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partidos políticos?

Son dos imágenes sociales opuestas, pero que se definen por la pelea de dos personajes: Bolívar y Santander. Bolívar era un hombre de la oligarquía pura de Caracas, que hizo una gran carrera militar desde 1811; Santander era un abogado, como mucha gente en la Nueva Granada; este ya era en 1810 un país de abogados, aunque en los primeros años de conquista, en 1513, la ley decía no dejen entrar abogados, que todo lo vuelven pleitos...



Bolívar era un hombre de la oligarquía pura de Caracas, que hizo una gran carrera militar desde 1811; Santander era un abogado, como mucha gente en la Nueva Granada
Ningún partido ha querido eliminar la desigualdad

Con su nuevo libro ‘Historia mínima de Colombia’, Jorge Orlando Melo reflexiona sobre la importancia de conocer y enseñar el pasado y, principalmente, pone el dedo en la llaga en temas controversiales.

Revista SEMANA, No. 1877, Abril 23 al 29 de 2017. Págs. 72 y 73



jorge orlando melo “ningún partido ha querido eliminar la desigualdad” "En Colombia la violencia fue deseada, la lucha armada fue un proyecto político"

SEMANA: ¿Para qué leer este libro?

JORGE ORLANDO MELO: Puede ayudar a lograr una imagen balanceada del desarrollo del país. Ni la optimista, de que el país es una maravilla, ni el pesimismo radical. Los colombianos logramos mucho en los últimos 60 años en el campo económico y social, pero no fuimos capaces de superar la violencia o la corrupción, o de poner en marcha un sistema de justicia que funcione.

SEMANA: ¿Descubrió cosas en la investigación para escribir su libro?

J.O.M.: Me sorprendió la fuerza del regionalismo: el centralismo de Bogotá nunca pudo imponerse. ¿Quiénes fueron los presidentes en el siglo XIX y XX? De Popayán, de la costa, de Santander o Antioquia. Encontrar uno bogotano es difícil. Lo otro es que, comparando la violencia de los últimos 40 años, en la que murieron unas 700.000 personas, la violencia bipartidista es menor: menos de 150.000 homicidios.

SEMANA: Usted destaca la importancia de los partidos. ¿Qué pasó con ellos que ahora no se sabe qué representan?

J.O.M.: En el siglo XIX los conservadores y los liberales eran diferentes. Los primeros soñaban con una sociedad como la colonial, basada en el respeto al cura y a los dueños de la tierra. Los liberales querían que los grupos medios y bajos pudieran votar, tuvieran derechos civiles y que los educara un maestro y no un cura. Eso los contrapone en las guerras civiles del XIX y en las reformas del treinta de la República Liberal. El Frente Nacional acabó con la diferenciación ideológica. En los años sesenta la gente empezó a cambiar sus costumbres sin tener en cuenta la religión. En Colombia, el país más católico de América Latina, tuvo el mayor éxito el control de natalidad en esa década. La Iglesia perdió mucho poder político y los partidos acabaron por defender lo mismo.

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SEMANA: ¿Y años después?

J.O.M.: Ambos partidos ampliaron su abanico para abarcarlo todo. El liberalismo, que siempre promovió el sindicalismo, tuvo que competir con los conservadores, que crearon la Unión de Trabajadores de Colombia (UTC). Los liberales trataron de quedar bien con la Iglesia. Entre 1970 y 1990 la guerra era dentro de los partidos, no entre ellos. La Constitución de 1991 los acabó: no había identificación, pues no proponían nada distinto, y surgió un sistema electoral en el que el poder proviene del control local de transferencias y regalías. El que gana las elecciones tiene acceso al presupuesto municipal, y puede hacer favores y repartir tajadas. Hoy es difícil saber quién es liberal o conservador. ¿Quién es más liberal en términos económicos? ¿Duque? ¿Vargas Lleras? ¿Fajardo?

SEMANA: ¿Se puede decir que Colombia es un país de derecha?

J.O.M.: Un país conservador: con los conflictos armados la población prefirió dejar las cosas como están, aceptar que no hubiera cambio social con tal de acabar la violencia. Colombia nunca tuvo un proyecto progresista en términos sociales, de igualdad de ingresos, de socialismo. Pero sí se liberalizó en campos donde la Iglesia había dominado: moral sexual, derechos de las mujeres o eutanasia. En Chile todavía se discuten. Nuestro país se modernizó en estos aspectos, pero en términos sociales se volvió muy conservador.

SEMANA: Se dice que la muerte de Jorge Eliécer Gaitán frustró la ampliación democrática y la oportunidad de una experiencia populista…

J.O.M.: Un populismo de Gaitán, que nunca creó una organización política ni tuvo el apoyo del sindicalismo, tenía pocas posibilidades. El peronismo tenía un sindicalismo muy fuerte, pero en Colombia el sindicalismo, apoyado en el Partido Comunista y el Liberal, eran antigaitanistas. La propuesta del caudillo le daba voz al ciudadano anónimo y pobre que se sentía excluido, pero no al militante de izquierda o sindical. Y no tener populismo le dio ventajas al país, al menos en lo económico: nunca hubo planes grandiosos como los que quebraron a otros países. Era como si la población dijera: “Con estos oligarcas de los que hablaba Gaitán, pues no nos va muy bien. Pero tampoco nos va tan mal”. Y siguieron votando por los oligarcas.

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SEMANA: ¿Por qué es tan crítico de la izquierda?

J.O.M.: Porque no buscó fortalecer la democracia y esa era la gran oportunidad de la izquierda. De los años sesenta a los ochenta el eslogan era “abstención beligerante”, “no vote”, el voto es un engaño y la democracia también. Si otros países latinoamericanos se preocuparon por consolidar la democracia, la izquierda de Colombia decidió que era burguesa y mentirosa, y que había que tomar el poder por las armas.

SEMANA: ¿Cuál fue el costo?

J.O.M.: La elite colombiana no era santa y tenía la experiencia de la violencia de muchas décadas. Los propietarios resolvieron aliarse con los narcos y crear el paramilitarismo, que sembró el terror al matar a los amigos de los guerrilleros, los simpatizantes civiles de las guerrillas, como pasó con la UP. Los paracos, en vez de enfrentar a los guerrilleros, asesinaban a los militantes urbanos de la UP o de otros grupos de izquierda.

SEMANA: ¿Esa interpretación no libera de culpa en la violencia a la clase dirigente?

J.O.M.: Para nada: no eran santos. Pero a mí me parece que si uno sabe que en el país hay una oligarquía relativamente violenta, tiene que pensar cuál es el mecanismo eficaz para frenarla. Y yo creo que en esa época sí había suficientes elementos ideológicos y organizativos en las clases medias y bajas para haber intentado un bloqueo más civilista en defensa de la democracia.

SEMANA: ¿Cómo interpreta hoy el asalto a Marquetalia?

J.O.M.: El Estado no creó la guerrilla al atacar unos campesinos, pues esta ya existía, aunque no muy activa. Marquetalia demostró también que el gobierno tenía las mismas cegueras de la izquierda, y por la misma razón, al no darse cuenta de que la violencia era contraproducente. Los ataques a Villarrica, Marquetalia o la Uribe dieron argumentos a la guerrilla y dividieron al establecimiento, que tenía, como aquella, partidarios de la ‘lucha armada’ y partidarios de acabarlos con herramientas políticas. En 1962, Álvaro Gómez propuso los primeros ataques a las repúblicas independientes y Alberto Lleras no quiso atacar a Marquetalia. Sí lo hizo Guillermo León Valencia y terminó por fortalecer la guerrilla.

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SEMANA: Y esa lógica fue repetitiva…

J.O.M.: En varias ocasiones, como en 1979, con el Estatuto de Seguridad que surgió para decirle al M-19: “Vamos a acabar con ustedes como sea”. Y eso unió a los sectores urbanos, universitarios y progresistas para defender los derechos humanos. Se desacreditó la lucha militar contra la guerrilla. Lo mismo sucedió con Uribe, que le dio duro, pero apareció el escándalo de los falsos positivos y el del DAS (contra organizaciones de derechos humanos y de izquierda y sus competidores políticos). Todo esto desacreditó a su gobierno. En la guerrilla y en el gobierno han coexistido los negociadores y los belicistas.

SEMANA: ¿Hubo fraude en las elecciones de 1970 entre Misael Pastrana y Gustavo Rojas?

J.O.M.: Mi impresión es que hubo el fraude usual, y que favoreció a Pastrana. Es decir, en los pueblos conservadores rurales, en donde se cumplía la regla de que ‘el que escruta elige’ y hubo más votos de los posibles, pero no en el conteo central, como la mayoría de los colombianos creen. La torpeza del gobierno consistió en bloquear la información electoral, pues dio la impresión de que, ante el triunfo inminente de Rojas, estaba haciendo un fraude de última hora. En realidad ya estaba hecho.

SEMANA: ¿Por qué Colombia no ha podido resolver el problema de la desigualdad?

J.O.M.: Las promesas de igualdad y de otras reformas se hacen en épocas de elecciones, para ganar votos, pero no son serias, pues no hay ningún movimiento político cuyo programa tenga su centro en la igualdad y las grandes reformas sociales. Por ejemplo, prometieron la reforma agraria y esta fracasó por culpa de los terratenientes y de los políticos, pero también porque la izquierda no la apoyó, pues decía que era reformismo y que iba a volver pequeñoburgueses a los campesinos.

SEMANA: ¿No hay más razones?

J.O.M.: Aquí no ha habido ningún partido grande que quiera eliminar la desigualdad. Y no lo hay porque no hay movimientos políticos vinculados a la perspectiva de los sectores obreros. Liberales, conservadores y otros grupos han sido siempre partidos policlasistas, que siguen estrategias gradualistas y liberales. Todos quieren promover las condiciones para que los empresarios aumenten la producción, y si nos va bien, vamos a cobrar algo de las ganancias en impuestos, para compensar la desigualdad dando un poco de salud y educación. Todos comparten el ideal liberal, y si acaso algunos creen que hay que añadirle un sistema de subsidios. No hay un modelo distinto, alternativo, al acordado entre liberales y conservadores y respaldado por los empresarios. Incluso la izquierda, cuando llega al poder en los municipios, no tiene un plan diferente. Es más o menos la misma cosa, con un poquito más de subsidios sociales.

SEMANA: ¿Por qué Colombia no ha logrado formas estables de convivencia y paz?

J.O.M.: Aquí la violencia fue deseada, es decir, la lucha armada fue un proyecto político. En otros países de América Latina, donde había dictaduras y menos democracia que en Colombia, los grupos que querían el cambio social lucharon por la democracia. Y les fue, al final, mejor que en Colombia. En casi todos los países llegaron al poder grupos de izquierda. Aquí la gente que promovió el cambio social, desde 1920, lo hizo mediante las armas. Y nos metimos en un espiral de violencia que no resolvió nada y agravó las cosas. Al que estaba a favor del socialismo, pero no creía en la lucha armada, le decían mamerto, el insulto para los que creían en el socialismo, pero no en la violencia.

SEMANA: ¿Qué importancia tiene la enseñanza de la historia?

J.O.M.: La importancia de su enseñanza no está en que los estudiantes aprendan la lista de los héroes o hechos importantes. Quien estudia historia aprende a reflexionar, a pensar, a evaluar críticamente fuentes, testimonios. En otras palabras, estudiar la historia es una forma de aprender a pensar y a no comer cuento.

Jorge Orlando Melo “Ningún partido ha querido eliminar la ...

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23 sacerdotes asesinados en 6 años:

El sexenio más violento para la Iglesia

en México
OBSERVATORIO ECLESIAL AÑO 7* 21 -27 ABR 2018* NUM. 254
Con el asesinato a balazos del P. Juan Miguel Contreras, la tarde del 20 de abril, suman 23 los crímenes contra sacerdotes en los últimos seis años, el periodo más violento en la historia reciente de la Iglesia en México.
El P. Contreras se encontraba al interior de la iglesia de San Pío de Pietrelcina, en Guadalajara, Jalisco, cuando dos hombres ingresaron y acabaron con su vida. De acuerdo a la Fiscalía General del Estado de Jalisco, el cuerpo del sacerdote presentaba “varios impactos por arma de fuego”. Apenas dos días antes, el P. Rubén Alcántara Díaz, vicario judicial de la Diócesis de Izcalli,

fue asesinado dentro de la iglesia de Nuestra Señora del Carmen.


En febrero los sacerdotes Germaín Muñiz García y Iván Añorve Jiménez fueron acribillados en una carretera, sin que hasta la fecha las autoridades hayan esclarecido el crimen.
Se trata de las cuatro últimas víctimas de un largo historial que se suman, desde 1990, a los crímenes contra 1 cardenal, 47 sacerdotes, un diácono, 4 religiosos, 9 laicos y una periodista católica; de acuerdo a las investigaciones y reportes del Centro Católico Multimedial de México (CCM).
Asimismo, según el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal -organización mexicana de derechos humanos-, 12 de las 50 ciudades más violentas del mundo en 2017 fueron mexicanas.
Luego de la muerte del P. Contreras, los obispos mexicanos hicieron “un urgente llamado para construir una cultura de paz y de reconciliación” en el país.

“Es tiempo de mirar con honestidad nuestra cultura y sociedad, para preguntarnos el porqué hemos perdido el respeto a la vida, y a lo sagrado”, señalaron.


En 2017, en medio de la creciente ola de violencia en el país, fueron asesinadas más de 29 mil personas en México. Y la violencia no ha tenido clemencia con los pastores.
De acuerdo al CCM, el sacerdote P. Víctor Manuel Diosdado Ríos, de la Diócesis de Apatzingán, fue asesinado el 7 de junio de 2012 porque “su trabajo pastoral incomodó a varios criminales”.
Al año siguiente fueron asesinados otros cuatro sacerdotes, uno de ellos fue el P. Joel Román Salazar, de la Diócesis de Ciudad Altamirano, en Guerrero. El presbítero fue “despeñado en su automóvil con premeditación, alevosía y ventaja”.
Muchos de los sacerdotes asesinados habían sido secuestrados y torturados. Entre ellos estuvieron los sacerdotes Alejo Nabor Jiménez Juárez y José Alfredo Juárez de la Cruz, asesinados en Veracruz en septiembre de 2016. Ese mismo mes fue secuestrado y asesinado el P. José Alfredo López Guillén, en Michoacán.
Un caso sonado en 2017 fue el del P. José Miguel Machorro, apuñalado al culminar la Misa en la Catedral Metropolitana de México el 15 de mayo. Tras una larga hospitalización, falleció el 3 de agosto.
En su mensaje del 20 de abril de este año, los obispos mexicanos exhortaron a los criminales, a aquellos que “menosprecian y arrebatan la vida por cualquier causa”, a “dejarse mirar por el rostro bondadoso de Dios, para

deponer no solo las armas, sino el odio, el rencor, la venganza, y todo sentimiento destructivo”.


(aciprensa.com) 24/04/2018

México es el segundo país más católico del mundo. Y el primero en asesinatos de curas
México es considerado el país con mayor cantidad de fieles, tras Brasil. Alrededor de 8 de cada 10 mexicanos son católicos, según el centro de

Investigaciones Pew

.

Pero en los últimos años, los más violentos del país, también se ha convertido en el país más peligroso para ser cura. “Pedimos a aquellos que



menosprecian y arrebatan la vida por cualquier causa, a dejarse mirar por el rostro bondadoso de Dios, para deponer no solo las armas, sino el odio, el rencor, la venganza y todo sentimiento destructivo”, dijo tras un asesinato, este sábado en un mensaje en la red social Twitter, el Secretario General

de la iglesia católica en México, Alfonso Miranda.


El reverendo Miguel Contreras escuchaba confesiones el viernes, en su parroquia de San Pío Pietrelcina en el estado de Jalisco. Llegaron dos hombres, ingresa ron a la sacristía de la parroquia y le dispararon varias veces.

Aún estaba vivo cuando llegaron los paramédicos pero no pudieron reanimarlo, de acuerdo con la Procuraduría del Estado.

Dos días antes, en Cuautitlán Izcalli, Estado de México, el reverendo Rubén Alcántara Salazar era asesinado antes de la misa, con navaja.
En 2016 el vocero de la arquidiócesis, Hugo Valdemar, advertía que el país se había vuelto el más peligroso del mundo para ser cura. Contando a partir del año 2012 iban 15 muertos.
“Hay más peligro que en países como Siria o en países en que los cristianos son perseguidos por el Estados Islámico”, dijo, según reportó la agencia de noticias católica Crux.
En 2017hubo cuatro muertos más, y el país se afianzó en el primer sitio de violencia en contra de los miembros del clero. En la región, lo llevaba siendo hace tiempo: “Por noveno año consecutivo”, México es primer lugar en crímenes de odio contra sacerdotes, religiosos y laicos de América Latina, según un comunicado del Centro Católico Multimedial (CCM).
Según una lista elaborada por el CCM, desde 1990 a la fecha miembros la iglesia católica en México han sido víctima de 68 “atentados”, de los cuales 62 fueron crímenes. Entre las víctimas se encuentra1 cardenal, 46 sacerdotes, 1 diácono, 4 religiosos, 9 laicos y una periodista católica.
Sólo en el sexenio del actual presidente, Enrique Peña Nieto (2012-2018), han sido asesinados 22 sacerdotes.
La lista fue publicada el 19 de abril. Desde entonces hubo dos muertes más.

(telemundo.com) 24/04/2018-


Las estrujantes horas de México

Intensas horas de dolor vive Guadalajara, en el occidental Estado de Jalisco, México.

Ayer, la Iglesia arquidiocesana dio el último adiós al joven sacerdote

Juan Miguel Contreras García ejecutado al interior de la parroquia de san Pío de Pietrelcina en Tlajomulco, el pasado viernes.


Un cardenal de la Iglesia católica, estrecho colaborador del Papa Francisco y presidente del Episcopado Mexicano, el Arzobispo José Francisco Robles

Ortega, encabezó la misa exequial en el pueblo del asesinado, El Salvador, municipio de Tequila, Jalisco, esta mañana de lunes 23 de abril. Más de 150 presbíteros, familiares, amigos y fieles se dieron cita para honrar la memoria del joven sacerdote ordenado hace dos años.


Robles Ortega recordó en la homilía las virtudes del joven. "Podemos decir

que de este corto sacerdocio del padre Juan Miguel, Cristo se ha adueñado donándose a los fieles, a la comunidad, a las comunidades que sirvió, y podemos decir, aunque con dolor y sin entenderlo, que Cristo, el Buen Pastor, ha dado su vida, ha derramado su sangre en la persona del padre Juan Miguel en la tarde de este viernes, como si fuera el viernes santo".


El cardenal metropolitano de Guadalajara ha exigido de las autoridades la

pronta resolución del caso para dar con los responsables del asesinato. Nada

se sabe con certeza aún. El reclamo del prelado hacia la fiscalía es que tiene la obligación "de impartir justicia, eso no lo dejamos de lado. Lo asumimos, lo reconocemos y lo exigimos".
La vida del padre Juan Miguel fue la misma como la entregó Cristo en

la cruz. Lejos de quedarse en la mera tragedia del hecho violento, debe ser un

motivo de esperanza: "Lo que nos llena de gozo es que Cristo dijo cuando entregaba su vida: 'Tengo poder para darla y

tengo poder para retomarla, y para vivir para siempre'.

Esa es, hermanas, hermanos, nuestra esperanza. Cristo toma de nuevo esa vida para que el padre Juan Miguel viva y viva para siempre" diría el cardenal Robles.

Y el caso del joven sacerdote asesinado es más dramático cuando Jalisco vive una agitación social por la desaparición de tres estudiantes

de la Universidad de Guadalajara quienes fueron levantados el 19 de marzo pasado. Un ultimátum de los padres de familia obligó al gobernador del Estado a ofrecer investigaciones certeras en cuanto al paradero de los

estudiantes. Este lunes, la Fiscalía del Estado dio algunos avances

en torno al caso. Los estudiantes habrían sido confundidos con miembros del crimen organizado, fueron levantados y el mismo día de su secuestro, asesinados para después desaparecer sus cuerpos disolviéndolos en ácido. Según las autoridades, estuvieron en el lugar y hora equivocados.
Los hechos en Jalisco son realmente estrujantes. La sociedad está conmovida y vive momentos que ya no pueden sostener más calificativos de esta locura y demencia en México. Mons. Ramón Castro, Obispo de

Cuernavaca, llamó a esta "ultraviolencia" y tiene razón cuando vemos la forma inhumana y bestial manteniendo a México de rodillas: seres humanos sin entrañas no se tientan el corazón para tomar la vida de otros y desaparecerlos, literalmente, para borrar lo más íntimo, aun su memoria, cada molécula, cada átomo.

Los obispos lo han advertido. En México se está ensalzando a la cultura de la violencia que raya en la idolatría más destructora y paranoica. No hay motivo de confianza en las autoridades cuando, corrupción e impunidad, parecen ser las dos normas más esenciales de la justicia sin ley. Durante el fin de semana, párrocos y obispos no dejaron de lado el asesinato de dos sacerdotes. Se trata de hacer conciencia de estas lamentables condiciones para cambiar mentalidad y actitudes. En general, los obispos de diversas regiones del país lamentaron los hechos de Izcalli y Guadalajara. Y el clamor es el mismo, Justicia imparcial y expedita, volver a la paz arrebatada cada día.

OBSERVATORIO ECLESIAL AÑO 7* 21 -27ABR2018* NUM. 254


Cualquier omisión o "prudente silencio" sería un craso error.

Los fieles quieren consuelo, explicación, razones para creer que esto no es permanente y hay esperanza por delante. La mayoría de los Obispos han

hablado, en sus comunidades y redes, condenando los hechos dando rostro e identidad a los sacerdotes asesinados y seguir el trabajo por la paz.
Pero extraña el lamentable silencio y omisión de la Arquidiócesis de México... Ninguna muestra de solidaridad, una oración o sencilla empatía y unión en la fe hacia las diócesis hermanas en luto, sólo tibios tuitazos.
El Arzobispo de México haciendo alusiones a la violencia durante la homilía dominical del Buen pastor, sí pero no es suficiente. Gracias a uno de los canónigos, Mons. Tapia Rosete, se tuvo presente en el memento de los difuntos el nombre de los abatidos la semana pasada si no hubieran pasado desapercibidos.
Sinceramente deseamos que esto no sea una cómoda posición en nombre de la reconciliación y comunión con quien sea, reflejando que es mejor quedar bien con el diablo en lugar de agradar a Dios.

(periodistadigital.com) 25/04/2018


Familiares pagaron el rescate de un sacerdote de la Basílica en la Ciudad de México; lo

hallan muerto en Cuernavaca
Ciudad de México.
Moisés Fabila Reyes, sacerdote de la Basílica de Guadalupe que fue secuestrado desde el pasado 3 de abril, fue localizado sin vida

en la Colonia Loma Sur del municipio de Emiliano Zapata, Morelos,

pese a que sus familiares pagaron el rescate.
La Fiscalía General del Estado (FGE) informó que los resultados de la

necropsia practicada al cuerpo del cura, hallado el domingo 22 de abril, arrojó que murió de un infarto agudo al miocardio.


En un comunicado, precisó que una mujer que se dijo llamar Elizabeth se presentó al Servicio Médico Forense, ubicado en la capital de la entidad, para identificar el cadáver, el cual reconoció como el de su padre.
Asimismo, la dependencia aseguró que no cuenta con ninguna denuncia que involucre un hecho delictivo relacionado con Moisés Fabila Reyes, “ni se cuenta con información que de termine si fue o no privado de la libertad como se ha difundido”.
Sin embargo, afirmó que estará atenta a cualquier solicitud de colaboración para apoyar a dependencias estatales y federales en el esclarecimiento de los hechos.
26/04/2018

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