Avances sobre la fisiopatogenia de la artritis reumatoide, ¿Tiempo para una nueva teoría



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Avances sobre la fisiopatogenia de la artritis reumatoide, ¿Tiempo para una nueva teoría?

Autores: María Guadalupe Zavala-Cerna (1), Mario Salazar-Páramo (2), Arnulfo Nava (3)



(1) Unidad de Investigación Médica en Epidemiología Clínica, UMAE, Hospital de Especialidades, CMNO, IMSS, Guadalajara, Jal. México. 

(2) División de Investigación, UMAE, Hospital de Especialidades, CMNO, IMSS. Departamento de Fisiología, CUCS, Universidad de Guadalajara. Guadalajara, Jal. México. 

(3) Unidad de Investigación en Epidemiología Clínica, Hospital de Especialidades, CMNO, IMSS. Coordinación de Investigación, Facultad de Medicina, Universidad Autónoma de Guadalajara. Guadalajara, Jal. México. E-mail: navazava@yahoo.com.mx 

 

 



Resumo 

La Artritis Reumatoide (RA) es una de las tres enfermedades más comúnmente vistas en la consulta de Reumatología, siendo causa de una gran demanda en los servicios de salud globalmente. Su etiología permanece desconocida, y aunque se han hecho intentos por reconocer el blanco auto-antigénico, éste aún no se conoce. La respuesta inmune de éstos pacientes se caracteriza por la participación de múltiples células y mecanismos efectores moleculares inflamatorios. Sin embargo, de esta complicada vista emerge un punto en común, éste es, el escape a los mecanismos de control inmunológico. El entendimiento de la razón y el sentido de la pérdida de tolerancia, la activación de linfocitos T auto-reactivos y la generación de autoanticuerpos serán puntos fundamentales para entender la fisiopatología de la artritis reumatoide y desarrollar estrategias terapéuticas inmuno-específicas.



 

Introducción 

Las enfermedades reumáticas son causa de una gran demanda en los servicios de salud, se ha estimado que alrededor Del 33% de la población general, en algún momento de su vida presenta una enfermedad reumática[1].  La AR, es una de las tres enfermedades más frecuentes en la  consulta externa de Reumatología con una prevalencia estimada hasta del 47.1%[2].   

Esta enfermedad, presenta un evidente riesgo de deterioro funcional, ya que se comprobó que una década posterior al  inicio de los síntomas, al menos 50% de los pacientes son  incapaces de mantener un trabajo de tiempo completo[3].  Además, los pacientes con AR presentan un incremento en la  tasa de mortalidad[4]

La etiología de la AR permanece desconocida. Al igual que  otras enfermedades autoinmunes, se caracteriza por una  alteración en la respuesta inmune con presencia de inflamación crónica y producción de autoanticuerpos (Figura 1). 

A través de los años, se han roto diversos paradigmas en  cuanto a la patogénesis de esta enfermedad. En 1997 Weyand y Goronzy[5], propusieron un nuevo modelo hipotético para la fisiopatogenia de la AR, el cual integra factores de riesgo  genéticos y la complejidad de las respuestas inflamatorias.   

Este modelo asume que la respuesta inmune del huésped no está involucrada en el proceso inicial de la enfermedad, sino  que en una primera etapa, el huésped se ve expuesto a un gran número de antígenos secundario a daño en tejido sinovial, por múltiples causas y que en forma paralela, varios genes de la  respuesta inmune como los del HLA, genes de  inmunoglobulinas y receptores de células T, tienen un impacto en el tipo de respuesta que se desarrolla contra estos  antígenos. En una segunda etapa entonces, se origina la respuesta autoinmune, en donde las células del sistema inmune, específicamente linfocitos T auto-reactivos, montan  una repuesta contra éstos antígenos y se origina todo un  proceso inflamatorio alrededor, con la presencia de células  como macrófagos, células T, B y neutrófilos, infiltradas en la  membrana sinovial inflamada. La producción de anticuerpos y  formación de complejos inmunes, que a su vez ocasionan el reclutamiento de una mayor cantidad de células inflamatorias y sus productos[6].   

Durante la última década, la investigación sobre la patogénesis de la AR se ha centrado en la idea de que existe la participación de múltiples células y mecanismos efectores moleculares del sistema inmune. Sin embargo, de esta complicada vista emerge un punto en común, éste es, el escape al control inmunológico.  De esta manera los aspectos fundamentales en la patogénesis de la enfermedad son el entendimiento de la pérdida de  tolerancia, la activación de linfocitos T auto-reactivos y la generación de autoanticuerpos. 

  

   

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Figura 1. Células y moléculas que participan en la fisiopatogenia de la artritis reumatoide. *Los factores que podrían participar en la pérdida de  la tolerancia para ocasionar autoinmunidad son: 1) susceptibilidad  genética, 2) presencia de infecciones (mimetismo molecular) o  destrucción tisular, con la liberación de “señales de daño” y 3)modificaciones postraduccionales que originen cambios en una proteína.  8Los linfocitos T CD4+, llevan a cabo tanto funciones efectoras
 (activación de macrófagos y producción de citocinas pro-inflamatorias)  como funciones cooperadoras (estimulación de linfocitos B para producción de anticuerpos de alta afinidad). ‡Las funciones efectoras de  los linfocitos B incluyen: 1) producción de anticuerpos, 2) presentación  antigénica, 3) activación de células presentadoras de antígeno, 4) modulación de células T y 5) síntesis de citocinas. CPA célula  presentadora de antígeno, PMNs polimorfonucleares. 

  

HLA: El epítopo compartido  

Diversos estudios han demostrado ya, una fuerte correlación  entre la presencia de AR y algunos alelos del HLA-DR. Los alelos HLA-DRB1*0401 y HLA-DRB1*0404 (que codifican para la molécula DR4dw4) son los más comúnmente encontrados y su presencia se asocia con una enfermedad más severa y con  alta mortalidad [7, 8]. Estas moléculas del HLA-DR, comparten una secuencia común en la tercera región hipervariable (epítopo compartido), éstos motivos consisten de los  aminoácidos 70QKRAA74 y 70QRRAA74 en DRB1*0401 y  DRB1*0404 respectivamente[9]. Estos cinco aminoácidos se encuentran en el sitio de unión al péptido y por lo tanto son de  suma importancia durante la presentación antigénica. 

Estudios genéticos, que evalúan la contribución del HLA a la  fisiopatogenia de AR, han evidenciado que el riesgo a padecer  esta enfermedad en hermanos de individuos afectados es 2-17 veces más alto que en los hermanos de individuos no afectados[10]. También se ha descrito la asociación entre AR y el  complejo HLA en diferentes poblaciones, contándose aproximadamente hasta un tercio de componente genético para susceptibilidad en la enfermedad[10]

  

  

Autoanticuerpos en la fisiopatogenia de la ar  



Una característica prominente de la AR es la  presencia de varios tipos de autoanticuerpos.  Además, esta enfermedad es una de las pocas en las que la presencia de estructuras  similares a centros germinales ectópicos, pueden observase en la membrana sinovial  inflamada[11, 12]. Esta característica sugiere  la presencia, activación, diferenciación y  producción local de anticuerpos por células B[13]

La contribución de estos anticuerpos a la  patología inicia con la unión directa de dichos anticuerpos a sus antígenos, la formación de  complejos inmunes, depósito y activación del complemento y receptores Fc, producción de  factores quimiotácticos y reclutamiento de olimorfonucleares que participan en la  reacción inflamatoria mediante la producción de proteasas que ocasionan daño tisular[14, 15].  El anticuerpo mejor conocido y utilizado es el Factor  Reumatoide (FR), el cual es un autoanticuerpo dirigido contra  la porción Fc de las moléculas IgG. Aunque éste no es específico de la enfermedad se utiliza rutinariamente para la  clasificación de AR[16]. Recientemente surgió interés en una nueva clase de  autoanticuerpos específicos para la AR, los anticuerpos contra  péptido citrulinado cíclico (aPCC), los cuales alcanzan una  especificidad del 98% y sensibilidad de 80% [17, 18]. Estos  anticuerpos aPCC, pertenecen a la familia de autoanticuerpos  contra el factor perinuclear (APF)[18, 19]. El epítope de este  grupo de anticuerpos son los residuos en los que la arginina es  convertida por peptidil arginina desaminasa (PAD) a un  producto citrulinado mediante modificaciones  postraduccionales[20, 21]. De ahí que a este grupo de  autoanticuerpos se les conozca como anticuerpos contra proteínas citrulinadas. Un estudio en particular, destaca la presencia de estos anticuerpos en individuos asintomáticos (donadores de  sangre) que subsecuentemente desarrollarían AR; de esta manera, se les atribuye un alto valor predictivo positivo[22].   

Esto indica que la citrulinización de proteínas y producción de  anticuerpos, son procesos tempranos implicados en el  desarrollo de AR[23, 24].   

 
  



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Figura 2. Consecuencias de la citrulinación de residuos de arginina. La  desaminación de residuos de arginina para convertirlos a citrulina es una  reacción catalítica llevada a cabo por la enzima peptidil arginina  desaminasa (PAD). La sustitución de residuos de arginina básicos por  residuos neutros de citrulina ocasiona alteraciones en los enlaces  covalentes, originando pérdida de la estructura terciaria de la proteína y  exposición de sitios previamente escondidos dentro de la estructura  fisiológicamente plegada. 

  

Por otro lado, la presencia de proteínas citrulinadas en sinovio no se asocia a la presencia de aPCC en pacientes sin AR, ya que se demostró que aún cuando existen proteínas citrulinadas en sinovio inflamado por diversas causas, distintas de AR, no se detectó la presencia de anticuerpos aPCC[25]. Por este motivo, se ha postulado que la presencia de dichas proteínas con péptidos citrulinados pueden ser un fenómeno asociado a la  inflamación[26], esto explicaría la presencia de citrulinación en artropatías inflamatorias diferentes a la AR.   



En un estudio realizado por Verport y cols[27], se demostró la  presencia de aPCC de clase IgM, de forma continua, durante el curso de la AR, esto indica que durante la enfermedad existe un reclutamiento activo de nuevas células B a la respuesta inmune originalmente montada; reflejando así una continua e-activación y la persistencia del antígeno desencadenante de la producción de anticuerpos contra residuos citrulinados.   

Existen dos posibles explicaciones para la participación de estos  anticuerpos en la patogénesis de AR: 

La primera es que, secundario a un aumento en la cantidad de  antígenos citrulinados específicos en AR, se origina una  respuesta inmune específica y por ende la producción de anticuerpos específicos. Sin embargo, la presencia de proteínas  citrulinadas ha demostrado ser un fenómeno presente en cualquier tejido sinovial inflamado[25]. La segunda posibilidad, es que los pacientes con AR pueden tener una  respuesta humoral anormal hacia estas proteínas y producir  en forma exagerada una gran cantidad de anticuerpos. 

Recientemente se demostró la presencia de anticuerpos dirigidos contra la enzima PAD IV en suero de pacientes con AR[28], tanto en población Japonesa como Caucásica. Aunque poco frecuente, su presencia es altamente específica al compararse con Lupus Eritematoso Sistémico (LES) y sujetos sanos. Además, se logró establecer una asociación entre los títulos elevados de estos anticuerpos con una AR más severa y también se asoció fuertemente con la presencia de anticuerpos aPCC. La formación de complejos entre PAD IV y su substrato (péptido citrulinado), podrían actuar como portador-hapteno y ser reconocidos por células B mediante su BCR ya sea especifico para PAD IV o el sustrato citrulinado. De esta forma podrían producirse anticuerpos, ya sea contra la enzima PAD IV o contra el péptido citrulinado y presentar cualquier epítope a una célula T CD4+ específica. 

  

Residuos citrulinados  

Bajo condiciones normales sólo pocas proteínas contienen residuos citrulinados. Estos residuos citrulinados, deberán diferenciarse de la citrulina en forma libre, cuyo metabolismo inicia en intestino delgado, en donde se sintetiza y termina en riñon, donde es degradada[29]. Esta citrulina es producida indistintamente de la citrulina en forma peptidica. La generación de citrulina en forma peptídica, es dependiente de las enzimas PAD, que como parte de modificaciones postraduccionales, convierten residuos de arginina básicos en residuos neutros de citrulina. Hasta la fecha se han  identificado cinco isotipos de esta enzima. Las enzimas se encuentran distribuidos en diferentes tejidos: PAD I  principalmente se expresa en epidermis y el aparato reproductor femenino; PAD II en músculo esquelético, bazo, cerebro y glándulas secretoras; PAD III en los folículos pilosos, PAD IV en neutrófilos, eosinofilos y músculo esquelético;  PAD VI en ovarios, embriones en etapas tempranas del  desarrollo y cigotos[30]

Existe una teoría que apoya la posibilidad de un aumento en la cantidad de antígenos citrulinados, ésta sugiere que la presencia de polimorfismos y más aún, la presencia de un haplotipo particular se asoció con la presencia de AR, descrito por Suzuki y cols[31]. Está compuesto por cuatro polimorfismos de un solo nucleótido (SNPs) localizados en los exones 2, 3 y 4 del gen PADI4, localizado en el cromosoma 1, región 1p36, que codifica para la enzima peptidil arginina  desaminasa IV (PAD IV). La presencia de este haplotipo de  usceptibilidad, en población japonesa, se asoció con una estabilidad mayor del transcrito[31, 32]; hecho, que en teoría,  podría conducir a un aumento en los niveles de PADIV y por ende a la citrulinización de más epítopes. 

Estos epítopes citrulinados se convierten entonces en un blanco para los auto-anticuerpos específicos de la AR (anticuerpos aPCC) y al  generarse un mayor número de estos complejos inmunes se estaría favoreciendo la generación de esta enfermedad autoinmune. 

Esta teoría en parte se comprueba posterior al hallazgo de Vossenar y cols[33], al reportar que los pacientes que eran homocigotos para el haplotipo de susceptibilidad, tuvieron títulos significativamente más altos de los anticuerpos aPCC (87% vs 67%, p <0.05), comparados con los  pacientes heterocigotos y homocigotos al haplotipo de no  susceptibilidad. Sin embargo, aún falta comprobar que los niveles de la enzima se encuentren elevados, y más aún,  niveles elevados de antígenos citrulinados en sujetos portadores del haplotipo de susceptibilidad.  

Por otro lado, es importante destacar que no sólo la presencia  de células que expresan estas enzimas en tejido sinovial es condición para el desarrollo de antígenos citrulinados, dado que para la activación de dichas enzimas normalmente localizadas intracelularmente, es necesario un aumento en la concentración de Ca+2 citosólico[34]

Durante la muerte celular, la integridad de la membrana  plasmática se pierde, las enzimas entonces pueden salir de la  célula y activarse dado que las concentraciones de Ca+2  extracelular superan el umbral de activación de dichas enzimas (10-5 mM), de esta forma, se induce la citrulinización  de proteínas extracelulares o pueden activarse en el interior  de la célula al aumentar el influjo de Ca+2 y de esta manera  citrulinar proteínas intracelulares[35]

Por otro lado, dada la conversión de arginina a citrulina, el  grupo amino de la cadena lateral cargado positivamente es  cambiado por un grupo carboxilo neutro, lo que afectaría la  capacidad de los péptidos para unirse covalentemente con las  moléculas de HLA.  

En ratones transgénicos DRB1*0401, la citrulinación de  péptidos no sólo aumentó la afinidad entre el péptido y el  complejo principal de histocompatibilidad (MHC), sino que  también llevó a la activación de células T CD4+[36].  

Más aún, este proceso catalítico, puede originar cambios en la  estructura primaria, secundaria y terciaria de las proteínas (Figura 2). Estudios in vitro, han demostrado que un alto grado  de citrulinación, puede ocasionar una desnaturalización  proteica[37]. Pero, ¿porqué un proceso fisiológico como es la citrulinización,  estaría disparando respuestas autoinmunes? 

Las posibles explicaciones por las que la generación de  citrulina en forma peptídica, siendo un proceso fisiológico y  presente en la mayoría de los individuos es de pronto reconocido como extraño o peligroso podrían ser: 1) aumento  en su producción, originando pérdida de la tolerancia por  linfocitos T, 2) afectación en la capacidad de estos péptidos  para unirse a moléculas del HLA con presencia del epítope  compartido y 3) cambio en la estructura tridimensional de la  proteína originando exposición de estructuras secundarias o  primarias, antes inexpuestas al sistema inmune, o alteraciones en la unión de estas proteínas con otras.  

  

Escape a los mecanismos de tolerancia  

El sistema inmune ha evolucionado para eliminar en forma eficiente lo no propio o lo peligroso según Matzinger[38]. El establecimiento y mantenimiento de la tolerancia hacia lo propio es una propiedad fundamental del sistema inmune, y la  falla en esta tolerancia, conduce a la generación de autoinmunidad. 

La tolerancia central implica la eliminación de células T auto-reactivas, durante su desarrollo en el timo, ya que la única clase de antígenos presentes en altas concentraciones en este  órgano, son antígenos propios. De esta manera, aquellos linfocitos que reconozcan y reaccionen contra antígenos propios son eliminados (selección negativa). Sin embargo, un número de linfocitos T auto-reactivos logran escapar a esta  selección y salen a la periferia. Estos linfocitos, podrían  activarse y causar autoinmunidad. La tolerancia periférica, asegura que las células T auto-reactivas que escaparon los puntos de control de la tolerancia central sean eliminadas, conducidas hacia la apoptosis o sean incapaces de montar una respuesta inmune permaneciendo en estado anérgico. Los antígenos foráneos, no propios o peligrosos, son capturados y transportados hacia los órganos linfoides periféricos.  

Uno de los mecanismos empleados por la tolerancia periférica es llevado a cabo mediante las células reguladoras del sistema inmune, denominadas Tregs, éstas suprimen en forma directa  a las células auto-reactivas. Varias citocinas pueden influenciar  la actividad de las células Tregs en forma negativa o positiva. 

Las promotoras principales de la actividad de las Tregs son la  IL-2 y TGF-b, mientras que las citocinas que promueven la  respuesta tipo Th17 (pro-inflamatoria), disminuyen la  activación y funcionalidad de las Tregs[39].  

La decisión del linfocito T para activarse o ser tolerante estará  determinada por las características del antígeno y por la  regulación en las respuestas de este linfocito T mediada por la  presencia de diferentes tipos de citocinas. 

El inicio y las consecuencias patológicas de las enfermedades  autoinmunes, con frecuencia se ven asociadas a la presencia de  alteraciones en el balance funcional entre las citocinas pro- inflamatorias (Th1 y Th17) y las inmunoreguladoras/moduladoras (Th2)[40]

  

Conclusiones  

A pesar de los esfuerzos por reconocer el blanco de  autoinmunidad en esta patología, éste aún permanece  desconocido. La pregunta es, si estos residuos citrulinados presentes en exceso pudieran generar una pérdida en la tolerancia; y de ser así, ¿cuál proceso del fenómeno de tolerancia es el afectado? 

Si la respuesta autoinmune se está generando hacia un proceso ocasionado secundario a muerte celular, tendríamos que  preguntarnos si el reconocimiento de estos antígenos es en verdad una respuesta de tipo autoinmune o un esfuerzo del sistema inmune para deshacerse de células que se encuentran bajo situaciones de estrés. 

Aún falta caracterizar la respuesta inflamatoria exacerbada  presente en estos pacientes, en términos de su prioridad, es  decir, ¿Es necesaria la presencia de una respuesta pro-inflamatoria para que se genere AR? o ¿La presencia de  inflamación es secundaria al inicio de la enfermedad?, y lo  mismo en términos de la participación de los auto-anticuerpos,  ¿Son un fenómeno desencadenante? o consecuencia de la  enfermedad. 

El entendimiento en forma global sobre el origen, desarrollo y  función de los distintos tipos celulares envueltos en la  generación de autoinmunidad y su contribución para originar  una pérdida de tolerancia, generarán conocimientos valiosos  para el desarrollo de nuevas opciones terapéuticas.   

  

Referencias

  

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