Autora: Cecilia Durán



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Título: Jorge Sabaté: modernidad y arquitectura pública (1925-1955)

Autora: Cecilia Durán

Dirección electrónica: durancecilia@gmail.com

Formación de posgrado en curso: doctoranda

Tipo de beca: beca doctoral CONICET

Tema de la tesis en preparación: “Jorge Sabaté: arquitectura moderna, política y espacio público. Una biografía artística e intelectual.”

Directora de la beca y de la tesis: Anahí Ballent

Denominación del programa o proyecto en cuyo marco se inscribe la beca y la tesis y director del mismo: “Obras públicas, ciudad, tecnología y cultura”, directora Anahí Ballent.

Denominación del agrupamiento (instituto, centro, unidad de investigación, observatorio o laboratorio) en cuyo marco se inscribe la beca y/o la tesis y director del mismo: IESCT, director Hernán Thomas
Jorge Sabaté (1897-1991) fue un arquitecto argentino que desarrolló la parte más importante de su carrera profesional durante la primera mitad del siglo XX, momento de emergencia y consolidación de la arquitectura moderna en Argentina. Fue un representante destacado de los procesos registrados en tal período, cuyas actuaciones en diversos campos de la actividad privada y de la esfera pública describen una experiencia singular que nos habla sobre los temas, problemas y formas del ejercicio profesional de tal momento histórico. Sus intereses múltiples lo definieron como un técnico polifacético que ejerció un rol activo en las discusiones públicas sobre la arquitectura y el urbanismo, disciplinas que al mismo tiempo buscaban posicionarse como estratégicas en el marco de proyectos más vastos de transformación social. Los aspectos que hacen particularmente interesante su trayectoria son: su producción destacada en el ámbito de la construcción privada y estatal, su talento como escenógrafo, su promoción del vínculo entre la arquitectura y el arte, su participación activa en el campo de la representación profesional como presidente de la Sociedad Central de Arquitectos (SCA) y, por último, su acercamiento al peronismo, primero como asesor profesional-técnico, luego como intendente de la ciudad de Buenos Aires.

Su obra arquitectónica de carácter ecléctico, representativa de una corriente de modernismo atenuado y aparentemente alejada de las tendencias modernistas más radicales, le valió un reconocimiento tardío por parte de la historiografía de la arquitectura moderna, que recién comenzó a valorar su obra hacia fines de los años 1980 (Borghini, Salama y Solsona, 1987). A partir de la importante renovación historiográfica que se produjo en esos años, procesos como la constitución del campo profesional y disciplinar de la arquitectura comenzaron a cobrar mayor relevancia en los relatos históricos. En este contexto, la figura de Sabaté se convirtió en objeto de interés ya no sólo por su obra construida, sino también por su participación destacada en la esfera pública. De esta manera, su actividad al frente de la SCA fue recuperada en el marco de una publicación más amplia sobre la historia de la institución (Gutiérrez et al., 1993). Por otra parte, Anahí Ballent (2005) dedicó un capítulo, dentro de una obra más extensa acerca de las relaciones entre arquitectura y política durante el primer peronismo, a analizar la acción de Sabaté como intendente municipal entre 1952 y 1954. Asimismo, la existencia de dos archivos1 con gran cantidad de material documental y gráfico propició la realización de un libro en el que se compilaron una serie de artículos de diferentes autores sobre aspectos específicos de su trayectoria personal y su vida privada (Gutiérrez et al., 2009).

Su figura ilumina una zona de la cultura arquitectónica que consideramos no ha sido suficientemente abordada por la historiografía de la arquitectura local. Nos referimos a los vínculos entre la corporación de los arquitectos y el Estado en el momento de emergencia de la arquitectura moderna como disciplina en nuestro país. Por un lado, su actividad como proyectista del gremio La Fraternidad, como representante corporativo al frente de la SCA y luego como diseñador y promotor de obras desde la función pública permite problematizar el modo particular en que se produjo arquitectura pública en Argentina a lo largo de un período extenso (1925-1955), en el que se desarrollaron distintos proyectos políticos. Asimismo, la excepcionalidad que presenta su itinerario como actor público, perfil no del todo frecuente entre sus colegas si consideramos que la mayoría de los arquitectos opta por dedicarse a la actividad privada, o se vincula con la esfera pública a partir de casos específicos en los cuales sus saberes especializados son requeridos, obliga a pensar en los lazos de la disciplina con la sociedad y con la cultura, en un momento de cambio de temas y de roles dentro del campo arquitectónico. En este sentido, consideramos que el estudio de su obra y de su figura pública a partir de una biografía artística e intelectual, permitirá no sólo profundizar sobre obras y aspectos particulares, algunos todavía inadvertidos, sino también contribuirá a echar luz sobre una época clave en la historia de la arquitectura moderna en Argentina.

En las últimas décadas, el género biográfico ha sido reconsiderado como una herramienta de análisis fructífera para el estudio de la historia cultural e intelectual (Arfuch, 2002; Revel, 2005; Dosse, 2007). El renovado interés por estudiar trayectorias singulares que permitan iluminar procesos generales supone ciertas novedades metodológicas. En primer lugar, este nuevo enfoque no sólo se interesa por las obras de los personajes biografiados, sino también atiende a aquellas “marcas biográficas” que las han hecho posibles, en un lugar y en un momento determinado e irrepetible. Por otra parte, plantea la necesidad de “jugar de manera heurística sobre las reglas tácitas de la escritura biográfica” (Revel, 2005: 226), cuestionando el planteo de una vida como una trayectoria unitaria y lineal que transcurre entre un comienzo y un fin (principio de continuidad) y, también, discutiendo la idea de que trayectoria y experiencia configuran un todo coherente (principio de coherencia). El cuestionamiento de estos principios busca confrontar con el carácter de evidencia histórica y “natural” que define modelos biográficos precedentes y propone al historiador “la posibilidad de una experimentación a partir del material biográfico” (Revel, 2005: 228). Así mismo, esta experimentación constitutiva del “desafío biográfico” permite valorar la dualidad epistemológica propia de la disciplina histórica: la inevitable tensión entre su aspiración científica y su construcción narrativa (Dosse, 2007).

Pierre Bourdieu (1998) también se ha referido al problema de “ilusión biográfica”, señalando que la idea de contar una vida, de relatar una trayectoria, supone un proceso de forzamiento a la unidad de la experiencia y a una lógica de continuidad que impide comprender lo facetado, lo fragmentario, que anida en la esencia del sujeto. Las distintas formas de “totalización y unificación del yo” que asechan al narrador, la amenaza “de comprender una vida como una serie única, y suficiente en sí, de acontecimientos sucesivos, sin otro lazo que el de la asociación a un “sujeto” cuya constancia es, sin duda, solamente la de un nombre propio” (1998: 15) puede ser contrarrestada, sin embargo, a partir de la inserción de los acontecimientos biográficos en la trama de relaciones y desplazamientos que se producen en el espacio social.

En esta ponencia, que es inicial y que busca capitalizar estudios de maestría previos, haremos foco en un aspecto en particular de su trayectoria, los derroteros de la arquitectura pública, con el objetivo de analizar las distintas facetas desde las cuales Sabaté se aproximó a ella, asumiendo distintos roles: como proyectista, como gestor y como promotor. El concepto de arquitectura pública con el que venimos trabajando refiere a cierto tipo de edificios construidos para establecer la sede institucional de distintos organismos oficiales, ya sean estos gubernamentales o de la sociedad civil, y que por tanto debieron ser capaces de compatibilizar exigencias funcionales y técnicas con requerimientos de representación de orden simbólico. Estas arquitecturas, portadoras de un mensaje social, plantean vínculos complejos entre los profesionales a cargo de proyectarlas (que responden a una serie de prácticas, teorías y saberes especializados), los promotores que las encargan (que buscan, entre otras cosas, comunicar ideas e imaginarios sociales), y finalmente la trama cultural y política en la que estos actores se entrelazan.2 Será a través de un tema, los derroteros de la arquitectura pública, y sus variaciones que nos proponemos dar cuenta de una trayectoria de perfil público.


Primera variación: modernización y modernismos en La Fraternidad
Caracterizar a Sabaté como un arquitecto moderno es una operación que en sí misma reviste una serie de complejidades. Para comenzar, tendríamos que definir en primer lugar a qué llamamos arquitectura moderna. El proceso de modernización que en Argentina cobró impulso a partir de 1880, una vez concluidas las disputas por la reorganización política de la nación, significó cambios territoriales, institucionales, en los sistemas de producción, en las formas de vida, en las prácticas culturales y sociales. Las principales ciudades del país, como Buenos Aires, Córdoba y Rosario, comenzaron un acelerado proceso de metropolización a partir del cual su población se multiplicó exponencialmente3. Los centros urbanos en expansión eran los lugares donde se concentraban los flujos del capital, las oportunidades de empleo y la posibilidad de acceder a servicios públicos. La edilicia comenzó a transformarse como parte este ciclo de cambios para poder hacer frente a las nuevas demandas requeridas por la ciudad moderna: “desde los sistemas de construcción hasta los lenguajes decorativos, desde los materiales hasta los programas de necesidades4” (Liernur, 2001: 17).

La arquitectura moderna, en cambio, emerge en Argentina como lenguaje estético y como programa ideológico entre la segunda mitad de los años 1920 y comienzos de los 1930. Si bien, como ha señalado Liernur, existieron por esos años múltiples formas de “ser modernos”5, a grandes rasgos se trata de una línea dentro de la edilicia que busca diferenciarse de la arquitectura tradicional ecléctica a partir de la utilización de formas puras y abstractas, eliminando los elementos decorativos y los rasgos estilísticos considerados superfluos, redirigiendo la mirada hacia las formas sencillas de la construcción popular así como hacia las nuevas experimentaciones estéticas de las vanguardias plásticas. También es importante destacar el interés por la producción a escala masiva, por la posibilidad de reproducir en serie soluciones higiénicas y confortables que permitieran abastecer la creciente demanda de viviendas y servicios para una población en constante expansión. Finalmente, la idea de arquitectura moderna supone además un proceso de construcción disciplinar que involucra a las instituciones encargadas de producir y reproducir sus saberes y certezas: las instituciones de enseñanza, las corporaciones de arquitectos, los medios de comunicación especializados (mayormente revistas de arquitectura).

En su historia de la arquitectura moderna en Argentina, Liernur destaca dos hechos significativos que utiliza como indicadores de un inicio. Por un lado, la visita del reconocido arquitecto suizo-francés Le Corbusier, quien llegó al país en septiembre de 1929 para dictar una serie de conferencias, con la ilusión de obtener encargos que le permitieran desplegar sus teorías y propuestas urbanistas para el Río de la Plata6. Por otro lado, la publicación de un número extraordinario de la Revista de Arquitectura7 a comienzos de 1930 dedicado exclusivamente al tema de la “Arquitectura Moderna”8. Además, algunos signos de renovación estética como la tendencia a la abstracción, la simplificación de las formas, la ausencia de decoración y la referencia a las vanguardias plásticas comenzaban a hacerse visibles en la ciudad hacia fines de los años 1920. Basta recordar la construcción del barrio parque Los Andes de Fermín Bereterbide en Chacarita para los empleados municipales (1928), las casas prefabricadas de Virasoro en Banfield (1929) y las casas de Victoria Ocampo en Mar del Plata (1926-27) y Palermo Chico (1928), como algunos de los ejemplos más destacados.

En este marco de transformaciones, Sabaté se formó como arquitecto en la Escuela de Arquitectura de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA durante la segunda mitad de la década de 1910. En esos años, la escuela seguía el nuevo plan de estudios elaborado por René Karman, un profesor francés contratado en 1914 que implementó los métodos tradicionales de la arquitectura académica francesa (duramente cuestionados por los arquitectos modernos más radicales) que él mismo había aprendido en la École des Beaux Arts de París, aunque algo aggiornados para la incorporación de las nuevas técnicas de confort e higiene, los nuevos materiales, y los nuevos principios del urbanismo moderno (Shmidt, Silvestri, Rojas, 2004: 35). Es decir que la modernización atenuada, no rupturista con el sistema académico tradicional fue una de las características de la Escuela de Arquitectura en general hasta avanzada la década de 19409, y de la formación que allí recibió Sabaté en particular.

Tras su graduación en 1921, la primera obra que le otorgaría reconocimiento público fue su proyecto para el edificio del gremio “La Fraternidad”. Sabaté resultó ganador del concurso público organizado por el sindicato en 1931, bajo el patrocinio de la SCA, para la construcción de su sede social. Durante los años 1920, como ha señalado Horowitz (2001), los gremios ferroviarios experimentaron un importante crecimiento dentro del movimiento obrero a partir de las conquistas laborales alcanzadas en las negociaciones con los gobiernos radicales10. Aquellos logros redundaron en mayor cantidad de afiliados y en más poder político, tanto para La Fraternidad como para su gremio hermano, la Unión Ferroviaria, determinando así la necesidad de contar con sedes institucionales propias. De esta manera, y casi en simultáneo, ambos gremios emprendieron la construcción de sus edificios a comienzos de los años 1930. La casa sindical constituía una tipología arquitectónica relativamente novedosa en el escenario urbano local, que requería articular distintos tipos de usos como oficinas administrativas, biblioteca y fundamentalmente un gran salón de actos donde convocar a los trabajadores, que pudiera también transformarse en cine o teatro según la ocasión.

En este edificio, Sabaté comenzó a experimentar con dos temas que encontraremos recurrentemente a lo largo de toda su obra. Por un lado, el diseño de salas de espectáculos, que más adelante se complementaría con su labor como escenógrafo11. Por otro, el trabajo en conjunto con artistas decoradores para la incorporación de obras de arte a la arquitectura. Entre las decoraciones de La Fraternidad, se destacan especialmente las dos pinturas murales realizadas por Dante Ortolani y Adolfo Montero que se ubicaron en el gran hall y en la sala de espectáculos, respectivamente. La primera consistía en una representación alegórica de La Fraternidad, mientras que la segunda representaba la historia del transporte en Argentina. De esta manera, se desplegaba en el sector más transitado del edificio un dispositivo de propaganda visual que comunicaba los valores propugnados por el sindicato como la cooperación, el trabajo, la producción, el comercio, la familia y el transporte.12 Cabe aquí señalar que estas intervenciones no se estaban produciendo en el vacío, sino que existía un clima de ideas internacional propicio a este tipo de colaboraciones. Sin ir más lejos, contemporáneamente a la realización de estas obras tuvo lugar la estadía de David Alfaro Siqueiros en la Argentina (desde mayo a diciembre de 1933). Si bien el mexicano se relacionó con un grupo de artistas que no pertenecían a la red con la que se estaba vinculando Sabaté, integrada por Ortolani, Montero y otros, su visita no pasó desapercibida y, como ha señalado Cecilia Belej (2012), produjo un gran impacto en el ámbito cultural y político local.

La sede de La Fraternidad se presenta como un ejemplo complejo y contradictorio en términos de lo que a grandes rasgos hemos definido como arquitectura moderna. Por un lado, el proyecto se propone resolver nuevos temas que han surgido como consecuencia del proceso de modernización: nuevos programas de necesidades como la casa sindical y la sala para espectáculos masivos, nuevas necesidades de representación institucional para nuevos actores sociales como el movimiento obrero organizado. Por otro lado, el lenguaje estético utilizado por Sabaté puede caracterizarse como cercano al Art-Decó, una variante estilística dentro de los modernismos atenuados, no rupturistas. Se trata de un estilo difícil de definir porque es al mismo tiempo tradicional en algunos aspectos (en las normas de composición en planta, en sus volumetrías macizas), e innovador en otros (la utilización de formas abstracto-geométricas, la renovación del repertorio decorativo13). Así, la obra lograba compatibilizar exigencias funcionales y técnicas con requerimientos de representación de orden simbólico, implementando un trabajo conjunto de disciplinas técnicas y estéticas (ingeniería, arquitectura, urbanismo, artes plásticas) para lograrlo. Esta condición de modernismo atenuado fue una de las claves que caracterizó a buena parte de la arquitectura pública construida por el Estado durante los años 1930.
Segunda variación: la arquitectura pública y la Sociedad Central de Arquitectos
Los años que transcurrieron entre las dos guerras mundiales, y particularmente la década de 1930, constituyeron un período rico en experiencias en las cuales distintos Estados nacionales, con diferentes ideas políticas, llevaron adelante grandes programas de construcción de obra pública. Estos se desarrollaron con varios objetivos: dar empleo a la mano de obra desocupada luego de la crisis económica internacional de 1929; modernizar las infraestructuras y los servicios públicos a escala urbana y territorial; buscar legitimidad política; representar una idea de nación a través del arte, la arquitectura y la obra pública. Argentina no fue una excepción, y a partir de 1933 una serie de edificios públicos fueron proyectados en el marco del importante plan de obras públicas lanzado por el gobierno de Justo14.

El estudio sistemático de la prensa especializada del período 1930-1943, y especialmente de la Revista de Arquitectura, órgano corporativo de los arquitectos nucleados en torno a la SCA, que realizamos para la investigación de maestría nos ha permitido problematizar el modo en que se dio la relación entre arquitectura y Estado en tal momento histórico. Si a comienzos de la década de 1930, los arquitectos de la SCA aún reclamaban a través de las páginas de su publicación la importancia de instrumentar un sistema de concursos públicos como el procedimiento más idóneo y eficaz para la selección de proyectos y la adjudicación de las obras públicas, relegando a las oficinas estatales de arquitectura a las tareas de control y diseño de obras menores, advertimos que en el transcurso del período, este discurso se fue modificando en algunos aspectos.

Para ilustrar la tensión que existía entre una auto-representación de la arquitectura como profesión liberal y la centralidad que asumió el rol del Estado en el proceso de modernización del país (y por tanto, en el desarrollo del modernismo arquitectónico) (Gorelik, 2011), resulta elocuente comparar algunos editoriales de la Revista de Arquitectura. Como ejemplos paradigmáticos de la primera posición, citaremos algunos fragmentos de los editoriales de septiembre de 1932 y de junio de 193415:
(…) el concurso pone ante el Jurado un gran número de soluciones al mismo problema, de donde se deriva el beneficio de poder obtener la mejor idea y, secundariamente, al concurrir a un concurso, el arquitecto se ve obligado a estudiar el asunto a fondo, con el evidente beneficio para sus conocimientos. (…) Se objetará que todas las instituciones públicas tienen sus oficinas de arquitectura, y esto es tocar en la llaga. Esas oficinas son necesarias, pero sus funciones deben ser otras que las actuales. (S/A, RA 141, septiembre 1932: 398)
(…) Estas razones, cuyos fundamentos lógicos no podrán discutirse con éxito, rezan, como es natural, para toda clase de concursos, sean de entidades privadas o para obras públicas, porque, aunque parezca mentira, el Estado es el más reacio para adoptar un procedimiento racional de llegar a lo mejor en la arquitectura de sus edificios. (S/A, RA 162, junio 1934: 230)
Ambos pasajes trasuntan una mirada de recelo hacia las burocracias técnicas estatales por parte de los arquitectos locales, quienes consideraban a las oficinas públicas espacios de escaso vuelo intelectual en los cuales los profesionales tendían a “vegetar” ante la ausencia de estímulos.16 Sin embargo, a medida que avanza la década, vemos cómo los arquitectos se fueron incorporando a las oficinas técnicas del Estado, desde donde finalmente se desarrollaron la mayoría de los proyectos y las obras del período. Ya en 1933, el arquitecto Alberto Coni Molina17, desde su banca de concejal de la ciudad de Buenos Aires, peleó por la modificación de las leyendas de los cuatro primeros puestos del Departamento de Obras Públicas de la Intendencia para que estos pudieran también ser ocupados por los arquitectos18.

Ya para 1944, cuando el arquitecto Enrique Guillermo Quincke asumió el cargo de Director General de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas de la Nación, el acto fue celebrado por el gremio de los arquitectos en el editorial del mes de febrero titulado “Reivindicación Oficial del Arquitecto”19. Además, la revista publicó el discurso de asunción de Quincke, en el que el flamante funcionario definía con precisión cuáles eran las funciones y los requerimientos para hacer arquitectura pública desde las oficinas del Estado:


(…) Hacer Arquitectura en la noble acepción de la palabra es concertar armónicamente lo que da a toda obra una vida perdurable en beneficio de la colectividad; es combinar lo simple con lo útil y lo bello, sin descuidar el factor económico.

Para conseguirlo en el orden público, es necesario trabajar con igual o mayor ahínco que el que ponemos en lo que nos alcanza personalmente en forma directa; no utilizar la obra del Estado como campo experimental, sin que ello implique dejar de renovarla; es imprescindible vigilarla por su influencia en la cultura del pueblo y por su importancia modeladora del buen gusto. (Quincke, RA 278, febrero 1944: 46)20


Desde la SCA, los arquitectos como corporación trabajaron activamente para delinear un perfil de actuación profesional. Buscaban, por un lado, la legitimación social y oficial de sus actividades: “La difusión de lo que significa el arquitecto en la vida moderna; el acuerdo sobre la real importancia de su misión, y, sobre todo, la penetración de ese concepto de valor funcional en las esferas oficiales” (S/A, RA N°149 mayo 1933: 208). En este marco, es que a principios de los años 1930 comenzaron a realizarse desde la S.C.A. una serie de actividades destinadas a publicitar la profesión en el conjunto de la sociedad21, a la vez que se intensificaron las gestiones por la reglamentación legal de las tareas del arquitecto22, y se registraba una creciente participación de los profesionales en debates públicos sobre aquellos problemas de interés público que involucraban su intervención23.

La gestión de Sabaté como Presidente de la SCA entre 1938 y 1941 se produjo en el marco de estas tensiones y redefiniciones en las formas del ejercicio profesional. Durante su mandato se involucró activamente en el desarrollo de dos proyectos de infraestructura y equipamiento urbano que por su envergadura requerían inevitablemente del apoyo y del financiamiento estatal. El primero de ellos fue el del aeropuerto de Buenos Aires24, un tema que los arquitectos de la SCA venían estudiando desde comienzos de la década. El segundo proyecto importante fue el de la Ciudad Universitaria, otro tema también muy en boga en el debate arquitectónico internacional del momento25. Para su difusión, la Comisión Directiva de la SCA organizó una “campaña de propaganda” a través de la cual obtuvieron adhesiones de diferentes instituciones a favor del proyecto.26 En esta línea, la Comisión además se entrevistó con el Ministro de Instrucción Pública y también se dirigió al Poder Legislativo, donde el tema fue tratado en la Cámara de Diputados. Si bien los proyectos no llegaron a construirse, la SCA como institución logró interpelar a la opinión pública.

Otra de las circunstancias que caracterizaron su mandato fue una especial promoción del vínculo entre la arquitectura y las artes plásticas. Esta relación estrecha que en el edificio de La Fraternidad observamos plasmada en las decoraciones murales de Ortolani y Montero, continuó forjándose a lo largo de la carrera de Sabaté durante los años 193027. En el marco de la SCA, la reivindicación del valor artístico de la disciplina estaba asociada a la búsqueda de una arquitectura modernizadora más humanizada que aquella propuesta por los funcionalistas radicales. Es decir, una arquitectura racional en términos técnicos y económicos, pero al mismo tiempo capaz de transmitir valores de orden simbólico. Este debate resultaba especialmente significativo para las obras de arquitectura pública que, además de cumplir funciones prácticas en el proceso de expansión del Estado durante los años 1930, se propusieron comunicar un mensaje social a través de la incorporación de pinturas, esculturas y relieves. La Revista de Arquitectura da cuenta de este renovado y fortalecido lazo, que se construyó en el transcurso de los años 1930 a través de los encargos públicos, pero también a través de una serie de actividades organizadas por la SCA y la Dirección Nacional de Bellas Artes (salones nacionales, exposiciones, conferencias, concursos públicos).

Durante el mandato de Sabaté, se organizaron exposiciones de obras de artes plásticas realizadas por “arquitectos-artistas” (como Christophersen, Bustillo, entre otros), y al mismo tiempo los artistas plásticos fueron invitados a exponer sus obras en la SCA. Además, participaron en la revista con la publicación de artículos en los que tematizaban sobre la importancia de recuperar la colaboración entre las distintas ramas del arte en la concepción de la obra arquitectónica. El punto más alto de esta mancomunión se produjo a mediados de 1941, cuando se inauguró en la SCA el Salón de “Los Artistas Plásticos en la Decoración Mural” en el que participaron importantes referentes del campo artístico como Alfredo Guido, Jorge Soto Acébal, Carlos de la Cárcova, Alfredo Bigatti y Troiano Troiani, entre otros. El evento tuvo como corolario la edición de un número de la Revista de Arquitectura exclusivamente dedicado a la relación entre Decoración y Arquitectura28. El editorial celebraba la vuelta de la decoración como un triunfo frente a os desvíos iniciales de las “expresiones más revolucionarias”:


Es reconfortante ver así, como en forma lenta pero segura, vuelve la decoración a ocupar un puesto de primera fila en la arquitectura. Tiempos de tanteos y vacilaciones los nuestros, la corriente renovadora y “funcionalista”, por lo menos en sus expresiones más revolucionarias, quiso desterrar de la arquitectura hasta el más remoto vestigio de lo que no fuera estrictamente funcional. Esta exagerada interpretación de un arte universalista como la arquitectura, no ha podido, evidentemente, ser tomada en serio. (S/A, RA N°250, octubre 1941: 438)
En el período transcurrido entre 1930 y 1943 comenzó a replantearse la relación entre arquitectos y Estado, a partir de la imposición de una nueva agenda de temas y problemas disciplinares para el arquitecto moderno que requerían por su envergadura de la intervención del Estado para su resolución (grandes infraestructuras y equipamientos urbanos, vivienda a escala masiva). Desde su gestión al frente de la SCA, Sabaté asumió un rol proactivo elevando proyectos a los poderes públicos y sometiéndolos a debate en ámbitos que excedían el propio campo arquitectónico, consciente de que sin el apoyo de la opinión pública y de la dirigencia política sus propuestas serían inviables. Por otra parte, su valoración del vínculo entre arquitectura y arte, que también promovió durante su mandato, habla de una concepción de la arquitectura pública como bien cultural, cuya utilidad no sólo está dada por parámetros funcionales, sino que además se halla en su capacidad para contribuir a la formación ética y estética de la sociedad.
Tercera variación: Sabaté y la arquitectura pública durante el peronismo
A partir de 1944, Sabaté se vinculó primero con el gobierno militar y luego con el peronismo, ocupando distintos cargos como asesor técnico hasta finalmente llegar a la intendencia en 1952. Sus primeros proyectos importantes estuvieron al servicio de la propaganda política. Tras la exitosa “Primera Feria del Libro Argentino” de 1943, organizada para la Cámara Argentina del Libro e instalada sobre la Avenida 9 de Julio, frente al Obelisco, fue convocado por el gobierno para proyectar la Exposición del Primer Aniversario de la Revolución del 4 de Junio de 1943 (1944), y luego la Primera Exposición Argentina de Minería e Industrias Afines (1945), todas en el mismo emplazamiento. En estas construcciones al mismo tiempo monumentales y efímeras (Hendlin y Herr, 2013), Sabaté ponía en juego su experiencia como escenógrafo desarrollando estructuras capaces de albergar espectáculos de escala masiva, montadas sobre el propio escenario de la calle y en diálogo directo con el marco de la ciudad. Nuevamente, la colaboración con los artistas plásticos parece haber ocupado un rol central según ha quedado registrado en su archivo en fotografías, planos y cartas. Para la realización de las decoraciones que adornaban estas estructuras temporarias fueron convocados los mismos artistas que vimos actuando en la SCA en los años 1930 (Alfredo Guido, Dante Ortolani, Troiano Troiani, entre otros) y también los alumnos de la Escuela de Bellas Artes “Ernesto de la Cárcova”, cuyo director era el mismo Alfredo Guido.

Ya durante el peronismo siguió proyectando distintas exposiciones29, aunque sin dudas la más importante fue la muestra de 1951 “Argentina en Marcha”, o “La Nueva Argentina”, pensada para difundir la obra del gobierno desde 1946 con miras hacia las futuras elecciones presidenciales. Esta exhibición ocupó un emplazamiento novedoso respecto de las anteriores, ya que se montó sobre la calle Florida desde la Avenida de Mayo hasta Plaza San Martín. Dado que se trataba de una arteria con intenso tránsito peatonal y gran cantidad de locales comerciales, Sabaté desarrolló un dispositivo de panelería en altura que colocó por encima del nivel de las vidrieras y que le permitió aprovechar las características espaciales de la calle para desarrollar la obra propagandística. Esta intervención significó respecto de las anteriores, como ha señalado Ballent (2005: 262), una importante modernización de las técnicas expositivas y un avance en el camino hacia la abstracción, que puede observarse en la incorporación de la fotografía, el cine y las nuevas herramientas del diseño gráfico al aparato de comunicación visual.

Es posible que tanto estos trabajos desarrollados para la Subsecretaría de Informaciones dirigida por Raúl Apold, como su labor en calidad de asesor de la Fundación Eva Perón, hayan cimentado su camino político hacia la intendencia de la ciudad de Buenos Aires, cargo que asumió en 1952 (Ballent, 2005: 247). Desde su nuevo rol político, actuó como promotor del modernismo arquitectónico para la implementación de las políticas públicas del peronismo en distintas áreas de la administración de la ciudad. Su mandato se vio afectado por el fracaso del Estudio del Plan para Buenos Aires (EPBA) desmantelado en 1949, dado que con él se disolvieron los intentos más sólidos de una planificación urbana a escala municipal. En este sentido, como ha indicado Ballent, las obras emprendidas durante su gestión fueron pensadas como intervenciones aisladas en ausencia de un plan general que las contenga. Sin embargo, esta condición no le impidió contar con la colaboración de referentes destacados del campo arquitectónico. Juan Casasco, un joven profesional recién llegado de una estadía de formación en el Instituto Tecnológico de Illinois, estuvo a cargo de la Dirección de Abastecimiento desde donde diseñó una serie de “ferias modelo” para el abastecimiento de productos de primera necesidad en tiempos de inflación. Juan Kurchan, otrora miembro del vanguardista Grupo Austral y uno de los ex directores del EPBA, fue designado al frente de la Dirección de Urbanismo. Por otro lado, Mario Roberto Álvarez y Macedonio Oscar Ruiz fueron encomendados con el proyecto para el Teatro General San Martín30. Sabaté, por su parte, tampoco dejó de lado sus funciones como proyectista y realizó un teatro al aire libre para 10.000 personas que fue emplazado en el Parque Centenario. En adición a estos proyectos para la ciudad, siguió proyectando para la Fundación Eva Perón y también para el gobierno nacional. Entre las propuestas realizadas para la Fundación se cuentan un Centro permanente de exposiciones en el predio de la Sociedad Rural y la Casa del Artista que sería administrada por el Ateneo Cultural Eva Perón, pero ninguno de los dos fue construido. Entre los proyectos realizados para el gobierno nacional, el más destacado fue la escenografía urbana creada en colaboración con Apold para el Primer Festival de Cine de Mar del Plata, desde donde Perón lanzó la campaña electoral en 1954.

Muchas de las obras que hemos estado repasando, tanto las proyectadas como las promovidas por él durante su gestión, se orientaron hacia la promoción de la cultura y del espectáculo masivo en el espacio público urbano. Es probable que su talento como escenógrafo y sus exitosas experiencias previas en el diseño de salas de espectáculos y exposiciones hayan contribuido a capitalizar esta faceta de su trabajo. Al mismo tiempo, sus vínculos con Apold y los encargos recibidos desde la Subsecretaría de Informaciones así como desde la Fundación Eva Perón hablan de un momento histórico propicio para estas experiencias en las cuales política, propaganda, políticas culturales y espectáculo se fundieron y potenciaron. Su alejamiento del peronismo y de la política en general se produjo en medio de acusaciones por irregularidades fraudulentas en la Municipalidad que lo obligaron a renunciar en octubre de 1954. Luego del golpe de Estado de 1955, debió exiliarse en Montevideo. Tras su retorno en 1958, se dedicó a la actividad privada.


Consideraciones finales
En esta ponencia nos propusimos ahondar sobre distintas facetas del personaje Jorge Sabaté desde la construcción de su perfil público, tratando de reparar en las múltiples formas en que este arquitecto se expuso a la esfera pública: como arquitecto del gremio La Fraternidad, como representante de sus colegas al frente de la SCA, como técnico destacado del peronismo, como figura política. Asimismo, su producción nos permite reflexionar sobre el carácter público de la arquitectura en varios sentidos: por un lado, en la arquitectura como objeto público, de uso colectivo y portadora de un mensaje social, que Sabaté materializa en el vínculo de la arquitectura con el arte; por otro lado, en la arquitectura como constructora de ámbitos públicos urbanos; por último, en la arquitectura y el urbanismo como disciplinas con capacidad de transformar la vida social, a través de respuestas a problemas como el de la vivienda y la planificación urbana.

Su itinerario singular permite problematizar la idea de arquitectura moderna y su desarrollo como disciplina en la Argentina. También informa acerca de las tensiones propias del vínculo entre la corporación de los arquitectos y el Estado durante la primera mitad del siglo XX. Su figura da cuenta de una aspiración colectiva de los arquitectos modernistas por incidir en la toma de decisiones sobre la planificación y la construcción de la ciudad en un momento en de redefinición de las formas del ejercicio profesional. Su recorrido como actor público, habla de una vocación personal por movilizar tanto a la opinión pública como a la dirigencia política hacia proyectos para la transformación material, social y cultural de la ciudad.

El abordaje de una trayectoria singular en el marco de un estudio biográfico supone, como señalamos al comienzo, numerosos riesgos para el investigador: la amenaza de la teleología, la tentación de construir un relato de vida como una sucesión de causas y efectos lógicos y ordenados, imponen la necesidad de elaborar estrategias para combatirlas. En este sentido, consideramos necesario (más como una meta para el desarrollo del trabajo en el futuro que como algo efectivamente logrado en esta ponencia que aún es inicial) hacer dialogar al personaje con la trama del espacio social en el cual estaba inserto. Siguiendo a Bourdieu, la historia de vida únicamente podrá comprenderse en su complejidad cuando se hayan reconstruido los estados sucesivos del campo en el cual el agente desarrolló su trayectoria, así como el conjunto de relaciones en el cual se vio implicado junto a otros agentes operando en el mismo espacio.
Bibliografía

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BALLENT, Anahí (2004), voz “Sabaté, Jorge”, en LIERNUR, Jorge Francisco y ALIATA, Fernando (dirs.), Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Buenos Aires: AGEA, pp. 9-10.

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1 En 1999, la familia de Sabaté decidió donar su archivo, dividiendo la colección en dos grupos de documentos. Una parte concentró la documentación relacionada con sus trabajos en la actividad profesional privada y se destinó a la Sección de Archivo Documental del Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas “Mario Buschiazzo” de la FADU, UBA. La otra parte reunió el material vinculado con su trabajo en la gestión y la obra pública, y fue enviado al Instituto Nacional de Investigaciones Históricas “Eva Perón”, con sede en el Museo Evita.

2 Este abordaje se reconoce deudor de una serie de trabajos señeros como los de Jorge Francisco Liernur (1986, 2001), Adrián Gorelik (1987, 1994, 1998, 2001, 2011), Anahí Ballent (2001, 2005a, 2005b, 2008), y Graciela Silvestri (2000) que, en sintonía con la importante renovación historiográfica que tuvo lugar en los años 1980, se propusieron revisar las interpretaciones lineales que habían definido a la arquitectura como una derivación directa o como un reflejo de la política, demostrando en cambio la existencia de mediaciones culturales más complejas. Para un breve resumen de las ideas y los autores que, desde Manfredo Tafuri hasta Jeffrey Herff, pasando por Hannah Arendt y Michel Foucault, han abonado aquel particular enfoque véase: Anahí Ballent y Adrián Gorelik, “El Príncipe”, en revista Block n°5, diciembre de 2000, pp.6-11.

3 Buenos Aires pasó de 187.100 habitantes a 1.575.800 entre 1869 y 1914, Córdoba pasó de 29.000 a 122.000, mientras que Rosario pasó de 23.000 a 226.000 durante el mismo lapso. (Liernur, 2001: 25)

4 Por nuevos programas de necesidades Liernur refiere a los nuevos temas que debió encarar la arquitectura de la ciudad a escala masiva: espacios públicos (plazas, parques, bulevares), infraestructuras viales, teatros, bancos, escuelas, hospitales, edificios públicos, etc.

5 Siguiendo a Marshall Berman (1988), el autor identifica una variedad de formas de representar la modernidad a las cuales define como distintas líneas de “modernismos”.

6 Le Corbusier llegó a Buenos Aires a fines de septiembre de 1929 y permaneció en el país hasta el mes de noviembre. Su obra había sido difundida en el ámbito local por los arquitectos argentinos Alberto Prebisch y Ernesto Vautier, en sus artículos para la revista de la vanguardia porteña Martín Fierro. Su visita fue financiada por tres instituciones para las cuales brindó una serie de conferencias: cinco para la Asociación Amigos del Arte, cuatro para la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA y una para la Asociación Amigos de la Ciudad. Además, se vinculó con personajes destacados de la cultura y la alta sociedad local como Victoria Ocampo, Alfredo González Garaño, Matías Errázuriz, entre otros. Cfr. Jorge Francisco Liernur y Pablo Pschepiurca (2008), La red austral: obras y proyectos de Le Corbusier y sus discípulos en la Argentina: 1924-1965, Bernal: Universidad Nacional de Quilmes, Buenos Aires: Prometeo.

7 La Revista de Arquitectura fue iniciada por el Centro de Estudiantes de la Escuela de Arquitectura de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la UBA en 1915, pero a partir de 1917 la Sociedad Central de Arquitectos se incorporó a la dirección, convirtiéndose en la voz dominante a partir de 1923. Desde entonces, la revista funcionó como el órgano corporativo del gremio de los arquitectos, publicándose con frecuencia mensual hasta 1951 (momento a partir del cual los estudiantes dejaron de participar) e irregularmente hasta 1962. En 1980 volvió a aparecer y actualmente se sigue publicando (Gentile, 2001).

8 Bajo el título “Las Tendencias Modernas en la Arquitectura y otras Artes”, aquella edición reproducía las opiniones vertidas en un debate que tuvo lugar en la asamblea del Architectural Association Journal en Londres en mayo de 1929. El texto, traducido por el arquitecto Francisco Squirru, se publicó ilustrado por una serie de fotografías y dibujos de obras de arquitectos considerados en ese momento como los exponentes locales más destacados de estas tendencias. Muchas de las obras allí publicadas hoy son consideradas ejemplos del estilo Art-Decó, una de las líneas encuadradas dentro de los múltiples “modernismos”.

9 Karman se retiró de la docencia en 1946.

10 Uno de los logros más importantes fue el establecimiento de la jornada de trabajo de ocho horas, dictado por la ley 11.544 de 1929. (Ferrari, 2009)

11 A partir de 1935 fue Director Escenógrafo de la Compañía Argentina de Alta Comedia del Teatro Moderno.

12 La incorporación de decoraciones modernistas también se observa en el edificio de la Unión Ferroviaria proyectado por el ingeniero Andrés Justo. Allí participaron el escultor Luis Falcini, a cargo de los dos relieves escultóricos de la fachada titulados “Cooperación” y “Evolución”, y el pintor Facio Hebequer, quien realizó los dibujos para los vitrales que se colocaron en la caja de escaleras representando distintos motivos de tono propagandístico como “Proletarios uníos”, “Familia feliz”, y “La huelga”, entre otros.

13 A diferencia de las corrientes más radicales de la arquitectura moderna, frecuentemente caracterizadas como racionalistas o funcionalistas, en las que se privilegia la idea de “función”, asociada a lógicas de utilidad, economía y técnica expresadas a través del diseño y se desdeña la idea de ornamentación por considerarla un elemento superfluo y meramente estético, el Art Decó no prescinde de lo decorativo, sino que lo exalta y lo moderniza. Cfr. Patricia Bayer (2012), Art Deco Architecture. Design, Decoration and Detail from the Twenties and Thirties, Londres: Thames & Hudson.

14 Al Ministerio de Obras Públicas, ubicado sobre la futura avenida 9 de Julio, le siguieron el edificio de Ferrocarriles del Estado en Puerto Nuevo, la sede central de YPF sobre la Diagonal Norte, el Ministerio de Hacienda en Plaza de Mayo, el edificio del Tiro Federal en Núñez, los laboratorios de YPF en Florencio Varela, el Banco de la Provincia de Buenos Aires en el Microcentro y la sede central del Automóvil Club Argentino sobre Libertador, entre otros ejemplos.

15 S/A, “La utilidad de los concursos”, Revista de Arquitectura n° 141, septiembre 1932.

S/A, “Los concursos públicos”, Revista de Arquitectura n° 162, junio 1934.



16 Si bien no nos es posible extendernos sobre el tema en esta sede, resulta importante destacar que en este punto, la situación difiere de lo que ocurría en otros países de América Latina, como es por ejemplo el caso de México, donde los arquitectos modernistas se incorporaron desde mediados de los años 1920 a las oficinas técnicas estatales y desde allí construyeron parte de su obra más reconocida, involucrándose activamente en la construcción del “México Nuevo”. Cfr. Adrián Gorelik (1990), “El arquitecto en la construcción del “capitalismo real”: Hannes Meyer en México, 1938-1949”, en A. Gorelik y J. F. Liernur, Dos trabajos sobre Hannes Meyer, Buenos Aires: IAA – FADU.

17 Alberto Coni Molina. Buenos Aires, 1883 – 1962. Arquitecto argentino graduado en 1904. Tuvo una actividad destacada dentro de la S.C.A., institución que presidió en seis oportunidades durante los períodos 1918-1920 y 1923-1927. Además de ejercer la profesión en la actividad privada, desde 1907 se desempeñó como profesor de la Escuela de Arquitectura de la UBA, convirtiéndose en vicedecano en 1930. En 1932 llegó a ser electo concejal de la ciudad de Buenos Aires por el Partido Demócrata Nacional. (Gutiérrez, 1993: 105)

18 Hasta aquel momento, sólo los ingenieros habían podido desempeñarse en esos cargos. Finalmente, el agregado propuesto por el arq. Coni Molina fue votado afirmativamente por el Concejo Deliberante.

19 S/A, “Reivindicación oficial del arquitecto”, Revista de Arquitectura n° 278, febrero 1944.

20 Debo la referencia a este pasaje a la generosa observación de Anahí Ballent.

21 Entre algunas de esas actividades podemos mencionar la creación del Servicio Gratuito de Proyectos (1931), la sección “Casas económicas” en la Revista de Arquitectura (1932), la organización de exposiciones como el Salón Anual de la Construcción (1932) y el Salón Nacional de Arquitectura (1933), y la emisión de la “Audición de Arquitectura” por LS8 Radio Stentor. (Gutiérrez, 1993: 120-121)

22 La disputa por la Reglamentación Profesional recorrió todo el período que nos ocupa y finalizó recién en 1944, con la promulgación por parte del Gobierno Nacional del decreto-ley N°17946, reglamentario del ejercicio profesional de la Agrimensura, Arquitectura e Ingeniería en la Capital Federal y Territorios Nacionales. (Gutiérrez, 1993: 164)

23 En septiembre de 1931, la Revista de Arquitectura informaba sobre el comienzo de una serie de sesiones semanales de los arquitectos reunidos en torno de la S.C.A. para debatir “los problemas de la profesión vinculados al interés público”. Los principales temas de la discusión se tradujeron en la designación de respectivas comisiones para la realización de gestiones más eficientes ante la sociedad y los poderes públicos. Algunas de estas comisiones eran: “Propaganda de la función social del arquitecto”; “De gestiones para la preferencia en la designación para los puestos técnicos de profesionales diplomados”; “Régimen de proyección y dirección de las obras públicas”; “Sobre designación de profesionales diplomados para el desempeño de cargos técnicos”; “Sobre fiscalización estética de las construcciones”; entre otras. (S/A, RA N°129, septiembre 1931: 456).

24 “Aeropuerto de Buenos Aires. Proyecto preparado por la Sociedad Central de Arquitectos”, Revista de Arquitectura, n° 215, noviembre 1938, pp. 507-508. La propuesta contemplaba su ubicación en una isla artificial de forma triangular frente a la Costanera Sur. La ubicación costera ya había sido ensayada por el ingeniero Della Paolera en su proyecto realizado desde la Dirección del Plan de Urbanización en 1934. Véase: Revista de Arquitectura, n° 164, agosto 1934, pp. 329-330.

25 En 1936 se inauguró el campus de la Universidad de Roma, que contó con la participación de destacados arquitectos modernistas bajo la dirección general de Marcelo Piacentini. En el mismo año, Le Corbusier realizaba un proyecto para la Universidad de Rio de Janeiro, pero en 1938 el encargo pasó a manos de Piacentini.

26 Asociación Médica Argentina, Colegio de Abogados de Buenos Aires, Asociación Los Amigos de la Ciudad, Museo Social Argentino, Asociación Argentina de Artistas Plásticos, Centro de Ingenieros Agrónomos y Federación Universitaria de Buenos Aires, son tan sólo algunas de las entidades mencionadas. Véase: S/A, “VIII) Labor realizada por la S.C.A.”, en Revista de Arquitectura, n° 213 (número especial dedicado exclusivamente al proyecto de la Ciudad Universitaria de Buenos Aires), septiembre 1938, p. 453.

27 Por ejemplo, en 1937 Sabaté fue designado profesor de dibujo e historia del arte de la Escuela de Bellas Artes “Prilidiano Pueyrredón” en 1937. Desde allí trabó relaciones con diferentes artistas que más adelante participarían con sus obras en las exposiciones efímeras diseñadas por el arquitecto para el gobierno peronista.

28 Revista de Arquitectura, n° 250, octubre, 1941.

29 Realizó la Exposición de la Industria Argentina en Buenos Aires (1947), la Exposición de la Producción, Industria y Comercio del Noreste Argentino, en Resistencia, Chaco (1947), el Pabellón Argentino en la Exposición de la Industroa, en La Paz, Bolivia (1947), Exposición de la Industria en Mendoza (1950).

30 El proyecto fue concebido en 1953, pero la inauguración del edificio recién se realizó en 1960.



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