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Obras Completas de Sandor Ferenczi

VII. TRANSFERENCIA E INTROYECCIÓN

1.-La introyección, en la neurosis


“La aptitud de las neurosis para producir síntomas no queda interrumpida por la cura psicoanalítica; se ejerce mediante la creacion de grupos de ideas de un carácter particular, en su mayoría inconscientes, que pueden designarse con el nombre de transferencias (Uebertragungen)”

“Qu¿ son las transferencias? Son reediciones, reproducciones de tendencias y de fantasías que despierta el desarrollo del análisis devolviéndolas a la conciencia, y que se caracterizan por la sustitución de personas que tuvieron anteriormente importancia, por la del médico.”

Freud ha expuesto en estos términos, en su magistral historia de un caso de histeria. uno de sus más importantes descubrimientos1.

Todo aquel que, desde entonces, siguiendo la vía trazada por Freud, ha intentado penetrar mediante el análisis en el universo psiquico de los neuróticos, ha tenido que admitir el acierto de esta observación. Las principales dificultades del análisis provienen de esta particularidad de los neuróticos, «que transfieren sus sentimientos reforzados por afectos inconscientes sobre la persona del médico, evitando de este modo el conocimiento de su propio inconsciente»2

Al familiarizarnos más con el psiquismo del neurótico, constatamos que esta tendencia a la transferencia de los psiconeuróticos no se manifiesta únicamente en el marco de un psicoanálisis, ni sólo en relación con el médico; por el contrario,la transferencia aparece ocmo un mecanismo psíquico característico de la neurosis en general que se manifiesta en todas las circunstancias de la vida y subyace a la mayoría de las manifestaciones morbosas.

La experiencia que tenemos nos hace ver que el derroche aparentemente gratuito de los afectos en los neuróticos, la exageración de su odio, su amor o su piedad, resultan ser transferencias; sus fantasías inconscientes ligan acontecimientos y personas actuales a hechos psíquicos olvidados hace tiempo, provocando de este modo el desplazamiento de la energía afectiva de los complejos de representaciones inconscientes sobre las ideas actuales, exagerando su intensidad afectiva. El «comportamiento excesivo» de los histéricos es muy conocido y suscita sarcasmos y desprecio; pero a partir de Freud sabemos que tales sarcasmos deberían dirigirse a nosotros los médicos, que no hemos identificado la representación simbólica propia de la histeria, pareciendo analfabetos ante su rico lenguaje, tanto calificándola de simulación como pretendiendo acabar con ella mediante denominaciones fisiológicas grandilocuentes y obscuras.

La exploración psicológica que Freud ha realizado de los sintomas y características de la histeria ha esclarecido notablemente la vida psíquica de los neuróticos. llemos sabido que la tendencia de los neuróticos a la imitación, el contagio psíquico tan frecuente en los histéricos, no son simples «automatismos», sino que se explican por las reivindicaciones y deseos inconscientes. rechazados por la conciencia, e inconfesables. El enfermo se apropia de los síntomas y del carácter de una persona, con la cual se identifica inconscientemente «sobre la base de una explicación causal idéntica» 3.

Esta misma identificación histérica explica la sensibilidad tan notoria de los enfermos neuróticos, su facultad de sentir intensamente lo que sucede a los demás y de ponerse en su lugar. Sus manifestaciones impulsivas de generosidad y de caridad son las reacciones de estos movimientos afectivos inconscientes, es decir, actos egoistas que obedecen, en último término, al principio de evitar el desagrado 4.

Se explica que los neuróticos abunden en los movimientos de tendencia humanitaria o reformista, entre los propagandistas de la abstinencia (vegetarianos, antialcohólicos, abolicionistas), en las organizaciones y sectas religiosas y en los complots de índole política, religiosa o moral, por el desplazamiento en los neuróticos de las tendencias egoístas (agresivas y eróticas) rechazadas, censuradas, del inconsciente, a un plano en el que pueden sobrevivir sin culpabilidad.

Incluso la simple vida burguesa cotidiana ofrece a los neuróticos constantes ocasiones de desplazar sobre un terreno mas lícito las tendencias que su conciencia rechaza. La identificación inconsciente de las funciones de nutrición y de secreción con las funciones genitales (coito, parto) tan frecuente en los neuróticos, es un ejemplo de ello. La relación entre los polos opuestos del cuerpo se establece desde la primera infancia, en la que la ausencia de toda información ofrecida por los adultos sobre los procesos de la reproducción conduce al niño, cuya capacidad de observación y de razonamiento está ya despierta, a elaborar sus propias teorías, identificando ingenuamente la toma de alimentos con la fecundación, y su eliminación con el parto 5.

Esta identificación infantil es la que explica la concentración de tantos síntomas histéricos sobre la boca y el esófago: la inapetencia histérica, el vómito histérico, el horror a ser abrazado, la sensacion de un rudo en la garganta (globus), y numerosas anormalidades neuróticas de la micción y de la defecación. La glotonería de los histéricos.su tendencia a tomar productos indigestos o difíciles de digerir, incluso nocivos (tinta, papel, cabello, alfileres, veneno). la apetencia del “fruto prohibido” (fruta verde, alimentos malsanos), la antipatía por la comida preparada en la propia casa y el gusto de manjares vistos en mesa ajena, el atractivo o la repugnancia excesiva por alimentos de determinada forma, composición. color, o consistencia (idiosincrasia), muestran -mis análisis lo contirman- un desplazamiento de las tendencias eróticas rechazadas (genitales o coprófilas), que traducen una insatisfacción sexual.

Los antojos diversos o extraños de las mujeres embarazadas que también pueden constatarse fuera del embarazo en el momento de la regla son explicables por la represión de una libido exacerbada por el proceso biológico, es decir, por un estado histérico transitorio. O. Gross y Steckel atribuyen el mismo origen a la cleptomanía histérica.

Soy plenamente consciente de haber utilizado indistintamente, en los ejemplos precedentes, las expresiones desplazamiento y transferencia. Pero la transferencia es sólo un caso particular de la tendencia general al desplazamiento de los neuróticos. Para escapar a determinados complejos penosos, y, por tanto, rechaza-dos, son inducidos, mediante explicaciones causales y analógicas muy superficiales a expresar sentimientos exagerados (amor, repulsa, atractivo, odio) a las personas y a las cosas del mundo exterior.

Las condiciones de la cura psicoanalítica son muy propicias a la aparición de tal transferencia. Los afectos hasta entonces rechazados despiertan progresivamente en la conciencia, se encuentran «en estado naciente» con la persona del médico e intentan remitirle sus valencias químicas no saturadas. Siguiendo con la analogía química, podemos comparar el psicoanálisis, en la medida en que la transferencia desempeña aquí un papel, a una especie de catálisis. La persona del médico actúa aquí como un catalizador que atrae provisionalmente los afectos liberados por la descomposición; pero es preciso saber que en un análisis correctamente desarrollado tal combinación permanece inestable, y un análisis bien orientado debe llevar rápidamente el interés del enfermo a las fuentes primitivas ocultas, creando una combinación estable con los complejos hasta entonces inconscientes.

La transferencia puede desencadenarse en los neuróticos por motivos minimos e insignifcantes; veamos algunos ejemplos característicos.

Una enferma histérica, que rechazaba y negaba fuertemente su sexualidad, reveló por primera vez su transferencia sobre el médico en un sueño: yo efectuaba, en calidad de médico. una operación sobre la nariz de la paciente que llevaba un gorro “a la Cleo de Mérode”. Quien haya analizado ya algunos sueñtos admitirá sin más pruebas que yo ocupaba en aquél, como probablemente también en las fantasías diurnas inconscientes de la enferma, el lugar de un otorrino que le había hecho cierto día proposiciones sexuales; el gorro de la célebre “vedette” es una alusión bastante clara.

Cuando el médico aparece en los sueños, el analista descubre signos ciertos de transferencia: Steckle proporciona algunos ejemplos en su obra sobre la histeria de angustia. Pero este caso tiene otros aspectos típicos. A menudo los enfermos aprovechan las circunstancias para recuperar sensaciones sexuales experimentadas durante los exámenes médicos anteriores, y después rechazadas: fantasías inconscientes de desvestimiento, de auscultación, palpación y operación. en las que se sustituye al médico anterior. siempre inconscientemente, por la persona del terapeuta actual. Para suscitar esta transferencia es suficiente con que el analista sea medico. El papel místico que desempeña en las fantasías sexuales infantiles el médico que conoce las cosas prohibidas, y ve y toca lo que está oculto, es de por sí un determinante natural de las fantasías histéricas y de la transferencia. El análisis muestra que la asociación del médico a la sexualidad se da desde la más tierna infancia, generalmente cuando los niños, jugando a médicos, satisfacen su curiosidad sexual.

Teniendo en cuenta la importancia crucial del “complejo de Edipo” rechazado (amor y odio hacia los padres) en todas las neurosis. no nos extrañaremos apenas de que el comportamiento benévolo, comprensivo, y por así decirlo «paternal» del psicoanalisia pueda engendrar simpatías conscientes y fantasías eróticas inconscientes cuyos primeros objetos son los padres. El médico sólo es uno de esos «aparecidos» (Freud) que suscitan para el paciente las figuras desaparecidas de su infancia.

Por el contrario. una sola palabra menos amistosa, una advertencia sobre la puntualidad o sobre cualquier otro deber del paciente. bastan para desencadenar toda la rabia, el odio la oposición y la cólera rechazadas, concebidas anteriormente hacia personajes todopoderosos que le imponían respeto y le predicaban la moral, es decir, los padres., los adultos de la familia y los educadores.

Reconocer la transferencia de las emociones positivas o negativas es capital en el análisis. Al comienzo de la cura, los neuróticos confiesan generalmente de buena fe su incapacidad de amar y de odiar. Muchos de ellos niegan los conocimientos más elementales en el ámbito de la sexualidad. Una enferma de veinte años y otra de treinta y uno, de inteligencia normal, pretendían conservar su creencia en la cigueña para explicar el nacimiento de los niños, hasta que el analisis por medio de la transferencia sobre el médico despertó sus recuerdos infantiles; naturalmente negaban toda emoción que tuviera relación con la sexualidad. Otros enfermos se caracterizan por una compasion excesiva, un refinamiento estético exagerado y el horror a la brutalidad, rasgos cuyo reverso queda disimulado en su inconsciente. ¿Que cosa mas propia para quebrantar su fe errónea y nociva en su propia sensibilidad y en su angélica bondad que el descubrimiento de los valores contrarios realizado a lo vivo. por medio de la transferencia? A partir de los complejos desvelados de esta forma, el trabajo analítico podrá proseguirse hacia las capas psíquicas más profundas.

Parecidos físicos insignificantes como el color de los cabellos, los gestos, la forma dc escribir, el nombre idéntico o vagamente analogo que evoca a una persona en otro tiempo importante para el paciente, bastan para engendrar la transferencia.

El aparente «ridículo» de una transferencia basada en parecidos tan pequeños me recuerda que Freud ha señalado como el factor desencadenante del placer en determinado grupo de chistes «la representación por el detalle» (“Darstellung durch ein Kleinstes”. es decir por el elemento apropiado para soportar la transferencia de los afectos inconscientes6 También el sueño evoca los objetos, las personas y los acontecimientos por detalles minúsculos semejantes; parece, pues, que el procedimiento poético de “la parte por el todo” tambien tiene vigencia en el lenguaje del inconsicnte.

El sexo del médico proporciona a la transferencia una vía muy explotada. A menudo las pacientes se apoyan en que el médico es hombre para proyectar sobre él sus fantasías heterosexuales; ello basta para permitir que despierten los complejos rechazados, relacioriados con la noción de virilidad. Pero el impulso parcial homosexual que se oculta en todo ser humano7, hace que los hombres también se esfuercen en transferir sobre el médico su interés, su amistad y eventualmente a la inversa. Por lo demás, basta con que las pacientes perciban en el médico «un cierto aire femenino» para que dirijan sobre su persona su interés homosexual, y los hombres su interés heterosexual, o su aversión por estas tendencias.

He comprobado ha menudo que el aflojamiento de la censura en la consulta de un médico suele ir acompañado por una atenuación del sentimiento de responsabilidad del sujeto.. La certeza de que el médico es responsable de todo lo que ocurre en su caso favorece la aparición de ensoñaciones diurnas. primero inconscientes y luego conscientes. que tienen a menudo como tema la agresión sexual del médico sobre la persona del enfermo, entrañando todo ello un castigo ejemplar: es demandado a juicio, aparecen en la prensa artículos difamatorios, el marido o el padre le matan en un duelo, etc. Tales son las ficciones moralistas a las que recurren los deseos rechazados para manifestarse. Una enferma revelaba que su sentimiento de responsabilidad estaba atenuado por la idea de que “un médico puede hacerlo todo”; entendía por ello la respnsabilidad de escapar a las consecuencias eventuales de una relación sexual. es decir, un aborto criminal.

En un análisis. los enfermos son invitados a comunicar al medico estos proyectos y pensamientos condenados por la moral, lo mismo que cualquier otro pensamiento. Por el contrario, en el tratamiento no analítico de la neurosis el médico ignora la transferencia que tiene lugar. de este modo no es extraño que las fantasias reprimidas se amplíen hasta convertirse en verdaderas alucinaciones y que el tratamiento de la histeria termine a veces con un escandalo público o ante los tribunales.

El hecho de que el médico trate simultáneamente a varios enfermos permite a éstos «vivir» sin culpabilidad los sentimientos de envidia. odio y violencia sepultados en su inconsciente. Naturalmente, a medida que progresa el análisis, el paciente disocia sus emociones desproporcionadas de los móviles actuales, para referirlos a personajes mucho más significativos. Más de un sujeto, satislecho al sentirse generoso y desinteresado, ha reconocido durante el análisis que la avaricia, el duro egoísmo y el deseo de lucro ilícito no estaban tan lejos de él como pensaba. «Los hombres se equivocan y desorientan a los demás tanto en los asuntos monetarios como en los sexuales», dice Freud. El análisis obliga a hablar abiertamente de unos y de otros.

Una visión de conjunto sobre los diferentes modos de “transferencia sobre el médico” refuerz,'i mi convicción de que sólo se trata de una manifestación, muy importante por cierto, de la tendencia general de los neuróticos a la transferencia. El impulso, la tendencia, la aspiración de los neuróticos en este sentido, que el alemán designa con fortuna mediante Sucht o Síichtigkeit, es una de sus características fundamentales que explica la mayoria de los síntomas de conversión y de sustitución. Toda neurosis es una huida ante los complejos inconscientes; todos los neuróticos huyen de la enfermedad para escapar a un placer que se ha convertido en desagradable, dicho de otro modo: apartan su libido de un complejo de representaciones incompatible con la conciencia del yo civilizado. Si la retirada de la libido no es total, desaparece el interés consciente por el objeto de amor o de odio y lo que hasta entonces era interesante se hace «indiferente» en apariencia. En el caso de una retirada libidinosa más profunda la censura psíquica no autoriza ni siquiera el interés mínimo necesario para la representación y para la fijación de la atención introvertida, de manera que el complejo se hace inaccesible a la conciencia, lo que señala el fin del proceso de rechazo.

Sin embargo el psiquismo soporta mal estos afectos «que flotan libremente», despojados del complejo. Freud, ha demostrado que en la neurosis de angustia es la retirada de la excitación sexual fisica de la esfera psíquica, la que transforma la excitación en angustia. En las psiconeurosis, presumimos un proceso analogo; aquí es la retirada de la libido psíquica de determinados complejos de representación la que provoca una ansiedad permanente que el enfermo se esfuerza en apaciguar.

Puede convertir en síntoma orgánico una parte de la «cantidad de excitación» (histeria) o bien desplazarla sobre una idea de carácter compulsivo (neurosis obsesiva), es decir, neutralizar as parcialmente la excitación. Sin embargo parece que esta neutralización nunca es perfecta y que subsiste siempre una cantidad variable de excitación que flota libremente. centrífuga, diríamos (“complexífuga”), que intenta entonces neutralizarse con los objetos del mundo exterior. A esta cantidad de excitación «residual» es a la que se imputará la disposición de los neuróticos a la transferencia; y en las neurosis sin síntoma permanente de conversion, es esta libido, insatisfecha en busca de objeto. la que explica el conjunto del cuadro patológico.

Para comprender mejor el carácter fundamental del psiquismo de los neuróticos comparemos su comportamiento al de los dementes precoces y al de los paranoicos. El demente aparta totalmente su interés del mundo exterior, se hace infantil y autoerótico (Jung8, Abraham9). El paranoico intenta hacer lo mismo sin conseguirlo por completo. Es incapaz de apartar su interés del mundo extenor, se contenta con rechazar tal interés fuera de su «yo», con proyectar al mundo exterior tales deseos y tendencias (Freud) y cree reconocer en los demás todo el amor y todo el odio que niega en sí mismo. En lugar de admitir que ama u odia, tiene el sentimiento de que todo el mundo se ocupa exclusivamente de él, para perseguirle o amarle.

En la neurosis observamos un proceso diametralmente opuesto Pues mientras el paranoico proyecta al exterior las emociones penosas, el neurótico intenta incluír en su esfera de intereses 1a mayor parte posible del mundo exterior, para hacerla objeto de fantasías conscientes o inconscientes. Este proceso que se traduce en el exterior por la «Süchtiqkeit»10 de los neuróticos, es considerado como un proceso de dilución, por el que el neurótico intenta atenuar el carácter penoso de esas aspiraciones “libremente flotantes”, insatisfechas e imposibles de satisfacer. Propongo denominar este proceso contrario a la proyección como irtroyección.

El neurótico siempre está buscando objetos de identificación, de transferencia, ello significa que atrae todo lo que puede a su esfera de intereses, los “introyecta”. El paranoico se dedica a una busqueda de objetos análoga, pero es para “encajar”, como se dice vulgarmente, la ibido que le tortura. Aquí está el origen de los diferentes caracteres del neurótico y del paranoico. El neurotico se interesa por todo. reparte su amor y su odio sobre el mundo entero, el paranoico se aísla, desconfía, se siente observddo, perseguido, odiado, amado por el mundo entero. El “yo” del neurótico está patológicamente dilatado, mientras que el paranoico sufre, por decirlo así, de una contracción del “yo”.

La historia del desarrollo individual del yo -u ontogénesis-, vista a través de la experiencia psicoanalítica, nos convencerá de que la proyección paranoica y la introyección neurótica no son más que exageraciones de los procesos mentales cuyos elementos se hallan en todo hombre «normal».

Puede pensarse que el recién nacido experimenta todo de forma monista, diríamos, ya se trate de un estímulo exterior o de un proceso psíquico. Sólo más tarde aprenderá a conocer la “malicia de las cosas”, unas que son inaccesibles a la introspección, rebeldes a la voluntad, mientras que otras quedan a su disposición y sometidas a sus deseos. El monismo se convierte en dualismo cuando el niño excluye los «objetos» de la masa de sus percepciones, hasta entonces unitaria, como formando el mundo exíedor y a los cuales, por vez primera, opone al «yo» que le pertenece más directamente; cuando por primera vez distingue lo percibido objetivo (Empfindung) de lo vivido subjetivo (Gefühl) efectúa en realidad su primera operación proyectiva, la «proyección primitiva». Y si más adelante desea desembarazarse de los afectos desagradables al modo paranoico, no tiene necesidad de un sistema absolutamente nuevo: de la misma forma que ha objetivado anteriormente una parte de su sensorialidad, expulsará una parte aún mayor del yo al mundo exterior, transformando todavía más afectos subjetivos en sensaciones objetivas.

Sin embargo, una parte más o menos grande de] mundo exterior no se deja expulsar tan fácilmente del yo. sino que persiste en imponerse, desafiante: ámame u ódiame. «¡combáteme o sé mi amigo!»11. Y el yo cede a este desafío, reabsorbe una parte de mundo exterior y amplía su interes: asi se constituye la primera introyección, «la introyección primitiva». El primer amor, el primer odio, acaecen gracias a la transferencia: una parte de las sensaciones de placer o de disgusto, autoeróticas en su origen, se desplazan sobre los objetos que las han suscitado. Al principio, el niño sólo ama la sacíedad, pues ella apacigua el hambre que le tortura; después llega a amar a la madre, objeto que le procura la saciedad. El pflmer amor objetal, el primier odio objetal son pues la raíz y el modelo de toda transferencia ulterior que no es una caracteristica de la neurosis, sino la exageración de un proceso mental normal.

Los descubrimientos de Freud en el campo de la psicopatología de la vida cotidiana. hasta ahora práctrcamente inexplorado, han demostrado que nuestros actos frustrados: olvidos llamados «distracciones». torpezas, lapsus Iinguae y lapsus calami, sólo se explican por la hipótesis del mantenimiento en actividad en el adulto en estado de vigilia de los procesos de desplazamiento de afectos12. Ya he dado cuenta anteriormente13 del considerable papel, dominante incluso, que desempeñan estos procesos en el sueño; pero Freud ha demostrado también cómo la visión política y religiosa que los hombres tienen del universo, las supersticiones tan extendidas, y hasta la metafísica de los filósofos, son metapsicología pura: una proyección de sensaciones y de sentimientos en el mundo exterior. La mitología, donde el antropomorfismo juega un papel tan grande, aparece en el análisis como una combinación de los procesos de introyección y de proyección. La obra espiritual de Kleinpaul sobre el origen y la evolución del lenguaje14 citada por Abraham15, muestra ampliamente la perfección con que el hombre representa el conjunto del mundo, sonoro e insonoro. por los procesos del «yo», explotando toda la gama de proyecciones e introyecciones. La manera con que el lenguaje humano identifica una serie de sonidos y de ruidos orgánicos con tal o cual objeto, bajo pretexto de la analogía acústica mas superficial, y de «la explicación causal» más mínima, recuerda vivamente el mecanismo precario de la transferencia neurótica.

La historia de la vida psíquica individual, la formación del lenguaje, los actos frustrados de la vida cotidiana, y la mitologia, examinados desde determinado ángulo, pueden reforzar nuestra convicción de que el neurótico recorre la misma trayectoria que el sujeto normal cuando intenta atenuar sus afectos flotantes mediante la ampliación de su esfera de intereses, por la introyección. o sea, cuando desparrama sus emociones sobre objetos que apenas le conciernen, para dejar en el inconsciente sus emociones ligadas a detemínados objetos que le conciernen demasiado.

A menudo él análisis consigue incluso rehacer la cronología de esta ampliación de los intereses negativos o positivos. Una de mis pacientes, leyendo una novela recordó hechos sexuales infantiles; apareció una fobia a las novelas que pronto se extendió a todos los libros, y más adelante a cualquier papel impreso. La lucha contra su tendencia a la masturbación provocó en otro de mis enfermos una fobia a los retretes, lugares en los que acostumbraba a ceder a su pasión; más adelante esta fobia se amplió a claustrofobia: temor a los lugares cerrados en general. He logrado demostrar que muchos casos de impotencia de origen psíquico están condicionados por un respeto temeroso hacia las mujeres, correspondiente a la resistencia hallada anteriormente en la elección del objeto incestuoso (madre o hermana), y después a la extensión de este modo de defensa frente a todas las mujeres. El placer apasionado que hallaba cierto pintor en la contemplación de las cosas y en consecuencia su elección de carrera, lo desagraviaban de todas las prohibiciones visuales de su infancia.

Los experimentos de asociación de Jung16 me han aportado la prueba de la tendencia a la introyección. Según Jung, la principal característica del modo de reacción de los neuróticos es el elevado número de las «reacciones de complejos»; el neurótico «interpreta la palabra en el sentido de sus propios complejos». El sujeto normal responde por lo general rápidamente a la palabra inductora con una palabra inducida indiferente, asociada por razones de sentido o de sonoridad. En el neurótico los afectos flotantes se apoderan de la palabra inductora para transferirle una parte de su energía, contentandose con la asociación más indirecta. Yo completaría las conclusiones de Jung aladiendo que no es la palabra inductora la que «desencadenó» la reaccion perturboda por los complejos en los neuróticos, sino que son los afectos ávidos de descarga los que von al encuentro de lo palabra inductora. Recurriendo a la expresión que recientemente hemos creado, diremos que el neurótico introyecta hasta las palohras inductoras experimentales.

Podría objetárseme que la ampliación de la esfera de intereses, la identificación del «yo» con numerosas personas o incluso con toda la humanidad. la receptividad frente a los estímulos exteriores, son cualidades compartidas por los individuos normales, incluso por los privilegiados, y que la introyección no puede ser considerada como un proceso psíquico característico de los neuroticos.

Responderemos que, según la doctrina psicoanalítica, no hay diferencia fundamental entre «normalidad» y neurosis. Sabemos por Freud que «las neurosis no poseen un contenido psíquico característico específico y exclusivo». Y según la fórmula de Jung, la enfermedad de los neuróticos está provocada por los mismos complejos que todos afrontamos. Añadamos que la diferencia se sitúa esencialmente sobre el plano cuantitativo, práctico. El hombre sano no se identifica ni transfiere más que sobre la -base de «explicaciones causales» mucho menos fundadas; no derrocha sus energías afectivas tan alocadamente como el neurótico.

Existe aún otra diferencia. Las introyecciones son en general conscientes en el sujeto normal, mientras que el neurótico generalmente las rechaza; las libera luego en fantasías inconscientes, y solo las revela al iniciado, indirectamente, en forma simbólica. Muy a menudo estas transferencias se expresan como «formaciones reaccionarias»: la transferencia nacida en el inconsciente llega a la conciencia con tina carga emocional mayor, bajo un signo inverso.

La ausencia total en la literatura anterior a Freud de las nociones de transferencia sobre el médico y de las nociones de introyección y de proyección, no basta para probar la inexistancia de tales fenómenos; como dice el proverbio francés, el desconocimiento “n’empêche pas d’exister”17 También me refiero a las críticas que rechazan de golpe el psicoanálisis como un método incapaz de verificación, pero que aceptan cori prontitud y utilizan contra nosotros las diticultades que confesamos. Una de las objeciones declara que el psicoanálisis es peligroso porque crea una transferencia sobre el médico. Y no es casual que nuestros críticos insistan siempre sobre la transferencia erótica olvidando sistemáticamente la transferencia de los sentimientos de temor, odio, colera y otros afectos negativos que, sin embargo, juega un importantísimo papel en el análisis.

Si la transferencia es dañina, todos los especialistas en enfermedades nerviosas, comprendidos los detractores de Freud, deberán renunciar a tratar a los neuróticos, pues cada vez estoy más convencido de que la transferencia desempeña un papel capital, probablemente exclusivo, inctuso en el tratamiento no analítico y hasta no psicoterapéutico de las neurosis. Pero en estos métodos terapéuticos -Freud una vez más ha sido el primero en señalarlo- son los afectos positivos hacia el médico los únicos que tienen derecho a expresarse, pues los enfermos, a partir de la aparición de afectos hostiles, rechazan el tratamiento del médico «antipático»; en cuanto a los afectos positivos (eróticos) son ignorados por el médico, o mal conocidos (a menudo los atribuye a su irresistible encanto personal); atribuye el resultado obtenido a los procedimientos físicos utilizados o bien se contenta con el término de «sugestión» por toda explicación (término carente de sentido si el análisis no ha seguido adelante).

Precisamente es en la sugestión y en la hipnosis donde la transferencia desempeña el papel más importante18; trataré más ampliamente este tema en otro estudio. Desde que conozco este mecanismo, he comprendido a la enferma histérica que, al terminar la cura de sugestión, me pide mi fotografía, porque al verla recuerda mis palabras prolongando así el efecto terapéutico; pero sospecho que lo único que quiere es un recuerdo de quien ha procurado algunos momentos agradables a su espíritu atormentado por los conflictos, por medio de palabras dulces y amistosas, de leves contactos «rituales» de la frente y de la posibilidad de fantasear en absoluta calma en la penumbra de una habitación. Otra enferma, que padecía una obsesión de limpieza, ha confesado sin ambages que, por complacer a su médico que le parecía simpático pudo vencer más de una vez su impulsos.

Estos dos casos no son excepciones. sino la regla; explican las «curaciones» milagrosas debidas no sólo a la sugestión o a la hipnosis sino también a la electro-, la mecano-, o la hidroterapia, y a los masajes.

Ciertamente las condiciones de vida racionales pueden favorecer una buena alimentación y, en cierta medida, mejorar el humor, suprimiendo de este modo la sintomatología neurótica; pero el factor terapéutico principal de tales tratamientos sigue siendo la transferencia consciente o inconsciente, y la satisfacción camufiada «de los instintos parciales« libidinosos que también intervienen (como las sacudidas en mecanoterapia y la fricción de la piel en la hidroterapia o los masajes).

Freud reúne estas precisiones en una fórmula más general: sea cual fliere el tratamiento que qpliquemos al neurótico, sólo se curará mediante las transferencias. Lo que llamamos introyección, conversiones, sustituciones y demás síntomas patológicos sólo son, al parecer de Freud, con el que coincido, tentativas que el enfermo hace para tratar de curarse por st mtsmo. El paciente desliga el afecto de una parte de sus complejos de representaciones que, debido a ello. se hacen inconscientes. El afecto flotante, que amenaza la paz del alma, será neutralizado. o sea, atenuado y curado por el paciente. gracias por una parte a procesos orgánicos, motores o sensitivo-sensonales. y por otra parte por medio de ideas «sobrevaloradas» u obsesivas, en último término mediante introyecciones. Y el enfermo recurre a los mismos medios frente al médico que le trata. Intenta inconscientemente transferir sus afectos sobre la persona del médico que le atiende, y, si lo consigue, obtendrá una mejora y una atenuación al menos temporal de su estado.

Se me podría objetar que son los hipnotizadores y los fisioterapeutas quienes tienen razón. porque no curan mediante el análisis sino mediante la transferencia, imitando sin darse cuenta el mismo camino que siguen las tentativas autoterapéuticas del psiquismo enfermo. Según esta concepción, los procedimientos transferenciales podrían reivindicar el nombre de “terapéuticas naturales”, mientras que el psicoanálisis sería una especie de método artiticial impuesto a la naturaleza. Tal argumento no carece de valor. Pero no olvidemos que el neurótico que explica sus conflictos mediante la producción de síntomas recurre a una terapéutica bien definida por la expresión «medicina pejor morbo». El rechazo y el desplazamiento mediante tales “formaciones substitutivas gravosas” sólo es una tentativa autoterapéutica frustrada y constiruirá un grave error querer imitar a la naturaleza por encima de todo, incluso allí donde fracasa por no adaptarse al objetivo.

El análisis individualiza lo que la naturaleza no cura. El psicoanálisis pretende devolver su aptitud para vivir y actuar incluso a los individuos que sucumbirían con el proceso sumario de rechazo de la naturaleza, despreocupada de la suerte de los más débiles; pero la discusión de esto incumbe a los sociólogos, no a los médicos. Hablando en términos médicos, el problema consiste en saber si el mejor método es el que aumenta o sólo neutraliza parcialmente la energía afectiva de los complejos rechazados, logrando de este modo una mejora pasajera, o bien el que lleva al enfermo a superar sus resistencias gracias al análisis y a mirar de frente su propia personalidad psíquica, lo que le confiere una independencia absoluta respecto a su médico.

La mayoría de los psiquiatras actuales y muchos sabios, respetables por lo demás, aún se oponen radicalmente al análisis, y en lugar de seguir el hilo de Ariadna de las enseñanzas de Freud, se encierran en el dédalo de la patología y de la terapéutica nerviosa. Sin embargo, al rechazar el valor de estas teorías y en particular el mecanismo de transferencia, quedan imposibilitados para explicar los resultados que obtienen mediante tratamientos no analíticos.

Es la única forma de explicarse que algunos de ellos hayan recurrido a la transferencia como he dicho antes- incluso para disponer de armas contra el psicoanálisis; y así resulta que la transferencia es el pilar de sus propios métodos terapéuticos. Mientras los demás métodos consisten en cultivar y en reforzar la transferencia, el análisis desenmascara todo lo posible estas relaciones ficticias, haciéndolas retornar a su verdadera fuente, lo que entraña su disolución.

A quienes nos achacan querer explicarlo todo «desde un único punto de vista», les responderemos que ellos mismos están inconscientemente inmovilizados en una concepción del mundo ascética y neurótica a la vez la cual desde hace casi dos mil años impide reconocer la importancia primordial del instinto de reproducción y de la libido en la vida psíquica, tanto normal como patológica.



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