) y una limitación moral (pecaminosidad humana).12 La autorevelación de Dios viene a nosotros con la habilidad divina de traspasar estas dos limitaciones, porque esta posibilidad no existe en el hombre. Éste es el significado de las palabras hebreas y griegas.
La palabra griega usada para inspiración coincide con lo anterior “toda la Escritura es inspirada por Dios” (2 Tim. 3:16). Theopneustos (inspirado) significa literalmente “exhalada por Dios”. Debe notarse que toda la Escritura (pasa grafe) es exhalada por Dios, no así los escritores bíblicos.

Aquí el canal humano es simplemente eso--como un acueducto para que el agua pase a través de él. El canal humano no afecta el contenido divino de la verdad exhalada por Dios al igual que el canal no afecta el agua que circula a través de él. Por esta razón, la creencia fundamental Adventista del Séptimo día Nº1 dice: “Las Sagradas Escrituras, Antiguo Testamento y Nuevo Testamento, son la palabra escrita de Dios, dada por inspiración divina a través de los santos hombres de Dios quienes hablaron y escribieron siendo

movidos por el Espíritu Santo.” Dios toma la iniciativa y usa a hombres santos.

“Exhalada por Dios,” es un término con implicaciones creativas. Por ejemplo Job proclamó: “el Espíritu de Dios me hizo, y el soplo del Omnipotente me dio vida” (Job 33:4). Pero el suyo no fue un simple testimonio personal. Él da testimonio de la creación: “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente” (Gén. 2:7). “Por la Palabra de Jehová fueron hechos los cielos y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca” (Sal. 33:6).


Éste es el significado de 2 Ped. 1:21: “Porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo”. El término “Inspirados” o “movidos” es una traducción de la palabra griega feromenoi. No sólo las Escrituras son “exhaladas por Dios” sino que los escritores fueron elevados de sus ataduras humanas, levantados a una atmósfera celestial. Desde ese punto ventajoso exclamaron: “¡puedo ver lo divino, pero sólo tengo un lenguaje humano para decirlo!”


¿Cómo buscó Dios al hombre a través de los escritos bíblicos? ¿Dictó él sus mensajes a los profetas bíblicos, como los mahometanos creen que Alá dictó a Mahoma el Korán? ¿Cayeron simplemente del cielo como los Mormones creen que Dios envió las tablas a José Smith?


No creemos que fue así, como tampoco creemos que Jesús descendió a este planeta sin haber nacido. La revelación no es un visitante extraterrestre. ¡No! es una revelación encarnada. Hay muchos evangélicos que

defienden la inerrancia bíblica; esto es como creer que Cristo descendió a la tierra en paracaídas para vivir y morir como Dios. El Concilio Internacional sobre Inerrancia Bíblica reunido en Chicago, del 26 al 28 de Octubre de 1978, afirmó la inerrancia de los autógrafos bíblicos originales. ¿Pero dónde están? simplemente no existen.


De acuerdo al Dr. Robert H. Countess en una ponencia leída en la Sociedad de Literatura Bíblica, la tradición actual de manuscritos bíblicos “consta de más de 13,000 manuscritos que contribuyen a una lectura con más de 200,000 variantes.” 13 Ya que sea que uno tome la posición de Harold Lindsell14 o la de Van Till15 al apoyar la inerrancia bíblica, uno estará luchando del lado equivocado.
La pregunta básica es, ¿qué es lo que haremos cuando la Biblia que tenemos es encontrada falible? Por ejemplo, (1) en Marcos 6:8 Cristo dice a sus discípulos que llevaran solamente “bordón,” pero aconseja no llevarlo en Mateo 10:9f y Luc. 9:3. (2) Durante la entrada triunfal de Cristo en Jerusalén, la multitud gritaba “gloria en las alturas” en Luc. 19:38, “Hosanna en las alturas” en Mt. 21:9; Mr. 11:10, y “Hosanna” en Jn. 12:13. (3) La inscripción en la cruz decía “éste es Jesús, el rey de los Judíos” en Mt. 27:37. “El rey de los Judíos” en Mr. 15:26, “Éste es el rey de los Judíos” en Luc. 23:38 y “Jesús Nazareno rey de los Judíos” (Jn. 19:19). (4) En Hechos 7:6 se dice que los judíos fueron esclavos en Egipto por 400 años, pero en Ex. 12:40 por 430 años. (5) Hay discrepancia numérica, como los 700 carros en 2 Sam. 10:18, y 7,000 carros 1 Cr. 19:18; 1,700 hombres de a caballo y 20,000 hombres de a pie en 2 Sam. 18:4; y 7,000 hombres de a caballo y 20,000 hombres de a pie en 1 Cr. 18:4; 800,000 hombres de Israel y 500,000 hombres de Judá en 2 Sam. 24:9; pero 1,100,000 hombres de Israel y 470,000 hombres de Judá 1 Cr. 21:5. (6) En 2 Sam. 24 dice que, el Señor está enojado con Israel, incitando a David para que los cuente, pero en 1 Cr. 21:5, Satanás está enojado con Israel, e incita a David a contarlos.16

Hay discrepancias que han sido atribuidas a copistas y traductores.17 Más allá de éstas, la visión cósmica es precientífica con una cosmología de tres niveles: el cielo arriba de la tierra y el infierno debajo. Así, uno puede ascender al cielo (Gén. 28:12, Isa. 14:13; Jn. 6:62, 20:17; Rom. 10:6; Efe. 4:8, 10) o desciende de allí (Prov. 30:4; Mt. 3. 16; Jn. 1:32, 51; 1 Tes. 4:16; Apoc. 21:10) y desciende allí el sepulcro (Eze. 26:20; 31:16), o bajar al Seol (Sal. 55:15; Prov. 7:27; Isa. 14:15; Eze. 31:16, 17; 32:27; Mt. 11:23; Luc. 10:15). Por lo tanto, cuando se habla de Seol se refiere “abajo” (Prov. 15:24) y como “lo más profundo” (Deut. 32:22; Sal. 86:13). Es este contexto Zofar le pregunta a Job, “¿Descubrirás tú los secretos de Dios? ¿Llegarás tú a la perfección del Todopoderoso? Es más alta que los cielos: ¿qué harás? Es más profunda que el Seol: ¿cómo la conocerás?” (Job. 11:7f).


Con esto debiera reconocerse el lenguaje anticientífico usado en la Biblia. Se habla del nacimiento del sol (Núm. 21:11; Deut. 4:41; Job. 1:15; Jue. 20:43). Tal como se ha observado en el capítulo uno, la cosmología de Tolomeo postulaba un arreglo geocéntrico en el que el sol y la luna se movían, mientras la tierra estaba quieta sin movimiento. La cosmología de Copérnico descubrió la organización heliocéntrica, en la que científicamente ni el sol ni la luna salen ni se ocultan. La tierra también está en movimiento. Aún hoy día los científicos hablarán del hermoso amanecer y del ocaso en un campamento. El énfasis es que la Biblia no intenta ser científica. Está escrita en el lenguaje común de la gente. Otros medios de comunicación influyentes hacen lo mismo. Así, las proposiciones de Euclides no son inválidas debido a que él también creyó que la tierra era plana, ni tampoco es errónea la ética de Platón debido a su concepción equivocada del sistema solar.18 De igual manera, el mensaje del Nuevo Testamento no es erróneo debido a su cosmología precientífica. El propósito principal de las Escrituras es comunicar la verdad para salvación y no tanto ser científicamente exacta. Fue por esta razón que las Escrituras fueron escritas en griego Koine, el idioma común de la calle. Es por eso que la creencia Fundamental No. 1 de los Adventistas del Séptimo día dice: “En su Palabra, Dios a dado al hombre el conocimiento necesario para la salvación.”


Acerca de las discrepancias en las Escrituras, (1) ¿qué es lo que ellas nos dicen? (2) ¿qué desprestigio causan al propósito de la Biblia? Su existencia nos recuerdan que en la Biblia Dios está hablando a través del lenguaje humano, comunicándose de la mejor manera posible para darnos a entender su mensaje. En tanto que el mensaje de salvación es confiable no importa de

que forma está revestida. La comunicación es el medio para conducir a un fin salvífico. Tal como A. H. Strong sugiere, “la inspiración no garantiza la inerrancia en cosas que no son esenciales para el propósito principal de las Escrituras.”19 El propósito de la Biblia es dar testimonio de Cristo (Jn. 5:39) y guiar a la salvación (2 Tim 3:15). La autorevelación de Dios toma el camino más directo a través del lenguaje humano e ideas culturales para encontrar a los perdidos y salvarlos. En este proceso la esencia divina permanece inalterable en su forma humana.
Es aquí donde necesitamos ver a las Escrituras en su “forma de siervo” tal como lo expresa G. C. Berkouwer.20 Porque la Biblia tiene la forma de siervo así como Cristo tomó la forma de siervo. La búsqueda para volver a la creencia en la inerrancia de los autógrafos originales es semejante a las búsquedas para retornar al Jesús histórico (que será considerado más adelante), excepto que ambas tienen propósitos opuestos. Mientras que el objetivo de la “búsqueda de los autógrafos” es llevar la presente fragilidad humana de vuelta a un supuesto dictado divino inerrante, las búsquedas del “Jesús histórico” intenta ir más allá de la imagen de Cristo enseñada por los discípulos, intenta encontrar al Jesús real de la historia; pues se piensa que los apóstoles presentaron a un Jesús más grande de lo que fue en realidad. Pero ambas búsquedas pasan por alto el hecho de que debemos tomar con el material tal como es encontrado en la Biblia sin dar un innecesario salto de fe Kierkegaardiano hacia la oscuridad.
La revelación se encarnó. No cayó del cielo, sino que llegó a través de la historia humana. La posición de la historia juega un papel importante en el debate contemporáneo sobre revelación. G. Ernest Wright21 cree que la revelación ocurre a través de una serie de hechos históricos. La Biblia no es la palabra de Dios, es más bien un registro de las actos de Dios. Esto es (1) REVELACIÓN EN LA HISTORIA. (2) La Nueva Ortodoxia, (Barth, Brunner) creyó que la revelación no es información, sino que es Dios en sí mismo. La revelación es personal, no proposicional. Esto es REVELACIÓN A TRAVÉS DE LA HISTORIA.

Pannenberg22 opaca las distinciones entre la revelación especial y general. Esto es REVELACIÓN COMO HISTORIA.23


Tanto la Palabra Viviente (Hijo de Dios) como la Palabra Escrita (los pensamientos divinos) han atravesado un inmenso abismo entre el cielo y la tierra, desde la perfección a la imperfección, desde lo infalible a lo falible, desde lo eterno a lo temporal. Esto involucraba una gran condescendencia: Dios se hizo hombre, los pensamientos divinos fueron puestos en expresiones humanas. Esta condescendencia fue posible gracias al movimiento dirigido hacia al hombre emprendido por Dios al cruzar el inmenso abismo, tendiendo un puente hasta nosotros. Esta condescendencia divina es la manera en que Dios vino a buscar al perdido.
Pablo sabía que Dios habló a través de palabras humanas, que en su propia predicación y enseñanza Dios estaba obrando en los eventos humanos. Él dijo: “Por lo cual también nosotros sin cesar damos gracias a Dios, de que cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes” (1 Tes. 2:13).

LO DIVINO VELADO EN LO HUMANO
Así como el Hijo de Dios tomó sobre sí un cuerpo humano, así los pensamientos divinos de Dios vinieron a nosotros en expresiones humanas. No había otra manera para que Dios se comunicara con el hombre. Si Él hubiese venido en la plenitud de su gloria, hubiéramos perecido. Si Él nos hubiera hablado en el lenguaje celestial no lo hubiéramos comprendido. Para que la revelación tomara lugar, era necesario velarla. Así como Jesús se asemejaba a cualquier hombre, así la Biblia se asemeja a otros libros. Ambos están limitados con el falible vehículo humano. Lo divino se encuentra cuando uno penetra más allá de la superficie humana. Pero, para estar plenamente aquí, Dios vino en forma humana para encontrarse con nosotros en nuestro terreno. Para que la revelación tenga lugar, debe venir a nuestra esfera y ser entendida por nosotros.
¿A intentado saltar al cielo desde su jardín? Esto es lo opuesto a creer que unas tablas cayeron del cielo a la tierra. No hay manera de ir a Dios partiendo del lado humano. Es por esto que Dios toma la iniciativa y viene a nosotros. La revelación para ser revelación debe poseer cualidades divinas. Viene como algo fuera de nuestro mundo. No es simplemente el producto de la historia. No surge de la creatividad humana. Es un mensaje que viene de fuera hacia la esfera humana y, por lo tanto, nos informa y motiva. Viene con el propósito de decirnos como podemos ser salvos, porque la salvación no reside en el lado humano, sino que viene del lado divino.



Cristo vino del cielo, nació dentro de la familia humana, y realizó la salvación dentro de la historia. Así, los pensamientos divinos han sido expresados en lenguaje humano.

¿Ha considerado alguna vez que en sus opciones ilimitadas Dios no necesitaba llegar a ser un Judío? Él pudo haber entrado en la historia en cualquier otro tiempo o lugar y haber sido un oriental o un occidental. Hablamos aquí sólo de su forma externa. Ya sea americano, europeo, oriental, blanco, negro o rubio, él habría sido el Hijo de Dios. Del mismo modo sucede con la Biblia. Escrita por cuarenta diferentes autores, en un período de 1500 años, La Biblia continua siendo la Palabra de Dios. Porque la Palabra Escrita, al igual que la Palabra Viviente, no depende de una forma humana para ser Palabra de Dios. Esto lo determina Dios, no el hombre. Es el origen y no el punto de entrada lo que determina que la Palabra de Dios sea su Palabra--sea la Palabra Viviente o la Palabra Escrita.


En consecuencia, los pensamientos transmitidos en la Biblia son más importantes que las palabras que las transmiten. Por lo tanto, aún las lenguas originales, el Hebreo, Arameo y Griego, son secundarias a los pensamientos en la Palabra de Dios. Y esto seguiría siendo cierto aun si tuviéramos los autógrafos originales en estos idiomas. La Palabra de Dios no cayó del cielo como la lluvia, sino que vino como agua destilada, pasando a través de un proceso humano--así como Cristo vino a través de la virgen María.
Algunos cristianos se han preocupado demasiado con el instrumento humano en el nacimiento de Cristo--con María--creyendo que ella llegó a ser milagrosamente inmaculada. Este error Católico debiera invitar a los Evangélicos a hacer una pausa al considerar la Biblia. Porque creer que los autógrafos originales son inerrantes es lo mismo que creer en la inmaculada concepción. El enfoque de ambos está equivocado. La Palabra divina, en Cristo y la Biblia, vino a través de la virgen María o los profetas como algo auténtico a pesar de los canales humanos, porque la Palabra divina, en ambos casos, vino a través de la obra del Espíritu Santo. Los santos hombres de Dios hablaron movidos por el Espíritu Santo (2 Ped. 1:21) y Jesús nació del Espíritu (Mt. 1:18). El Espíritu Santo es capaz de preservar lo divino dentro de lo humano. Hay una distinción dentro de esa unión. Así como las naturalezas divina y humana estuvieron unidas en Cristo Jesús y al mismo tiempo mantenidas separadas, así los pensamientos divinos son preservados por el Espíritu en las expresiones humanas.
El Espíritu Santo es tan necesario para revelar los pensamientos divinos a los lectores al igual que lo fue para darlo a conocer primeramente a los profetas. Algunos eruditos estudian lenguas bíblicas y se absorben demasiado en los pequeños detalles pasando por alto los grandes pensamientos que transcienden estas palabras. Las palabras sirven como señales que apuntan hacia la Palabra. Las expresiones humanas apuntan más allá de sí mismas a los pensamientos divinos. El Espíritu Santo es capaz de ayudarnos a ver más allá de las palabras a los pensamientos divinos. Mucha gente cree que Jesús fue un hombre más que caminó por los caminos polvorientos de Palestina. Cuando Pedro dijo que Jesús

era el Hijo de Dios, no fue su discernimiento, sino la iluminación divina (Mt. 16:17).



¿Cómo pueden los estudiantes de las Escrituras encontrar a Cristo en la Biblia? Es en última instancia su obra la que nos lleva a encontrarle allí. Porque quien busca, encuentra. Al estudiar la Biblia pensamos que le hemos encontrado. Lo que sucede es que el Espíritu Santo, que trajo a Cristo en la encarnación, lo trae de nuevo a cada uno de nosotros cuando estudiamos la Biblia. Al estar Cristo presente mientras estudiamos su Santa Palabra, nuestra mente es abierta y podemos ver más allá de las palabras, podemos verlo a él, la Palabra.
Sabemos que los santos hombres de Dios hablaron siendo movidos por el Espíritu Santo (2 Ped. 1:21). Como se mencionó anteriormente, esto significa que ellos fueron elevados a un nivel más elevado para recibir sueños, visiones--mensajes de Cristo. De igual manera, el lector debe ser elevado al mismo nivel por el Espíritu Santo a fin de captar los pensamientos de Dios en las Escrituras. El Espíritu Santo, nos ayuda en el proceso de interpretación de la Palabra.24
Los pensamientos divinos al igual que Dios, su fuente, son eternos, omnipotentes, omniscientes, omnipresentes y, por lo tanto, inerrantes. Las expresiones humanas de los pensamientos divinos al igual que sus portavoces son temporales, li mitados, parciales, locales y por lo tanto falibles. Aunque limitadas por las restricciones del tiempo y espacio, dentro de las barreras lingüísticas y culturales, las palabras humanas, como vehículos de la verdad divina, trascienden a sí mismas cuando el Creador las toma y alienta en ellas el aliento divino tal como hizo con el hombre cuando lo creó del polvo de la Tierra. Ésta es la razón para afirmar que las palabras humanas son palabra de Dios, exhaladas por Dios (2 Tim. 3:16). Por esta razón los escritores del Nuevo Testamento se refieren a los escritos del Antiguo Testamento como la Palabra de Dios: “Para que se cumpliese LO DICHO POR EL SEÑOR por medio del profeta” (Mt. 1:22) Cristo, refiriéndose a las palabras de Moisés en Gén. 2:24, replicó a los fariseos: “¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo y DIJO: Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán los dos una carne?”25
Las Escrituras dan testimonio de sí misma: “Toda Palabra de Dios es limpia” (Prov. 30:5), “Tu Palabra es verdad” (Jn. 17:17). Es “útil para enseñar, para redarguir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”(2 Tim. 3:16f). “Porque la Palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el Espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Heb. 4:12). Resulta claro que las Escrituras son más que humanas, son los pensamientos de Dios expresadas en palabras humanas.


EL HOMBRE EN CONFINAMIENTO
Cristo está buscándonos porque estamos alejados de él ¿Qué clase de mundo es el nuestro sin él? Algunos filósofos griegos consideraron nuestro mundo como un circulo cerrado, donde la historia da ciclos repitiendo eventos pero nunca desenvolviéndolos a través del tiempo. Es decir, los eventos no se mueven hacia un objetivo. Esta filosofía cósmica entendió que el mundo de los dioses (kosmos noetos) estaba separado de nuestro mundo humano (kosmos aiesthetos) por un abismo insalvable (chorismos). Con esta visión del mundo no era posible la encarnación de Cristo, ni la inspiración de su Palabra en la mente de los profetas.
En diversas formas, la historia está llena de variantes sobre este tema: el alejamiento del hombre de Dios. Cuan miserable es el hombre cuando está fuera de una relación significativa con Cristo. Él se vuelve a sí mismo, pensado tontamente que es el centro del universo; que es “maduro”. Él es el árbitro de su propio destino y cree, al igual que Leibnitz, que éste es “el mejor de todos los mundos existentes”. ¡Que ceguera! Aún la iglesia anda a tientas en estos últimos días. En su ceguera, Laodicea mantiene a Cristo esperando afuera, tocando para poder entrar (Apoc. 3:17-20). Esto no significa que los cristianos no creen que Cristo vino al mundo a través de la encarnación e inspiración, mas bien significa que Cristo no ha entrado en el mundo de ellos. A menos que esto suceda, su venida a este mundo ha sido en vano para ellos. De la misma manera, sus mensajes no son útiles a menos que estas verdades entren en la vida del creyente para llevarles a una relación más estrecha con él. Hasta que eso suceda, se pueden llamar cristianos y estar perdidos.
Los deístas creen que Dios creó nuestro planeta y lo puso en marcha como un reloj de cuerda, para que operase por sí mismo siguiendo sus propias habilidades innatas. Ellos conciben a un Dios distante en alguna parte del universo como si no le importara el hombre. El pensamiento griego, o deísta está presente en la teología contemporánea. Barth, en sus inicios, pensó de Cristo como el “totalmente otro” (Ganz Anderer) totalmente distanciado de nosotros. Aunque la teología posterior de Barth, se desarrolló a partir de la encarnación de Cristo, Barth situó a Cristo demasiado lejos de nosotros. Brunner rechazó su nacimiento virginal. Bultmann no admitió milagros en nuestro mundo. Él creía que el

nuestro es un mundo científico donde los eventos pueden ser demostrados, siendo que resultan de fuentes naturales. Desde esta perspectiva lo sobrenatural está excluido.


Así, la desmitoligización de Bultmann es un proceso para desechar todo lo sobrenatural de la Palabra Escrita. El clamor es “regresemos a los hechos, regresemos a los reportes escritos del pasado.” Se afirma que la iglesia primitiva exagera cuando se refiere a los milagros de Cristo. El clamor de los eruditos es: “Desmantelemos los relatos de la iglesia primitiva hasta llegar a los hechos mismos. Eliminemos lo sobrenatural y lo que quede es la verdadera Palabra de Dios.” Pero lo que queda son las migajas--¡el Pan de Vida se ha ido!
Ellos han rechazado lo divino. De la misma manera que rechazan la divinidad de Cristo y dicen que Él es sólo un hombre como el resto de nosotros, y nada más. Los teólogos modernos, quienes aceptan esta presuposición, no alcanzan a ver el paralelo entre la Palabra Escrita de Dios y Cristo la Palabra Viva de Dios. No puede haber Palabra de Dios sin la unión de lo divino y lo humano. Porque la Palabra Escrita de Dios entró a nuestro mundo, tal como Cristo lo hizo, en un movimiento que echa por tierra todas las ideas acerca de este planeta como un circulo encerrado. Los pensamientos de la Biblia provienen de Dios, por eso se la llama buenas nuevas. Nos habla de cómo se relaciona Dios con nosotros y nos trae a una nueva relación: la unión de lo divino con lo humano.

LA VERDAD COMO ENCUENTRO
La teología contemporánea, particularmente a través de Emil Brunner, habla de “la verdad como un encuentro”. Este es un intento por contrarrestar el énfasis en las palabras, promovido por los creyentes en la inerrancia verbal. Brunner presupone que Cristo personalmente nos encuentra, y que la revelación se da en este encuentro, no en las palabras de la Biblia.
Es como si la Biblia cumpliera el papel de un simple trampolín del que uno salta a la revelación. Según esta perspectiva, las Escrituras actúan como el vehículo que lleva a una persona hacia la experiencia. Así como una carretera a la ciudad de Washington no es Washington en sí misma, así también la Biblia sólo nos conduce a la revelación, pero no es la revelación. Dicho de otra manera, la Palabra Escrita es simplemente una señal que nos dirige al momento donde la revelación toma lugar. Este encuentro entre Cristo y el lector se puede dar en cualquier momento.

Estos teólogos no entienden que los pensamientos divinos se encarnaron en las palabras humanas contenidas en la Biblia tan ciertamente como la naturaleza divina de Cristo se revistió de la naturaleza humana en el Hijo de María en la encarnación.


La inspiración es encarnacional. Encontramos a Cristo, la verdad, en la Biblia. Cristo entró en el mundo bíblico tan ciertamente como entró en nuestro planeta (aunque de manera distinta). Así como la gente fue a Jesús y le encontraron viviendo en Palestina, así nosotros acudimos hoy a la Biblia para encontrarle en ella, no en cualquier lugar.


Traducido en términos prácticos, esto significa que nuestra propia experiencia debe ser revisada a luz de la Palabra de Dios. Cualquiera que sea nuestra experiencia religiosa (éxtasis o don de lenguas) debe ser evaluada por la Palabra Escrita de Dios. Dios no nos da experiencias diferentes a las manifestadas en las Escrituras: “¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido” (Isa. 8:20, cf. 50:10, 11). Por lo tanto, la Biblia es nuestra protección para evitar encuentros que pueden venir de otras fuentes ajenas a Dios, ya sea de ángeles caídos o de hombres. Aquí, otra vez, la visión del conflicto cósmico del capítulo uno es vital; debido a que medium espiritistas nos pueden conducir a encuentros contra los cuales nos advierte la Biblia (Sal. 8:19). Algunos aparecerán en la tierra pretendiendo ser Cristo mismo (Mat. 24:23-26). Para una generación cristiana que cree que “la verdad es un encuentro,” tal experiencia puede ser un engaño magistral.
¿Por qué? Porque si la verdad es un encuentro con la persona antes que con la Palabra de Dios Escrita, entonces, un encuentro personal tendrá mucha más influencia sobre la gente que la advertencia escrita de que no recibiremos a Jesús en la tierra (Mt. 24:26, 27) sino en el aire (1 Tes. 4:16-18).

PROPÓSITO DE LA PALABRA

La Palabra Escrita de Dios (1) expone la voluntad divina al hombre y (2) revela a Dios. La Palabra no es sólo divina y humana, sino que además nos expresa tanto la difícil situación humana como la solución divina. El hombre es presentado en su situación perdida, en una absoluta separación de Dios. Cristo es presentado como la respuesta plena de Dios para satisfacer las necesidades de la humanidad. El hombre es absolutamente dependiente de la salvación de Dios. Así como el hombre no hace nada para nacer en este mundo, así él no hace nada para entrar en el mundo venidero, pues es un don de Dios. El hombre sólo debe aceptar o rechazar el don. El hombre necesita las Escrituras y el Espíritu para ver a Dios.

La verdad se destaca tal como es en la cruz. Él tuvo que morir para revelarse a sí mismo a nosotros y para hacer posible nuestro acceso, en el mundo venidero. Es en la cruz donde lo vemos muriendo como hombre por nosotros. Esa fue la primera y última obra humana que tiene mérito. Su vida y muerte contribuyeron en la solución al problema del pecado. Nuestros esfuerzos humanos no contribuyen en nada a la solución. Nosotros solamente podemos aceptar o rechazar lo que él ha hecho por nosotros. Sólo los méritos de Cristo encarnado tienen valor.

Este hecho manifiesta el verdadero carácter de la Biblia. La inspiración bíblica pertenece a un orden completamente diferente de cualquier otro nivel de inspiración divina.





Dios puede iluminar a todos los cristianos en un nivel, pero en un nivel más elevado inspiró sólo a cuarenta personas para escribir la Biblia. Éstos fueron escogidos para esta obra así como lo fue María. El poder del Espíritu Santo vino sobre ellos para producir el milagro de la Palabra (2 Ped. 1:21). Los escritores de la Biblia no contribuyeron en nada en los pensamientos divinos, así como María no contribuyó en la divinidad eterna de Cristo. Ellos simplemente cubrieron lo divino con lo humano--así como María proporcionó la humanidad a Dios. Tanto la Palabra de Dios Escrita como la Palabra Viviente de Dios vinieron por el Espíritu Santo a través de instrumentos humanos escogidos. Dios tomó la iniciativa en ambos casos a fin de venir a buscar al hombre perdido y proveerle salvación.




LA CLAVE DE LA HERMENÉUTICA BÍBLICA

La Biblia es (1) Cristocéntrica Y (2) salvífica porque exalta al Salvador y proclama salvación. Como dice Alan Stibbs: “Es importante, por lo tanto, que reconozcamos el doble fin de las Escrituras como un todo divinamente inspirado. Esto es, primeramente Cristológico, y en segundo lugar soteriológico.”26 “El testimonio de Jesús es el Espíritu de la profecía” (Apoc. 19:10) y hace al hombre “sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús” (2 Tim. 3:15). “Pero estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre” (Jn. 20:31).


Las Escrituras son una invitación de Cristo para acudir a él y encontrar descanso (Mt. 11:28). Los escritores del Antiguo Testamento profetizaron acerca de sus sufrimientos y de la salvación del hombre por medio de él (1 Ped. 1:10, 11). El Nuevo Testamento proclama el cumplimiento de la profecías. Cristo dijo a los hombres: “Escudriñad las escrituras”, porque “ellas son las que dan testimonio de mí” (Jn. 5:39). Cristo es el centro, el contenido y el contexto de estos escritos. Quitemos a Cristo y su salvación de la Biblia y no queda nada sustancial. Toda la Escritura nos es dada por inspiración divina, y es capaz de hacernos sabios para la salvación a través de la fe en él (2 Tim. 3:15, 16).

Es en este sentido que se dice de la Escritura: “Lampara es a mis pies tu Palabra y lumbrera a mi camino” (Sal. 119:105), porque Cristo es la luz del mundo (Jn. 8:12). Al ir a la Biblia, descubrimos que la misión del Espíritu Santo es conducirnos a Jesús y darle gloria (Jn. 16:13, 14). Siendo que los escritores bíblicos escribieron bajo la inspiración del Espíritu Santo (2 Ped. 1:21), el centro de sus escritos naturalmente fue Jesús. Sin embargo, para quien no es iluminado o guiado por el Espíritu, la Biblia es un libro más, no es inspirada. Para experimentar el propósito de las Escrituras, debemos permitirle al Espíritu Santo que nos conduzca a un encuentro con Jesús y nos guíe a glorificarle. Las cosas espirituales se disciernen espiritualmente (1 Cor. 2:11-14). Necesitamos nacer otra vez--del Espíritu (Jn. 3:3-8). El estudio de las Escrituras dirigido por el Espíritu Santo nos trae al nuevo nacimiento (1 Ped. 1:23). Porque así como el Espíritu Santo trajo a Cristo para nacer en este mundo, así él trae a Jesús nuevamente a nosotros cuando estudiamos la Biblia para nacer en nosotros--para ocupar nuestros pensamientos, nuestras vidas.


El Espíritu Santo nos aleja de nuestras preocupaciones y nos hace mirar a Jesús. El clamor de la Biblia es “mirad a mí y sed salvos” (Isa. 45:22). No miren a otros para enorgullecerse o desanimarse. No nos veamos a nosotros mismos para sentirnos satisfechos o temerosos. Sino miremos sólo a Jesús y seamos salvos. La Biblia nos invita “Gustad y ved que es bueno Jehová” (Sal. 34:8). ¡Cuán cierto es esto! Al contemplarle somos transformados a la semejanza de Cristo, por medio del Espíritu (2 Cor. 3:18). Al llenar nuestras mentes con los pensamientos de Jesús, el Espíritu nos hace personas diferentes.

Los Israelitas en el desierto al ser mordidos por las serpientes perecieron como moscas hasta que se escuchó el grito: “miren y vivan” al tiempo que Moisés señalaba a la serpiente de bronce levantada (ver Núm. 21:8). Esta era una representación de Jesús quien llegó a ser pecado por nosotros en la cruz. Es en el Calvario, el clímax de la revelación, donde encontramos el punto central de la Biblia que la mantiene unida como un todo. Los sacrificios del Antiguo Testamento señalaban este evento. Cristo vino del cielo para pagar el precio supremo. Los evangelios del Nuevo Testamento nos hablan de ese largo, penoso y solitario viaje que conduce de Belén al Calvario. Hechos de los apóstoles y las Epístolas proclaman su muerte en nuestro favor como el mismo



fundamento del evangelio. El Apocalipsis lo describe como el Cordero.
La Biblia proclama: “Cristo cumplió su promesa. Él pagó el precio, él murió a fin de que pudiéramos vivir.” Este “maravilloso intercambio,” como lo llamó Calvino, es nuestra única esperanza. Es por esto que las Escrituras son el gozo y el regocijo de nuestros corazones (Jer. 15:16). “Mirad a mí--y sed salvos” es la mayor invitación jamás dada. Es la súplica de Cristo, a través de toda la Biblia, que nos acerquemos a él.
LA PLENA SUFICIENCIA DE LAS ESCRITURAS
En nuestra condición perdida no se nos ha dejado solos en el planeta tierra. Tenemos un Salvador, el Espíritu que camina a nuestro lado, y la Biblia que es el libro guía que traza nuestro viaje de este mundo hacia el cielo, dándonos consejos prácticos para llevarnos por el camino del éxito. Por ello, la Creencia Fundamental No.1 de los Adventistas del Séptimo día afirma que “Las Sagradas Escrituras son la revelación infalible de la voluntad de Dios. Ellas son la norma de carácter, la prueba de la experiencia, el revelador autorizado de las doctrinas, y el registro fidedigno de los actos de Dios en la historia.” El sendero se inicia en el Calvario. Cada doctrina fundamental revela el significado de la cruz de una manera tal que aunque el viaje comience en la cruz nunca la deja a un lado. El camino de la tierra al cielo se ubica bajo la sombra del Calvario. En efecto, la cruz es la puerta al cielo--el camino de la cruz nos conduce a casa.
La intención final de las Escrituras es conducirnos a la cruz. No existe otro blanco más elevado--El Calvario revela la verdad tanto acerca de Dios en el conflicto cósmico como de la salvación del hombre. En nuestro viaje a través de las doctrinas permaneceremos en la cruz con Cristo porque la teología Adventista del Séptimo día cree que “El sacrificio de Cristo como expiación del pecado es la gran verdad en derredor de la cual se agrupan todas las otras verdades. A fin de ser comprendida y apreciada debidamente, cada verdad de la Palabra de Dios, desde el Génesis hasta el Apocalipsis, debe ser estudiada a la luz que fluye de la cruz del Calvario” (E.G. White, Obreros Evangélicos, 330).


1  J. I. Packer; 1959, Revelation and the Bible, ed. C.F.H. Henry (Gran Rapids: Baker Book House, 1959), 89.

2  H. D. McDonald, 1963; Theories of Revelation, A Historical Study, 1860-1960 (London: George Allen and Unwin Ltd., 1963), 7.

3  Revelation, and the Bible, 7.

4  “Constitución Dogmatica sobre la Divina Revelación”, en Documentos del Concilio Ecuménico Vaticano II (México, D.F: Ediciones Paulinas, 1968), 141-162.

5  Ibid., 149, Note el orden de la tradición antes de la Escrituras, repetida comunmente en este capítulo.

6  Traducido por Olive Wyon. London: Lutterworth Press, 1963, pp. 21-100, a lo que Barth dice “No” (Nein). (E. Brunner and K. Barth. Natural Theology: Comprising “Natural Grace.” Trad. por Peter Fraenkel, London: G. Bless, The Centenary Press, 1946).


7  Revelation and the Bible, Ed. C.F.H. Henry (MI.: Baker Book House, 1969), 211.

8  Los Documentos de Vaticano II, (DV. Art. 13 ), 152, 153.

9  T.F. Torrance, Teology in Reconstruction (London: SMC, 1965), 130

10  Revelation and the Bible, 111.

11  El Conflicto de los Siglos, 8.

12  Christian Thelogy, 176.

13  Marzo 1983, “A Question for the Internacional Council on Biblical Inerrancy: Is ‘Absolute’ a suit able modifier for ‘Inerrancy’? Dada en Atlanta, Ga.

14  The Battle for the Bible, Grand Rapids: Zondervan, 1976.

15  The New Modernism, Philadelphia: Presbyterian and Reformed Pub. Co., 1947.

16  Ver M.J. Erickson, Christian Theology, Vol. 1. (MI: Baker, 1983) 221-240; Everett Harrison, “Criterion of Biblical Inerrancy”, Christianity Today, Jan 20, 1958, p.16f; ver también A.H. Strong, Systematic Theology, 222-242; L. Boettner, Studies in Theology, 27-37.

17  L. Boettner. Studies in Theology, The Presbyterian and Reformed Publishing Co. 1980, p. 28.

18  Ver A. H. Strong, Systematic Theology, 218.

19  Ver A.H. Strong, Systematic Theology, 215.

20  Holy Scripture (Grand Rapids: Eerdmans, 1975), 2.

21  God Who Acts. London: SCM, 1952.

22  Revelation as History. New York: MacMillan, 1968.

23  Ver M.J. Erickson, Christian Theology, Vol. 1 (Grand Rapids: Baker Book House, 1983), 182-187.

24  Para entender la interpretación bíblica Adventista del Séptimo día, ver a Symposium on Biblical Hermenutics, ed. G.M. Hyde.

25  Ver Revelation and the Bible, 115f, 121-134, y 137-151.

26  Revelation and the Bible, 117.


Dr. Víctor Figueroa UNID


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