12 de octubre



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Eduardo Galeano, Las venas abiertas de América Latina, Siglo Veintiuno, Buenos Aires, 2010, p. 37-39

HECHOS E INTENCIONES
La curiosidad, junto con la codicia fueron quizás los pivotes que en lo personal movieron a los hombres que hicieron la conquista. Están también los grandes móviles: la expansión territorial de España, la conversión de una enorme masa de infieles a la religión cristiana: Móviles con mayúscula. Con minúscula, la curiosidad, evidente en un Joseph de Acosta, que indaga prácticamente sobre todas las cosas, de todos los reinos: vegetal, animal, mineral... Cortés no podrá permanecer ajeno ante el espectáculo de los mercados indígenas. Las aves, los condimentos, los jarabes, los puestos que venden manta, como en Granada las tiendas que venden seda; el enmaderamiento de los techos, similar al utilizado por los árabes en España.
La curiosidad es admiración, es aturdimiento, es mirar para todos lados, querer tener mil ojos como el dios Argos, desear captar, aprehender todo de golpe y porrazo. Y entenderlo, asimilarlo. ¿Cómo? Mediante la comparación con el único punto de referencia habido: España. Los conquistadores, los pobladores, los meros visitantes van de la curiosidad al pasmo y viceversa, y para no caerse en esta especie de vaivén vertiginoso, para no perder pie, tendrán que recurrir a la comparación, al símil. Que si así, igualitas, son las plazas en Toledo; que si tal mercado se parece a la feria de Medina del Campo; que si el lugar en donde los indios venden “muchas maneras de hilados de algodón de todos los colores, en sus madejitas” es casi idéntico a la alcaicería de Granada, dice Cortés.
Es lógico que equiparar el Nuevo con el Viejo Mundo preste al recién llegado un punto de apoyo necesario: la brújula que impide extraviarse en la selva de Indias. La misma que usó Colón cuando, llegado las islas, comparó (se parecieran o no) los árboles de la Española con los de Andalucía; aquella naturaleza en que de acuerdo con su Diario, todo es verde y hay “aves y pajaritos de tantas maneras y tan diversas que es una maravilla.”
Cuando Colón se olvidaba por momentos del oro –un fin que se le había convertido en obsesión- deviene en misticizante alucinado, y es así como terminará sus días. Algo semejante pasa con Alvar Núñez de Cabeza de Vaca, explorador-aventurero para quien la existencia se cifra en la aventura. A lo largo de su peregrinar por Florida, en línea transversal azarosa, hacia la California, le acontecen todas las vicisitudes imaginables: la enfermedad, la esclavitud, la laceria (ausencia absoluta de sustento y vestido). Alvar Núñez vence a la naturaleza no por un instinto práctico sino por un designio providencial que se le revela como metamorfosis espiritual. Su misión primera, consistente en conquistar, pacificar y cristianizar, se convierte en lucha por la supervivencia en medio de una naturaleza hostil, en increíble amistad –casi hermandad- con indígenas que pudieran ser hostiles. Devenido médico, hechicero venerado, el espejismo del oro se le borra de los ojos y por ahí leemos que él y los otros supervivientes dejaron olvidadas –quién sabe dónde, quién sabe cómo- cinco esmeraldas. ¿Habrían sido capaces de este descuido un Cortés, un Alvarado, o el iletrado y rapaz Francisco Pizarro?
Es por eso que, convertido en alucinado que ama a sus indios, Cabeza de Vaca fracasará más tarde cuando, nombrado gobernador de una expedición que se dirige al Uruguay y al Brasil, quiere aplicar la misma amistad y los mismos métodos persuasivos con los aborígenes, y la tripulación se le amotina, es acusado de traición, y finalmente se le confina al destierro en Orán. Cabeza de vaca se “indigeniza”, se humaniza, y su nuevo “modo” no casa con los fines de soldados y conquistadores. Para ellos viene siendo un traidor, o por lo menos, un iluso, En todo caso, un desertor de la causa del oro.
Un convertido a medias a la causa indígena es, sin duda, Díaz del Castillo, que no se tapa la boca para denunciar la ignominia del hierro candente que es la marca infamante en la mejilla del indígena, y denunciar a voces la codicia de Cortés, que tomaba para sí el quinto y las mejores indias. Evidentemente, Bernal no podrá estar con Las Casas, porque en ello le irían sus privilegios. Será, por el contrario, favorable a la perpetuidad de la encomienda, se hará de amigos y de enemigos, viajará a España a defender derechos adquiridos. Es, sin embargo, un narrador nato. Por su crónica desfila la humanidad heterogénea que siguió a Cortés. Descriptivo, épico (“pues a tan excesivos riesgos de muerte y heridas y mil cuentos de miserias pusimos y aventuramos nuestra vidas”) es, al mismo tiempo, un soldado con los pies en la tierra, y un relator entusiasta de la epopeya indiana.
Los hombres, blancos y boquirrubios, surcan el mar en frágiles barquillas; arriesgan cuerpo y entendimiento. Al otro lado del océano les esperan, inocentes, pueblos que verán trastocado su destino. Hechos e intenciones; obras, amores, buenas y malas razones; proezas y avasallamientos. En suma: el descubrimiento y conquista de América.
MARGARITA PEÑA, DESCUBRIMIENTO Y CONQUISTA DE AMÉRICA, SEP/UNAM, MÉXICO, 1982

EXTRACTOS DE LA EXPOSICIÓN DEL PRESIDENTE BOLIVIANO, EVO MORALES, ANTE LA REUNIÓN DE JEFES DE ESTADO DE LA COMUNIDAD EUROPEA

30 DE JUNIO 2013
Aquí pues yo, Evo Morales, he venido a encontrar a los que celebran el encuentro.

Aquí pues yo, descendiente de los que poblaron la América hace 40 mil años, he venido a encontrar a los que la encontraron hace sólo 500 años.

Aquí pues, nos encontramos todos. Sabemos lo que somos, y es bastante.

Nunca tendremos otra cosa. El hermano aduanero europeo me pide papel escrito con visa para poder descubrir a los que me descubrieron. El hermano usurero europeo me pide pago de una deuda contraída por Judas, a quien nunca autoricé a venderme. El hermano leguleyo europeo me explica que toda deuda se paga con intereses aunque sea vendiendo seres humanos y países enteros sin pedirles consentimiento.


Yo los voy descubriendo. También yo puedo reclamar pagos y también puedo reclamar intereses. Consta en el Archivo de Indias, papel sobre papel, recibo sobre recibo y firma sobre firma, que solamente entre el año 1503 y 1660 llegaron a San Lucas de Barrameda 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata provenientes de América.
¿Saqueo? ¡No lo creyera yo! Porque sería pensar que los hermanos cristianos faltaron a su séptimo mandamiento. ¿Expoliación? ¡Guárdeme Tanatzin de figurarme que los europeos, como Caín, matan y niegan la sangre de su hermano!

“¿Genocidio? Eso sería dar crédito a los calumniadores, como Bartolomé de las Casas, que califican al encuentro como de destrucción de las Indias, o a ultrosos como Arturo Uslar Pietri, que afirma que el arranque del capitalismo y la actual civilización europea se deben a la inundación de metales preciosos.

¡No! Esos 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata deben ser considerados como el primero de muchos otros préstamos amigables de América, destinados al desarrollo de Europa. Lo contrario sería presumir la existencia de crímenes de guerra, lo que daría derecho no sólo a exigir la devolución inmediata, sino la indemnización por daños y perjuicios.

Yo, Evo Morales, prefiero pensar en la menos ofensiva de estas hipótesis.


Tan fabulosa exportación de capitales no fueron más que el inicio de un plan Marshalltesuma, para garantizar la reconstrucción de la bárbara Europa, arruinada por sus deplorables guerras contra los cultos musulmanes, creadores del álgebra, la poligamia, el baño cotidiano y otros logros superiores de la civilización.

Por eso, al celebrar el Quinto Centenario del Empréstito, podremos preguntarnos: ¿Han hecho los hermanos europeos un uso racional, responsable o por lo menos productivo de los fondos tan generosamente adelantados por el Fondo Indoamericano Internacional? Deploramos decir que no.


En lo estratégico, lo dilapidaron en las batallas de Lepanto, en armadas invencibles, en terceros reichs y otras formas de exterminio mutuo, sin otro destino que terminar ocupados por las tropas gringas de la OTAN, como en Panamá, pero sin canal.
En lo financiero, han sido incapaces, después de una moratoria de 500 años, tanto de cancelar el capital y sus intereses, cuanto de independizarse de las rentas líquidas, las materias primas y la energía barata que les exporta y provee todo el tercer mundo.
Este deplorable cuadro corrobora la afirmación de Milton Friedman según la cual una economía subsidiada jamás puede funcionar y nos obliga a reclamarles, para su propio bien, el pago del capital y los intereses que, tan generosamente hemos demorado todos estos siglos en cobrar.

Al decir esto, aclaramos que no nos rebajaremos a cobrarles a nuestros hermanos europeos las viles y sanguinarias tasas del 20 y hasta el 30 por ciento de interés, que los hermanos europeos le cobran a los pueblos del tercer mundo. Nos limitaremos a exigir la devolución de los metales preciosos adelantados, más el módico interés fijo del 10 por ciento, acumulado sólo durante los últimos 300 años, con 200 años de gracia.


Sobre esta base, y aplicando la fórmula europea del interés compuesto, informamos a los descubridores que nos deben, como primer pago de su deuda, una masa de 185 mil kilos de oro y 16 millones de plata, ambas cifras elevadas a la potencia de 300.
Es decir, un número para cuya expresión total, serían necesarias más de 300 cifras, y que supera ampliamente el peso total del planeta Tierra.

Muy pesadas son esas moles de oro y plata. ¿Cuánto pesarían, calculadas en sangre?

Aducir que Europa, en medio milenio, no ha podido generar riquezas suficientes para cancelar ese módico interés, sería tanto como admitir su absoluto fracaso financiero y/o la demencial irracionalidad de los supuestos del capitalismo.
Tales cuestiones metafísicas, desde luego, no nos inquietan a los indoamericanos. “Pero sí exigimos la firma de una Carta de Intención que discipline a los pueblos deudores del Viejo Continente, y que los obligue a cumplir su compromiso mediante una pronta privatización o reconversión de Europa, que les permita entregárnosla entera, como primer pago de la deuda histórica.

 

ACTIVIDADES


12 DE OCTUBRE

ANIVERSARIO DE LA CONQUISTA DE AMÉRICA
Para introducir el tema
Las comunidades indígenas de América Latina han sido durante siglos segregadas social, económica, política y culturalmente y en muchas ocasiones, obligadas a abandonar sus costumbres y tradiciones, incorporándolas compulsivamente a la sociedad de los blancos.
En forma progresiva, en los últimos años se ha ido tomando conciencia de la necesidad de respetar las diferencias y condenar la discriminación hacia los pueblos indígenas. de ahí que la fecha del 12 de octubre haya sido motivo de intensa polémica al punto de ser modificada.
Proponemos que los estudiantes analicen esta efeméride a partir de las discusiones que se dieron en torno a ella y las distintas nominaciones. Sugerimos tener en cuenta que nombrar nunca es un acto neutral. La manera en que nombramos las cosas o los sucesos depende de nuestros valores, ideas, saberes, creencias. Significa que estamos tomando una posición ante la comprensión de una situación histórica determinada.
Esta efeméride han sido nombrada de distintas maneras: “Día de la raza”, “Descubrimiento de América”, “Conquista de América”, “Encuentro de culturas”, “Choque de culturas”-
¿Qué interpretación de los acontecimientos se observa a partir de la elección de cada uno de esos nombres? ¿Cuál consideran que es el más adecuado y por qué?
Para investigar
Proponemos leer el siguiente fragmento, escrito por un especialista en derecho:
La Constitución de 1853 fue (…) un fiel reflejo del proyecto político que la elite impuso. En él, los Pueblos Indígenas no tenían cabida (…), situación que en los hechos devino en la implementación (…) de políticas de exterminio liso y llano y/o de integración violenta (…). Esa Constitución condenó a muerte a los Pueblos Indígenas y con ellos, a cada una de esas culturas (…). La Reforma Constitucional de 1994 es un punto de inflexión en esta materia (…) hay un cambio sustancial en la recepción de los derechos indígenas y en la interpretación y obligaciones del Estado frente a esa problemática específica”.
(Tanzi, Lisandro, Los derechos de los Pueblos Indígenas de Argentina, Universidad Nacional de Rosario, Cátedra de Derecho Constitucional).
A partir de la lectura, sugerimos que los estudiantes investiguen acerca del proyecto político de los sectores dominantes a partir de mediados del siglo XIX en nuestro país. ¿Cuál fue? ¿Por qué el autor dice que “los Pueblos Indígenas no tenían cabida? ¿Cuáles fueron algunas de las medidas implementadas para combatirlos?
Para finalizar sugerimos trabajar en torno a la reforma constitucional de 1994 que, como señala Tanzi, incorporó el derecho de los indígenas a conservar su identidad cultural. Los estudiantes pueden leer el artículo 75 inciso 17 en el que se establecen las atribuciones del Congreso de la Nación y responder a las siguientes preguntas: ¿Qué significa que se reconoce “la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos”? ¿Qué ocurre con sus identidades y con su educación? ¿Qué otros derechos x establecen para estos pueblos?
Efemérides 2010: Los Derechos Humanos en el Bicentenario. Cuaderno de Actividades, Nivel de Educación Secundaria, Ministerio de Educación. Precedencia de la Nación, p. 19-20

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