Antecedentes y Desarrollo de la Segunda Guerra Mundial Revolución Rusa



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Colegio Palmarés

History/NM4


Antecedentes y Desarrollo de la Segunda Guerra Mundial

Revolución Rusa

A comienzos del siglo XX, el Imperio ruso tenía un régimen de gobierno autocrático en manos del zar Nicolás II. Su atraso económico mantenía sumida en la pobreza a una parte significativa de la población, cuya miseria contrastaba con el modo de vida ostentoso de la nobleza privilegiada. Esta situación interna se hizo crítica y explotó en la Revolución de 1905, de la que participó la burguesía rusa y los obreros. La revolución obligó al zar a crear la Duma o cámara de representantes y a adoptar algunas reformas políticas y sociales, que no se aplicaron en la práctica.

En el marco de la Revolución de 1905 habían cobrado protagonismo dos sectores políticos: los mencheviques, grupo moderado liderado por Alexander Kerenski, y los bolcheviques, de ideología revolucionaria inspirada en el marxismo, liderados por Lenin y Liev Trotsky. Ambos grupos serían gravitantes en la Revolución rusa de 1917, que pondría fin al zarismo y permitiría la creación de la Unión Soviética.



La Revolución de 1917

La Revolución rusa comprende dos procesos revolucionarios ocurridos en 1917: la Revolución de Febrero, que puso fin al régimen zarista, y la Revolución de Octubre o Revolución bolchevique, que permitió la instauración de un régimen comunista. Estos movimientos tuvieron su origen en la frustración derivada de los nulos resultados de las reformas implementadas por el Zar y en la participación de Rusia en la Primera Guerra. Este conflicto agudizó la pobreza del pueblo ruso, que debió enfrentar el hambre y las pérdidas humanas de una guerra que sólo reportaba derrotas para el ejército ruso.



La Revolución de Febrero

El 23 de febrero, el descontento del pueblo ruso se hizo sentir en una manifestación en la ciudad de San Petersburgo (Petrogrado), en la que se exigía pan y el fin de la guerra. Esta manifestación marcó el inicio de la Revolución. En los días siguientes, los obreros declararían la huelga general y el movimiento social se trasladaría a los cuarteles.

El Zar se vio obligado a abdicar. Los obreros, campesinos y soldados se organizaron formando soviets o asambleas con gran presencia bolchevique; paralelamente, se constituyó un gobierno formado por miembros de la Duma y liderado por Kerenski.

La posición respecto de la guerra fue un punto de conflicto para el nuevo gobierno, dividido entre las exigencias de retirarse del conflicto y el deseo de respetar los acuerdos con los aliados. La decisión de Kerenski de enviar tropas al frente encendió la rebelión de los bolcheviques, preparada minuciosamente por Lenin.



La Revolución de Octubre

El 24 de octubre de 1917, los bolcheviques iniciaron la ofensiva contra el gobierno provisional. El soviet de Petrogrado, liderado por Trotsky, tomó zonas estratégicas de la ciudad y al día siguiente, derrocó al gobierno de Kerenski. El 26 de octubre se constituyó el gobierno bolchevique, presidido por Lenin. La primera medida del nuevo gobierno fue la repartición de tierras a los campesinos pobres. También se decidió la retirada de Rusia de la guerra, que se concretó en el Tratado de Brest-Litovsk (marzo de 1818). El gobierno de Lenin buscó también afirmar su autoridad, desplazando a las demás fuerzas políticas de cualquier instancia de poder. Los bolcheviques, convertidos en 1918 en Partido Comunista, se transformaron en la fuerza política rectora del nuevo orden ruso.



La guerra civil

A comienzos de 1918, la Revolución solo había triunfado en los principales centros industriales y urbanos de Rusia, por lo que quedaban extensas zonas fuera del control bolchevique. En estas áreas se desarrolló la contrarrevolución, que se enfrentó con las tropas revolucionarias en una guerra civil.

Las tropas contrarrevolucionarias, conocidas como Ejército Blanco, congregaban a una gran variedad de fuerzas e ideologías, desde defensores del zarismo hasta disidentes de la revolución bolchevique. Este ejército contó con el apoyo de ingleses, franceses, estadounidenses y japoneses. Los bolcheviques crearon el Ejército Rojo, organizado por Trotsky, e implementaron un comunismo de guerra, basado en la colectivización de la propiedad agraria y la nacionalización de la industria. El ejército bolchevique inclinó la balanza a su favor, especialmente cuando cesó la ayuda internacional á la contrarrevolución. En 1920, el Ejército Rojo obtuvo la victoria.

Los cambios tras la guerra civil

En 1921, el Partido Comunista decidió el remplazo del comunismo de guerra por una Nueva Política Económica (NEP). Se buscaba hacer frente a una crítica situación económica, que traía consigo nuevamente el fantasma del hambre. La NEP mezcló prácticas comunistas y capitalistas. Se permitió, por ejemplo, la propiedad privada campesina, aunque la banca y la industria siguió en manos del Estado.



La formación de la Unión Soviética

El antiguo Imperio ruso congregaba a una gran diversidad de lenguas, culturas y religiones, las que se habían mantenido unidas por la fuerza. Conscientes de esta realidad, los bolcheviques reconocieron desde el inicio de la revolución el principio de autodeterminación de los pueblos, como una forma de propagar el movimiento revolucionario. Por esta razón, al organizar el Estado se adoptó una estructura federal.

En la Constitución de 1923, los comunistas instituyeron la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). En teoría, cada una de las repúblicas que integraban la unión (la República Rusa, la República Transcaucásica, Ucrania, Bielorrusia y posteriormente, Uzbekistán, Turkmenistán y Tayikistán) se autogobernaban y tenían la misma importancia; no obstante, el predominio ruso comenzaba a hacerse evidente, aunque se acentuaría en las décadas posteriores.

La Unión Soviética a la muerte de Lenin

A la muerte de Lenin en 1924, distintos líderes soviéticos eran candidatos a asumir el poder, destacando entre ellos, Trotsky y Josip Stalin. Ambos habían participado en la Revolución de Octubre, y a favor de Trotsky jugaba su rol en la organización del Ejército Rojo y su peso intelectual. No obstante, Stalin tenía mejores redes en el Partido, del que era Secretario General.

Desde esta posición, Stalin se consolidó como sucesor de Lenin, pese a las reticencias que éste había manifestado sobre su persona. Se iniciaba así un nuevo régimen político en la Unión Soviética: el estalinismo, que se extendió entre 1929, fecha en que Stalin logró derrocar a todos sus adversarios políticos al interior del partido, y 1953, año de su muerte.

Actividades:

1. -¿Cuáles serian causas de la Revolución Rusa?

2.- ¿Cuáles serán los grupos que comandaran la revolución? ¿Qué diferencias hay entre ellos?

3.- ¿Por qué se formara una Contrarrevolución? ¿Qué temores albergaban esos países?

4.- ¿Qué importancia tendrá la revolución rusa en el devenir de la Historia?

5.- ¿Qué diferencias hay entre un comunismo de guerra y la NEP?



El mundo entre las guerras mundiales

Finalizada la Primera Guerra Mundial, el escenario político y social de Europa se vio profundamente alterado. En Alemania, el fin de la guerra puso fin al imperio, permitiendo el nacimiento de la República de Weimar. Su Constitución reconocía una serie de derechos individuales, económicos y sociales, lo que resultaba muy avanzado para la época. No obstante, la Constitución contó con la oposición de grupos de extrema izquierda y de extrema derecha. Estos últimos ganaron protagonismo, al hacerse cargo del malestar que experimentaba la población alemana con las condiciones derivadas del Tratado de Versalles.

Las potencias vencedoras experimentaron algunas tensiones internas, aunque mantuvieron sistemas políticos democráticos. Fue en el plano internacional donde se registraron los mayores cambios: Europa perdió su rol preponderante, siendo desplazada por Estados Unidos. Si bien este país prefirió mantener una situación de aislacionismo político, marginándose incluso de la Sociedad de Naciones, en el ámbito económico la hegemonía estadounidense era indudable.

El gobierno estadounidense desempeñó un rol central en la reconstrucción económica de Europa, facilitando la entrega de créditos para reactivar la industria y, de paso, asegurarse la devolución de los préstamos que había realizado tras la guerra. La prosperidad económica alcanzada por Estados Unidos y, en menor medida, por sus aliados europeos, aumentó la confianza en una pronta recuperación.



Los “Locos años veinte"

Durante los años veinte, la economía estadounidense experimentó una notable expansión. El consumo y las compras a crédito aumentaron considerablemente y la población buscó el olvido de las privaciones del tiempo de guerra a través del consumo de diferentes bienes, lo que se reflejó en el crecimiento de la industria electrónica y automotriz. Florecieron los espectáculos de masa, el charlestón y el tango, la música jazz, el cine y la radio.

La sociedad cambió sus costumbres, especialmente las mujeres cuya moda y comportamiento adquirieron un carácter más liberal. Se acortaron las faldas, se remarcó el maquillaje y los cortes de pelo se masculinizaron; también comenzaron a consumir tabaco y alcohol y a participar de las fiestas nocturnas.

El optimismo reinante impidió ver que las bases de este crecimiento económico eran frágiles, pues se fundamentaban en una creciente especulación financiera. El dinero dejó de ser invertido en actividades productivas para ir a parar a las bolsas de valores; el crédito crecía descontroladamente, generando altas tasas de endeudamiento. Las empresas, alentadas por la bonanza, solicitaban créditos a los bancos para expandir su producción, mientras los particulares hacían lo propio para adquirir bienes o invertir en la bolsa. La ausencia de una política estatal clara para revertir la situación contribuyó a que se desencadenara una profunda crisis.



La crisis económica de 1929

Una baja en las acciones en la bolsa de Nueva York sembró la alarma: los inversionistas salieron a vender sus acciones para recuperar su dinero, provocando el llamado "jueves negro". Ese 24 de octubre de 1929 salieron a la venta más de 13 millones de acciones, las que bajaron dramáticamente sus precios ante la falta de compradores. Esto provocó el desplome de la Bolsa de Nueva York, centro financiero del mundo. Los inversionistas no pudieron cumplir con sus compromisos económicos, lo que arrastró a los bancos a la quiebra. A su vez, la desarticulación del sistema financiero provocó la pérdida de los ahorros de personas y empresas y la bancarrota para muchas compañías. El precio de los productos se desplomó, terminando de arruinar a productores y comerciantes. El cierre de las empresas disparó el desempleo, lo que frenó el consumo y provocó, por tanto, la paralización de la economía.

El crack de 1929 provocó una reacción en cadena que traspasó las fronteras de Estados Unidos, provocando un descalabro en la economía internacional. Sólo la Unión Soviética, cuya economía tenía escasos vínculos con otros países, logró sortear bien la crisis. Estados Unidos procuró rescatar sus capitales en Europa para tratar de recuperar su economía, lo que provocó la quiebra de bancos y serios desajustes en las economías europeas. El comercio internacional descendió considerablemente, afectando gravemente el precio de las exportaciones. La cesantía y el pesimismo se extendieron por el mundo, evidenciando los alcances de una de las más grandes crisis del capitalismo.

Las respuestas a la crisis

Los mecanismos que se establecieron en los distintos países para enfrentar la crisis fueron diversos, aunque coincidieron en asignar una mayor intervención del Estado en economía. Estados Unidos, bajo la presidencia de Franklin D. Roosevelt, emprendió la recuperación económica aplicando el denominado New Deal (Nuevo Trato), basado en la intervención del Estado en la generación de empleo y en la inversión. El New Deal contempló la rearticulación del sistema financiero, un plan de obras públicas para absorber la cesantía, la entrega de subsidios a la agricultura y el desarrollo de una política de reactivación industrial basada en la entrega de subvenciones y la fijación de un salario mínimo. Pese al esfuerzo invertido, la recuperación económica fue lenta y el plan del gobierno fue mirado con desconfianza por las élites económicas estadounidenses, que cuestionaban el excesivo rol del Estado.

Gran Bretaña respondió a la crisis adoptando medidas proteccionistas, replegándose a su mercado interno y al circuito comercial de sus colonias. Esta idea se reflejó en el establecimiento en 1932 de los Acuerdos de Ottawa, que procuraron establecer un mercado protegido circunscrito a la madre patria y sus dominios. En Francia, el gobierno del socialista León Blum promovió un programa de recuperación del poder adquisitivo, mediante el aumento de salarios, la reducción de la jornada laboral semanal, el establecimiento de vacaciones pagadas y la institucionalización de los acuerdos laborales colectivos.

De esta forma, tras la crisis se dejaron de lado los principios del capitalismo liberal, abogando por un nuevo modelo económico, basado en las ideas del keynesianismo, que tendrá un gran desarrollo en Europa tras la Segunda Guerra Mundial.



Los totalitarismos

La crisis de la democracia

Entre las décadas de1920 y 1940, los regímenes políticos de los países occidentales se vieron afectados por las transformaciones sociales y económicas del período de entreguerras. La incapacidad de los gobiernos democráticos para dar una respuesta a la crisis provocó el desencanto de la población, que comenzó a desconfiar del sistema. La crisis de la democracia tuvo su máxima expresión en el desarrollo de regímenes totalitarios, como el fascismo italiano, el nazismo alemán y el comunismo estalinista en la URSS.

Los regímenes totalitarios presentan diferentes características que los diferencian de las democracias:


Al final de la Primera Guerra se produjo la difusión del sufragio universal masculino (y en algunos países, femenino) lo que supuso una masificación de la política. Los partidos políticos se convirtieron en partidos de masas, con miles de afiliados. Un crecimiento significativo lo tuvieron los partidos de matriz obrera, mientras que los partidos vinculados a la burguesía, tuvieron dificultades para adecuarse al aumento de la participación política, lo que generó críticas de estos sectores a la democracia.

En Europa, el temor al desarrollo de una revolución al estilo soviético embargó a parte importante de la sociedad, principalmente a la clase media. Por esta razón, muchas personas fueron partidarias de la llegada al poder de gobiernos fuertes, de carácter ultranacionalista y anticomunista. Esta radicalización de la política fue un elemento fundamental para explicar el ascenso del fascismo y del nazismo.

El fascismo en Italia

En Italia, el ascenso de un régimen totalitario se consolidó con la llegada al poder, en 1922, de Benito Mussolini. Si bien Italia había formado parte del bloque de países vencedores de la guerra, el costo económico y humano superó con creces los resultados del esfuerzo bélico: el país quedó lleno de deudas, con gran desempleo y con mínimas ganancias territoriales, en comparación a las que aspiraban los italianos. El fuerte sentimiento de frustración, sumado a la inestabilidad social, generó las condiciones propicias para el ascenso de Mussolini.

En 1919, Mussolini fundó los “fasci di combatimento”, organización con resonancias a la Roma imperial, que comenzó a congregar un gran número de militantes, por lo que en 1921 se transformaron en Partido Nacional Fascista. Los grupos fascistas utilizaron la violencia como forma de enfrentar la crisis social, la que se expresó en la acción de sus grupos paramilitares, los "camisas negras", quienes actuaban contra militantes y organizaciones de izquierda, sin sufrir prácticamente ninguna consecuencia por sus actos. Pronto, la fuerza sería el medio que utilizaría el fascismo para llegar al poder en Italia.

En octubre de 1922, Mussolini y sus "camisas negras" realizaron la Marcha sobre Roma, una enorme demostración de fuerza, que terminó con el llamado realizado por el rey Víctor Manuel III para que Mussolini se integrara al gobierno. Poco a poco, los fascistas fueron controlando todos los resortes del Estado, manteniendo la apariencia de un régimen democrático, y lograron triunfar en las elecciones, gracias a la violencia ejercida contra los partidos de oposición.

En 1925 el gobierno de Mussolini asumió un cariz claramente autoritario. Mussolini, quien comenzó a hacerse llamar duce (caudillo, conductor), promulgó una serie de decretos que transformaron el Estado liberal en un Estado fascista o corporativo, caracterizado, entre otras cosas, por la supresión de las libertades civiles y de los partidos políticos, excepto el fascista.

Características del fascismo


  • Fue un régimen antidemocrático, en que la libertad individual se subordinaba al Estado, dirigido por un líder todopoderoso y apoyado en un partido único.

  • El Estado intervenía en la economía, aunque apoyaba la empresa privada.

  • El Estado controlaba la educación, la cultura y los medios de comunicación, y los utilizaba como herramientas de control social y en la promoción de un culto al líder.

  • Desarrolló un culto a la violencia y al militarismo, que se manifestó en el uso de símbolos y propaganda.

  • Tuvo un carácter anticomunista, nacionalista y expansionista.

El nazismo en Alemania

En 1930, la República de Weimar enfrentaba una severa crisis derivada de la Gran Depresión. El desempleo alcanzó a gran parte de la población y la inflación se disparó, provocando un empobrecimiento general de la población. Existieron continuos estallidos de violencia e intentos golpistas, como uno liderado por el Partido Nacionalsocialista de los Trabajadores Alemanes -o partido nazi- en 1923. En 1930, este partido era la segunda fuerza política en Alemania, y su apoyo electoral aumentaba en la medida en que se agudizaba la crisis económica alemana.

El éxito político del partido nazi, sumado a la presión ejercida a través de actos de masas y acciones callejeras violentas, llevaron a que su líder, Adolf Hitler, fuera nombrado Canciller de Alemania en 1933. A partir de este momento, se inició el giro hacia un régimen totalitario: el III Reích. El primer objetivo fue dotar a Hitler de poderes extraordinarios, lo que se logró tras unas elecciones desarrolladas en un clima enrarecido: el incendio del Reichstag o Parlamento, del que Hitler acusó a los comunistas, sirvió de excusa para declarar ilegal a los partidos políticos y organizaciones sindicales. Solo se permitió la existencia del partido nazi. Al mismo tiempo, Hitler eliminó la oposición existente en su partido, en la llamada "noche de los cuchillos largos".

El régimen comenzó con una política racista, cuya máxima expresión fue el antisemitismo. Durante el régimen nazi, se establecieron leyes que discriminaron a la población judía. También se llevaron a cabo confiscaciones de sus bienes y acciones violentas contra sus propiedades, como la "noche de los cristales rotos" (1938), en que se asaltaron miles de tiendas de propietarios judíos. Los organismos encargados de llevar a cabo las políticas de coacción e intimidación por motivos raciales o políticos fueron las SS ("escuadras de protección", al mando de Heinrich Himmler) y la Gestapo o policía secreta



Características del nazismo

  • Fue un régimen ultranacionalista, anticomunista y antidemocrático.

  • El Estado era dirigido por un líder todopoderoso, el führer o "conductor", y sostenido por un partido único, el partido nazi. El gobierno se basó en ideas racistas que defendían la superioridad de los arios, encabezados por el pueblo alemán. También defendía el pangermanismo, que proclamaba la unión de los pueblos de origen germano en una sola nación; y la teoría del espacio vital, que buscaba disponer de un territorio suficientemente amplio para satisfacer las necesidades de la población germana. Esto se tradujo en una política exterior expansionista.

  • Se utilizó de manera sistemática el terror y la violencia política. Se persiguió, encarceló y eliminó a opositores políticos y se llevó a cabo una política de limpieza étnica, que implicó la muerte de judíos, gitanos, eslavos, personas con discapacidad psíquica y minorías religiosas, étnicas y sexuales.

  • El régimen utilizó un aparato de propaganda, que procuró cooptar a toda la sociedad. Se controló los medios de comunicación y toda la creación cultural y artística.



El estalinismo soviético

El estalinismo fue un régimen totalitario basado en la supremacía del Partido Comunista, que controló el Estado y la sociedad, y en la planificación estatal de la economía. El partido estaba sometido al control de Stalin. Cualquier disidencia fue duramente reprimida mediante las purgas, consistentes en la muerte del disidente o en su reclusión en campos de prisioneros, denominados gulag. En algunos casos, pueblos enteros considerados rebeldes eran trasladados de manera forzosa.



Características del estalinismo

  • Desarrollo de una política centralista que consolidó la hegemonía de Rusia sobre las demás repúblicas de la URSS. Se reprimió duramente cualquier atisbo de nacionalismo.

  • Se promovió el culto al líder, a través de un aparato de propaganda controlado por el Estado. Se reprimió cualquier disidencia.

  • La planificación de la economía por el Estado, que establecía metas de producción agrícola e industrial a través de planes quinquenales. Se colectivizó la agricultura a través de sovjós -granjas estatales con trabajadores asalariados- y koljós, granjas de propiedad colectiva controladas por el Estado. Se crearon grandes industrias estatales, que transformaron a la URSS en una potencia industrial, y el Estado controló el comercio, los bancos y los servicios.

  • Formación de un cuerpo de funcionarios leales al entramado del poder: la nomenklatura, que subsistió a la muerte de Stalin.

La Segunda Guerra Mundial

De nuevo a la guerra: antecedentes

En muchos sentidos, las raíces de la Segunda Guerra Mundial se encuentran en problemas no resueltos de la Primera Guerra. En Alemania, la situación impuesta por el Tratado de Versalles, agudizada por los efectos de la crisis económica, había facilitado el ascenso de Hitler, y la existencia de regímenes totalitarios en Italia y la URRS y de dictaduras en distintos países de Europa, evidenciaban la crisis de los sistemas democráticos.

Alemania, Italia y Japón iniciaron una agresiva política expansionista en Europa y Asia. Esta política se manifestó en los conflictos que se desarrollaron en la década de 1930: Alemania e Italia participaron activamente en la Guerra Civil española, enviando tropas y armamentos; incluso la Fuerza Aérea alemana bombardeó algunas ciudades, como Guernica. Italia invadió Abisinia, Alemania se anexionó Austria, la región de los Sudetes (Checoslovaguia) y posteriormente, toda Checoslovaquia, mientras Japón invadía territorio chino.

La actitud de los demás países europeos ante la política expansionista de las potencias del Eje fue expectante. Francia e Inglaterra miraban con recelo a Alemania, pero su anticomunismo ofrecía un contrapeso al avance de la URSS. Esta última consideraba que de desencanarse una guerra, sería entre naciones capitalistas, lo que podría favorecer la difusión del comunismo en otras naciones. La Sociedad de Naciones, se mostró incapaz de garantizar la paz internacional ante la expansión territorial de las potencias del Eje, que se retiraron de este organismo EE UU mantuvo su política aislacionista.

En agosto de 1939, se produjo una situación impensada: la URRS estalinista y la Alemania nazi firmaron el Pacto de no agresión Germano-Soviético, un acuerdo entre dos sistemas ideológicamente inconciliables. Este pacto estableció garantías de seguridad para ambas naciones, la aceptación de la influencia soviética sobre la zona del Báltico y una cláusula secreta donde se acordaba el reparto de Polonia

Tras la firma de este pacto, Hitler inició la invasión de Polonia, el 1de septiembre, con el pretexto de recuperar la zona del Danzig. Esta vez, las potencias europeas no se mantuvieron pasivas y dos días después de la invasión, Inglaterra y Francia declararon la guerra a Alemania. Se había iniciado la Segunda Guerra Mundial.



El desarrollo de la Guerra

La guerra en Europa

El Alto Mando alemán puso en marcha la estrategia de guerra relámpago, utilizando su superioridad militar para lograr rápidas victorias. El 14 de junio, las tropas alemanas entraron en París, provocando la rendición de Francia. El territorio francés fue dividido en una zona de ocupación alemana y una zona teóricamente libre, donde se instaló el régimen colaboracionista de Vichy. Solo los ingleses quedaron como oponentes de Alemania, que inició la "guerra contra Inglaterra", una campaña de bombardeos sobre este país. En 1941 la Unión Soviética y Estados Unidos entraron al conflicto. En junio, Alemania inició la operación Barbarroja, nombre con que se conoció a la ofensiva contra la URSS. En diciembre, Japón bombardeó la base estadounidense de Pearl Harbour, en el Pacífico; EE UU declaró la guerra a Japón y a las demás potencias del Eje. De esta forma, la guerra comenzó a desarrollarse en distintos frentes: el soviético, el del Pacífico y un frente territorialmente disperso, que incluyó el norte de África, Italia, Francia y Bélgica.



La ofensiva aliada

El año 1942 se inició la contraofensiva soviética, mientras las tropas anglo-estadounidenses vencieron en África, que sirvió de plataforma para invadir Italia. Al interior de los países ocupados por las tropas del Eje, se habían organizado fuerzas de resistencia, que lucharon en su propio territorio contra los alemanes o contra los gobiernos que colaboraban con ellos.



Ofensiva aliada en Europa

En 1943, el ejército alemán sufrió su primera gran derrota frente a la ciudad soviética de Stalingrado, posibilitando la posterior reconquista del país y el avance del Ejército Rojo hacia Europa. Ese mismo año, las tropas aliadas desembarcaron en Italia, destituyendo a Mussolini. En septiembre, Italia firmaba el armisticio, motivando la ocupación alemana del norte del país. También en 1943, los estadounidenses derrotaban a los japoneses en Guadalcanal, comenzando el avance hacia Japón.

En Europa occidental, la contraofensiva aliada comenzó con el desembarco de tropas en Normandía, el 6 de junio de 1944, que permitió la liberación de Francia. Alemania no pudo contener el avance aliado desde Oriente y Occidente y, a fines de abril de 1945, las fuerzas soviéticas, que ya cercaban Berlín, se encontraron con las tropas estadounidenses muy cerca de esta ciudad. El 30 de abril de 1945, Hitler se suicidó, lo que abrió las puertas a la firma de la rendición de Alemania los días 7 y 8 de mayo.

Solo Japón permanecía combatiendo, pero su posición era muy débil. El avance estadounidense había sido constante, especialmente después de los triunfos en lwojima y Okinawa a comienzos de 1945. La utilización de la bomba atómica sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki -el 6 y 9 de agosto de 1945, respectivamente-aceleró la derrota japonesa. En pocos segundos, miles de civiles murieron, por lo que el Imperio japonés se rindió incondicionalmente.



Consecuencias de la guerra

Pérdidas humanas y materiales

La Segunda Guerra acarreó el trágico saldo de más de 60 millones de muertos y cerca de 40 millones de heridos. Un número considerable de ellos correspondió a población no combatiente, cuyas ciudades fueron arrasadas por las tropas de uno y otro bando. Miles de personas fueron víctimas de desplazamientos forzosos, pues debieron dejar sus territorios tras el avance de las tropas nazis, o bien, retornar a Alemania tras la liberación de Europa del Este. La humanidad se horrorizó con los exterminios masivos de población llevados a cabo por el régimen nazi, y que quedaron al descubierto tras la caída del III Reich.

El costo económico de la guerra también fue altísimo. En los países derrotados y en los de Europa oriental, las industrias, caminos y campos agrícolas quedaron destruidos; las pérdidas económicas fueron menores en Francia y el Reino Unido, mientras que Estados Unidos resultó favorecido por el conflicto, pues la guerra le permitió consolidar su liderazgo mundial.

Cambios políticos y territoriales

En Europa occidental se produjo un retorno a los regímenes democráticos, que adoptaron posturas más progresistas y partidarias de una mayor intervención del Estado en áreas sociales. En Europa del Este, la influencia del Ejército Rojo fue fundamental en la evolución política. En los años inmediatamente posteriores al fin de la guerra, se sentaron las bases para el establecimiento de gobiernos al estilo soviético. Otro cambio político fundamental fue la emergencia de dos grandes potencias, que desempeñarían un rol fundamental durante el resto del siglo: Estados Unidos y la Unión Soviética.

Los cambios territoriales afectaron principalmente a Europa central y del Este. Alemania fue dividida en cuatro zonas de ocupación -británica, francesa, soviética y estadounidense-, que serán la génesis de la posterior división de Alemania en dos países, que se prolongaría hasta 1990. La Unión Soviética incorporó los estados bálticos de Estonia, Letonia y Lituania, parte de Finlandia y Rumania. China recuperó todos los territorios ocupados por Japón, que quedó reducido a su archipiélago y ocupado militarmente por EE UU.

La organización de la paz

Las condiciones de paz surgieron de una serie de conferencias entre los vencedores, iniciadas en tiempos de guerra. Especial importancia tuvieron las conferencias de Teherán (1943), Yalta (febrero de 1945) y Potsdam (julio 1945), en las que se acordaron las medidas a aplicar a Alemania y se establecieron las áreas de influencia de las potencias vencedoras en la guerra.

El 26 de junio de 1945 se realizó la Conferencia de San Francisco, en la que se formó la Organización de Naciones Unidas (ONU), cuya carta fundacional fue firmada por 50 países. Sus principales objetivos fueron:


  • Garantizar el mantenimiento de la paz y la seguridad mundial.

  • Defender los Derechos Humanos y el reconocimiento de la igualdad de derechos para todos los pueblos.

  • Estudiar problemas internacionales de tipo económico, social y cultural, para enfrentarlos a través de la cooperación.

La guerra y los crímenes contra la humanidad

El avance aliado por el territorio ocupado por el ejército alemán, dejó al descubierto la realidad de millones de personas sometidas a atroces crímenes contra la humanidad. La política nazi contemplaba la destrucción de la oposición, la movilización de millones de personas para realizar trabajos forzados y el exterminio de la población considerada "inferior". La magnitud de este genocidio llenó de horror al mundo.

El mayor número de víctimas de las políticas de exterminio nazi eran de origen judío. Muchos fueron obligados a vivir en guetos, donde se les aisló y sometió a condiciones de vida miserables. El Estado alemán también trasladó a la población considerada indeseable a campos de concentración donde debían realizar trabajos forzados. En 1942, los dirigentes del régimen nazi acordaron la "solución final al problema judío", que se tradujo en el desarrollo de un programa de eliminación sistemática de personas. Se habilitaron campos de exterminio como Auschwitz, Treblinka o Bergen Belsen, donde perdieron la vida millones de personas en cámaras de gas, por la falta de alimentos, ejecuciones o malos tratos. Este exterminio masivo, organizado y planificado desde el Estado, se conoce como Holocausto.

Recibí la orden de tomar medidas que facilitaran en Auschwitz el exterminio de los internados. Eso fue en julio de 1942. (...). Visité Treblinka para comprobar cómo se efectuaban las ejecuciones. El comandante del campo me dijo que había liquidado a 80 mil personas en medio año. Su misión consistía en eliminar a los judíos del gueto de Varsovia. Empleaba gas monóxido y, en su opinión, sus métodos no eran muy eficaces. Por lo tanto, cuando levanté los edificios exterminadores en Auschwitz, utilicé zyklon B, un ácido cianhídrico cristalizado que arrojábamos al interior de las cámaras de la muerte a través de una pequeña abertura. Según el tiempo que hiciera, eran necesarios 3 a 15 minutos para acabar con la vida de los gaseados. Sabíamos el momento de su muerte por el cese de griterío. Esperábamos media hora antes de abrir la puerta y retirar los cadáveres.

Testimonio de Rudolf Hess ante Tribunal de Nuremberg, citado en Huellas 4 Estudios Sociales, Santularia, Lima, 2002

Se calcula que unos seis millones de judíos perdieron la vida. También murieron millones de prisioneros soviéticos y polacos, comunistas y opositores a Hitler, testigos de Jehová, gitanos, homosexuales y miembros de otras minorías. En los últimos meses de la guerra, frente al innegable avance de las tropas aliadas, el ejército nazi llevó a los prisioneros a la "marcha de la muerte" con el fin de prevenir una posible liberación. Solo con la rendición de las fuerzas alemanas, los sobrevivientes alcanzaron su libertad.

La conciencia de los Derechos Humanos

Los países vencedores en la guerra establecieron prontamente tribunales para juzgar a los responsables de los crímenes cometidos durante la guerra. Tanto en Tokio, capital de Japón, como en Nuremberg, ciudad alemana donde Hitler realizaba sus concentraciones masivas, se instalaron cortes que permitieron juzgar y condenar a los responsables de diversos crímenes de guerra y contra la humanidad.



En este sentido, una de las consecuencias de los horrores de la guerra fue la toma de conciencia de la importancia de respetar los Derechos Humanos. La ONU se preocupó especialmente de este tema, lo que se tradujo en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948), donde se establecen los derechos fundamentales de todas las personas. El mismo año se estableció la Convención para la prevención y sanción del delito de genocidio, ratificada por Chile en 1953.

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