Analisis conceptual epidemiologico



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Tasa de ataque o tasa de casos


Es una tasa de incidencia que se usa a menudo para determinados grupos específicos observados durante periodos limitados y en circunstancias especiales, como en una epidemia, y que suele expresarse en porcentajes (casos por 100). La tasa de ataque se obtiene en una situación de brote o epidemia y se expresa usualmente como un porcentaje.

Tasa de ataque secundario


Expresa el número de casos entre los contactos familiares o en instituciones, ocurridos dentro del periodo de incubación aceptado, después de la exposición a un caso primario, en relación con el total de dichos contactos; puede limitarse a los contactos susceptibles cuando estos se pueden identificar.
La tasa de ataque secundario, mide contagiosidad de una enfermedad de transmisión persona a persona y, por tanto, es de utilidad para evaluar la efectividad de las medidas de control de un brote.
La tasa de ataque secundario , expresa el numero el numero re casos de una enfermedad que aparecen dentro del periodo de incubación entre los contactos susceptibles expuestos a un caso primario o índice excluyéndolos del numerador , en relación con el numero total de contactos susceptibles expuestos.
La tasa de infección; expresa la incidencia de casos manifiestos y asintomático.
Tasa habitual de casos:

*indica el numero de casos que normalmente se presentan durante el año.

*tiende a confundirse con índice endémico.

*siempre precede al índice epidémico.



INDICADORES


Parámetros estadísticos de carácter universal que permiten conocer el estado de salud de los individuos y de las comunidades de manera objetiva, a fin de poder llevar a cabo una planificación y gestión adecuadas de las políticas y programas de atención sanitaria y epidemiológica.

Los hechos vitales una vez registrados, nos permiten obtener los datos demográficos correspondientes, los cuales podemos expresarlos en cifras absolutas o relativas, es decir, en términos de cantidad (números absolutos) o expresiones numéricas que resultan de la comparación de estos n8umeros absolutos con otros, tomados como elementos de relación.

En la medición de sucesos de interés sanitarios se utilizan un conjunto reducido de indicadores, los que a su vez se pueden fragmentar en múltiples subgrupos. Para representar adecuadamente un suceso puede ser necesario, y hasta recomendable, la utilización combinada de alguna de los siguientes indicadores:


  1. Cifras absolutas: éstas dan una idea de la magnitud o volumen real de un suceso. Tienen utilidad para la asignación de recursos (por ejemplo, el numero mensual de partos en un establecimiento hospitalario da una idea del numero de camas, personal y recursos físicos necesarios para satisfacer esta demanda).

Al efectuar comparaciones, el uso de cifras absolutas tiene limitaciones, puesto que no aluden a la población de la cual se obtienen (así, 40 defunciones anuales en una población de 15.000 habitantes, puede ser proporcionalmente mayor que 50, ocurridas en una población de 20.000 habitantes). Sin embargo, la comparación de cifras absolutas referidas a la misma población en periodos cortos de tiempo puede ser un buen estimador de riesgo al mantenerse constante el denominador.

Las cifras absolutas son utilizadas con fines administrativos. Este tipo de uso posee un inconveniente de que no permite comparación.

Las valores relativos en cambio, son los que utilizamos para comparar las situaciones demográficas entre si. Dan origen a los valores numéricos denominados INDICADDORES DEMOGRAFICOS, los cuales para su uso, deben reunir ciertas condiciones de las cuales, vale mencionar algunas : ser comprensibles, confiables , de uso factible y practico.

Los indicadores demográficos son valores numéricos de carácter relativo por medio de los cuales expresamos y relacionamos los hechos demográficos. De ellos, los mas usados son : tasas , razones , proporciones e índices.



  1. Tasas: están compuestas por un numerador que expresa la frecuencia con que ocurre un suceso (por ejemplo, 973 muertes por cáncer de mama en 1999 en Venezuela) y un denominador, dado por la población que está expuesta a tal suceso (7.583.443 mujeres). De ésta forma se obtiene un cuociente que representa la probabilidad matemática de ocurrencia de un suceso en una población y tiempo definido. En el ejemplo, la tasa obtenida estima el riesgo de cada mujer mayor de 30 años en Venezuela, de fallecer de cáncer de mama en el curso de 1991.

Cuando en el denominador se trata de población general, para fines del cálculo de la población expuesta, se usa como convención la existente al 30 de junio; o al (01-07), en ese lugar durante ese año se corresponde con la mitad de año (año epidemiológico). Por razones prácticas, el cuociente obtenido se amplifica por algún múltiplo de 10 (ya sea 1.000, 10.000, 100.000). De ésta forma, la tasa de mortalidad por cáncer de mama en mujeres en 1999 fue de 12,8 muertes por 100 mujeres (12,8 muertes por cada 100.000 mujeres).

Las tasas relacionan la ocurrencia de un hecho o fenómeno con el riesgo del mismo en una población determinada y en un momento dado. A diferencia de la razón y la proporción, este indicador mide fuerza, probabilidad y riesgo. Por tratarse de una relación por creciente, su expresión matemática deberá ser un quebrado en cuyo numerador colocamos el número de veces que se ha sucedido el fenómeno (muertes, morbilidad) y en el denominador, el número de habitantes o población sometida al riesgo de sufrir el fenómeno del numerador.

En virtud de que el numerador de la tasa será siempre menor que el denominador, lo que determina que al resolver el quebrado por aplicación aritmética nos resulta un numero menor que la unidad, difícil de recordar, por esto se recomienda multiplicar este cuociente por una constante ( K = 10 n ).

Se refiere el fenómeno o evento, a una unidad determinada: 100. 1.000, 10.000, 100.000, 10 ..n, (10 n). SE DEBE TENER PRESENTE QUE ES NECESARIO INDICAR EL VALOR QUE SE LE ASIGNO A DICHA CONSTANTE. En medicina son diversas las tasas que se pueden utilizar, cuando la base numérica de la constante se iguala a 10 x 10 (100), coincide con un porcentaje (tasa medida en porcentaje).



  1. Razones: expresan la relación entre dos sucesos. A diferencia de las tasas el numerador no está incluido en el denominador y no hacen referencia a una población expuesta. En éste caso, la interpretación del cuociente no alude a una probabilidad o a un riesgo, como es el caso de la tasa. Un ejemplo es la razón de masculinidad, que es el cuociente entre la población de sexo masculino y la población de sexo femenino en un lugar y periodo determinado (amplificado por 100. En Venezuela, para el año 2000 la razón de masculinidad fue de 98,1%, es decir, "por cada 100 mujeres había 98 hombres". Las razones relacionan entre si dos hechos o fenómenos independientes, uno no incluido en el otro o una característica con otra de una misma serie o sea dos características independientes (ej.: varones – hembras). La razón lleva el nombre de acuerdo a su numerador. La razón puede igualmente representarse en base a 100, cuando el resultado es una fracción decimal, pero en este caso es mejor hablar de índice.

  2. Proporciones: Expresan simplemente el peso (frecuencia) relativo que tiene un suceso respecto a otro que lo incluye (el denominador incluye al numerador). Por ejemplo, ¿Qué proporción de las muertes ocurridas en Venezuela para el año 1999 fue causada por enfermedades cardiovasculares? Esto se calcula construyendo el cuociente entre el numero de muertes ocurridas por causa cardiovascular (22.730) y el numero total de muertes ocurridas ese año (81.984) amplificado por 100 (27.7% de las muertes de 1999 fueron causadas por enfermedades de tipo cardiovasculares).

    Las proporciones no se interpretan como una probabilidad ni tampoco otorgan un riesgo, puesto que no se calculan con la población expuesta al riesgo.


    las proporciones surgen cuando comparamos una de las características de una serie con el total de características o una parte con el todo. El valor puede relacionarse a 100 y sus resultados seria en porcentajes.

  3. Índices: Surgen de la comparación de dos tasas o dos razones. Por ejemplo, el cuociente entre la tasa de mortalidad general en varones respecto de las mujeres en 1999. Este indicador da una idea de la existencia de mayor o menor riesgo de una condición dependiendo si su valor es mayo o menor de 1 (o de 100%). En este caso, se tiene:



Indicadores de natalidad

Definición/Cálculo

Amplificación

Tasa bruta de natalidad

N? de recién nacidos vivos / Población estimada a mitad de periodo

1.000 habitantes

Tasa de Fecundidad General

N? nacimientos/
N? mujeres en edad fértil (15-49 años)

1.000 mujeres

Tasa de Fecundidad por edad

N? nacimientos por grupo de edad/
N? mujeres por grupo de edad

1.000 mujeres

Tasa recién nacidos de bajo peso

Recién nacidos vivos < 2.500 grs/
N? recién nacidos vivos

1.000 nacidos vivos

Indicadores de mortalidad

Definición/Cálculo

Amplificación

Tasa de mortalidad general

Total de defunciones /
Población total a mitad de periodo

1.000 habitantes

Tasa mortalidad según el sexo

Total defunciones por sexo/
Pobl. masculina o femenina mitad de periodo

1.000 hombres o mujeres

Tasa mortalidad por grupo de edad

Total defunciones por grupo de edad /
Población del mismo grupo de edad

100.000 personas

Tasa de mortalidad Infantil

Defunciones de menores de un año/
Total de recién nacidos vivos

1.000 recién nacidos vivos

Tasa de mortalidad neonatal

Defunciones niños menores de 28 días /
Total de recién nacidos vivos

1.000 recién nacidos vivos

Tasas de mortalidad infantil tardía

Defunciones niños > 28 días > 1 año/
Total de recién nacidos vivos

1.000 recién nacidos vivos

Indicadores de morbilidad

Definición/Cálculo

Amplificación

Tasa de morbilidad por causa

N? enfermos por causa /
Población total a mitad de periodo

1.000 habitantes

Tasa de morbilidad específica por edad, sexo

N? enfermos según la edad o sexo/
Pobl. total a mitad de periodo según la edad o sexo

100.000 habitantes

Tasa de incidencia

N? de casos nuevos de enfermedad/
Población expuesta

Variable

Tasa de prevalencia

N? casos (nuevos y antiguos)/
Población total expuesta

Variable

Tasa ataque primaria

N? casos enfermedad transmisible /
Población expuesta

100 expuestos

Tasa de ataque secundario

N? casos enfermedad transmisible aparecidos después de casos 1arios/
Población expuesta

100 contactos

AMPLIFICACION DE TASAS, MANEJO ESTADISTICO UTIL PARA ESTUDIOS EPIDEMIOLOGICOS

Las poblaciones utilizadas en el cálculo de tasas globales y específicas (subgupos poblacionales) suelen referirse a aquellas estimadas a mitad del período de observación (por ejemplo, a mitad de año calendario). Este acuerdo se establece para poder neutralizar la posible inestabilidad de los denominadores en cuanto a sucesos demográficos tales como migraciones, mortalidad y crecimiento poblacional.

La amplificación de las tasas utilizando múltiplos de 10 constituye sólo un artificio matemático para facilitar su comprensión y comparación (constante k o 10 n)

Las tasas, que matemáticamente corresponden a probabilidades, pueden tener valores que oscilan entre el valor cero (nula probabilidad de ocurrencia) y uno (certeza absoluta de ocurrencia).

En ocasiones, sea porque los numeradores son de pequeña magnitud o bien los denominadores son cuantiosos, se obtienen valores reales de tasas que son difíciles de interpretar y comparar.

Numéricamente es complejo evidenciar tan bajos órdenes de magnitud, y más difícil al intentar establecer la importancia relativa de la pericarditis aguda como causa de muerte en relación al total de muertes cardiovasculares.

En este caso, la amplificación por un múltiplo de 10, podría superar esta dificultad en la interpretación.

El orden de magnitud de dicho múltiplo de 10 dependerá de cuan pequeña es la cifra obtenida.

En este caso, por la baja frecuencia de sujetos considerados en el numerador, conviene amplificar por un múltiplo de 10 del orden de 100.000, con lo cual las tasas obtenidas se transforman en:

Tasa de mortalidad específica por pericarditis =

0,037 muertes por 100.000 habitantes.

Tasa de mortalidad específica por enfermedad cardiovascular:

109,3 muertes por 100.000 habitantes

a) Por convención, en la amplificación de tasas brutas, globales o generales se suele utilizar 1.000 como múltiplo amplificador. En estos casos, dado que se trata de tasas resultantes, los numeradores suelen ser importantes en número. Ejemplo, tasa de mortalidad general (TMG) en Venezuela, 1991

b) La mortalidad infantil y aquellas vinculadas con ella (perinatal, neonatal, infantil tardía) suelen amplificarse también por 1.000 recién nacidos vivos.

c) En aquellos casos en los cuales se trate de construir tasas específicas por algún atributo, sea sexo, edad, lugar de residencia, tipo de enfermedad u otro, se suele amplificar por 100.000 la tasa pues los numeradores habitualmente son ser de menor magnitud que el caso anterior.

Ejemplo: tasa de mortalidad por enfermedades del aparato circulatorio en Venezuela, 1999 (TM Cv): .

TM Cv. 1999= 22.730 def x 100.000 = 151,3 muertes por 100.000 hbts

15.017.760 personas

d) Las tasas destinadas a medir hechos vinculados con el ámbito obstétrico, (como mortalidad materna o mortalidad por aborto), suelen amplificarse por 10.000.

e) Las tasas de letalidad se amplifican por convención por 100 (102) puesto que el máximo daño que una enfermedad puede producir en términos de muerte es en el peor de los casos de 100%.

La recogida regular de información relativa a nacimientos, muertes, enfermedades, servicios de salud, etc. en una determinada población, y su posterior análisis basándose en indicadores específicos, permite: a) determinar cuáles son los principales problemas sanitarios y epidemiológicos; b) orientar la formulación de las políticas sanitarias y la planificación de los programas de salud; c) detectar las primeras evidencias de los brotes epidémicos para dar una respuesta inmediata; d) supervisar la efectividad y la cobertura de los programas de atención sanitaria; e) asegurar que los recursos están dirigidos a las áreas con mayores necesidades; f) indicar la disparidad entre países y entre distintos grupos socioeconómicos y étnicos en materia de salud; y g) proveer información para la orientación de los esfuerzos científicos de investigación.



Un indicador sirve para:

1.-Conocer las variables que se pueden medir

2.-Describir una situación que existe

3.-Medir los cambios en el tiempo de un evento

Habitualmente, la recogida de información se realiza a través de las instituciones sanitarias; formatos de registros epidemiológicos; de los informes de los agentes comunitarios de salud y los visitadores a las viviendas (vigilancia pasiva); del acopio de información a través de estudios periódicos de población (censos) y del seguimiento de los brotes epidémicos. Las autoridades sanitarias de una región o de un país son las responsables de coordinar la recogida de datos y su recopilación, registro y análisis. En cuanto a los trabajadores de salud, es importante que la información retorne a ellos después de ser procesada, y que comprendan la importancia de estos datos para su trabajo.

En muchos países en vías de desarrollo suele resultar difícil obtener la información necesaria para elaborar estadísticas por la falta de datos, que normalmente se suelen recoger en los servicios de la estructura de atención sanitaria, especialmente en las zonas rurales. Cuando se dispone de datos completos sobre los nacimientos, muertes, enfermedades, etc. o cuando esos datos pueden ajustarse y completarse, los indicadores pueden calcularse directamente. Pero cuando los sistemas de registro y las encuestas por muestreo no proporcionan estos datos, los indicadores pueden calcularse por métodos indirectos o mediante modelos, sobre la base de preguntas especiales que se formulan en los censos y las encuestas demográficas.

Los indicadores de salud son la base de la epidemiología, que estudia la aparición y la distribución de las enfermedades humanas en el seno de determinados sectores de población basándose sobre todo en el uso de estadísticas. Al mismo tiempo, estudia la manera en que diferentes factores (económicos, sociales, ambientales, etc.) determinan la distribución de las diferentes patologías y evalúa la magnitud del impacto que tienen éstas sobre la población.

En la evaluación de las tendencias sanitarias se suelen utilizar indicadores cuantitativos convencionales, como la esperanza de vida, la mortalidad y la morbilidad, a pesar de sus importantes limitaciones para captar la salud en su sentido positivo (ver salud y enfermedad). En los últimos años, se han comenzado a utilizar indicadores de carácter cualitativo que tienen en cuenta el estado funcional de la población, su vitalidad y su calidad de vida. Este tipo de indicadores, como la esperanza de vida saludable mencionado más adelante, han sido utilizados durante años sólo a pequeña escala, ya que problemas de normalización y de compatibilidad de este tipo de indicadores dificultaban su utilización para la elaboración de estadísticas a gran escala (OMS, 1998:9).



1) Esperanza de vida al nacer

La esperanza de vida al nacer es el número de años que cabe esperar que viva un recién nacido de acuerdo con las tasas de mortalidad por edades en el momento de su nacimiento. Se trata de un indicador básico, que está estrechamente relacionado con las condiciones sanitarias, al tiempo que refleja también variables demográficas, influencias sociales, económicas y ambientales. Al ser uno de los indicadores de salud que más se tienen en cuenta en el ámbito del desarrollo social y del crecimiento económico, constituye uno de los componentes del Índice de desarrollo humano (IDH) del PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo).

Durante el siglo XX, la esperanza de vida al nacer ha aumentado de forma notable en casi todo el mundo. Las mejoras en las condiciones de vida, los servicios de salud y el acceso a ellos han incrementado la media mundial desde apenas 48 años en 1948 a 66 años en 1998, y se pronostica que en 2025 será de 73 años (OMS, 1998:2). No obstante, el aumento no ha sido de igual magnitud en todo el mundo.

La acusada diferencia entre los registros de los países desarrollados y de los países en vías de desarrollo lo indican: la expectativa de vida promedio en el África Subsahariana es ahora ligeramente superior a los 51 años, mientras que un niño nacido en Europa occidental tiene muchas probabilidades de vivir hasta los 77 años (FNUAP, 1999:67-68). Sólo con algunas excepciones, la longevidad tiende a estar relacionada con el grado de desarrollo económico del país (ver salud y desarrollo).

Por ejemplo, dos países empobrecidos, como Sierra Leona y Afganistán, tienen una esperanza de vida de 37 y 46 años respectivamente, mientras que Japón supera los 80 años. Así mismo, en algunos países del África Subsahariana en los últimos diez años se ha registrado un importante retroceso en la esperanza de vida debido al avance de la epidemia del SIDA. Según estimaciones del PNUD, la esperanza de vida al nacer en el África meridional, que había alcanzado los 59 años a principios de los 90, entre los años 2005 y 2010 retrocederá hasta una media de 45 años (ONUSIDA/OMS, 1999:16).

Por último, cabe señalar que la esperanza de vida al nacer es mayor para las mujeres en casi todo el planeta, con un promedio de aproximadamente cuatro años de diferencia entre hombres y mujeres. En general, las mujeres tienden a cuidar más su salud y su alimentación, mientras los hombres suelen llevar hábitos de vida menos sana que provocan la enfermedad y a veces una muerte prematura.

No obstante, el reciente incremento del tabaquismo entre las mujeres reducirá en el futuro la diferencia entre la esperanza de vida de hombres y mujeres. Donde esta diferencia es menor es en los países islámicos del Norte de África y del Medio Oriente, lo que se atribuye a que la fuerte dependencia de las mujeres se traduce en un menor acceso que los hombres a los alimentos y a los servicios de salud, al mayor riesgo de morir por problemas derivados del parto, y por el menor nivel de atención y cuidados que reciben las niñas frente a los niños (WHO, 2000) (ver género y salud).

2) Mortalidad

Junto con la fecundidad y la migración, es un factor determinante del tamaño de una población, de su composición por edades, por sexos y por etnias, y de su crecimiento (ver demografía).

El indicador más simple que mide la mortalidad es la tasa bruta o total de mortalidad, que indica el número de muertes por 1.000 habitantes en una determinada población durante un período determinado de tiempo, por lo general un año.

Resulta útil para medir el efecto de la mortalidad sobre la tasa de crecimiento de la población, esto es, el aumento de la población de un país en un período determinado, generalmente un año, expresado como porcentaje de la población al comenzar el período. Pero no es efectivo para comparar los niveles de mortalidad entre poblaciones con diferentes niveles de fertilidad o que están muy afectadas por la migración.

Las tasas específicas de mortalidad calculan las defunciones según enfermedad, subgrupos de población (edad, sexo, etnia, ocupación), etc. La tasa de mortalidad específica por edad expresa el número de muertes de una edad determinada por cada 1.000 personas de la población de esa misma edad. A partir de esta tasa, se elaboran las tablas de vida y los indicadores que se derivan de ellas, como la esperanza de vida al nacer. Éstos proporcionan una información más sofisticada de la mortalidad, que es ampliamente usada en los modelos de población.

La tasa de mortalidad infantil y la tasa de mortalidad de menores de cinco años son dos de las principales tasas de mortalidad específica por edad, por lo que son detalladas a continuación:



3) Tasa de mortalidad infantil

Esta tasa indica el número de recién nacidos que mueren durante el primer año de vida por cada mil nacidos vivos. La mortalidad infantil incluye la mortalidad neonatal, referida a las muertes ocurridas durante las cuatro primeras semanas de vida, generalmente debidas a causas relacionadas con el parto y por lo tanto resultantes de cuidados prenatales y obstétricos inadecuados. Las muertes neonatales son responsables de los dos tercios de las muertes infantiles en los países en vías de desarrollo, principalmente por la falta de prestaciones médicas.

Al igual que ocurre con otros indicadores de salud, en las últimas décadas la mortalidad infantil se ha reducido de forma sustancial sobre todo en los países desarrollados, mientras que en los países en vías de desarrollo las cifras siguen siendo altas. En el África Subsahariana, por ejemplo, aproximadamente 87 bebés de cada 1.000 mueren antes de cumplir los 12 meses, mientras que en América del Norte (EE.UU. y Canadá) la cifra es más de diez veces inferior, situándose en 7 por cada 1.000 nacidos vivos (FNUAP, 1999:69).

La mortalidad infantil ha sido extensamente usada por la comunidad donante internacional como un indicador bastante fiable de la salud de la población y, de manera indirecta, del desarrollo socioeconómico. No obstante, si bien refleja con bastante fidelidad el nivel de problemas maternos derivados del embarazo y del parto y los problemas neonatales, es menos preciso como indicador que permita evaluar el entorno necesario para el crecimiento satisfactorio de los niños de más edad. En este sentido, UNICEF y otras agencias donantes están usando cada vez más la tasa de mortalidad de niños menores de cinco años como un indicador más sensible del estado de salud de la población.



4) Tasa de mortalidad de niños menores de cinco años

La tasa de mortalidad de niños menores de cinco años (TMM5) o tasa de mortalidad en la niñez se define como la probabilidad de morir entre el nacimiento y los cinco años de edad, expresada por cada 1.000 nacidos vivos. Desde el punto de vista de UNICEF, este indicador no sólo refleja el nivel y los cambios del estado de bienestar de la infancia, sino también el grado de progreso económico y desarrollo humano.

La razón es que este indicador mide los resultados finales del proceso de desarrollo, en vez de factores intermedios tales como el nivel de escolarización, la disponibilidad de calorías per cápita y el número de médicos por 1.000 habitantes, etc.

Es decir, la TMM5 es el resultado de una amplia variedad de factores: salud nutricional (ver nutrición Anemia nutricional, Malnutrición) y conocimientos básicos de salud de la madre; cobertura de inmunización (ver vacunación) y utilización de la Terapia de Rehidratación Oral (ver enfermedades diarreicas); acceso al agua y saneamiento en cantidad y calidad, y grado de salubridad del entorno para los niños. Por último, la TMM5 está menos expuesta que, por ejemplo, el PNB per cápita a las generalizaciones de la estadística.

Esto se debe a que los límites naturales impiden que los hijos de los ricos puedan tener una probabilidad mil veces mayor de sobrevivir, aunque los límites socioeconómicos establecidos les permitan poseer un ingreso mil veces más elevado. En otras palabras, es mucho más difícil que la presencia de una minoría rica afecte a la TMM5 de un país, por lo que este indicador representa de forma más adecuada, aunque no perfecta, el estado de salud de la mayoría de la población infantil, así como de la sociedad en su conjunto (UNICEF, 1998:123).

5) Morbilidad

Este término describe la cantidad de enfermedad que experimenta una población. Los dos principales indicadores de morbilidad son la incidencia y la prevalencia. La incidencia refleja los cambios al medir la aparición y la velocidad de expansión de una enfermedad en una población.

Se mide utilizando la tasa de incidencia, que se define como el número de casos nuevos de una enfermedad específica, diagnosticados o notificados en un período definido, dividido entre el número de personas de una población determinada en la cual surgieron dichos casos. Por lo general se expresa en términos de casos por 1.000 o por 100.000 habitantes por año. Esta tasa puede ser específica según edad, sexo o cualquier otra subdivisión de la población.

La prevalencia mide la magnitud del problema y se calcula a través de la tasa de prevalencia, que expresa el número total de personas enfermas, tanto casos nuevos como antiguos, en una población específica en un momento determinado (prevalencia puntual), o en el curso de un intervalo de tiempo (prevalencia de período).

La tasa de prevalencia es utilizada habitualmente para enfermedades crónicas, a fin de estimar qué parte de la población está afectada. A su vez, la tasa de incidencia permite, por ejemplo, evaluar el impacto que tiene un nuevo programa de lucha contra una determinada enfermedad al indicar cómo ha variado el número de casos nuevos después de la aplicación del programa.

En este sentido, un importante debate relacionado con el descenso general en la morbilidad y la mortalidad en el mundo se centra en el papel que, para tales logros, tiene la medicina en contraste con la contribución de las mejoras generales de las condiciones de vida.

Las mejoras en la salud pública, la prevención, las técnicas de diagnóstico y cirugía, la investigación y la aparición de nuevos medicamentos y vacunas, han sido sin duda de valor sustancial, probablemente más importantes para los países en vías de desarrollo en las últimas décadas que para Europa en el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. No obstante, se ha reconocido que la mejora general de las condiciones de vida –mejoras en la calidad y cantidad de alimento, en las condiciones de saneamiento, y de higiene y vivienda y el acceso al agua potable y a la educación ha sido tan importante o más que los avances en la atención médica. El acceso a estas necesidades básicas es reconocido como un factor determinante para mejorar la condición de salud, a su vez que la pobreza es reconocida como el mayor obstáculo para conseguir estas mejoras.

6) Carga global de morbilidad

Con el objeto de cuantificar la pérdida total de vida saludable a consecuencia de la mortalidad prematura y la morbilidad por diferentes enfermedades y lesiones, el Banco Mundial ha creado en colaboración con la OMS (Organización Mundial de la Salud) un complejo método de análisis llamado “Carga Global de Morbilidad”.

Este método, que cobra cada vez mayor importancia, utiliza un indicador llamado Año de Vida Ajustado en función de la Discapacidad (AVAD), que se calcula como el valor actualizado de los años futuros de vida exenta de discapacidad que se pierden en un año dado a consecuencia de muertes prematuras o casos de discapacidad.

El número total de AVAD en una población durante un año determinado indica, supuestamente, la carga que suponen las enfermedades en ese año para esa población. Su finalidad es la de identificar, a partir de la comparación del impacto de diferentes condiciones de salud y en conjunto con el análisis costo-eficacia de los programas de salud, las intervenciones sanitarias prioritarias para cada comunidad (Murray y López, 1996:54).

Este complejo método de análisis ha sido cuestionado incluso por algunos sectores de la propia OMS, que han puesto reservas a su utilización para la toma de decisiones y el diseño de políticas sanitarias. Argumentan que este método, al juntar datos de morbilidad y de mortalidad, enmascara algunos aspectos importantes para la asignación de recursos, como las circunstancias socioeconómicas y el contexto sociocultural de los enfermos en las diferentes comunidades.

Además, al usar un enfoque tipo AVAD, no se tiene en consideración el origen multicausal de las enfermedades, ni sus múltiples manifestaciones, y, sobre todo, se resta importancia al problema de la desigualdad (WHO, 1997:23).

No obstante, el sistema AVAD ha sido la base para la creación de un nuevo indicador de carácter universal publicado recientemente por la misma OMS, la esperanza de vida saludable. Este indicador, de carácter cualitativo y cuantitativo, mide la esperanza de vida en años exentos de enfermedades o lesiones físicas. La lista de los países según este indicador muestra que la cantidad de años perdidos por enfermedad es sustancialmente mayor en los países empobrecidos azotados por la alta incidencia de enfermedades muchas veces acompañada por inestabilidad política.

Los cinco países con mayor esperanza de vida saludable son Japón (74,5 años), Australia (73,2 años), Francia (73,1 años), Suecia (73 años) y España (72,8 años). Las del final de la lista son todos países del África Subsahariana, en donde la epidemia del VIH/SIDA ha hecho estragos en los últimos años. Los cinco últimos de la lista de 191 países son: Botswana (32,3 años), Zambia (30,3 años), Malawi (29,4 años), Níger (29,1 años) y, por último, Sierra Leona con 25,9 años de esperanza de vida saludable para los bebés nacidos en ese país en 1999 (WHO, 2000).




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